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Agustín encontró el final, cuando recién empezaba a jugar su partido

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Agustín encontró el final, cuando recién empezaba a jugar su partido

Por Alejandro Magdaleno | Mail: amagdaleno@grupopayne.com.ar


A las 20:22 aterrizó en San Luis el avión sanitario que trajo los restos de Agustín Irustia. "No puedo entender por qué Dios nos hizo esto, me hubiera llevado a mí", decía Fabio, su papá, en declaraciones que hizo en la Costa Atlántica, antes de partir de regreso.
Mariana, la mamá de Agus, afectada en su pierna derecha, fue la primera en descender del chárter LV-ZMG.
Luego bajó Fabio y ayudó a su pequeño Santiago, de 9 años, a quien se lo observó descalzo y con un vendaje en los ojos, producto del furioso estampido que le trajo problemas en la vista.
El rayo en Villa Gesell partió por el medio a las familias puntanas Irustia y Ochoa (hoy llegarán, vía terrestre, los restos de Priscila).
El desconsuelo en el hall del aeropuerto se extendió a lo largo de la tarde. A las 16 ya había familiares y amigos esperando el arribo. Al menos trescientas personas se acercaron a brindar afecto.
Mariana y Santiago fueron trasladados en sillas de ruedas hasta una ambulancia y de allí, junto a Fabio, al Hospital, por uno de los accesos alternos.

Los restos de Agustín son velados en la Sala Azul del Parque de la Quebrada (calle San Juan) y serán sepultados hoy a las 11 en el cementerio camino a Potrero. Los restos de Priscila llegan hoy; mañana o el lunes sería el velatorio.



En Chacabuco y Bolívar, sede del club Lafinur, a las 21:20 algunas luces seguían prendidas. “El velorio será en calle San Juan”, decía una compañera de Priscila, que comparten equipo en la sub 17.
A esa hora, los compañeros de Agus, de la promoción “Lafamous 2013”, del colegio Cristo Rey, estaban en la Catedral, en la misa que pidieron para rezar por el alma de su amigo y por el de Priscila.
Dos cuadras antes de la sala velatoria Parque de la Quebrada el tránsito estaba cortado. La peregrinación de jóvenes y grandes era interminable, como lo eran las lágrimas corriendo por las mejillas, buscando decantar en algún sitio que les dé explicaciones.
“Pensamos que es mentira, nadie lo cree”, lo dicen al unísono los cuarenta y ocho integrantes varones de la promoción del Cristo Rey.
Agustín acababa de llegar del viaje de fin de curso de Bariloche, y le siguieron la cena-baile de egreso y las vacaciones a Gesell.
“Estoy feliz por los amigos que tengo”, había escrito en su cuenta de facebook.
Compartió la habitación 706, en Bariloche, junto a Domingo Schlottke, Gonzalo López, Pablo Miranda, Lucas Ojeda y Martín Lucero.
“Estoy seguro de que este año (por 2013), fue el mejor año de su vida”, dice Mauricio Montivero, uno de sus tantos compinches del colegio.
“Siempre fuimos un curso en el que hacíamos todo unidos y Agustín sumaba mucho para el grupo”, remarca Jesús Velázquez. Y agrega una anécdota deportiva: “En los intercolegiales, cuando estábamos perdiendo, empezaba a sacar misiles de sus brazos… era muy competitivo y un pibe sano y bueno”.
“Me acuerdo de las carreras en la nieve con Agus, cómo nos divertimos en Bariloche”, remarca Gastón Dorigutti.
“Lo conozco hace tres años, los dos somos deportistas. Él vóley (en la selección provincial y el Club Lafinur), y yo fútbol. Tenía ofertas para irse a jugar afuera, su vida era el vóley”, dice Franco Cabrera.
“Lo conozco de jardín, estudiábamos juntos, éramos rivales en la cancha" recuerda Facundo Vega.
Agustín proyectaba empezar el cursillo de kinesiología en febrero, junto a Franco Cabrera, Nicolás Sánchez, Franco Bachetta y Domingo Schlottke.
Todos sus amigos coinciden en que “Agus era tranquilo en el aula, y en el club era capitán, un líder, el jugador distinto”.
Sus amigos de promo fueron llegando uno a uno. A las 22 quedó habilitada la “sala azul”, donde son velados sus restos.
¿Por qué si era tan sano?
¿Por qué si era tan bueno?
¿Por qué así, sin darle oportunidad?
¿Por qué Dios se llevó estas jóvenes vidas? ¿Por qué, si recién estaba pasando pelota del otro lado del la red, Dios decidió bloquearlo?
Agustín y Priscila ahora lo saben… es porque almas demasiado nobles y puras, no merecen sufrir acá.
 

