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Julio Luis Morando, el ícono viviente del radioteatro

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Julio Luis Morando, el ícono viviente del radioteatro

Por Johnny Díaz


Mi pasión por los radioteatros comenzó en mi juventud, cuando era uno de los operadores de radio Granaderos Puntanos, el otro era Pedro 'Goyo' Salinas y la directora Nelly Álvarez”, dice Julio Luis Gatto, hoy retirado de las tablas y jubilado como director de radio. Con 80 años (nació el 9 de julio de 1935) y una profesión que nunca ejerció, la de dibujante técnico, recuerda con vehemencia sus comienzos como actor y director de compañía teatral después.


“Mi oportunidad se dio cuando llegó a la radio un señor de apellido Morales. Venía de Mendoza, en los años cincuenta estaba en auge el radioteatro en la vecina provincia. Llegaba a San Luis a presentar una obra. Buscaba un operador para que le pasara la música y los efectos especiales. Me ofrecí y aceptó, me dijo que al día siguiente volvería con el libreto y todo lo que sería mi trabajo, y así fue”, relata sus inicios con claridad, como si fuera ayer.


Allí ocurrió un hecho que marcó su vida. La obra tenía un personaje que hacía de cínico, de ‘mal llevado’, y como quien lo hacía no pudo venir, le propusieron reemplazarlo y no dudó en dar el sí. "Antes era más simple y sencillo", aclara y añade que su trabajo de operador en esa obra pasó a ser de Raúl Alberto ‘Quique’ Baudry.


"Así comencé mi labor de actor, tenía algunos conocimientos y eso me permitió trabajar con comodidad y adquirir experiencia”, señala.


En la tranquilidad de su hogar de la calle Bolívar junto a su esposa Adriana Páez López, resalta que en esos años también comenzó a hacer radioteatro Orlando De Luca, cuya especialidad eran las obras gauchescas, y que él vio la posibilidad de destacarse no solo como operador de radio, sino en algo que tenía mucha audiencia.


“Decidí armar mi propia compañía, hablé con Alberto González (su nombre artístico era Jorge Alberto Marcó), que trabajaba en la Unión Telefónica y con dos o tres personas más para los trabajos de extras, así nació 'Candilejas'. Mi amistad con Orlando permitió que, en algunas representaciones, nos intercambiáramos artistas: él hacía una gauchesca y yo una romántica o de otro género. Por ejemplo, en la obra “El León de Francia’, yo le hice el papel principal. No había egoísmo ni nada parecido, eso lo permitía nuestra sana y desinteresada amistad”. agrega quien fue bautizado artísticamente como Julio Luis Morando.


Hoy, sentado en un cómodo sillón de su living, rememora aquellos años y parece viajar en el tiempo. Además de actor y director de teatro, conduce desde hace cincuenta años un programa radial ícono en la radiofonía puntana: “Noches de Serenatas”,  que se puede escuchar todos los sábados por radio Dimensión.


Quien tiene cinco hijos (Julio Adrián y Julia Mara Gatto Páez y tres de su anterior matrimonio: Luis Daniel, José Alberto y Norma Beatriz Gatto), seis nietos y dos bisnietos fue criado por su abuela Francisca Suárez y sus tíos Luis y Timoteo (ambos cocheros de plaza) en una vieja casona de la calle San Martín antes de llegar a avenida España. Sin vacilar revela que su mejor obra fue “Una rosa de sangre sobre la arena", escrita en 1930 por Juan Carlos Chiappe, que utilizaba como seudónimo Claudio Zuviría.


"La primera vez que la presentamos fue en el templo Santo Domingo, tenía veintiún capítulos como toda obra de radioteatro. Allí tuvieron un destacado papel Gino Spagnuolo y ‘El Ñato’ Díaz, que hacía el papel de un sirviente español. Su baja estatura y su particularidad para caminar encendía al público y engrandecía su papel, llevábamos la magia de la radio al teatro. Esa fue una muy linda puesta en escena y el público premió el esfuerzo”, detalla.


