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El socio que no arriesga

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El socio que no arriesga

Por Marcelo Dettoni, editor de la sección El Campo


Cualquiera de nosotros quisiera ser el socio de una empresa agrícola con las condiciones que goza el Estado. No invierte, no se arriesga a las lluvias, el granizo o las sequías, no depende de los humores de los mercados ni de las condiciones externas. Simplemente recauda, y en el caso de la Argentina se queda con más de la mitad de la renta del productor. Es cierto, el 63% con el que se cerró 2016 parece un alivio comparado con lo que se vivió durante el kirchnerismo, cuando la voracidad de las arcas públicas llegó a barrer con el 94% de sus ganancias.


Desde 2008 con la pelea por la 125 hasta que Cristina Fernández dejó el gobierno, el sector rural se las tuvo que arreglar solito. Respiró mientras la soja superó los 600 dólares la tonelada, pero también fue cacheteado con controles, roes, caprichos y un dólar atrasado cuando debía vender. Era el Estado presente para mal, el que ahora aflojó un poco la presión. Sólo un poco, no lo suficiente.  


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El socio que no arriesga


Cualquiera de nosotros quisiera ser el socio de una empresa agrícola con las condiciones que goza el Estado. No invierte, no se arriesga a las lluvias, el granizo o las sequías, no depende de los humores de los mercados ni de las condiciones externas. Simplemente recauda, y en el caso de la Argentina se queda con más de la mitad de la renta del productor. Es cierto, el 63% con el que se cerró 2016 parece un alivio comparado con lo que se vivió durante el kirchnerismo, cuando la voracidad de las arcas públicas llegó a barrer con el 94% de sus ganancias.


Desde 2008 con la pelea por la 125 hasta que Cristina Fernández dejó el gobierno, el sector rural se las tuvo que arreglar solito. Respiró mientras la soja superó los 600 dólares la tonelada, pero también fue cacheteado con controles, roes, caprichos y un dólar atrasado cuando debía vender. Era el Estado presente para mal, el que ahora aflojó un poco la presión. Sólo un poco, no lo suficiente.  


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