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Valentín Agüero lleva seis años a la espera de un corazón

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Valentín Agüero lleva seis años a la espera de un corazón

Por Cristian Sortino


Valentín-AgueroEste es el paso final para llegar al trasplante. Es como la cuenta regresiva. Ahora hay que esperar que llegue un donante en condiciones. Estamos tranquilos porque está en las mejores manos, pero igual estamos muy cansados”. Con la esperanza intacta, la mamá de Valentín Agüero, el niño de 12 años que espera hace 6 años por un corazón sano, volvió a charlar con El Diario para detallar el estado de su hijo y recordar la importancia de la donación.
Muy lejos de la comodidad de su casa en Merlo, Virginia Robles hoy podría tranquilamente vencer a diez gladiadores romanos. Su intensa lucha ya lleva más de 6 años, desde que los médicos le diagnosticaron a Valentín miocardiopatía severa, un trastorno de nacimiento que le ensancha las aurículas del corazón y lo debilita hasta disminuirle el bombeo de sangre al resto del cuerpo.
Si bien a fines de 2012 entró en la lista de Emergencia Nacional del Incucai, todavía sigue a la espera de un llamado que le pueda cambiar la vida. Por lo que su delicado estado lo llevó a internarse definitivamente en el hospital Garrahan, en Buenos Aires.
“En febrero del año pasado su corazón empeoró dos veces y de ahí empezó a tener problemas en el hígado, a vomitar muchísimo. Y a fines de noviembre me dijeron que lo tenían que conectar a un corazón artificial, que en principio era portátil, pero como no lo pudieron conseguir lo conectaron a uno externo, fijo. Ni bien lo hicieron el 16 de diciembre, pasó una semana con pérdidas de sangre y transfusiones. Incluso a los días lo tuvieron que 'abrir' para hacerle una limpieza. Esa madrugada casi se muere”, recordó con angustia la joven mamá de 35 años.
Sin embargo la fuerza del niño que ama los juegos, las películas de terror y tirar cohetes para las fiestas, estuvo por encima de todo.

Valentín está primero en la lista del Incucai, junto a Marianela Pacheco (6), de Unquillo, Córdoba.



Tras superar algunos coágulos, derrames y parálisis pudo estabilizarse. “Pero ya está cansado, triste y deprimido. Actualmente sigue con una recuperación lenta porque siempre se le complica algo. Por ahí le hablás, te mira y no reacciona, o no se acuerda de las cosas que hace a la noche. De todas maneras vamos a estar internados, en esta especie de ‘terapia intermedia’ hasta que llegue el trasplante”. “Y justamente ayer (por el lunes) el doctor me dijo que había un donante, del peso de Valentín. Sin embargo después salió que había tenido un infarto, y que no podía ser”, contó Robles.
Las fiestas de fin de año también fueron algo dolorosas para el niño de Merlo. Porque del otro lado de las grandes cenas familiares, los Agüero se juntaron en la sala del Garrahan para brindar un año más junto a “Valen”, quien en realidad no sufrió tanto por el menú nocturno sino por no poder salir a tirar fuegos artificiales.
“Esto te enseña a que uno no se tiene que hacer tanto problema por cosas mínimas. Te enseña a valorar principalmente la vida y la familia. Porque si bien lo material ayuda, las cosas finalmente van y vienen. Hay que ver lo que se pasa acá, lo doloroso que es. El otro día, por ejemplo, se durmió y no lo podíamos despertar, y no sabés qué pasó. Es terrible”, reflexionó Robles con una voz firme del otro lado de la sala de terapia.
 

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Valentín Agüero lleva seis años a la espera de un corazón


Valentín-AgueroEste es el paso final para llegar al trasplante. Es como la cuenta regresiva. Ahora hay que esperar que llegue un donante en condiciones. Estamos tranquilos porque está en las mejores manos, pero igual estamos muy cansados”. Con la esperanza intacta, la mamá de Valentín Agüero, el niño de 12 años que espera hace 6 años por un corazón sano, volvió a charlar con El Diario para detallar el estado de su hijo y recordar la importancia de la donación.
Muy lejos de la comodidad de su casa en Merlo, Virginia Robles hoy podría tranquilamente vencer a diez gladiadores romanos. Su intensa lucha ya lleva más de 6 años, desde que los médicos le diagnosticaron a Valentín miocardiopatía severa, un trastorno de nacimiento que le ensancha las aurículas del corazón y lo debilita hasta disminuirle el bombeo de sangre al resto del cuerpo.
Si bien a fines de 2012 entró en la lista de Emergencia Nacional del Incucai, todavía sigue a la espera de un llamado que le pueda cambiar la vida. Por lo que su delicado estado lo llevó a internarse definitivamente en el hospital Garrahan, en Buenos Aires.
“En febrero del año pasado su corazón empeoró dos veces y de ahí empezó a tener problemas en el hígado, a vomitar muchísimo. Y a fines de noviembre me dijeron que lo tenían que conectar a un corazón artificial, que en principio era portátil, pero como no lo pudieron conseguir lo conectaron a uno externo, fijo. Ni bien lo hicieron el 16 de diciembre, pasó una semana con pérdidas de sangre y transfusiones. Incluso a los días lo tuvieron que 'abrir' para hacerle una limpieza. Esa madrugada casi se muere”, recordó con angustia la joven mamá de 35 años.
Sin embargo la fuerza del niño que ama los juegos, las películas de terror y tirar cohetes para las fiestas, estuvo por encima de todo.

Valentín está primero en la lista del Incucai, junto a Marianela Pacheco (6), de Unquillo, Córdoba.



Tras superar algunos coágulos, derrames y parálisis pudo estabilizarse. “Pero ya está cansado, triste y deprimido. Actualmente sigue con una recuperación lenta porque siempre se le complica algo. Por ahí le hablás, te mira y no reacciona, o no se acuerda de las cosas que hace a la noche. De todas maneras vamos a estar internados, en esta especie de ‘terapia intermedia’ hasta que llegue el trasplante”. “Y justamente ayer (por el lunes) el doctor me dijo que había un donante, del peso de Valentín. Sin embargo después salió que había tenido un infarto, y que no podía ser”, contó Robles.
Las fiestas de fin de año también fueron algo dolorosas para el niño de Merlo. Porque del otro lado de las grandes cenas familiares, los Agüero se juntaron en la sala del Garrahan para brindar un año más junto a “Valen”, quien en realidad no sufrió tanto por el menú nocturno sino por no poder salir a tirar fuegos artificiales.
“Esto te enseña a que uno no se tiene que hacer tanto problema por cosas mínimas. Te enseña a valorar principalmente la vida y la familia. Porque si bien lo material ayuda, las cosas finalmente van y vienen. Hay que ver lo que se pasa acá, lo doloroso que es. El otro día, por ejemplo, se durmió y no lo podíamos despertar, y no sabés qué pasó. Es terrible”, reflexionó Robles con una voz firme del otro lado de la sala de terapia.
 

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