Un escándalo del deporte argentino en Mar del Plata
El combate que por una porción del título minimosca interino de la FIB disputaron en el club Boca Unidos de Mar del plata, el argentino Luis Lazarte (48 kilos) y el filipino Johriel Casimero (46:500), terminó en un verdadero escándalo, y no estoy diciendo nada nuevo pero fue otro papelón del deporte argentino.
Desde el comienzo de la velada nada le fue fácil al visitante. El combate estuvo plagado de irregularidades y acciones antideportivas, por parte del argentino. Pegó golpes por debajo del cinturón, patadas y cabezazos. Incluso el filipino acusó un mordiscón en el hombro que el árbitro norteamericano Eddie Claudio, no sancionó. Increíble.
Todo está escrito en el diccionario de Lazarte, y no es la primera vez que recurre a las infracciones, lo hace con frecuencia cuando se ve superado en el cuadrilátero. El argentino volvió a recurrir a una constante que ha sido su común denominador a lo largo de su trayectoria. Habrá sido ésta la última vez que lo vemos “boxear”.
Casimero era netamente superior al ex campeón del mundo y por eso siguió cometiendo faltas como si quisiera hacer valer su condición de local, (erró el camino).
Como si pelear en la Argentina le diera el derecho de hacer lo que se le plazca. (Y no es así). Por esa vía recibió el descuento de un punto en el sexto asalto y otro en el octavo. Indudablemente Lazarte buscaba cambiar el rumbo de una pelea que le era totalmente desfavorable, era superado en velocidad, calidad, juventud y variedad de golpes.
En el fragor de la lucha, en el tome y traiga que proponía la visita, Casimero recibió el descuento de un punto por tomar de la cabeza a su adversario. ¿Era necesario?
A esta altura del combate, ya todo estaba dicho, y en el rincón de Lazarte había resignación, la porción de la corona minimosca en juego viajaba Filipinas.
Claudio decidió parar el combate después que en el noveno asalto, el argentino recibiera la cuenta de protección en dos oportunidades. La primera al recibir un tremendo cruzado de izquierda y la segunda ante una andanada de golpes, el árbitro detuvo la cuenta al escuchar la campana.
Otro error de Claudio. Fue peor porque en el siguiente el filipino descargó una seguidilla de golpes y Lazarte se fue al piso, Claudio detuvo la cuenta en siete.
El filipino Casimero había ganado por abandono. La pelea había terminado y comenzaba el escándalo. De todos lados volaron sillas y botellas plásticas, el rincón visitante recibió golpes por doquier, los más exaltados se subieron al ring para agredir ante la pasividad increíble de la policía. Mientras tanto, abajo se esperaba que descendiera Casimero y su equipo donde continuaron recibiendo golpes.
Fue tremendo, una verdadera batalla, brutal, sin sentido y sin razón, muchos de los golpeadores estaban identificados con remeras del sindicato que los agrupa (Lazarte trabaja para una empresa dedicada a la recolección de la basura) y otro papelón en el deporte argentino.
Una vergüenza, difícil de olvidar y difícil de encontrar en los anales de la historia del deporte de los puños, antecedentes similares. ¿Habrá sanciones? Porque ceremonia de coronación no hubo por los energúmenos de siempre.