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Ulises Bueno puso a bailar a los puntanos en Sociedad Española

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Ulises Bueno puso a bailar a los puntanos en Sociedad Española

La llegada de Ulises Bueno a San Luis no pasó desapercibida. Al menos para los que rondaron las inmediaciones de la Sociedad Española el jueves por la noche, ya que la fila de asistentes daba la vuelta a la manzana, iba desde la puerta, en la calle Colón, a la paralela, Maipú.
Un detalle fue que la producción invitó pizzas del catering a los primeros. Desde temprano, la expectativa los tenía a la espera y no dudaban en gritar cada vez que en la prueba de sonido sonaba una melodía conocida.
Mientras tanto, por la calle, los pibes en sus autos cachondeaban mostrándose entre las chicas que hacían la fila con el volumen bien alto. Rápido y furioso pero con tuning cuartetero.
Un dj interno mantuvo caliente la previa adentro, y afuera se sentía. También hizo lo propio durante los cortes de descanso.
“Soy” rompió la espera. “El Ulises” apareció vestido entero de jean, camisa y chaleco, el sueño de un publicista. Sólo un guante para demostrar el fanatismo por Michael Jackson y un cigarrillo que mantuvo prendido todo lo que pudo. El sombrero con el que entró fue revoleado a los pocos temas, para delirio general.
Los anteojos quedaron puestos, como un escudo, porque aunque no parezca, Bueno es un tipo tímido.
Empezó bien arriba y no dio opción a que le pidan que baje el volumen. El público de Ulises buscaba barullo y baile, que no faltó en ningún rincón del salón, ni en las tribunas, ni en el campo.
Brillante sobre el micrófono, había una cruz a la que iban los humos de cigarrillo que Ulises soplaba durante las estrofas sin perder el aire y seguía cantando. En ese momento fue la envidia de un corredor de running.
Bueno chocó las manos con los de adelante, o nombró las banderas que le tiraron los fans. Mencionó  a varias y se notó presencia foránea entre la multitud.
Simplemente “Uliii!” resumía el grito primal de las chicas enfervorizadas, bien adelante y con todas las ganas de participar. Ellas pelearon lugar a los selfiesticks de celulares en alto que ganaban posición para filmar.
Con proyecciones en la pantalla de leds, sumado a los juegos de luces, el recital fue un espectáculo armado para gustar y ganar, a la par de hits conocidos, como “9 días”, “Las alas de mi amante”, “A puertas cerradas”, “Te hubieras ido antes”. Y llegó la primera de tres pausas.
El mercado estaba armado, con sombreros, pañuelos, vinchas y llaveros entre más para recordar al ídolo.
En la espera corrían cervezas frescas, tintos, gancias batidos con limón y fernets bien cordobeses. “Ojalá” rompió el silencio, “Esta noche me hago el gato”, “Baila sin parar” y “No la quiero olvidar” completaron la seguidilla. 
Fue acertada la decisión del cambio de lugar: las tribunas del Ave Fénix no hubieran ayudado al desarrollo del baile, como se dio dentro del club deportivo. “A ver cómo bailan ahí arriba” agitaba el locutor a la tribuna superior. Cintura, puro acordeón y meneo para la vueltita acompañaron la noche bailantera.
Hubo momentos de regodeo rockero, con compases de temas conocidos como “Smoke on the water”, de Deep Purple, "Billy Jean" del adorado  Michael Jackson pegada a "La bifurcada", de Memphis o “7 nation army” de “White Stripes”, bien coreado por la gente, como en una tribuna futbolera y previo a la única versión tunga tunga que hay de la ricotera “Ji ji ji”, festejada como si la tocaran los compositores pero con solo de acordeón.
No hubo palabras ni saludos entre los temas, la gente de producción asumió la actitud a la timidez del cantante. Un locutor fue el bardo de la noche y agitó los cuerpos y las alas. “Esta noche van a transpirar, hoy van a bajar calorías” prometió el intermediario al inicio de la noche. En un calor encerrado, los “uliseros” a hombros revoleaban remeras.
Mesías de una comunión regional, Bueno mantuvo a todos en movimientos perpetuos, con más de una docena de músicos en escena que crearon un ritmo inalterable. Una maquinaria aceitada que lleva miles de kilómetros recorridos.
“¿Para qué me invitan?” preguntó Ulises en “Qué culpa tengo yo” y a veces es difícil para el público decir que no. Engominado, no perdió el estilo a pesar de menear con todas las ganas.
El jueves a la noche hubo luna llena, el led regalaba luces fugaces y cometas mientras la estrella se lucía en el centro, hasta que sonó lo que todos vinieron a buscar: el ultra mega hit “Dale, vieja, dale”, y gastaron la garganta en esa canción. Bueno jugó para delirio de los presentes, les tiró el micrófono a granel: sabía que ellos la sabían.
Se puso una gorra que le tiraron, mostró las banderas y agradeció el cariño de la gente. “Y las  palmas arriba, que está Ulises”. Con paciencia, al final muchos saludaron al ídolo, que generó una ola de cariño que le hizo pensar a Ulises que debe volver.-

