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...Martha Lila Nassif: "Estuve allí hace...

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...Martha Lila Nassif: "Estuve allí hace...

Por Johnny Díaz


La historia no es más que la suma de biografías”, reza una de las tantas definiciones de la magna ciencia. Creo que es la que más se acerca a lo que en realidad es. 
No hay historia sin protagonistas -principales y secundarios- que generan, frustran o hacen triunfar un acontecimiento, grande o pequeño". Nos decía Marta Nassif una de las primeras mujeres periodístas de El Diario de San Luis. 
Marta, hoy jubilada y residente en Bahía Blanca, nos entregó un escrito con motivo de nuestras Bodas de Oro donde recordó su paso por la empresa; "Es la gente con nombre y apellido la que escribe la historia. Contando una vida, se conoce un hecho comunitario, una ciudad, incluso el mundo. No hubiera habido un cruce Libertador de los Andes sin San Martín… pero también de muchos soldados. No se hubiera producido un Waterloo sin Napoleón… pero también de su ejército. 
Imposible imaginar la libertad norteamericana sin Washington… pero también de una legión de notables y otra mayor de ciudadanos. No tendríamos un 25 de mayo sin Moreno… pero también de varios patriotas y cientos de criollos dispuestos a ser libres. Estos hechos históricos -¡y tantísimos otros!- fueron registrados, santificados o demonizados primero en los diarios, después en los libros. Porque, para ser historia, antes debió ser noticia.
Sucedió eso –sin pretender comparar y mucho menos parangonar- con El Diario de San Luis (hoy de la República) que hace 50 años fue la gran noticia del 2 de mayo de 1966, cuando salió su primer número". 
"Todo un suceso para una ciudad acostumbrada a nutrirse sólo a través de La Opinión que seguía fiel a su nacimiento en 1913: era por suscripción, no salía los fines de semana y se limitaba a reproducir comunicados oficiales y oficiosos (del gobierno, de los gremios, de los clubes, de las empresas) más los infaltables avisos sociales". 
"De pronto, aparecía un diario que se parecía a los de circulación nacional pero que sólo hablaba de nosotros. Por eso, ahora que es historia sedimentada por cinco décadas, vale rescatar a aquéllos que la gestaron". 
Todos supieron –y saben- que quien corrió el riesgo de fundar una empresa fue Mario Pérez, un hombre que ya venía incursionando en los medios porque había traído la televisión a San Luis, pocos años antes. 
A su lado estuvieron sus hermanos Julio y Rubén y la familia toda. Sin embargo, pocos conocieron a los hombres y mujeres que día a día llenaban con sus crónicas y comentarios las páginas del diario, ejerciendo a full el periodismo.
"Fueron –fuimos- muchos, muchísimos los que estuvimos allí desde antes del primer número. Todos absolutamente anónimos como correspondía por entonces a los profesionales de la prensa. No eran tiempos de estrellatos mediáticos; jamás firmábamos, ni pretendíamos la fama". 
"Teníamos prohibido el YO (tan de moda hoy) y muy de cuando en cuando dejábamos al descubierto la subjetividad. En aquellos años, la única estrella del firmamento periodístico era la noticia y no quién ni cómo la transmitía".
"Los lectores de El Diario de San Luis conocieron la identidad de los redactores que corríamos cubriendo los hechos noticiables recién al cumplir el primer año de vida. En mayo del '67 aparecieron nuestras fotos y nombres". 
Tengo a la vista aquella página amarillenta ya: Rubén Pérez (jefe de redacción); Rubén Lavandeira y la que suscribe (secretarios de redacción); Oscar Locatelli y Luis Lucero (redactores); Marta Di Gennaro (cronista social) y reporteros gráficos Luciano –Chango- Arce y Enrique Woronko. Pero también recuerdo a los ya maestros de la escritura Mario Otero Alric y César Muñoz  pero al también joven Mario Pugín; a Elena Lescano, implacable correctora; a las hermanas Escobar: Elena y Lila, organizando el archivo que nos era indispensable y a Ernesto Hall sacando fotos sin parar. 
Con todos ellos trabajé día y noche, en los primeros años de esta historia impregnada de puchos, plomo y mucha felicidad vocacional. Seguramente, estoy olvidando a muchos otros que se movían en los talleres, en la publicidad, en la administración o confunda algunos nombres… les pido anticipadas disculpas. (¡No en vano han pasado 50 años!).
"Cuando recuerdo aquellos tiempos me digo que fui una privilegiada ignorante de que lo era. Apenas había superado los veinte años, había logrado un título “extraño” porque recién empezaban las carreras de periodismo, había conseguido de inmediato un empleo en lo que había estudiado, viví a pleno la década dorada con logros humanos, tecnológicos y artísticos que modificarían el mundo y me dejé guiar por los mejores referentes locales y planetarios que me regalaban su ejemplo con sus acciones". 
Podría decir lo mismo que dijo Marta Minujín: “Los años '60 fueron como el Renacimiento. Y ya saben, después del Renacimiento, 300 años de pavadas” (en las que estamos inmersos ¿no?).
Revivir aquel tiempo en un país que suele quedarse contemplando el pasado sin aprender nada de él es un ejercicio riesgoso que estoy dispuesta a emprender sin añoranzas. Si puedo contarlo es porque estoy en pie… aunque  sienta cierta incomodidad. Sucede que, cuando me pidieron esta colaboración, me alertaron de que era una de los contados sobrevivientes de aquel primer equipo de redacción de El Diario de San Luis.
El Santo oficio de la memoria
Para ejercer este oficio, a “cierta” edad, se necesitan fuentes fidedignas a mano. Que por suerte tengo porque ya no confío sólo en lo que recordamos. He visto demasiadas manipulaciones que cambiaron lo que en realidad fue. Dice Serrat: “Los recuerdos suelen contarte mentiras. Se amoldan al viento, amañan la historia, por ahí se encogen, por allá se estiran, se tiñen de gloria, se bañan de lodo, se endulzan, se amargan a nuestro acomodo, según nos convenga”.
Por eso, y para chequearme a mí misma, me he rodeado de un montón de recortes del matutino puntano de aquel 1966, mi diario íntimo y varias fotos en blanco y negro que me servirán para aceitar mis neuronas. Y “construir” un relato verdadero de aquello que fue hace 50 años y ya no es. 



