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Antonio Ríos en la Sociedad Española

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Antonio Ríos en la Sociedad Española

En una noche de boxeo de primera en la provincia, también hubo duelo entre gigantes de la música tropical. En la esquina roja, Ulises “El Uli” Bueno, promesa del género musical, que pretende arrebatarle el cinturón al que está en el rincón azul, Antonio “El Maestro” Ríos. Fue una pelea de fondo, con todas las luces.
Hace menos de una semana, Ulises el nuevo retador por el trono de la movida cumbiera argentina pasó por Sociedad Española con un lleno de asistencia que hace tiempo no se veía en un recital pago. Y dejó en claro que lo suyo es en serio. 
Pero como sucede en la vida, la experiencia la dan los años y "El Maestro" demostró por qué se ganó ese apodo con el que forjó una trayectoria seria.
Los combates preliminares fueron las bandas locales “Impacto”, “LaVanda”, “Sonando Piola” y un sentido homenaje a Leo Mattioli realizado por Carlos Guerrero, otro viejo luchador de la movida provincial.
“El grito de las solteras!” fue lo más solicitado de la noche. Varias se hicieron eco del pedido de Daniel y Diego, que fueron los locutores y maestros de ceremonias de "El Maestro". "¿Las chicas solteras dónde están? y las casadas que dejaron el marido durmiendo?", repitieron con picardía bailantera e hicieron que el segundo porcentaje ganara por nocaut.
Pero como no todo es boxeo en el mundo del deporte, las otras rivalidades fueron futbolísticas en víspera de la esperada fecha de los clásicos. El final fue conciliador en ese aspecto: "Todos somos argentinos", dijeron, aunque algún extranjero seguro que hubo en  Sociedad Española. 
Desde arriba, un dj marcó con música los primeros pasos, en ritmos repetidos en los cortes y la previa de los grupos. Fue una noche de colección.
La sorpresa fue total cuando con las luces prendidas y la banda en escena Antonio Ríos a plena marcha, ingresó entre la gente, custodiado por dos bellezas -en micro- falda flúo- que no se le alejaron en todo el show. Como las chicas que pasan el cartel para indicar el número del round, fueron las más piropeadas de la noche.
A modo de ring side, los que estaban adelante no perdieron detalle y cantaron con ganas cuando Ríos ofreció el micrófono. En el piso, los bailarines no desaprovecharon la ocasión para dar vueltas y más vueltas, con algún túnel de trencito casamentero incluido. 
En las tribunas, el resto agitaba en busca de su espacio para menear con su pareja o simplemente, mano arriba cabeza atrás y con la palma restante sujetaban la cadera en ritmos repetitivos. Pasito para delante y el taquito para atrás pero todo en una sola baldosa, la del escalón y sin perder el equilibrio.
También tuvo a favor "El Maestro" que es ídolo de generaciones, por ello se vieron varias familias presentes, en lo que fue un show apto para todo público. El único requisito era divertirse.
El cantante salió a escena con saco gris, chupín negro sobre zapatos charolados y la elegancia de la que hizo un estandarte. Saludó como un caballero al tocarse la visera del sombrero con el índice y pulgar y demostró que ese funyi no se intimida al revoleo de las minis flúo. O cuando al bajar, saludó a sus fans y a todos sus caprichos.
Ríos recibió besos y devolvió bufandas, chalinas y remeras que le tiraron, abajo hubo meneo, trencito, trenzado, remolino, aleteo, solo o en pareja, el baile quedó a elección de cada uno.
En cuanto al repertorio, la calidad de infaltable llegó con la autorreferencial “El Maestro”. A ellas se sumaron “Madre” una sentida balada, o “Sube al escenario”, una invitación que varios se tomaron al pie de la letra, ya que como el lugar no tenía vallas, la gente estuvo más que cerca de su ídolo y fue fácil subir y sortear a la seguridad para besar y cantar con el ídolo.
Los seguidores no pararon de fotografiarlo o grabar el show, entre celulares y cámaras digitales. Ríos posó y tiró besitos que casi rozaban las mejillas, mientras ellas deliraban. Vital, no parecía que el cantante recién llegaba de una presencia en Quines y su único descanso fue la butaca de la Trafic.
También sonó “Puerto Tirol”, un homenaje al chamamé que puso a todos a rodar juntitos de la cintura en la pista. A la par se sumaron “Mi caballo bayo”, y una reversión de "La malagata", un tema de su antigua banda “Malagata”. Entre algunos temas, el bailantero frenó la música para dedicarles palabras y agradecer la presencia de todos. Pero como toda la noche hubiera sido en vano si no llegara el himno, “Nunca me faltes” fue primero coreado por el público, a capella, sin ningún acompañamiento.
Lejos de retirarse al final del show, arrinconado, Ríos posó con todos y no tuvo dilemas. Sólo los de seguridad que aguantaron los embates. Por carisma, estilo y trayectoria: la corona se quedó con "El Maestro".

