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En un taller escolar detectan casos de bullying y abuso sexual

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En un taller escolar detectan casos de bullying y abuso sexual

La idea nació del ayudante de 3ª del Servicio Penitenciario provincial, José Vélez, hace tres años. Recorrió todos los despachos oficiales hasta que logró la autorización y ya pudo visitar diez escuelas con el taller “Por un destino libre de violencia” donde participaron más de 1.000 alumnos de entre 12 y 17 años. Con sus charlas se pudieron identificar a víctimas de bullying, otras que sufren de violencia familiar y la semana pasada detectaron dos casos de abuso sexual denunciados por adolescentes de 13 años. “Esto pretende ser una herramienta para los docentes, directivos escolares, padres y los diferentes organismos que trabajan con este problema. Los resultados han sido muy buenos, sobre todo por la aceptación que hemos tenido de parte de los chicos”, comentó Vélez.
En las charlas que mantuvieron con los adolescentes, los talleristas pudieron confirmar que muchos de ellos han presenciado peleas entre sus padres que incluyó violencia física: “Una nena nos contó que en una oportunidad ella quiso defender a su mamá porque su padre le pegaba hasta que recibió un golpe en un ojo que casi le hace perder la visión. Uno nota que no es mentira lo que cuentan por la reacción de sus cuerpos después de decirlo. La mayoría termina llorando. Pero lo más importante es que logramos que en poco tiempo los chicos confíen en nosotros y puedan contar lo que sufren”.    
La modalidad es una charla dividida en dos módulos de 45 minutos para unos 50 alumnos con un intervalo de 20 minutos donde los tres penitenciarios (Mariela Garro y Raúl Ascensio lo acompañan en la tarea) les ofrecen una merienda con las facturas y tortitas que elaboran los propios internos en la panadería del penal. “En esa charla les damos conceptos de privacidad, les explicamos que todos tenemos derecho a ella mas allá de la edad que tengamos, pero les aclaramos que en el caso de los menores esa situación debe estar monitoreada por los adultos para que no sean vulnerados por nadie, en ningún aspecto de su vida. También les hacemos ver que ellos son la parte más importante de la sociedad y a la vez la más débil. Y la verdad es que los chicos lo entienden perfectamente”, detalló el suboficial. El taller también se lo dictan a los padres de los alumnos, pero en ese caso se desarrolla sin la presencia de los adolescentes.
Si bien dijo que los tres van vestidos con el informe del Servicio Penitenciario, aclaró que “el lenguaje que utilizamos es informal y lo hacemos lo más ameno posible. Porque lo primero que les decimos es que detrás de esta ropa hay un ser humano más, igual que ellos. Siempre recurrimos a un chiste para entrar en confianza y así los chicos participan enseguida de las consignas que les proponemos”. Otros temas que debaten son la discriminación, no usar la violencia para resolver conflictos, cómo actuar cuando ven algún caso de violencia escolar o cuándo se considera a una persona víctima de violencia y repasan cuáles son las normas de convivencia. 
Vélez señaló que los casos graves generalmente los detectan cuando al final de la charla, “nosotros les pedimos a los chicos que nos hagan una devolución por escrito de lo que quieran decirnos sobre el taller. Y lo hacen como quieren o como pueden, con las palabras que les salen en el momento. Ese material lo leemos después entre los tres y con eso, más lo que observamos en la clase, les hacemos un informe a los directivos de cada establecimiento para ponerlos al tanto de lo que encontramos”. Cuando los directivos escolares lo reciben, Vélez y sus compañeros también los asisten con las medidas que se deben tomar tanto sea denunciar ante la Justicia, recurrir al Centro de Asistencia a la Víctima de Delito o pedir asesoramiento a los distintos estamentos del gobierno provincial que trabajan sobre estos problemas.
Otro detalle que el coordinador del taller encontró en todas las escuelas que visitó fue que “los chicos siempre nos dicen que ellos conocen cuáles son las normas de convivencia, incluso hasta las recitan de memoria. Sin embargo, cuando les pedimos que nos den un ejemplo práctico les cuesta mucho hacerlo, porque es evidente que no son situaciones que vivan a diario. Saben que deben respetar a los mayores, pero en realidad no entienden cómo hacerlo”.

