Granos: una mirada a corto y mediano plazo | El campo | El Diario de la República El Diario de la República
El campo | 25-08-2013 | 11:32 | 0

Granos: una mirada a corto y mediano plazo

Ante la situación que atraviesa el sector agropecuario es indispensable hacer un análisis de corto y mediano plazo sobre las principales cuestiones que impactan en la actividad.

Por Carlos Etchepare - Columnista
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A dos semanas de lo que fueron las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) la realidad de los productores no parece haber cambiado. La verdad es que si se esperaba un giro o alguna especie de guiño por parte del poder político al sector agropecuario (como sucedió con otros actores de la economía nacional), los productores deberán seguir esperando. Y esto se nota en el ánimo de quienes ya están empezando a entender una realidad. Esa que dicta que nada demasiado alentador se puede esperar en materia de cambio político que favorezca al campo en el corto plazo. En especial, en lo que más le interesa al productor, es decir: los futuros niveles de rentabilidad. Y en función de eso, la preocupación pasa por dos momentos. Por un lado la actualidad inmediata y por otro el corto y mediano plazo.
Hoy el sector atraviesa una época de incertidumbre asombrosa, con cosechas que no se venden (quedan alrededor de 20 millones de toneladas de soja), con números que no cierran, con una presión impositiva asfixiante, con la mano del estado digitando los mercados de manera errónea y con un producto que cada vez cuesta más y vale menos.
Pero por otro lado hay que esperar lo que pase a corto plazo. Y una de las claves de esto va a estar en el valor internacional de los granos. En el caso de la soja, por el momento, el contexto internacional parece poco favorable más allá de alguna suba coyuntural como la que se dio en los últimos días en razón de un pronóstico climático más seco en Estados Unidos. Pronóstico que igualmente no pone en riesgo la producción sojera de manera importante de tal forma que al menos por ahora no se puede esperar que los precios se disparen.
De tal manera que no hay nada en el plano internacional, al menos nada demasiado concreto, que nos permita ser optimista en cuanto a una evolución favorable del precio de la soja. En ese contexto, si sumamos que para mediados de octubre entra al circuito comercial la muy buena cosecha de Estados Unidos y los 20 millones de soja que aún quedan sin vender en nuestro país, es muy difícil que veamos un mercado superando los 500 dólares menos las retenciones y claramente en nuestro país nadie va a pagar más de lo que vale en el mercado internacional.
Entonces, todo este escenario que ya se está viviendo preocupa mucho a los productores, en especial a aquellos que se han quedado con la soja, que no han realizado coberturas, que vienen con uno o dos años de seca y que van a entrar en un periodo complicado en la definición de la siembra.
Por otro lado, el maíz también está viendo complicada su situación actual y sobre todo la futura. Todavía queda cereal sin vender en nuestro país y por lo tanto hay que esperar si el gobierno decide una nueva apertura de exportaciones en septiembre, pero igualmente hay que tener en cuenta que es difícil un recalentamiento del precio en el mercado local porque la exportación está sobrecomprada. De modo que para el maíz disponible llegando a noviembre o diciembre tampoco debería haber una recuperación importante en los precios. Y por el lado del mercado internacional las noticias tampoco son buenas porque el maíz, a diferencia de la soja, está mucho más avanzado en su estado evolutivo en Estados Unidos, y un pronóstico climático que no sea demasiado malo no pone en el horizonte ningún riesgo grande a la cosecha norteamericana de tal forma que los precios están reflejando esa situación.
Hasta acá analizamos lo que sucede con la situación internacional de los dos principales productos (soja y maíz) en cuanto a precios y el impacto que esto puede tener en nuestro país. Pero la caída de la rentabilidad no debe ser entendida solamente por los menores precios, sino que también hay tener en cuenta el aumento de los costos internos que sufre el productor. En este sentido es indispensable entender que la posibilidad de aumentar los ingresos en la campaña 2013/2014 pasará exclusivamente por la situación interna. Es decir por el impacto que tengan los costos en la ecuación agrícola y que mientras que las distorsiones que los afectan no se solucionen, las posibilidades de los productores se ven seriamente afectadas.
Por lo tanto, hemos preparado un cuadro donde analizamos el costo que tiene el productor argentino al momento de producir una tonelada de soja, maíz, trigo, girasol o sorgo y su comparación con el ingreso. En el cuadro se pueden observar las variantes, costo sin tierra, costo con tierra y precio esperado.
