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Vecinos se quejan por el ruido y el desorden que causa un bar

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Vecinos se quejan por el ruido y el desorden que causa un bar


Los vecinos de la calle República del Líbano al 300 aseguran que hace unos cinco meses hay un bar que en la parte trasera mutó a boliche. Desde entonces los habitantes de esa cuadra y las aledañas empezaron a tener una convivencia forzada con los ruidos de madrugada, los problemas de estacionamiento y la higiene de las veredas.

Una cuadra más allá del local que generó el malestar, funcionaba hace unos años atrás el boliche "La Quinta". Con este recuerdo presente, los vecinos están temerosos de que vuelva la música alta y las peleas callejeras.


“Usan la entrada de mi casa de baño, hay peleas constantemente y me destrozaron el portero de los departamentos”, enumeró el dueño de un inmueble cercano al local. El hombre, quien no quiso dar su nombre por temor a sufrir represalias, señaló que el negocio al momento de su apertura y  durante un año funcionó únicamente como pool y bar. Detrás de las rejas blancas y el vidrio polarizado se ve un gran salón con una barra de madera y más de cinco mesas de billar.


En la zona, repleta de casas residenciales, aseguraron que los días de mayor conflicto son los de semana (miércoles y jueves, a veces incluso los martes). Los disturbios callejeros se acrecientan a medida que lo hace la concurrencia. El hecho está provocado en cierta medida por la oferta exclusiva de esos días: mientras los demás boliches están cerrados, este local ofrece una pista de baile que funciona más allá de los horarios permitidos y cierra pasadas las 7:30.


Sin estacionamiento, los clientes del negocio, que hace cerca de cinco meses adicionó la modalidad de local bailable, ignoran los carteles de los garajes, estacionan en ambas manos de la República del Líbano y de La Rioja, ocupan las veredas y presionan al personal de seguridad del hotel frente al bar para que los deje ingresar a la playa privada.


Temprano, cuando los vecinos salen rumbo a su trabajo o llevan a sus hijos a la escuela encuentran que aún hay vehículos obstaculizándoles la salida. En la previsora Los Álamos afirmaron que en más de una oportunidad tuvieron que lidiar con la falta de espacio al ir a arrancar la ambulancia. “Los jueves y viernes son apenas las 20 y ya tenemos motos y autos encima”, manifestaron. Roque trabaja a menudo en la manzana, también él destacó que el problema de estacionamiento es habitual “con o sin baile, la gente que vive acá tiene que salir a buscar al que les dejó el auto en la puerta de su cochera para poder salir”.


“La música se escucha a media cuadra de distancia”, expresó una mujer, quien tampoco quiso dar su nombre por la cercanía de su casa con el local. Sin embargo, excepto los vecinos aledaños al local, casi nadie se quejó por el volumen que maneja el negocio. Lo que sí destacó la mayoría como “fastidioso” fue la previa callejera. “Se paran a escuchar música con los parlantes del auto, andan en motos con escape libre y cuando el amontonamiento es grande se accionan las alarmas de los coches y esto es un caos, no se puede dormir”, dijeron acerca del concierto particular que les impide el descanso y suena en la noche puntana adornado por los gritos de las peleas. Los enfrentamientos llegan al uso del cuchillo y en una ocasión hubo disparos.


En el Hotel Dos Venados indicaron que la convivencia con el pool les está saliendo cara: “Se nos fueron muchos huéspedes por ruidos molestos a las 6 de la mañana. Es un desastre y lo sufrimos mucho”, señalaron. Los empleados del albergue ya piensan en la temporada que está por iniciar y temen salir aún más perjudicados. “Nosotros hacemos fiestas, pero contamos con el permiso de los vecinos, las terminamos a las 5 de la madrugada. Destinamos una playa y personal para que cuide que la salida sea ordenada”, compararon.


También se puso en duda la seguridad de las instalaciones. Los integrantes de la Cámara de Bares y Boliches de San Luis contaron que en alguna oportunidad le advirtieron al dueño del negocio que los reiterados disturbios podrían traerle denuncias (Ver “En la semana...”).


Formalmente los vecinos llamaron a la Policía por peleas y gritos, pero “pocas veces vinieron”. Además, una familia planea enviar una carta a la Municipalidad capitalina para que inspeccione el bar que oficia de boliche donde anteriormente estuvo ubicada una mueblería. 


El dueño del inmueble alquilado evita las confrontaciones y en el barrio ya casi no lo ven.


