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Sólo anteojeras hacia 2015

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Sólo anteojeras hacia 2015

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En muchas ocasiones se escuchan expresiones que con seriedad proponen que ha llegado la hora de ocuparse de los verdaderos problemas de la gente. En estos tiempos se indica que superada la fervorosa campaña electoral, es hora de poner el foco en situaciones concretas de muy difícil resolución. Los indicadores sociales siguen encendiendo alarmas que, en rigor, nunca se apagaron. La exclusión, la pobreza, la indigencia son preocupantes y en el último diciembre hubo serias amenazas, y alguna concreción de estallidos preocupantes. La realidad del narcotráfico no puede ser ignorada. Es inquietante y lo suficientemente perturbadora como para ser analizada con mucho tino. Los niveles de inseguridad, lejos de descender, siguen generando hechos graves y muy desgraciados. El Gobierno, lejos de exhibir solidez y efectividad, duda, naufraga, vacila y confunde. Las instituciones de la democracia no cuentan con la fortaleza necesaria para encauzar situaciones apremiantes.
Muchos dirigentes, muchos políticos, muchos líderes manifiestan mucha preocupación por todas las dificultades mencionadas. Dicen estar atentos y preocupados. Sus discursos apuntan a encontrar responsables y esbozan tímidos principios de solución. El oficialismo gobernante practica esgrima verbal sobre las mismas posiciones.
Una campaña electoral cuesta muchísimo dinero. La cartelería, la difusión, los panfletos, los medios, los promotoras. Hay un profuso intento de copamiento de los principales lugares de veraneo. Todas las formas de publicidad son válidas. Hay preocupación por aparecer en los medios. Lejos de utilizar todas estas herramientas para la solución de “los problemas de la gente”, la única preocupación se resume en cuatro dígitos: 2015. Candidaturas, postulaciones, propuestas electorales y desesperación por los votos. Y faltan casi dos años. Algo menos para las definiciones que claramente los desvelan.
Entonces, se dicen algunas cosas, y se hacen otras. Se colocan las palabras en un lugar, y la energía, los fondos y la ansiedad, en otro. Es demasiada incoherencia para una sociedad con semejantes zozobras. Cuesta darle crédito a lo dicho, cuando lo hecho apunta tan distinto. Ya hay rostros para 2015. Para todos los cargos. Desde muchos sectores. Y no es un problema de interpretación. Sus anhelos, sus fotos, su nombre y apellido, los cargos que pretenden alcanzar, todo eso ya inunda las calles más pobladas de la Argentina. Incluso las alambradas de muchas zonas rurales. Demasiadas cosas ya pasan por los “candidateables”. Suena prematuro, apresurado, casi irrespetuoso. El kirchnerismo, como si tuviera poco con la inflación, la crisis social, el tipo de cambio, los salarios, y otros tantos desajustes, dedica gran parte de su tiempo a generar posibles nuevas corrientes internas que encontrarán al reemplazante de quien hoy lidera ese espacio. O simplemente al nuevo candidato a presidente, lo que puede o no ser lo mismo. Y ese ya es otro problema. No menor por cierto. Nada de esto resolverá tantos y tantos problemas pendientes.
La Argentina postergada espera otra clase de respuestas. Necesita de otra categoría de debates. Espera sinceridad a la hora de establecer prioridades. Clama por dirigentes serios, probos, idóneos, capaces de revertir semejante crisis. Dúctiles a la hora de trazar estrategias de la largo plazo. Planes que no se detengan ante la voraz tentación de las urnas. Hombres y mujeres interesados en construir y liderar el futuro de todos. Sin exclusiones de ningún tipo. Con un criterio mucho más amplio, más federal, más genuino. Para estos menesteres no cabe esperar 2015, deben constituirse en prioridad hoy mismo.
Blasberg
 

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Sólo anteojeras hacia 2015


En muchas ocasiones se escuchan expresiones que con seriedad proponen que ha llegado la hora de ocuparse de los verdaderos problemas de la gente. En estos tiempos se indica que superada la fervorosa campaña electoral, es hora de poner el foco en situaciones concretas de muy difícil resolución. Los indicadores sociales siguen encendiendo alarmas que, en rigor, nunca se apagaron. La exclusión, la pobreza, la indigencia son preocupantes y en el último diciembre hubo serias amenazas, y alguna concreción de estallidos preocupantes. La realidad del narcotráfico no puede ser ignorada. Es inquietante y lo suficientemente perturbadora como para ser analizada con mucho tino. Los niveles de inseguridad, lejos de descender, siguen generando hechos graves y muy desgraciados. El Gobierno, lejos de exhibir solidez y efectividad, duda, naufraga, vacila y confunde. Las instituciones de la democracia no cuentan con la fortaleza necesaria para encauzar situaciones apremiantes.
Muchos dirigentes, muchos políticos, muchos líderes manifiestan mucha preocupación por todas las dificultades mencionadas. Dicen estar atentos y preocupados. Sus discursos apuntan a encontrar responsables y esbozan tímidos principios de solución. El oficialismo gobernante practica esgrima verbal sobre las mismas posiciones.
Una campaña electoral cuesta muchísimo dinero. La cartelería, la difusión, los panfletos, los medios, los promotoras. Hay un profuso intento de copamiento de los principales lugares de veraneo. Todas las formas de publicidad son válidas. Hay preocupación por aparecer en los medios. Lejos de utilizar todas estas herramientas para la solución de “los problemas de la gente”, la única preocupación se resume en cuatro dígitos: 2015. Candidaturas, postulaciones, propuestas electorales y desesperación por los votos. Y faltan casi dos años. Algo menos para las definiciones que claramente los desvelan.
Entonces, se dicen algunas cosas, y se hacen otras. Se colocan las palabras en un lugar, y la energía, los fondos y la ansiedad, en otro. Es demasiada incoherencia para una sociedad con semejantes zozobras. Cuesta darle crédito a lo dicho, cuando lo hecho apunta tan distinto. Ya hay rostros para 2015. Para todos los cargos. Desde muchos sectores. Y no es un problema de interpretación. Sus anhelos, sus fotos, su nombre y apellido, los cargos que pretenden alcanzar, todo eso ya inunda las calles más pobladas de la Argentina. Incluso las alambradas de muchas zonas rurales. Demasiadas cosas ya pasan por los “candidateables”. Suena prematuro, apresurado, casi irrespetuoso. El kirchnerismo, como si tuviera poco con la inflación, la crisis social, el tipo de cambio, los salarios, y otros tantos desajustes, dedica gran parte de su tiempo a generar posibles nuevas corrientes internas que encontrarán al reemplazante de quien hoy lidera ese espacio. O simplemente al nuevo candidato a presidente, lo que puede o no ser lo mismo. Y ese ya es otro problema. No menor por cierto. Nada de esto resolverá tantos y tantos problemas pendientes.
La Argentina postergada espera otra clase de respuestas. Necesita de otra categoría de debates. Espera sinceridad a la hora de establecer prioridades. Clama por dirigentes serios, probos, idóneos, capaces de revertir semejante crisis. Dúctiles a la hora de trazar estrategias de la largo plazo. Planes que no se detengan ante la voraz tentación de las urnas. Hombres y mujeres interesados en construir y liderar el futuro de todos. Sin exclusiones de ningún tipo. Con un criterio mucho más amplio, más federal, más genuino. Para estos menesteres no cabe esperar 2015, deben constituirse en prioridad hoy mismo.
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