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En un taller escolar detectan casos de bullying y abuso sexual

En confianza. El taller incluye un corte donde los penitenciarios les ofrecen una merienda. | Servicio Penitenciario Provincial

La idea nació del ayudante de 3ª del Servicio Penitenciario provincial, José Vélez, hace tres años. Recorrió todos los despachos oficiales hasta que logró la autorización y ya pudo visitar diez escuelas con el taller “Por un destino libre de violencia” donde participaron más de 1.000 alumnos de entre 12 y 17 años. Con sus charlas se pudieron identificar a víctimas de bullying, otras que sufren de violencia familiar y la semana pasada detectaron dos casos de abuso sexual denunciados por adolescentes de 13 años. “Esto pretende ser una herramienta para los docentes, directivos escolares, padres y los diferentes organismos que trabajan con este problema. Los resultados han sido muy buenos, sobre todo por la aceptación que hemos tenido de parte de los chicos”, comentó Vélez.
En las charlas que mantuvieron con los adolescentes, los talleristas pudieron confirmar que muchos de ellos han presenciado peleas entre sus padres que incluyó violencia física: “Una nena nos contó que en una oportunidad ella quiso defender a su mamá porque su padre le pegaba hasta que recibió un golpe en un ojo que casi le hace perder la visión. Uno nota que no es mentira lo que cuentan por la reacción de sus cuerpos después de decirlo. La mayoría termina llorando. Pero lo más importante es que logramos que en poco tiempo los chicos confíen en nosotros y puedan contar lo que sufren”.    
La modalidad es una charla dividida en dos módulos de 45 minutos para unos 50 alumnos con un intervalo de 20 minutos donde los tres penitenciarios (Mariela Garro y Raúl Ascensio lo acompañan en la tarea) les ofrecen una merienda con las facturas y tortitas que elaboran los propios internos en la panadería del penal. “En esa charla les damos conceptos de privacidad, les explicamos que todos tenemos derecho a ella mas allá de la edad que tengamos, pero les aclaramos que en el caso de los menores esa situación debe estar monitoreada por los adultos para que no sean vulnerados por nadie, en ningún aspecto de su vida. También les hacemos ver que ellos son la parte más importante de la sociedad y a la vez la más débil. Y la verdad es que los chicos lo entienden perfectamente”, detalló el suboficial. El taller también se lo dictan a los padres de los alumnos, pero en ese caso se desarrolla sin la presencia de los adolescentes.
Si bien dijo que los tres van vestidos con el informe del Servicio Penitenciario, aclaró que “el lenguaje que utilizamos es informal y lo hacemos lo más ameno posible. Porque lo primero que les decimos es que detrás de esta ropa hay un ser humano más, igual que ellos. Siempre recurrimos a un chiste para entrar en confianza y así los chicos participan enseguida de las consignas que les proponemos”. Otros temas que debaten son la discriminación, no usar la violencia para resolver conflictos, cómo actuar cuando ven algún caso de violencia escolar o cuándo se considera a una persona víctima de violencia y repasan cuáles son las normas de convivencia. 
Vélez señaló que los casos graves generalmente los detectan cuando al final de la charla, “nosotros les pedimos a los chicos que nos hagan una devolución por escrito de lo que quieran decirnos sobre el taller. Y lo hacen como quieren o como pueden, con las palabras que les salen en el momento. Ese material lo leemos después entre los tres y con eso, más lo que observamos en la clase, les hacemos un informe a los directivos de cada establecimiento para ponerlos al tanto de lo que encontramos”. Cuando los directivos escolares lo reciben, Vélez y sus compañeros también los asisten con las medidas que se deben tomar tanto sea denunciar ante la Justicia, recurrir al Centro de Asistencia a la Víctima de Delito o pedir asesoramiento a los distintos estamentos del gobierno provincial que trabajan sobre estos problemas.
Otro detalle que el coordinador del taller encontró en todas las escuelas que visitó fue que “los chicos siempre nos dicen que ellos conocen cuáles son las normas de convivencia, incluso hasta las recitan de memoria. Sin embargo, cuando les pedimos que nos den un ejemplo práctico les cuesta mucho hacerlo, porque es evidente que no son situaciones que vivan a diario. Saben que deben respetar a los mayores, pero en realidad no entienden cómo hacerlo”.

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