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Bares y caminatas al aire libre: opciones en avenida Mitre |
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Escrito por Esteban Jofré
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21-03-09----21:40 |
 Pubs, deportes a la vera de la avenida parece ser la nueva rutina del acceso más importante de Villa Mercedes.
Bares que juntan cientos de personas cada fin de semana, veredas llenas de gente que hace trámites de día, “footing” cuando cae el sol y se divierte de noche, edificios que se levantan a la par de las casonas antiguas con veredas anchas y plátanos centenarios y la incesante circulación de vehículos parece ser la nueva rutina de la avenida Mitre para que el acceso más importante de Villa Mercedes no conozca el sueño.
Viernes diez de la mañana en la esquina de Mitre y Edison. La fila de autos sobre la avenida que esperan el okey del semáforo para pasar, ocupa casi una cuadra. Los peatones van y vienen como una caravana de hormigas. Algunos ingresan a los bancos, otros calman sus ganas consumistas en los negocios de la zona. Bocinazos, el ruido de una máquina hormigonera de una obra en construcción y la manada de motos que provocan un ambiente ensordecedor con sus escapes, es la música que predomina por esas horas.
Más alejado de la boca del centro y siempre por la avenida la imagen no se diferencia de las cuadras anteriores. Es más, parece pronunciarse cuando llega el mediodía. A la interminable procesión de personas que vuelven de sus trabajos, se le suma la salida de los chicos del colegio. Allí el tránsito se intensifica, luego se congestiona y finalmente se vuele caótico. Cerca del Colegio Nacional está el Centro de Arte Contemporáneo, un lugar donde se dictan talleres culturales que promueve la municipalidad.
Recién en la intersección de Corrientes y Mitre el vértigo parece aquietarse. La entrada al barrio La Estación parece ser la calma que le precede al huracán. Sus casas antiguas comparten el paisaje urbano con algunos comercios y la quietud es más notoria. Una contra cara de lo que la barriada supo ser hace mucho tiempo cuando los trenes echaban humo.
El último día hábil de la semana transcurre, pero la tarde no cambia las cosas. La Mitre sigue requerida. Sin embargo a la postal que entrega a diario la avenida se le añadió una práctica que ya cuenta con muchos adeptos: las caminatas al aire libre. El itinerario comienza donde termina la Lavalle. Desde allí los amantes de la vida sana recorren las veinticinco cuadras que dura la avenida entre el centro y la Estación, de calzas y musculosas, conectados a la música que dispara el MP3 o con la compañía de la mascota de la casa. Eso si, con la botellita de agua entre la manos, un accesorio infaltable para este tipo de ejercicios.
Finalmente, al viernes le llegó la noche, pero en la avenida nada cambia. Los coches parecen una secuencia infinita que se repite a cada cuadra. Para algunos el día terminó, sin embargo para otros la vida recién comienza. Dos bares, distanciados por pocos metros, cara a cara se disputan la hegemonía de la diversión. Algunos vecinos se quejan por ruidos molestos, pero las protestas no tuvieron eco todavía. Pese a esto, la idea de ciertos empresarios es invertir en la zona para crear un cordón de confiterías y pubs como sucede en la avenidia Illia de la ciudad San Luis.
Hasta bien entrada la madrugada la música, principalmente electrónica, no deja de sonar. Los chicos entran y salen de los bares con la misma naturalidad de quien se pone una media o se peina. La bebida oficial del divertimento villamercedino es el fernet con coca, aunque el vodka con su líquido energizante no se queda atrás. Los lugares están llenos y el roce de los cuerpos es inevitable. Hay risas y amor. A algunas cuadras de allí, otro bar explota de gente y de rock. Hasta que comienza el día y nuevamente la rutina. La Mitre está condenada a no dormir jamás.
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