La periodista sanluiseña Marta Nassif, radicada en Bahía Blanca, decía en la primera parte de esta nota publicada el pasado domingo con motivo del 50 aniversario de El Diario de La República: "Me he rodeado de un montón de recortes del matutino puntano de aquel 1966, mi diario íntimo y varias fotos en blanco y negro que me servirán para aceitar mis neuronas". 
"Y 'construir' un relato verdadero de aquello que fue hace 50 años y ya no es... Porque aquel diario no se parece al actual… ya no es tamaño sábana y ha incorporado el color en sus páginas, su nuevo nombre, el ruido infernal de las linotipos y las máquinas de escribir se han silenciado, reemplazadas por las asépticas computadoras y sus dueños, directivos y  periodistas en nada se parecen a los de los '60. Lógica pura para un lapso de medio siglo", marcó las distancias.
"No puedo contar nada de El Diario de la República, sí de El Diario de San Luis ‑continuó‑. Podría escribir un libro sobre aquello, pero aquí voy a rescatar algunos hechos puntuales que tengo grabados en mi memoria y puedo mostrar la documentación que los avala".
"Recobro aquí la ceremonia de inauguración del diario, el domingo 1º de mayo de 1966. Transmitida en directo y simultáneo por LV13 Radio San Luis -cuyo director Jorge Mario Barbosa dijo que nacía una estrella en el cielo azul de la punta- asistieron desde el gobernador Santiago Besso a los linotipistas y canillitas, pasando por los políticos más representativos, los jefes militares, los dueños o representantes de otros medios locales y nacionales y el obispo Carlos María Cafferata. Eran tiempos de cordial convivencia democrática en el país que gobernaba el doctor Illia (que ese día había inaugurado el 97º período legislativo)", recordó y agregó: "La casona de Pedernera 1212 lució iluminada a giorno aquel día y pareció estallar cuando se puso en marcha la impresora automática y comenzó a salir la primera edición del nuevo diario que, al otro día, se vendió como pan caliente".
“La fiesta de apertura fue hermosa y me siento feliz”, estampó en su diario íntimo, sintetizando en pocas palabras su sensación: “Muchísima gente, muchísimos discursos, muchísima alegría, una tonelada de esperanzas”. 
"Mi particular y debutante gozo periodístico seguramente se potenciaba en los responsables del emprendimiento, que no era poca cosa, pero que no percibí en ese momento. Me lo hizo ver –y sentir- nuestro máximo poeta cuando habló ese día", puntualizó: 
“Algunos envidiosos y pusilánimes –dijo el inolvidable Agüero-hablan del riesgo y la aventura. Sí, riesgo y aventura, pero interpretando el sentido profundo de ambos términos que marcan las coordenadas entre las cuales se mueven el inicio de toda obra grande y los cimientos de toda empresa digna”.
"Fue también el querido bardo quien explicitó esa gran noticia de la aparición de El Diario. Por primera vez en San Luis desde la llegada de la primera imprenta a nuestra provincia, hace más de un siglo -leyó en aquel primer número que reprodujo la pieza literaria- hay una rotoplana que devora grandes bobinas de papel. Por primera vez hay un aparato electrónico que  transforma automáticamente en clisés las fotos". 
"Por primera vez funcionan los radioteletipos que receptan al instante las noticias que se producen en el mundo. Por primera vez nuestro periodismo aldeano y localista se transforma en el gran periodismo provincial, regional, nacional, animado por su vocación de servir. Necesitábamos, con toda necesidad, un diario de este estilo y de esta jerarquía gráfica”, manifestó y agregó que  "por primera vez una publicación gráfica era en sí misma la noticia de aquel lejanísimo día". 
"Pero no interrumpo a Agüero y apelo, para finalizar aquí, a otro de sus imperdibles dichos discursivos de aquel momento que bien podría repetirse en la exhausta Argentina de hoy: Del mismo modo que se saluda todo nacimiento queremos saludar a El Diario de San Luis, en éste su primer número, con el entusiasmo de quien ama el solar de sus mayores, con la cuerda más íntima de su alma y la vibración más clara de su corazón”, sostuvo.
Según Martha, lo parafrasea "para traslucir lo que siento mientras hago memoria por escrito del redondo cumpleaños gráfico que me convoca. Del mismo modo que se saluda todo aniversario quiero saludar a El Diario de San Luis, en estos 50 años, con el entusiasmo de quien ama el solar de sus mayores con la cuerda más íntima de mi alma y las vibración más clara de mi corazón”.


