Las polémicas fotos de una enfermedad.
Ante una foto impactante, realista y conmovedora es muy difícil resistir la tentación de publicarla. Los frenos inhibitorios se accionan ante el límite mismo del buen gusto o del conocimiento que la publicación de esa imagen pueden herir susceptibilidades, familias y honores.
Luis Alberto Spinetta visiblemente enfermo en la puerta de su casa, con remera y pantalones cortos, barba de varios días y canas desparejas, impreso en la tapa y en las primeras páginas de Caras fue la polémica de la semana. Quizá, para comprender las diferencias, haya que decir que una cosa es una foto tomada (por ejemplo) en el momento preciso de un accidente, con el cuerpo todavía en la banquina de la ruta, y otra es mandar a un fotógrafo a hacer guardia en la casa de una figura pública que se sabe enferma.
Porque el mismo autor de “Muchacha ojos de papel” (sirva la mención de ese tema como referencia, pues El Flaco ha hecho cientos de canciones infinitamente superiores a esa gema) había confirmado su cáncer de pulmón y se había manifestado optimista ante su recuperación y el cariño familiar.
Pero la imagen pudo más y alguien tuvo que mandar al paparazzi a retratar la decrepitud física -nunca artística- de Spinetta. Eso es morbo. La confirmación en colores y pixeles de algo que todos sabían, pero no podían ver.
También es morbo el hecho de querer ver las fotos una vez que la polémica se instaló. Porque muchas páginas web se limitaron a informar sobre las réplicas que había causado la tapa de la revista, pero omitieron exhibir las fotos del conflicto. Entonces el cibernauta fue al sitio donde las fotos estaban a la vista de todos, impúdicas pero reales y, desde ese punto de vista, inobjetables.
Después vinieron los twets que intentan convertirse de a poco en la comunicación directa y concisa de la nueva era. Dante Spinetta salvando el honor de su padre, Mario Pergolini alimentando una lucha inútil con Jorge Fontevecchia, director de la editorial que lanza la revista, y un sinnúmero de opinantes que han escuchado a Spinetta así como han leído a Borges.
En el fondo de todo queda el recuerdo de aquella otra tapa de una revista de actualidad que mostró, a mediados de la década pasada, el por entonces reciente romance entre Spinetta y la modelo Carolina Pelleritti. Consciente de la repercusión que tenía el amorío y de que los fotógrafos lo estarían esperando en la puerta de su nido de amor, “El Flaco” salió a la calle de la mano de su flamante conquista y con un cartel escrito a mano colgando en su pecho: “No lea basura, lea libros”.