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El Conlara entró en la historia

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El Conlara entró en la historia


“Esto es único, ver pasar a estos monstruos por mi casa, por mi pueblo, es algo increíble. Nunca lo imaginé", dice Pedro, todavía emocionado después de ver pasar a Marc Coma en su moto. Sin remera, de gorra y con un vaso de cerveza negra bien fría no para de alentar a los pilotos. El hombre es uno de los miles y miles de fanáticos que gozaron con la caravana del Rally Dakar y que también escribieron una página histórica para San Luis.
El Valle del Conlara, bello por donde se lo mire, fue el portal elegido para que la provincia le diera la bienvenida a la carrera más importante del mundo. La elección fue perfecta porque la región latió al compás de los motores.
Bajo un sol impiadoso, que nunca dio tregua, habitantes y turistas que pasean por Merlo, Carpintería, Villa Larca, Naschel, Tilisarao, La Toma y el resto de las localidades aledañas, salieron a la vera del camino para abrazar a los valientes que enfrentan los caminos más complicados de Sudamérica.
Nadie quiso perderse la fiesta. Todos comprendieron que era una oportunidad única para ver el paso de una carrera mítica. Y con banderas, carteles, aplausos y frases de aliento le dieron ánimo a los fatigados pilotos que recién cerraban la primera etapa.
Dakar-Conlara
Las motos fueron las primeras en atravesar las sierras. Y el español Marc Coma nunca imaginó que su nombre aparecerá en los libros que contarán esta parte de la historia provincial. Con el "2" en su KTM, fue el primer piloto Dakar en pisar suelo puntano.
Detrás del catalán llegó el resto de la caravana y la alegría del público fue incontenible. Habían esperado mucho por una carrera que había sido esquiva, pero que por fin llegó.
Desde el filo del Comechingones fueron "bajando" los demás corredores. El Mirador del Sol los acompañó como un cómplice silencioso y el badén de Rincón del Este agrupó a muchos fanáticos que se refrescaron con su agua mientras veían pasar a sus ídolos.
Por lejos el más aplaudido fue el villadolorense Pablo Pascual; quien se detuvo unos segundos para saludar a sus seguidores. El abrazo mutuo fue conmovedor. La gente quiso expresarle su cariño y el motociclista frenó su marcha para recibirlo y responderlo del mismo modo.
Por la Avenida del Sol y en la rotonda que da la bienvenida a Merlo, una multitud aplaudió a los deportistas y deliró con el andar tranquilo de Marcos Patronelli y su cuatriciclo. El termómetro marcó 38 grados en la siesta merlina, pero nadie se movió.
A la salida de la villa turística, la Autopista del Comechingones tenía sus banquinas plagadas de gente. Familias completas con reposeras y heladeritas con bebidas frescas esperaron por los gladiadores. A su paso los saludaron sin parar y las cámaras fotográficas o celulares no tuvieron descanso. Todos querían inmortalizar ese momento mágico: el Dakar por sus casas.
Cuando fue el turno de los autos, llegó el momento de mayor euforia y el español Carlos Sainz fue el más aplaudido seguido por el qatarí Al-Attiyah. Con ese fervor el Conlara abrazó al Dakar y casi sin saberlo, entró en la historia.
 

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El Conlara entró en la historia


“Esto es único, ver pasar a estos monstruos por mi casa, por mi pueblo, es algo increíble. Nunca lo imaginé", dice Pedro, todavía emocionado después de ver pasar a Marc Coma en su moto. Sin remera, de gorra y con un vaso de cerveza negra bien fría no para de alentar a los pilotos. El hombre es uno de los miles y miles de fanáticos que gozaron con la caravana del Rally Dakar y que también escribieron una página histórica para San Luis.
El Valle del Conlara, bello por donde se lo mire, fue el portal elegido para que la provincia le diera la bienvenida a la carrera más importante del mundo. La elección fue perfecta porque la región latió al compás de los motores.
Bajo un sol impiadoso, que nunca dio tregua, habitantes y turistas que pasean por Merlo, Carpintería, Villa Larca, Naschel, Tilisarao, La Toma y el resto de las localidades aledañas, salieron a la vera del camino para abrazar a los valientes que enfrentan los caminos más complicados de Sudamérica.
Nadie quiso perderse la fiesta. Todos comprendieron que era una oportunidad única para ver el paso de una carrera mítica. Y con banderas, carteles, aplausos y frases de aliento le dieron ánimo a los fatigados pilotos que recién cerraban la primera etapa.
Dakar-Conlara
Las motos fueron las primeras en atravesar las sierras. Y el español Marc Coma nunca imaginó que su nombre aparecerá en los libros que contarán esta parte de la historia provincial. Con el "2" en su KTM, fue el primer piloto Dakar en pisar suelo puntano.
Detrás del catalán llegó el resto de la caravana y la alegría del público fue incontenible. Habían esperado mucho por una carrera que había sido esquiva, pero que por fin llegó.
Desde el filo del Comechingones fueron "bajando" los demás corredores. El Mirador del Sol los acompañó como un cómplice silencioso y el badén de Rincón del Este agrupó a muchos fanáticos que se refrescaron con su agua mientras veían pasar a sus ídolos.
Por lejos el más aplaudido fue el villadolorense Pablo Pascual; quien se detuvo unos segundos para saludar a sus seguidores. El abrazo mutuo fue conmovedor. La gente quiso expresarle su cariño y el motociclista frenó su marcha para recibirlo y responderlo del mismo modo.
Por la Avenida del Sol y en la rotonda que da la bienvenida a Merlo, una multitud aplaudió a los deportistas y deliró con el andar tranquilo de Marcos Patronelli y su cuatriciclo. El termómetro marcó 38 grados en la siesta merlina, pero nadie se movió.
A la salida de la villa turística, la Autopista del Comechingones tenía sus banquinas plagadas de gente. Familias completas con reposeras y heladeritas con bebidas frescas esperaron por los gladiadores. A su paso los saludaron sin parar y las cámaras fotográficas o celulares no tuvieron descanso. Todos querían inmortalizar ese momento mágico: el Dakar por sus casas.
Cuando fue el turno de los autos, llegó el momento de mayor euforia y el español Carlos Sainz fue el más aplaudido seguido por el qatarí Al-Attiyah. Con ese fervor el Conlara abrazó al Dakar y casi sin saberlo, entró en la historia.
 

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