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Héctor, el Papá Noel mercedino que roba sonrisas a los chicos

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Héctor, el Papá Noel mercedino que roba sonrisas a los chicos


Es delgado y de tez morena. Por fuera no se parece mucho al personaje icónico de la Navidad. Pero cuando se calza el traje rojo y sale a repartir regalos por los barrios de Villa Mercedes, Héctor Portela se convierte en un verdadero Papá Noel que inunda de alegría a los chicos y que, a cambio, se lleva sonrisas para guardar en su bolsa repleta de recuerdos.


Héctor es un joven de 25 años que trabaja como fotógrafo de la agencia mercedina de El Diario de la República. Esta vez le tocó estar del otro lado de la cámara y contar el gesto solidario que repite cada 25 de diciembre desde el año 2013.


"Todo surgió en una charla con mi mamá y una familia amiga. Estábamos conversando y empezó a salir la idea de conseguir un disfraz y hacer una colecta, pero quedó ahí. Yo me quedé pensando y al otro día me decidí y publiqué en Facebook que necesitaba golosinas para repartirlas", inició el relato, con timidez.


Fue así que apenas dos semanas antes de la fecha, recolectó un par de donaciones, consiguió un traje prestado y después de brindar con su familia, se lanzó a las calles a regalar los comestibles a los vecinitos de los barrios menos pudientes y a los niños internados en el Policlínico Regional 'Juan Domingo Perón'. Desde entonces, cada año repite la acción y procura juntar más regalos y alcanzar a más chicos.


"El primer año no junté mucho. Cargué todo en la bolsa roja, metía la mano y sacaba puñados. Ya para el segundo año, incorporé juguetes y lo hice con más tiempo de anticipación. La gente me escribe por Facebook y me llevan los juguetes a mi casa o yo paso a buscarlos y los envuelvo. Todo lo hago a pulmón", admitió.


En lugar de un trineo tirado por renos, este Papá Noel local se mueve en una Fiat 128 que le presta su vecina Graciela Fernández. Decoran el auto con luces y adornos navideños, cargan las bolsas y salen en busca de los pequeños.


Aunque dice que siempre le gustó la idea de ayudar a otros, el joven tiene una herida en su historia familiar que convirtió en motivación. Jeremías, uno de sus nueve sobrinos y además su ahijado, falleció cuando apenas tenía dos años a causa de una neumonía que nunca pudo ser curada. Ahora, el niño se convirtió en una especie de ángel que impulsa y cuida a Héctor en sus salidas.


"Todos los 24, cuando se hacen las doce de la noche, brindo y espero que calme un poco todo. En mi pieza tengo el traje colgado y una foto grande de Jeremías. Entonces le prendo una vela y me tranquilizo. Lo único que le pido es que salga todo bien", reveló con un nudo en la garganta. Así, el muchacho ve en las caritas felices de los niños que agradecen los regalos, la sonrisa que se apagó en el rostro de su ahijado, cuyo nombre lleva tatuado en el brazo como un recuerdo imborrable.


Esta Navidad logró juntar más de 300 paquetes de golosinas y más de 200 juguetes. Visitó La Ribera, los barrios San Antonio, Viva San Luis y Covimer, entre otros, hasta culminar en el hospital. El 6 de enero junto a dos amigos se vestirán de Reyes Magos y saldrán nuevamente a repartir regalos y recaudar felicidad.


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Héctor, el Papá Noel mercedino que roba sonrisas a los chicos

Dar y recibir amor. Todos los años, Héctor lleva presentes a los niños internados en el hospital.

Es delgado y de tez morena. Por fuera no se parece mucho al personaje icónico de la Navidad. Pero cuando se calza el traje rojo y sale a repartir regalos por los barrios de Villa Mercedes, Héctor Portela se convierte en un verdadero Papá Noel que inunda de alegría a los chicos y que, a cambio, se lleva sonrisas para guardar en su bolsa repleta de recuerdos.


Héctor es un joven de 25 años que trabaja como fotógrafo de la agencia mercedina de El Diario de la República. Esta vez le tocó estar del otro lado de la cámara y contar el gesto solidario que repite cada 25 de diciembre desde el año 2013.


"Todo surgió en una charla con mi mamá y una familia amiga. Estábamos conversando y empezó a salir la idea de conseguir un disfraz y hacer una colecta, pero quedó ahí. Yo me quedé pensando y al otro día me decidí y publiqué en Facebook que necesitaba golosinas para repartirlas", inició el relato, con timidez.


Fue así que apenas dos semanas antes de la fecha, recolectó un par de donaciones, consiguió un traje prestado y después de brindar con su familia, se lanzó a las calles a regalar los comestibles a los vecinitos de los barrios menos pudientes y a los niños internados en el Policlínico Regional 'Juan Domingo Perón'. Desde entonces, cada año repite la acción y procura juntar más regalos y alcanzar a más chicos.


"El primer año no junté mucho. Cargué todo en la bolsa roja, metía la mano y sacaba puñados. Ya para el segundo año, incorporé juguetes y lo hice con más tiempo de anticipación. La gente me escribe por Facebook y me llevan los juguetes a mi casa o yo paso a buscarlos y los envuelvo. Todo lo hago a pulmón", admitió.


En lugar de un trineo tirado por renos, este Papá Noel local se mueve en una Fiat 128 que le presta su vecina Graciela Fernández. Decoran el auto con luces y adornos navideños, cargan las bolsas y salen en busca de los pequeños.


Aunque dice que siempre le gustó la idea de ayudar a otros, el joven tiene una herida en su historia familiar que convirtió en motivación. Jeremías, uno de sus nueve sobrinos y además su ahijado, falleció cuando apenas tenía dos años a causa de una neumonía que nunca pudo ser curada. Ahora, el niño se convirtió en una especie de ángel que impulsa y cuida a Héctor en sus salidas.


"Todos los 24, cuando se hacen las doce de la noche, brindo y espero que calme un poco todo. En mi pieza tengo el traje colgado y una foto grande de Jeremías. Entonces le prendo una vela y me tranquilizo. Lo único que le pido es que salga todo bien", reveló con un nudo en la garganta. Así, el muchacho ve en las caritas felices de los niños que agradecen los regalos, la sonrisa que se apagó en el rostro de su ahijado, cuyo nombre lleva tatuado en el brazo como un recuerdo imborrable.


Esta Navidad logró juntar más de 300 paquetes de golosinas y más de 200 juguetes. Visitó La Ribera, los barrios San Antonio, Viva San Luis y Covimer, entre otros, hasta culminar en el hospital. El 6 de enero junto a dos amigos se vestirán de Reyes Magos y saldrán nuevamente a repartir regalos y recaudar felicidad.


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