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Precauciones para consumir alimentos durante el verano

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Precauciones para consumir alimentos durante el verano

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En verano, las altas temperaturas crean las condiciones óptimas para el crecimiento y desarrollo de microorganismos (bacterias y mohos). Por lo tanto, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) recomendó a los consumidores, durante estos meses, extremar especialmente las precauciones para evitar las alteraciones no deseadas –aunque sin olvidar que pueden producirse en cualquier época del año–.
A su vez, consideró importante recordar que esas precauciones son aún más necesarias durante los cortes en el suministro de energía eléctrica ya que, al no poder conservar los alimentos normalmente, sus condiciones adecuadas se ven afectadas.
Con frecuencia se asocia el verano con ciertos trastornos que afectan a nivel gastrointestinal y que son provocados por alimentos que parecen estar en buen estado pero que pueden comprometer la salud durante varios días o incluso semanas.
Los alimentos pueden deteriorarse con menor o mayor rapidez tanto en el proceso de producción, obtención, transformación, conservación, transporte, exposición en puntos de venta o manipulación en los hogares, lo cual se puede reconocer por modificaciones en su olor, sabor, color, textura o apariencia. Si se descuida alguno de los pasos mencionados, los alimentos pueden sufrir un proceso de alteración que genera trastornos en la salud de los consumidores.
Una vez que los alimentos se contaminaron, los microorganismos comienzan a multiplicarse en ellos y sólo un tratamiento térmico adecuado es capaz de destruirlos. La cocción, el asado y la fritura suficientes aseguran la destrucción de los gérmenes, mientras que la refrigeración y la congelación únicamente detienen su crecimiento.
En casos de cortes de luz, es primordial desechar sin dudas los alimentos ya cocidos que hayan perdido la cadena de frío, mientras que los productos crudos deben ser cocinados inmediatamente o ser desechados por completo.
Las formas de reconocer la pérdida de la cadena de frío en un producto son la ausencia de frescura, emblandecimiento y presencia de líquido en su interior.
A su vez, en estas situaciones anormales Senasa recomienda un uso particular de la heladera o los equipos de frío que se dispongan.


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Precauciones para consumir alimentos durante el verano


En verano, las altas temperaturas crean las condiciones óptimas para el crecimiento y desarrollo de microorganismos (bacterias y mohos). Por lo tanto, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) recomendó a los consumidores, durante estos meses, extremar especialmente las precauciones para evitar las alteraciones no deseadas –aunque sin olvidar que pueden producirse en cualquier época del año–.
A su vez, consideró importante recordar que esas precauciones son aún más necesarias durante los cortes en el suministro de energía eléctrica ya que, al no poder conservar los alimentos normalmente, sus condiciones adecuadas se ven afectadas.
Con frecuencia se asocia el verano con ciertos trastornos que afectan a nivel gastrointestinal y que son provocados por alimentos que parecen estar en buen estado pero que pueden comprometer la salud durante varios días o incluso semanas.
Los alimentos pueden deteriorarse con menor o mayor rapidez tanto en el proceso de producción, obtención, transformación, conservación, transporte, exposición en puntos de venta o manipulación en los hogares, lo cual se puede reconocer por modificaciones en su olor, sabor, color, textura o apariencia. Si se descuida alguno de los pasos mencionados, los alimentos pueden sufrir un proceso de alteración que genera trastornos en la salud de los consumidores.
Una vez que los alimentos se contaminaron, los microorganismos comienzan a multiplicarse en ellos y sólo un tratamiento térmico adecuado es capaz de destruirlos. La cocción, el asado y la fritura suficientes aseguran la destrucción de los gérmenes, mientras que la refrigeración y la congelación únicamente detienen su crecimiento.
En casos de cortes de luz, es primordial desechar sin dudas los alimentos ya cocidos que hayan perdido la cadena de frío, mientras que los productos crudos deben ser cocinados inmediatamente o ser desechados por completo.
Las formas de reconocer la pérdida de la cadena de frío en un producto son la ausencia de frescura, emblandecimiento y presencia de líquido en su interior.
A su vez, en estas situaciones anormales Senasa recomienda un uso particular de la heladera o los equipos de frío que se dispongan.


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