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Antonio Ríos en la Sociedad Española

Antonio Ríos y su relación con el público puntano. | Álgel Altavilla

En una noche de boxeo de primera en la provincia, también hubo duelo entre gigantes de la música tropical. En la esquina roja, Ulises “El Uli” Bueno, promesa del género musical, que pretende arrebatarle el cinturón al que está en el rincón azul, Antonio “El Maestro” Ríos. Fue una pelea de fondo, con todas las luces.
Hace menos de una semana, Ulises el nuevo retador por el trono de la movida cumbiera argentina pasó por Sociedad Española con un lleno de asistencia que hace tiempo no se veía en un recital pago. Y dejó en claro que lo suyo es en serio. 
Pero como sucede en la vida, la experiencia la dan los años y "El Maestro" demostró por qué se ganó ese apodo con el que forjó una trayectoria seria.
Los combates preliminares fueron las bandas locales “Impacto”, “LaVanda”, “Sonando Piola” y un sentido homenaje a Leo Mattioli realizado por Carlos Guerrero, otro viejo luchador de la movida provincial.
“El grito de las solteras!” fue lo más solicitado de la noche. Varias se hicieron eco del pedido de Daniel y Diego, que fueron los locutores y maestros de ceremonias de "El Maestro". "¿Las chicas solteras dónde están? y las casadas que dejaron el marido durmiendo?", repitieron con picardía bailantera e hicieron que el segundo porcentaje ganara por nocaut.
Pero como no todo es boxeo en el mundo del deporte, las otras rivalidades fueron futbolísticas en víspera de la esperada fecha de los clásicos. El final fue conciliador en ese aspecto: "Todos somos argentinos", dijeron, aunque algún extranjero seguro que hubo en  Sociedad Española. 
Desde arriba, un dj marcó con música los primeros pasos, en ritmos repetidos en los cortes y la previa de los grupos. Fue una noche de colección.
La sorpresa fue total cuando con las luces prendidas y la banda en escena Antonio Ríos a plena marcha, ingresó entre la gente, custodiado por dos bellezas -en micro- falda flúo- que no se le alejaron en todo el show. Como las chicas que pasan el cartel para indicar el número del round, fueron las más piropeadas de la noche.
A modo de ring side, los que estaban adelante no perdieron detalle y cantaron con ganas cuando Ríos ofreció el micrófono. En el piso, los bailarines no desaprovecharon la ocasión para dar vueltas y más vueltas, con algún túnel de trencito casamentero incluido. 
En las tribunas, el resto agitaba en busca de su espacio para menear con su pareja o simplemente, mano arriba cabeza atrás y con la palma restante sujetaban la cadera en ritmos repetitivos. Pasito para delante y el taquito para atrás pero todo en una sola baldosa, la del escalón y sin perder el equilibrio.
También tuvo a favor "El Maestro" que es ídolo de generaciones, por ello se vieron varias familias presentes, en lo que fue un show apto para todo público. El único requisito era divertirse.
El cantante salió a escena con saco gris, chupín negro sobre zapatos charolados y la elegancia de la que hizo un estandarte. Saludó como un caballero al tocarse la visera del sombrero con el índice y pulgar y demostró que ese funyi no se intimida al revoleo de las minis flúo. O cuando al bajar, saludó a sus fans y a todos sus caprichos.
Ríos recibió besos y devolvió bufandas, chalinas y remeras que le tiraron, abajo hubo meneo, trencito, trenzado, remolino, aleteo, solo o en pareja, el baile quedó a elección de cada uno.
En cuanto al repertorio, la calidad de infaltable llegó con la autorreferencial “El Maestro”. A ellas se sumaron “Madre” una sentida balada, o “Sube al escenario”, una invitación que varios se tomaron al pie de la letra, ya que como el lugar no tenía vallas, la gente estuvo más que cerca de su ídolo y fue fácil subir y sortear a la seguridad para besar y cantar con el ídolo.
Los seguidores no pararon de fotografiarlo o grabar el show, entre celulares y cámaras digitales. Ríos posó y tiró besitos que casi rozaban las mejillas, mientras ellas deliraban. Vital, no parecía que el cantante recién llegaba de una presencia en Quines y su único descanso fue la butaca de la Trafic.
También sonó “Puerto Tirol”, un homenaje al chamamé que puso a todos a rodar juntitos de la cintura en la pista. A la par se sumaron “Mi caballo bayo”, y una reversión de "La malagata", un tema de su antigua banda “Malagata”. Entre algunos temas, el bailantero frenó la música para dedicarles palabras y agradecer la presencia de todos. Pero como toda la noche hubiera sido en vano si no llegara el himno, “Nunca me faltes” fue primero coreado por el público, a capella, sin ningún acompañamiento.
Lejos de retirarse al final del show, arrinconado, Ríos posó con todos y no tuvo dilemas. Sólo los de seguridad que aguantaron los embates. Por carisma, estilo y trayectoria: la corona se quedó con "El Maestro".

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