"En Candilejas también era parte del elenco José Dimas Leiva ‑continúa‑ Con él, hicimos ‘La Vuelta de Santos Vega’. Él hacía el papel principal, era un gordo espectacular, amigo, dueño de un humor inigualable, sin maldad y siempre solidario". Cuenta que una vez en radio LV13, estaban por salir al aire y se apareció Dimas Leiva por detrás de los micrófonos y les dijo a las chicas, "Así las quería agarrar", las mujeres sorprendidas y sin atinar a nada, dejaron caer sus libretos y cuanta cosa tenían sobre los atriles al tiempo que él les gritaba ‘¡¡¡¡Masita les voy a dar!!!!’ y soltaba una sonora carcajada. Era sorprendente", rememora.


Julio Luis hizo varias obras de distintos autores: “Una Rosa de sangre sobre la arena”, “Abelardo Pardales”, “El Rubio Millán”, “La vuelta de Santos Vega", “Esos que dicen amarse”, "Juan sin ropa", "La Novia",  "Juan Cuello", "El Lobizón" y "La Difunta Correa".  Su memoria le jugó una mala pasada porque no logró recordar el nombre de otra dedicada a las madres y una, a los tangos.


Manifiesta que su amistad con De Luca iba más allá de la radiofonía o el teatro. “Estábamos siempre juntos, por distintos motivos, intercambiábamos ideas, proyectos y hasta funciones actorales, inclusive soy el padrino de su hijo Omar, que vive en el barrio Luz y Fuerza de San Luis”.


La charla continúa amena y distendida, y no sé si está actuando o me pareció ver un par de lágrimas  en su rostro al recordar con afecto y respeto a sus amigos desaparecidos: su compadre De Luca, Dimas Leiva y Héctor Meñica Smidt, entre tantos que compartieron sueños y proyectos, "Me dejaron muy jóvenes", alcanza a decir. “Recuerdo que para una oportunidad, ensayábamos en la casa de Orlando, un capítulo de una obra y una presentación teatral hasta que Leiva sacó su humor a la noche, actitud que no le gustó a Orlando porque era un tipo muy serio y recto, y de alguna manera se lo hizo saber.  ‘El Gordo’ le contestó ‘si vos sabés que soy así, y si no te gusta, me voy y listo’. Orlando se quedó mudo y siguieron los ensayos. ¿Cómo se iba a ir si era la figura de la obra? así era Leiva: simple, espontáneo, muy querido”, sostiene sin reparar en elogios.


Era la época dorada de la radio, había un aparato en el lugar más recóndito que se pueda imaginar, la magia de la radio iba en aumento. San Luis, tenía una sola emisora, LV13, que estaba en pleno centro de la ciudad. Por ella desfilaron los más encumbrados músico, actores, políticos, empresarios y vecinos. Se llevaban los laureles los radioteatros, pero no era tan fácil llegar a ese mundo mágico donde todo se suponía o se imaginaba.


“Para llegar a presentar un radioteatro había que contar con una emisora que tuviera espacios disponibles, enviar la solicitud a   Argentores, y una vez aprobada, venía la autorización para ponerla al aire, además se pagaba un canon en la radio y otro cuando la obra subía a escena”, dice para ilustrar el momento y añade: "Los gastos eran varios y las ganancias pocas, todo era por amor al teatro, muy pocas veces hacíamos diferencias económicas. Todo era muy artesano, muy nuestro, los decorados se alquilaban en Buenos Aires y se aprovechaban todo lo que se podía por el valor que tenían esos alquileres".


Cuando se presentaba una obra  buscaban la posibilidad de hacerlo en localidades cercanas para abaratar los costos. A esos lugares llegaban bien temprano porque debían armar todo y la radio era muy escuchada.


Para los efectos especiales y los sonidos se utilizaban discos de 18, 33 y 78 revoluciones, el operador era el encargado de los efectos –había que ser muy 'ducho'-, el galope de los caballos se hacía con las manos y cuando el actor caminaba sobre pasto seco o pisaba ramas, se usaba  un diario al igual que cuando uno le pegaba al otro. "Eso tenía la radio, la magia de la imaginación, de la ilusión y de la sorpresa”, resalta.