Pero además de lo que hemos analizado hasta el momento, el gran interrogante que atraviesan los productores es cuál será el horizonte para el sector agropecuario. Qué pasará en el corto y mediano plazo. En este sentido, el análisis que debemos hacer pasa por lo menos por seis puntos fundamentales: el mercado internacional, la presión impositiva, los costos indirectos, el costo de la tierra, el tipo de cambio y el escenario político. En el mercado internacional la tendencia pareciera mostrar que no habría cambios favorables para un incremento en los precios. Igualmente, no se debe descartar que alguna mejora pueda aparecer, en especial para la soja que parece ser el producto que muestra mayor flexibilidad a la hora de pensar los precios de la campaña 2013/2014. Pero, a pesar de esto, lo que no podemos dejar de tener en cuenta es que cualquier cosa que suceda en el mercado internacional puede ser capitalizado por el gobierno y utilizado en función de la estrategia que asumirá en el mercado local. Por ejemplo, el trigo es el producto que mejor panorama tiene a nivel internacional, si ese mejor panorama se refleja en los precios internacionales, no deberíamos creer que el gobierno beneficie a los productores para que reciban esa mejora en el precio. Sobre todo porque venimos de una experiencia muy negativa para la política de manejo de exportaciones y mercado interno del gobierno nacional. Además, el gobierno no está acostumbrado a reconocer errores y por lo tanto, si no se está acostumbrado a reconocer errores y si además se desconoce la realidad del sector y de los productores, esperar que se corrija algo va a ser muy difícil.
La presión impositiva que está sufriendo el sector agropecuario es la mayor de la historia, pero también es cierto que todos los sectores y todos los agentes económicos la están sufriendo. De manera que es muy difícil que este gobierno, o que cualquier dirigente político, esté pensando en reducir la presión impositiva al campo cuando en el orden de prioridades aparecen en primer lugar los trabajadores que ganan 7 mil pesos y pagan impuesto a las ganancias. Entonces, evidentemente, el proceso de deterioro de la economía argentina hace que el campo quede relegado en el orden de prioridades de problemas a solucionar.
El costo de la tierra es algo fundamental al momento de pensar la próxima campaña. Un claro ejemplo es la certeza de que los alquileres bajaron, de que se están replanteando los contratos y de que el riesgo se comparte entre propietarios y arrendatarios. Pero este es un fenómeno, que por el momento se está visualizando más en las zonas marginales pero que ya debería ir planteándose en las zonas núcleo, ya que estas también están comenzando a mostrar dificultades de rentabilidad. De tal manera que este será el primer año que por decisión propia de los productores, y no por materia climática, va a caer sensiblemente el área de siembra.
El tema de los costos indirectos pasa por ejemplo por la conflictividad gremial. Es decir, el conflicto y la presión que hay con algunos sectores que le brindan servicios al campo erosionan el nivel de ingreso de los productores porque la solución para estos problemas inflige un gasto y, como siempre, es el productor quien recibe ese costo.
En el tema del tipo de cambio, se presenta uno de los mayores interrogantes con los que se encuentra el productor en el mediano plazo. Todavía hay que esperar que va a hacer el gobierno aunque se podría decir que ya hay una devaluación (en el último año fue del 25%) y que virtualmente también aparece el famoso desdoblamiento cambiario con el que tanto se especuló desde diferentes sectores. El problema es que ese desdoblamiento oficial, el dólar Cedin, cuyo número es el que más se acerca al tipo de cambio adecuado para el desarrollo económico de la Argentina, no le va a llegar al campo. Es decir, el sector agropecuario continuará funcionando con el dólar a un valor del tipo de cambio oficial menos las retenciones. Mientras que el resto de la economía podría ajustarse en torno a este nuevo tipo de cambio dejando nuevamente relegado al sector. De tal manera que otra vez seguirá siendo el sector agropecuario quien siga pagando los descalabros económicos de este modelo.
Por último, en esta serie de puntos que nos planteábamos para entender por dónde pasaran las claves del sector en los próximos meses, aparece la cuestión política. Evidentemente, esta es una situación que descoloca a muchos y que entusiasma a tantos otros. Pero hay que tener en cuenta que aunque el oficialismo repita en octubre la derrota sufrida en las PASO, la composición del Congreso no cambiará demasiado y el gobierno (con sus aliados) continuará teniendo mayoría y quórum propio en ambas Cámaras. Pero igualmente el panorama marca que el desgaste político y anímico de la presidenta es muy importante. Pero otra vez la cuestión política va a tener un impacto sobre el sector, porque mientras se piense en la problemática interna, otra vez el sector quedará relegado de que se le solucionen los problemas que realmente tiene. Y el día que haya que replantear un nuevo modelo económico para la argentina, seguramente va a ser al campo al primero que se le pida el esfuerzo.
 


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