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Emociones y copas sacudidas por la emoción de algunos

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Emociones y copas sacudidas por la emoción de algunos

Por Miguel Garro | Mail: mgarro@grupopayne.com.ar


Arriba del escenario, antes de empezar a tocar, Rubén “Mono” Izarrualde hace chocar su copa de vino con las de sus compañeros. El brindis es el inicio de un recital que también será una celebración, un homenaje, a la vieja y querida música popular argentina.
Cada vez que el trío –llamado “Monoasociados”, en un juego entre el apodo de su figura más conocida y la profesión del tecladista Matías Álvarez, que es abogado- termina una canción, las miradas cómplices se cruzan, las sonrisas se hacen evidentes y hay un apretón de manos, breve, leve, como al pasar, pero suficiente.
La comunión musical del piano de Álvarez, la flauta de Rubén y la guitarra de Pablo Alessia regaló un recital inolvidable el sábado en “La Pulpería”. Lo más notorio fue el respeto con el que el trío toma obras clásicas del cancionero popular y las versiona con un nivel de exquisitez que no es fácil de encontrar.
Cuando los presentó, cerca de las dos de la mañana, el locutor local les exigió al trío que en la próxima visita incorporaran a su repertorio alguna pieza cuyana. “La Pulpería”, un sitio inminentemente tonadero a cinco cuadras de la plaza Pringles, estalló en la aprobación del pedido.etc 2
El trío tenía preparada una sorpresa, que en realidad no fue tal porque “Zonda terral”, el clásico de Félix Dardo Palorma, es el track 10 del primer cd del grupo. “Vamos a darle el gusto a quien nos presentó”, anunció Izarrualde antes de emprender la versión instrumental de la obra del mendocino.
El momento fue mágico. El silencio con el que el público acompañó la pieza, el rebrote del aplauso al final y la satisfacción del grupo ante el plan concretado armaron un instante sublime. “Es muy difícil esta pieza”, había anunciado Álvarez antes de empezar a tocarla. Su cara al final mostraba el gesto de quien ha cumplido con su deber. “Somos unos irrespetuosos… hacer este tema acá”, concluyó Alessia.
No tanto Izarrualde, tal vez por su mayor experiencia, pero sus compañeros tocaron el tema con la seguridad de que eran observados, escuchados y evaluados por un público que sentía la cueca como propia. Cuando Hugo Sosa, viejo tonadero local, se acercó sobre el final de la canción con una copa para el brindis, las tensiones se aflojaron. Y cuando, de inmediato, fue a comprar el cd, la relación empezó a aceitarse.
Con ese acto, el recital empezó a terminar. Antes habían pasado autores imprescindibles del tango y el folclore nacional con sus obras inmortales. "Cuchi" Leguizamón, Homero Manzi, Manuel Castilla, Julio de Caro, Jaime Dávalos y Eduardo Falú fueron expuestos por el trío en sentidas versiones entre las que se destacó "Los ejes de mi carreta", de Yupanqui.
La despedida fue sólo simbólica. Hasta las siete de la mañana, alternativamente, en trío o de a uno, "El Mono" y sus amigos fueron subiendo al escenario a pedido del público para improvisar canciones que no formaban parte del menú.
 

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Emociones y copas sacudidas por la emoción de algunos


Arriba del escenario, antes de empezar a tocar, Rubén “Mono” Izarrualde hace chocar su copa de vino con las de sus compañeros. El brindis es el inicio de un recital que también será una celebración, un homenaje, a la vieja y querida música popular argentina.
Cada vez que el trío –llamado “Monoasociados”, en un juego entre el apodo de su figura más conocida y la profesión del tecladista Matías Álvarez, que es abogado- termina una canción, las miradas cómplices se cruzan, las sonrisas se hacen evidentes y hay un apretón de manos, breve, leve, como al pasar, pero suficiente.
La comunión musical del piano de Álvarez, la flauta de Rubén y la guitarra de Pablo Alessia regaló un recital inolvidable el sábado en “La Pulpería”. Lo más notorio fue el respeto con el que el trío toma obras clásicas del cancionero popular y las versiona con un nivel de exquisitez que no es fácil de encontrar.
Cuando los presentó, cerca de las dos de la mañana, el locutor local les exigió al trío que en la próxima visita incorporaran a su repertorio alguna pieza cuyana. “La Pulpería”, un sitio inminentemente tonadero a cinco cuadras de la plaza Pringles, estalló en la aprobación del pedido.etc 2
El trío tenía preparada una sorpresa, que en realidad no fue tal porque “Zonda terral”, el clásico de Félix Dardo Palorma, es el track 10 del primer cd del grupo. “Vamos a darle el gusto a quien nos presentó”, anunció Izarrualde antes de emprender la versión instrumental de la obra del mendocino.
El momento fue mágico. El silencio con el que el público acompañó la pieza, el rebrote del aplauso al final y la satisfacción del grupo ante el plan concretado armaron un instante sublime. “Es muy difícil esta pieza”, había anunciado Álvarez antes de empezar a tocarla. Su cara al final mostraba el gesto de quien ha cumplido con su deber. “Somos unos irrespetuosos… hacer este tema acá”, concluyó Alessia.
No tanto Izarrualde, tal vez por su mayor experiencia, pero sus compañeros tocaron el tema con la seguridad de que eran observados, escuchados y evaluados por un público que sentía la cueca como propia. Cuando Hugo Sosa, viejo tonadero local, se acercó sobre el final de la canción con una copa para el brindis, las tensiones se aflojaron. Y cuando, de inmediato, fue a comprar el cd, la relación empezó a aceitarse.
Con ese acto, el recital empezó a terminar. Antes habían pasado autores imprescindibles del tango y el folclore nacional con sus obras inmortales. "Cuchi" Leguizamón, Homero Manzi, Manuel Castilla, Julio de Caro, Jaime Dávalos y Eduardo Falú fueron expuestos por el trío en sentidas versiones entre las que se destacó "Los ejes de mi carreta", de Yupanqui.
La despedida fue sólo simbólica. Hasta las siete de la mañana, alternativamente, en trío o de a uno, "El Mono" y sus amigos fueron subiendo al escenario a pedido del público para improvisar canciones que no formaban parte del menú.
 

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