“Una vez acompañé a De Luca a Zanjitas, le había fallado por enfermedad Dimas Leiva, y me dijo: ‘compadre, me tiene que dar una mano, necesito  que reemplace al Gordo que está descompuesto’. Le pedí a Baudry que me supliera como operador y con Eduardo Di Sisto para que hiciera  mi programa 'Noches de Serenatas' y allá nos fuimos", precisa la decisión que le cambió la vida.


"En un pasaje de la obra se arma la pelea y del público llegaron los primeros gritos: ‘matálo’, ‘mirá cómo hace sufrir a la madre’, ‘es un mal tipo’ decían otros, hasta que de repente tropecé, y caí entre el público que se acercó, para manifestarme su odio por mi papel en la obra, incluso alguno me asentó un 'patadón', fueron segundos, pero pudimos continuar con la obra", asegura.


Cuando volvieron a San Luis, le contamos a Dimas Leiva que se reía sin parar. "Te das cuenta que soy irremplazable, nos decía muy tranquilo". 


Julio Luis no quiere dejar afuera a su obra más exitosa: "El Rubio Millán", donde Dimas Leiva hacía un personaje de matón de Buenos Aires, que trabajaba de achurero. "Era una obra que siempre me gustó, y le gustó a la gente. Para la presentación hicimos una puesta en escena muy buena, buscamos a un guitarrista: ‘El Quila’ Gil; al bandoneón de don Maldocena; al cantante Mario Quiroga; y al gran bailarín Lucas Roberto ‘El Machuca’ Velázquez. Pero había un problema, no teníamos bailarina. Alguien dijo: 'traigan a la Clementina', que trabajaba en La Victoria y donde ‘El Machuca’ era el rey y se armó la gran noche", describe y sigue el relato: "Se robaron los aplausos de todos quienes estaban ahí, tenían que bailar dos temas, La Cumparsita y La Puñalada, una milonga. Tuvieron que volver a bailar y Mario Quiroga se quedó sin cantar, fue un exitazo”.


Expresa que otra obra que le gustó y mucho fue ‘Abelardo Pardales’, donde hacía de galán y Marcelo Montes de matón. Lo que más lo reconforta es que estuvo en escena por un tiempo y se ganó el reconocimiento del exigente público puntano, puntualiza.


En 1965 pone al aire “Noches de Serenatas”, sin imaginar que su programa llegaría tan lejos. Hoy ese programa acaba de cumplir bodas de oro. Lo inició con unos amigos: Jorge Barbeito, Carlos y Lucas Fernández, que ya no están en San Luis.


“Éramos amigos que nos juntábamos a hacer música y salir de serenatas, y por un pedido de ellos, presenté el proyecto y la dirección de LV13 lo aceptó, y aquí estamos, saliendo todos los sábados con mi compañero Raúl Godoy que apenas puede caminar. Empezamos en esa radio con media hora de salida, después en FM Lafinur, radio Nacional y radio Dimensión. Hoy somos los únicos en este género", señala con orgullo.


Los archivos dicen que de 1942, cuando se instaló la primera radio en San Luis en la calle Bolívar, a la actualidad nunca un programa radial tuvo tantos años al aire.


Quien también actuó en la película "Los Irrompibles", un western filmado en la provincia en 1975, cuenta una anécdota muy audaz. Un día vino al programa un excelente pianista, Juan Albisu, para hacer unos temas. Cuando terminó el programa se le ocurrió dar una serenata al profesor Müller a media cuadra de la radio, pero había que sacar el piano, me convenció y  cuando lo estábamos sacando, apareció, en camisón,  la partera Rosa Celorrio que vivía al frente de la radio. Nos acompañó hasta la casa de Müller y Albisu tocó 'Para Elisa'. Fue increíble, le dimos la serenata y volvimos a la radio”, recuerda entre risas.


También puso en el aire "La canción de los barrios", un programa dedicado a los barrios de San Luis, fue otro éxito de 1968 a 1971 en la radio y después llegó a la televisión por cable en 1994. Hoy, después de haber empezado como operador y jubilarse con el cargo más alto en una emisora, este operador-actor-director-escritor y conductor sanluiseño que alguna vez se llamó Julio Luis Morando (su nombre artístico) disfruta de lo que hizo, hace y de sus nietos en la tranquilidad de su casa.