Ser periodista... a pesar de todo
Nassif considera que en estas épocas en la que los periodistas "han sido embarrados, los medios demonizados y todos –o casi- optan por matar al mensajero que no les transmite la noticia que quieren leer o escuchar, intento limpiar mi bella profesión rescatando las opiniones de algunos ciudadanos destacados de hace medio siglo que opinaron sobre el diario, a poco de estar en la calle".
"De paso ‑sigue‑, salvamos del olvido o el silencio a aquéllos que también escribieron la historia de nuestra ciudad. Que era otra ciudad, pero vale como testimonio de aquella sociedad que fuimos… quizá más ingenua y seguramente menos crispada que la actual".
"Cercada por esos papeles amarillentos que he desempolvado veo las fotos y leo lo que me contestaron muchos hombres y mujeres de entonces cuando salí en busca de lo que estaban pensando de un diario con apenas un mes de vida. Sintetizo sus respuestas para que no se asusten de la extensión de este texto recordatorio", anticipa:  
En junio de 1966 se publicó este sondeo. Allí estaban el padre Jorge Roberto Bleder quien calificó al diario como "ágil, moderno y representa una gran ventaja para San Luis”, el diputado Luis Manuel Marrero sostuvo que esperó mucho la aparición del diario, "pero me está defraudando un poco. Tienen que dedicar más páginas a tanta gente que hace, especialmente a los jóvenes poetas”. La doctora Susana Hissa de Luttens lo evaluó como "muy bueno" aunque pidió que incluyeran una sección científica. Olga Rosso de Bertín lo juzgó "espléndido, bien encarado, muy completo”.  El motonauta Mario Farabelli dijo que "constituye un impulso más a la provincia… debieran incluir más informaciones deportivas… de fútbol estamos cansados”. 
A los ya mencionados, siguieron varios comerciantes-empresarios. Juan Migliozzi expresó que “San Luis se merecía y necesitaba un órgano periodístico como El Diario y por eso merece el apoyo de todos”. Para Humberto Guastadisegni, “el periodismo es el factor más importante que influye en la comunidad ya que es el conducto que llega al pueblo”. Jorge Raúl Balbo expuso que “la radio llega a todos antes que El Diario pero es importante y espero que triunfe”). Según Francisco Magis, “El Diario ha llenado una sentida necesidad… paulatinamente ha llegado a un nivel elevado”. Hugo García, gerente de Cangiano, aseguró que “el periodismo es correctamente denominado el cuarto poder, por lo que los diarios son los medios más eficaces para la publicidad”. Su par de tienda La Capital, Juan Sánchez, vaticinó que “el periodismo es el medio de propaganda más importante en todos los órdenes de la vida… El Diario puede llegar a serlo”. Francisco Cioffi aventuraba que “cuando El Diario alcance la mayoría de edad será lo mejor. Los iniciadores de esta empresa ya cumplieron con San Luis, ahora San Luis tiene que defender a su diario”. Reynaldo Anzulovich opinaba que “es un eficaz medio porque es ágil, moderno, encuadrado dentro de las nuevas técnicas periodísticas”. “Me gusta, es fácil de leer, es completo y está bien informado”, señaló Ricardo Bianco. Olga Laborda de Vaira –presidenta de la Liga de Lucha contra el Cáncer puso sus esperanzas en El Diario: "Valoro la labor que realiza la gente que trabaja allí con responsabilidad y sentido del deber”. 
Con los recuerdos como antecedentes, Martha dijo que hace cincuenta años "todos creían en el periodismo, en los medios, en los hombres y mujeres que lo ejercíamos con enorme vocación y guiados por el bien común. Ojalá pudiéramos recuperarnos de tanta degradación profesional". Su pedido sonó a súplica.


