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Columnistas | 27-04-2012 | 08:29 |

Un resultado electoral que complica a la conducción de Europa

La rebelión de las masas

Por Gabriel Maldonado - Editor El País
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Desde 2009, Nicolas Sarkozy encarnó junto a la canciller alemana Angela Merkel la "vía del ajuste" para que Europa saliera de la crisis de la deuda que afecta a varios de sus países: España, Italia, la misma Grecia.
Quizá por eso el presidente saliente de Francia eligió encarar una "campaña del miedo" para intentar torcerle el brazo a las encuestas, que lo daban como perdedor frente al socialista Francois Hollande para la primera vuelta y un eventual balotaje. "O me votan a mí, o terminamos como España", fue el mensaje del conservador que buscaba la reelección. La comparación no fue casual: el pueblo español enfrenta hoy su peor momento económico en varias décadas, con un desempleo de más del 20% en la población activa.
De todas formas a Sarkozy no le alcanzó para evitar la derrota y Hollande capitalizó a su favor ese "operativo temor" que desplegó su rival de la derecha; seguramente más por el rechazo que produjo en el electorado, que por méritos propios. Terminó ganando la segunda vuelta, como predijeron los sondeos, pero por una diferencia mucho menor a la esperada. Un 52 a 48.
La incidencia que este resultado en las urnas galas tendrá en el futuro inmediato de Europa es realmente inquietante. Porque ahora el panorama muestra a una Merkel más sola que nunca, ya sin su ladero en la Unión Europea para el plan de "ajuste o muerte" que buscaron imponer, con resultados desparejos, en el continente.
Hollande ya dijo en su primer discurso como presidente electo que "el cambio empieza ahora" y que el ajuste no es el único camino para salir de la crisis. Por eso el socialista puede transformarse en un dolor de cabeza para la conducción de la Unión Europea en su búsqueda de ponerle fin a la crisis del euro.
La canciller alemana ya citó a Hollande a Berlín para "trabajar juntos" en una salida europea. También el Presidente de la Comisión Europea felicitó al triunfador y le manifestó que la UE cuenta con él para "reactivar el crecimiento económico del continente". Fue una forma de marcarle el terreno, con la esperanza de que el proceso que pergeñaron con el saliente
Sarkozy no se descarríe demasiado, o termine naufragando del todo.
La derrota de Sarkozy es quizás el rechazo del pueblo a sentir que es el único que va a pagar la crisis, con recortes salariales, caída del empleo, más impuestos. Es la reacción de la gente ante una receta que les hace pagar la incapacidad dirigente o la conducta delictiva en algunos casos de sus gobernantes y empresarios. Y los franceses no están solos en ese pensamiento: los griegos acaban de castigar en las elecciones legislativas a los dos principales partidos de su país, que respaldaron la vía de los recortes de presupuesto como solución.
Así, los europeos parecen más indignados que nunca ante la idea de congelar sueldos y jubilaciones en Atenas, más desempleo e impuestos que sus gobernantes impulsan. La crisis se llevó en tres años a trece presidentes: Papandreou, Berlusconi, Rodríguez Zapatero… Ahora le tocó a Sarkozy.