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Julio Luis Morando, el ícono viviente del radioteatro

Siempre vigente. Hoy Julio Luis lleva adelante su programa favorito, "Noches de Serenatas", que le permite estar en contacto con su público y su hogar.

Mi pasión por los radioteatros comenzó en mi juventud, cuando era uno de los operadores de radio Granaderos Puntanos, el otro era Pedro 'Goyo' Salinas y la directora Nelly Álvarez”, dice Julio Luis Gatto, hoy retirado de las tablas y jubilado como director de radio. Con 80 años (nació el 9 de julio de 1935) y una profesión que nunca ejerció, la de dibujante técnico, recuerda con vehemencia sus comienzos como actor y director de compañía teatral después.


“Mi oportunidad se dio cuando llegó a la radio un señor de apellido Morales. Venía de Mendoza, en los años cincuenta estaba en auge el radioteatro en la vecina provincia. Llegaba a San Luis a presentar una obra. Buscaba un operador para que le pasara la música y los efectos especiales. Me ofrecí y aceptó, me dijo que al día siguiente volvería con el libreto y todo lo que sería mi trabajo, y así fue”, relata sus inicios con claridad, como si fuera ayer.


Allí ocurrió un hecho que marcó su vida. La obra tenía un personaje que hacía de cínico, de ‘mal llevado’, y como quien lo hacía no pudo venir, le propusieron reemplazarlo y no dudó en dar el sí. "Antes era más simple y sencillo", aclara y añade que su trabajo de operador en esa obra pasó a ser de Raúl Alberto ‘Quique’ Baudry.


"Así comencé mi labor de actor, tenía algunos conocimientos y eso me permitió trabajar con comodidad y adquirir experiencia”, señala.


En la tranquilidad de su hogar de la calle Bolívar junto a su esposa Adriana Páez López, resalta que en esos años también comenzó a hacer radioteatro Orlando De Luca, cuya especialidad eran las obras gauchescas, y que él vio la posibilidad de destacarse no solo como operador de radio, sino en algo que tenía mucha audiencia.


“Decidí armar mi propia compañía, hablé con Alberto González (su nombre artístico era Jorge Alberto Marcó), que trabajaba en la Unión Telefónica y con dos o tres personas más para los trabajos de extras, así nació 'Candilejas'. Mi amistad con Orlando permitió que, en algunas representaciones, nos intercambiáramos artistas: él hacía una gauchesca y yo una romántica o de otro género. Por ejemplo, en la obra “El León de Francia’, yo le hice el papel principal. No había egoísmo ni nada parecido, eso lo permitía nuestra sana y desinteresada amistad”. agrega quien fue bautizado artísticamente como Julio Luis Morando.


Hoy, sentado en un cómodo sillón de su living, rememora aquellos años y parece viajar en el tiempo. Además de actor y director de teatro, conduce desde hace cincuenta años un programa radial ícono en la radiofonía puntana: “Noches de Serenatas”,  que se puede escuchar todos los sábados por radio Dimensión.


Quien tiene cinco hijos (Julio Adrián y Julia Mara Gatto Páez y tres de su anterior matrimonio: Luis Daniel, José Alberto y Norma Beatriz Gatto), seis nietos y dos bisnietos fue criado por su abuela Francisca Suárez y sus tíos Luis y Timoteo (ambos cocheros de plaza) en una vieja casona de la calle San Martín antes de llegar a avenida España. Sin vacilar revela que su mejor obra fue “Una rosa de sangre sobre la arena", escrita en 1930 por Juan Carlos Chiappe, que utilizaba como seudónimo Claudio Zuviría.


"La primera vez que la presentamos fue en el templo Santo Domingo, tenía veintiún capítulos como toda obra de radioteatro. Allí tuvieron un destacado papel Gino Spagnuolo y ‘El Ñato’ Díaz, que hacía el papel de un sirviente español. Su baja estatura y su particularidad para caminar encendía al público y engrandecía su papel, llevábamos la magia de la radio al teatro. Esa fue una muy linda puesta en escena y el público premió el esfuerzo”, detalla.