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Vecinos se quejan por el ruido y el desorden que causa un bar

Con disimulo. Detrás de los vidrios del local, que antes fue una mueblería, hay mesas de pool.

Los vecinos de la calle República del Líbano al 300 aseguran que hace unos cinco meses hay un bar que en la parte trasera mutó a boliche. Desde entonces los habitantes de esa cuadra y las aledañas empezaron a tener una convivencia forzada con los ruidos de madrugada, los problemas de estacionamiento y la higiene de las veredas.

Una cuadra más allá del local que generó el malestar, funcionaba hace unos años atrás el boliche "La Quinta". Con este recuerdo presente, los vecinos están temerosos de que vuelva la música alta y las peleas callejeras.


“Usan la entrada de mi casa de baño, hay peleas constantemente y me destrozaron el portero de los departamentos”, enumeró el dueño de un inmueble cercano al local. El hombre, quien no quiso dar su nombre por temor a sufrir represalias, señaló que el negocio al momento de su apertura y  durante un año funcionó únicamente como pool y bar. Detrás de las rejas blancas y el vidrio polarizado se ve un gran salón con una barra de madera y más de cinco mesas de billar.


En la zona, repleta de casas residenciales, aseguraron que los días de mayor conflicto son los de semana (miércoles y jueves, a veces incluso los martes). Los disturbios callejeros se acrecientan a medida que lo hace la concurrencia. El hecho está provocado en cierta medida por la oferta exclusiva de esos días: mientras los demás boliches están cerrados, este local ofrece una pista de baile que funciona más allá de los horarios permitidos y cierra pasadas las 7:30.


Sin estacionamiento, los clientes del negocio, que hace cerca de cinco meses adicionó la modalidad de local bailable, ignoran los carteles de los garajes, estacionan en ambas manos de la República del Líbano y de La Rioja, ocupan las veredas y presionan al personal de seguridad del hotel frente al bar para que los deje ingresar a la playa privada.


Temprano, cuando los vecinos salen rumbo a su trabajo o llevan a sus hijos a la escuela encuentran que aún hay vehículos obstaculizándoles la salida. En la previsora Los Álamos afirmaron que en más de una oportunidad tuvieron que lidiar con la falta de espacio al ir a arrancar la ambulancia. “Los jueves y viernes son apenas las 20 y ya tenemos motos y autos encima”, manifestaron. Roque trabaja a menudo en la manzana, también él destacó que el problema de estacionamiento es habitual “con o sin baile, la gente que vive acá tiene que salir a buscar al que les dejó el auto en la puerta de su cochera para poder salir”.


“La música se escucha a media cuadra de distancia”, expresó una mujer, quien tampoco quiso dar su nombre por la cercanía de su casa con el local. Sin embargo, excepto los vecinos aledaños al local, casi nadie se quejó por el volumen que maneja el negocio. Lo que sí destacó la mayoría como “fastidioso” fue la previa callejera. “Se paran a escuchar música con los parlantes del auto, andan en motos con escape libre y cuando el amontonamiento es grande se accionan las alarmas de los coches y esto es un caos, no se puede dormir”, dijeron acerca del concierto particular que les impide el descanso y suena en la noche puntana adornado por los gritos de las peleas. Los enfrentamientos llegan al uso del cuchillo y en una ocasión hubo disparos.


En el Hotel Dos Venados indicaron que la convivencia con el pool les está saliendo cara: “Se nos fueron muchos huéspedes por ruidos molestos a las 6 de la mañana. Es un desastre y lo sufrimos mucho”, señalaron. Los empleados del albergue ya piensan en la temporada que está por iniciar y temen salir aún más perjudicados. “Nosotros hacemos fiestas, pero contamos con el permiso de los vecinos, las terminamos a las 5 de la madrugada. Destinamos una playa y personal para que cuide que la salida sea ordenada”, compararon.


También se puso en duda la seguridad de las instalaciones. Los integrantes de la Cámara de Bares y Boliches de San Luis contaron que en alguna oportunidad le advirtieron al dueño del negocio que los reiterados disturbios podrían traerle denuncias (Ver “En la semana...”).


Formalmente los vecinos llamaron a la Policía por peleas y gritos, pero “pocas veces vinieron”. Además, una familia planea enviar una carta a la Municipalidad capitalina para que inspeccione el bar que oficia de boliche donde anteriormente estuvo ubicada una mueblería. 


El dueño del inmueble alquilado evita las confrontaciones y en el barrio ya casi no lo ven.


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