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Calma, reposo y asistencia rápida, tres claves en caso de mordedura de víboras

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Calma, reposo y asistencia rápida, tres claves en caso de mordedura de víboras


Genaro Castillo, el hombre de 68 años que está internado en el hospital tras ser atacado por una yarará, despertó el alerta. Ante la presencia de víboras nadie tiene muy en claro el procedimiento a seguir. Muchos intentan ahuyentarlas con un palo o arrojándoles piedras, aunque esa no sería la mejor manera de enfrentarlas.


“Las víboras no atacan si no son atacadas, por eso al verlas hay que alejarse y dejarlas correr. Así van a alejarse”, explicó Eduardo Daniel Morález, paramédico y coordinador del Complejo Penitenciario N° 2 Pampa de las Salinas.


El especialista aseguró que ante una mordedura lo principal es mantener la calma para ayudar a la víctima. Los primeros auxilios consisten en inspeccionar cuántas heridas y en qué lugares sufrió el ataque. Además Morález explicó que hay que mantener a la persona acostada o sentada y llamar al servicio de urgencia: “Es preferible que no se mueva porque el movimiento hace correr más rápido el veneno por la sangre”.


Las mordeduras de ofidios pueden provocar dolor, inflamación en la zona afectada, mareos, cefaleas y náuseas.  En estos casos los médicos que asisten al paciente primero intentan identificar el tipo de víbora que actuó, de acuerdo a la herida que dejó la mordedura. Después colocan el suero antiofídico. “Si el suero responde bien, posiblemente el paciente pueda recibir el alta en 24 horas. Si no puede estar internado entre uno y tres días más”, detalló el paramédico.


En la provincia de San Luis la especie más común es la Yarará. Tras las inundaciones, la presencia de yararás se hizo más cotidiana en el norte, una zona que también eligen estos animales por el calor.


Prevención


Morález recomendó no caminar por lugares en los que las malezas y los yuyos son altos. Y en caso de tener que hacerlo sugirió usar botas altas o borceguíes.


También pidió no meter las manos en pozos, tachos, tarros y cuevas, lugares elegidos por las víboras para esconderse.



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Calma, reposo y asistencia rápida, tres claves en caso de mordedura de víboras

Yarará, la especie más común en la provincia.

Genaro Castillo, el hombre de 68 años que está internado en el hospital tras ser atacado por una yarará, despertó el alerta. Ante la presencia de víboras nadie tiene muy en claro el procedimiento a seguir. Muchos intentan ahuyentarlas con un palo o arrojándoles piedras, aunque esa no sería la mejor manera de enfrentarlas.


“Las víboras no atacan si no son atacadas, por eso al verlas hay que alejarse y dejarlas correr. Así van a alejarse”, explicó Eduardo Daniel Morález, paramédico y coordinador del Complejo Penitenciario N° 2 Pampa de las Salinas.


El especialista aseguró que ante una mordedura lo principal es mantener la calma para ayudar a la víctima. Los primeros auxilios consisten en inspeccionar cuántas heridas y en qué lugares sufrió el ataque. Además Morález explicó que hay que mantener a la persona acostada o sentada y llamar al servicio de urgencia: “Es preferible que no se mueva porque el movimiento hace correr más rápido el veneno por la sangre”.


Las mordeduras de ofidios pueden provocar dolor, inflamación en la zona afectada, mareos, cefaleas y náuseas.  En estos casos los médicos que asisten al paciente primero intentan identificar el tipo de víbora que actuó, de acuerdo a la herida que dejó la mordedura. Después colocan el suero antiofídico. “Si el suero responde bien, posiblemente el paciente pueda recibir el alta en 24 horas. Si no puede estar internado entre uno y tres días más”, detalló el paramédico.


En la provincia de San Luis la especie más común es la Yarará. Tras las inundaciones, la presencia de yararás se hizo más cotidiana en el norte, una zona que también eligen estos animales por el calor.


Prevención


Morález recomendó no caminar por lugares en los que las malezas y los yuyos son altos. Y en caso de tener que hacerlo sugirió usar botas altas o borceguíes.


También pidió no meter las manos en pozos, tachos, tarros y cuevas, lugares elegidos por las víboras para esconderse.



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