"En Candilejas también era parte del elenco José Dimas Leiva ‑continúa‑ Con él, hicimos ‘La Vuelta de Santos Vega’. Él hacía el papel principal, era un gordo espectacular, amigo, dueño de un humor inigualable, sin maldad y siempre solidario". Cuenta que una vez en radio LV13, estaban por salir al aire y se apareció Dimas Leiva por detrás de los micrófonos y les dijo a las chicas, "Así las quería agarrar", las mujeres sorprendidas y sin atinar a nada, dejaron caer sus libretos y cuanta cosa tenían sobre los atriles al tiempo que él les gritaba ‘¡¡¡¡Masita les voy a dar!!!!’ y soltaba una sonora carcajada. Era sorprendente", rememora.


Julio Luis hizo varias obras de distintos autores: “Una Rosa de sangre sobre la arena”, “Abelardo Pardales”, “El Rubio Millán”, “La vuelta de Santos Vega", “Esos que dicen amarse”, "Juan sin ropa", "La Novia",  "Juan Cuello", "El Lobizón" y "La Difunta Correa".  Su memoria le jugó una mala pasada porque no logró recordar el nombre de otra dedicada a las madres y una, a los tangos.


Manifiesta que su amistad con De Luca iba más allá de la radiofonía o el teatro. “Estábamos siempre juntos, por distintos motivos, intercambiábamos ideas, proyectos y hasta funciones actorales, inclusive soy el padrino de su hijo Omar, que vive en el barrio Luz y Fuerza de San Luis”.


La charla continúa amena y distendida, y no sé si está actuando o me pareció ver un par de lágrimas  en su rostro al recordar con afecto y respeto a sus amigos desaparecidos: su compadre De Luca, Dimas Leiva y Héctor Meñica Smidt, entre tantos que compartieron sueños y proyectos, "Me dejaron muy jóvenes", alcanza a decir. “Recuerdo que para una oportunidad, ensayábamos en la casa de Orlando, un capítulo de una obra y una presentación teatral hasta que Leiva sacó su humor a la noche, actitud que no le gustó a Orlando porque era un tipo muy serio y recto, y de alguna manera se lo hizo saber.  ‘El Gordo’ le contestó ‘si vos sabés que soy así, y si no te gusta, me voy y listo’. Orlando se quedó mudo y siguieron los ensayos. ¿Cómo se iba a ir si era la figura de la obra? así era Leiva: simple, espontáneo, muy querido”, sostiene sin reparar en elogios.


Era la época dorada de la radio, había un aparato en el lugar más recóndito que se pueda imaginar, la magia de la radio iba en aumento. San Luis, tenía una sola emisora, LV13, que estaba en pleno centro de la ciudad. Por ella desfilaron los más encumbrados músico, actores, políticos, empresarios y vecinos. Se llevaban los laureles los radioteatros, pero no era tan fácil llegar a ese mundo mágico donde todo se suponía o se imaginaba.


“Para llegar a presentar un radioteatro había que contar con una emisora que tuviera espacios disponibles, enviar la solicitud a   Argentores, y una vez aprobada, venía la autorización para ponerla al aire, además se pagaba un canon en la radio y otro cuando la obra subía a escena”, dice para ilustrar el momento y añade: "Los gastos eran varios y las ganancias pocas, todo era por amor al teatro, muy pocas veces hacíamos diferencias económicas. Todo era muy artesano, muy nuestro, los decorados se alquilaban en Buenos Aires y se aprovechaban todo lo que se podía por el valor que tenían esos alquileres".


Cuando se presentaba una obra  buscaban la posibilidad de hacerlo en localidades cercanas para abaratar los costos. A esos lugares llegaban bien temprano porque debían armar todo y la radio era muy escuchada.


Para los efectos especiales y los sonidos se utilizaban discos de 18, 33 y 78 revoluciones, el operador era el encargado de los efectos –había que ser muy 'ducho'-, el galope de los caballos se hacía con las manos y cuando el actor caminaba sobre pasto seco o pisaba ramas, se usaba  un diario al igual que cuando uno le pegaba al otro. "Eso tenía la radio, la magia de la imaginación, de la ilusión y de la sorpresa”, resalta.