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Ulises Bueno puso a bailar a los puntanos en Sociedad Española

La llegada de Ulises Bueno a San Luis no pasó desapercibida. Al menos para los que rondaron las inmediaciones de la Sociedad Española el jueves por la noche, ya que la fila de asistentes daba la vuelta a la manzana, iba desde la puerta, en la calle Colón, a la paralela, Maipú.
Un detalle fue que la producción invitó pizzas del catering a los primeros. Desde temprano, la expectativa los tenía a la espera y no dudaban en gritar cada vez que en la prueba de sonido sonaba una melodía conocida.
Mientras tanto, por la calle, los pibes en sus autos cachondeaban mostrándose entre las chicas que hacían la fila con el volumen bien alto. Rápido y furioso pero con tuning cuartetero.
Un dj interno mantuvo caliente la previa adentro, y afuera se sentía. También hizo lo propio durante los cortes de descanso.
“Soy” rompió la espera. “El Ulises” apareció vestido entero de jean, camisa y chaleco, el sueño de un publicista. Sólo un guante para demostrar el fanatismo por Michael Jackson y un cigarrillo que mantuvo prendido todo lo que pudo. El sombrero con el que entró fue revoleado a los pocos temas, para delirio general.
Los anteojos quedaron puestos, como un escudo, porque aunque no parezca, Bueno es un tipo tímido.
Empezó bien arriba y no dio opción a que le pidan que baje el volumen. El público de Ulises buscaba barullo y baile, que no faltó en ningún rincón del salón, ni en las tribunas, ni en el campo.
Brillante sobre el micrófono, había una cruz a la que iban los humos de cigarrillo que Ulises soplaba durante las estrofas sin perder el aire y seguía cantando. En ese momento fue la envidia de un corredor de running.
Bueno chocó las manos con los de adelante, o nombró las banderas que le tiraron los fans. Mencionó  a varias y se notó presencia foránea entre la multitud.
Simplemente “Uliii!” resumía el grito primal de las chicas enfervorizadas, bien adelante y con todas las ganas de participar. Ellas pelearon lugar a los selfiesticks de celulares en alto que ganaban posición para filmar.
Con proyecciones en la pantalla de leds, sumado a los juegos de luces, el recital fue un espectáculo armado para gustar y ganar, a la par de hits conocidos, como “9 días”, “Las alas de mi amante”, “A puertas cerradas”, “Te hubieras ido antes”. Y llegó la primera de tres pausas.
El mercado estaba armado, con sombreros, pañuelos, vinchas y llaveros entre más para recordar al ídolo.
En la espera corrían cervezas frescas, tintos, gancias batidos con limón y fernets bien cordobeses. “Ojalá” rompió el silencio, “Esta noche me hago el gato”, “Baila sin parar” y “No la quiero olvidar” completaron la seguidilla. 
Fue acertada la decisión del cambio de lugar: las tribunas del Ave Fénix no hubieran ayudado al desarrollo del baile, como se dio dentro del club deportivo. “A ver cómo bailan ahí arriba” agitaba el locutor a la tribuna superior. Cintura, puro acordeón y meneo para la vueltita acompañaron la noche bailantera.
Hubo momentos de regodeo rockero, con compases de temas conocidos como “Smoke on the water”, de Deep Purple, "Billy Jean" del adorado  Michael Jackson pegada a "La bifurcada", de Memphis o “7 nation army” de “White Stripes”, bien coreado por la gente, como en una tribuna futbolera y previo a la única versión tunga tunga que hay de la ricotera “Ji ji ji”, festejada como si la tocaran los compositores pero con solo de acordeón.
No hubo palabras ni saludos entre los temas, la gente de producción asumió la actitud a la timidez del cantante. Un locutor fue el bardo de la noche y agitó los cuerpos y las alas. “Esta noche van a transpirar, hoy van a bajar calorías” prometió el intermediario al inicio de la noche. En un calor encerrado, los “uliseros” a hombros revoleaban remeras.
Mesías de una comunión regional, Bueno mantuvo a todos en movimientos perpetuos, con más de una docena de músicos en escena que crearon un ritmo inalterable. Una maquinaria aceitada que lleva miles de kilómetros recorridos.
“¿Para qué me invitan?” preguntó Ulises en “Qué culpa tengo yo” y a veces es difícil para el público decir que no. Engominado, no perdió el estilo a pesar de menear con todas las ganas.
El jueves a la noche hubo luna llena, el led regalaba luces fugaces y cometas mientras la estrella se lucía en el centro, hasta que sonó lo que todos vinieron a buscar: el ultra mega hit “Dale, vieja, dale”, y gastaron la garganta en esa canción. Bueno jugó para delirio de los presentes, les tiró el micrófono a granel: sabía que ellos la sabían.
Se puso una gorra que le tiraron, mostró las banderas y agradeció el cariño de la gente. “Y las  palmas arriba, que está Ulises”. Con paciencia, al final muchos saludaron al ídolo, que generó una ola de cariño que le hizo pensar a Ulises que debe volver.-

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