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El festival "Canta Cuyo" cerró con buena música y emoción

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El festival "Canta Cuyo" cerró con buena música y emoción

Si algo dejó en claro la quinta edición de Canta Cuyo es que la música cuyana está más viva que nunca. Durante las dos noches hubo más de seis mil personas que vibraron con los mejores exponentes de las raíces musicales de la región, con los nuevos valores y los consagrados. En la última velada de la fiesta folclórica hubo gatos, cuecas, tonadas y el momento más emotivo con el homenaje a Aldo Ávila durante la presentación de “El Trébol Mercedino”.
“En Mendoza la gente va a bailar a la Vendimia y copa todos los espacios, pero no se ve lo que pasa acá que se escuchan tantas guitarras y tonadas, cantan acá, al lado, un poco más allá. Esto es hermoso, es poesía pura y fortalece la cultura regional”, dijo Rubén González, el hombre que vino desde Mendoza junto a otros amigos, mayores de cincuenta años. Por primera vez disfrutaba de la fiesta, deslumbrado desde una silla sobre los adoquines de la Calle Angosta tomando vino, comiendo empanadas y saciando sus oídos del sonido cuyano.
Y ésa es la clave de una fiesta joven que cada año se consolida más: mantener la esencia de las raíces musicales, respetar los sonidos propios y no negociar con otros en el afán de buscar quizá un público más masivo. Ése es el principal atractivo de la propuesta que durante dos noches, con fogones que siguieron hasta las cinco de la mañana, atrajo además de los villamercedinos y sanluiseños a público que llegó desde Mendoza, San Juan, La Rioja y provincia de Buenos Aires.

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El festival "Canta Cuyo" cerró con buena música y emoción

"El Trébol Mercedino" recordó a Aldo Ávila, su integrante que falleció en diciembre y cantó junto a su hijo en un momento sublime. | Foto: -Héctor Portela / Chiche Herrera

Si algo dejó en claro la quinta edición de Canta Cuyo es que la música cuyana está más viva que nunca. Durante las dos noches hubo más de seis mil personas que vibraron con los mejores exponentes de las raíces musicales de la región, con los nuevos valores y los consagrados. En la última velada de la fiesta folclórica hubo gatos, cuecas, tonadas y el momento más emotivo con el homenaje a Aldo Ávila durante la presentación de “El Trébol Mercedino”.
“En Mendoza la gente va a bailar a la Vendimia y copa todos los espacios, pero no se ve lo que pasa acá que se escuchan tantas guitarras y tonadas, cantan acá, al lado, un poco más allá. Esto es hermoso, es poesía pura y fortalece la cultura regional”, dijo Rubén González, el hombre que vino desde Mendoza junto a otros amigos, mayores de cincuenta años. Por primera vez disfrutaba de la fiesta, deslumbrado desde una silla sobre los adoquines de la Calle Angosta tomando vino, comiendo empanadas y saciando sus oídos del sonido cuyano.
Y ésa es la clave de una fiesta joven que cada año se consolida más: mantener la esencia de las raíces musicales, respetar los sonidos propios y no negociar con otros en el afán de buscar quizá un público más masivo. Ése es el principal atractivo de la propuesta que durante dos noches, con fogones que siguieron hasta las cinco de la mañana, atrajo además de los villamercedinos y sanluiseños a público que llegó desde Mendoza, San Juan, La Rioja y provincia de Buenos Aires.

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