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Agustín encontró el final, cuando recién empezaba a jugar su partido


A las 20:22 aterrizó en San Luis el avión sanitario que trajo los restos de Agustín Irustia. "No puedo entender por qué Dios nos hizo esto, me hubiera llevado a mí", decía Fabio, su papá, en declaraciones que hizo en la Costa Atlántica, antes de partir de regreso.
Mariana, la mamá de Agus, afectada en su pierna derecha, fue la primera en descender del chárter LV-ZMG.
Luego bajó Fabio y ayudó a su pequeño Santiago, de 9 años, a quien se lo observó descalzo y con un vendaje en los ojos, producto del furioso estampido que le trajo problemas en la vista.
El rayo en Villa Gesell partió por el medio a las familias puntanas Irustia y Ochoa (hoy llegarán, vía terrestre, los restos de Priscila).
El desconsuelo en el hall del aeropuerto se extendió a lo largo de la tarde. A las 16 ya había familiares y amigos esperando el arribo. Al menos trescientas personas se acercaron a brindar afecto.
Mariana y Santiago fueron trasladados en sillas de ruedas hasta una ambulancia y de allí, junto a Fabio, al Hospital, por uno de los accesos alternos.

Los restos de Agustín son velados en la Sala Azul del Parque de la Quebrada (calle San Juan) y serán sepultados hoy a las 11 en el cementerio camino a Potrero. Los restos de Priscila llegan hoy; mañana o el lunes sería el velatorio.



En Chacabuco y Bolívar, sede del club Lafinur, a las 21:20 algunas luces seguían prendidas. “El velorio será en calle San Juan”, decía una compañera de Priscila, que comparten equipo en la sub 17.
A esa hora, los compañeros de Agus, de la promoción “Lafamous 2013”, del colegio Cristo Rey, estaban en la Catedral, en la misa que pidieron para rezar por el alma de su amigo y por el de Priscila.
Dos cuadras antes de la sala velatoria Parque de la Quebrada el tránsito estaba cortado. La peregrinación de jóvenes y grandes era interminable, como lo eran las lágrimas corriendo por las mejillas, buscando decantar en algún sitio que les dé explicaciones.
“Pensamos que es mentira, nadie lo cree”, lo dicen al unísono los cuarenta y ocho integrantes varones de la promoción del Cristo Rey.
Agustín acababa de llegar del viaje de fin de curso de Bariloche, y le siguieron la cena-baile de egreso y las vacaciones a Gesell.
“Estoy feliz por los amigos que tengo”, había escrito en su cuenta de facebook.
Compartió la habitación 706, en Bariloche, junto a Domingo Schlottke, Gonzalo López, Pablo Miranda, Lucas Ojeda y Martín Lucero.
“Estoy seguro de que este año (por 2013), fue el mejor año de su vida”, dice Mauricio Montivero, uno de sus tantos compinches del colegio.
“Siempre fuimos un curso en el que hacíamos todo unidos y Agustín sumaba mucho para el grupo”, remarca Jesús Velázquez. Y agrega una anécdota deportiva: “En los intercolegiales, cuando estábamos perdiendo, empezaba a sacar misiles de sus brazos… era muy competitivo y un pibe sano y bueno”.
“Me acuerdo de las carreras en la nieve con Agus, cómo nos divertimos en Bariloche”, remarca Gastón Dorigutti.
“Lo conozco hace tres años, los dos somos deportistas. Él vóley (en la selección provincial y el Club Lafinur), y yo fútbol. Tenía ofertas para irse a jugar afuera, su vida era el vóley”, dice Franco Cabrera.
“Lo conozco de jardín, estudiábamos juntos, éramos rivales en la cancha" recuerda Facundo Vega.
Agustín proyectaba empezar el cursillo de kinesiología en febrero, junto a Franco Cabrera, Nicolás Sánchez, Franco Bachetta y Domingo Schlottke.
Todos sus amigos coinciden en que “Agus era tranquilo en el aula, y en el club era capitán, un líder, el jugador distinto”.
Sus amigos de promo fueron llegando uno a uno. A las 22 quedó habilitada la “sala azul”, donde son velados sus restos.
¿Por qué si era tan sano?
¿Por qué si era tan bueno?
¿Por qué así, sin darle oportunidad?
¿Por qué Dios se llevó estas jóvenes vidas? ¿Por qué, si recién estaba pasando pelota del otro lado del la red, Dios decidió bloquearlo?
Agustín y Priscila ahora lo saben… es porque almas demasiado nobles y puras, no merecen sufrir acá.
 

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