“Una vez acompañé a De Luca a Zanjitas, le había fallado por enfermedad Dimas Leiva, y me dijo: ‘compadre, me tiene que dar una mano, necesito  que reemplace al Gordo que está descompuesto’. Le pedí a Baudry que me supliera como operador y con Eduardo Di Sisto para que hiciera  mi programa 'Noches de Serenatas' y allá nos fuimos", precisa la decisión que le cambió la vida.


"En un pasaje de la obra se arma la pelea y del público llegaron los primeros gritos: ‘matálo’, ‘mirá cómo hace sufrir a la madre’, ‘es un mal tipo’ decían otros, hasta que de repente tropecé, y caí entre el público que se acercó, para manifestarme su odio por mi papel en la obra, incluso alguno me asentó un 'patadón', fueron segundos, pero pudimos continuar con la obra", asegura.


Cuando volvieron a San Luis, le contamos a Dimas Leiva que se reía sin parar. "Te das cuenta que soy irremplazable, nos decía muy tranquilo". 


Julio Luis no quiere dejar afuera a su obra más exitosa: "El Rubio Millán", donde Dimas Leiva hacía un personaje de matón de Buenos Aires, que trabajaba de achurero. "Era una obra que siempre me gustó, y le gustó a la gente. Para la presentación hicimos una puesta en escena muy buena, buscamos a un guitarrista: ‘El Quila’ Gil; al bandoneón de don Maldocena; al cantante Mario Quiroga; y al gran bailarín Lucas Roberto ‘El Machuca’ Velázquez. Pero había un problema, no teníamos bailarina. Alguien dijo: 'traigan a la Clementina', que trabajaba en La Victoria y donde ‘El Machuca’ era el rey y se armó la gran noche", describe y sigue el relato: "Se robaron los aplausos de todos quienes estaban ahí, tenían que bailar dos temas, La Cumparsita y La Puñalada, una milonga. Tuvieron que volver a bailar y Mario Quiroga se quedó sin cantar, fue un exitazo”.


Expresa que otra obra que le gustó y mucho fue ‘Abelardo Pardales’, donde hacía de galán y Marcelo Montes de matón. Lo que más lo reconforta es que estuvo en escena por un tiempo y se ganó el reconocimiento del exigente público puntano, puntualiza.


En 1965 pone al aire “Noches de Serenatas”, sin imaginar que su programa llegaría tan lejos. Hoy ese programa acaba de cumplir bodas de oro. Lo inició con unos amigos: Jorge Barbeito, Carlos y Lucas Fernández, que ya no están en San Luis.


“Éramos amigos que nos juntábamos a hacer música y salir de serenatas, y por un pedido de ellos, presenté el proyecto y la dirección de LV13 lo aceptó, y aquí estamos, saliendo todos los sábados con mi compañero Raúl Godoy que apenas puede caminar. Empezamos en esa radio con media hora de salida, después en FM Lafinur, radio Nacional y radio Dimensión. Hoy somos los únicos en este género", señala con orgullo.


Los archivos dicen que de 1942, cuando se instaló la primera radio en San Luis en la calle Bolívar, a la actualidad nunca un programa radial tuvo tantos años al aire.


Quien también actuó en la película "Los Irrompibles", un western filmado en la provincia en 1975, cuenta una anécdota muy audaz. Un día vino al programa un excelente pianista, Juan Albisu, para hacer unos temas. Cuando terminó el programa se le ocurrió dar una serenata al profesor Müller a media cuadra de la radio, pero había que sacar el piano, me convenció y  cuando lo estábamos sacando, apareció, en camisón,  la partera Rosa Celorrio que vivía al frente de la radio. Nos acompañó hasta la casa de Müller y Albisu tocó 'Para Elisa'. Fue increíble, le dimos la serenata y volvimos a la radio”, recuerda entre risas.


También puso en el aire "La canción de los barrios", un programa dedicado a los barrios de San Luis, fue otro éxito de 1968 a 1971 en la radio y después llegó a la televisión por cable en 1994. Hoy, después de haber empezado como operador y jubilarse con el cargo más alto en una emisora, este operador-actor-director-escritor y conductor sanluiseño que alguna vez se llamó Julio Luis Morando (su nombre artístico) disfruta de lo que hizo, hace y de sus nietos en la tranquilidad de su casa.


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