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...Martha Lila Nassif: "Estuve allí hace...

Botas. Ruben's Lavandeira, Martha Nassif y Rubén Isaías Pérez Muñoz, junto al teniente coronel Clímaco Daract en su visita a El Diario.

La historia no es más que la suma de biografías”, reza una de las tantas definiciones de la magna ciencia. Creo que es la que más se acerca a lo que en realidad es. 
No hay historia sin protagonistas -principales y secundarios- que generan, frustran o hacen triunfar un acontecimiento, grande o pequeño". Nos decía Marta Nassif una de las primeras mujeres periodístas de El Diario de San Luis. 
Marta, hoy jubilada y residente en Bahía Blanca, nos entregó un escrito con motivo de nuestras Bodas de Oro donde recordó su paso por la empresa; "Es la gente con nombre y apellido la que escribe la historia. Contando una vida, se conoce un hecho comunitario, una ciudad, incluso el mundo. No hubiera habido un cruce Libertador de los Andes sin San Martín… pero también de muchos soldados. No se hubiera producido un Waterloo sin Napoleón… pero también de su ejército. 
Imposible imaginar la libertad norteamericana sin Washington… pero también de una legión de notables y otra mayor de ciudadanos. No tendríamos un 25 de mayo sin Moreno… pero también de varios patriotas y cientos de criollos dispuestos a ser libres. Estos hechos históricos -¡y tantísimos otros!- fueron registrados, santificados o demonizados primero en los diarios, después en los libros. Porque, para ser historia, antes debió ser noticia.
Sucedió eso –sin pretender comparar y mucho menos parangonar- con El Diario de San Luis (hoy de la República) que hace 50 años fue la gran noticia del 2 de mayo de 1966, cuando salió su primer número". 
"Todo un suceso para una ciudad acostumbrada a nutrirse sólo a través de La Opinión que seguía fiel a su nacimiento en 1913: era por suscripción, no salía los fines de semana y se limitaba a reproducir comunicados oficiales y oficiosos (del gobierno, de los gremios, de los clubes, de las empresas) más los infaltables avisos sociales". 
"De pronto, aparecía un diario que se parecía a los de circulación nacional pero que sólo hablaba de nosotros. Por eso, ahora que es historia sedimentada por cinco décadas, vale rescatar a aquéllos que la gestaron". 
Todos supieron –y saben- que quien corrió el riesgo de fundar una empresa fue Mario Pérez, un hombre que ya venía incursionando en los medios porque había traído la televisión a San Luis, pocos años antes. 
A su lado estuvieron sus hermanos Julio y Rubén y la familia toda. Sin embargo, pocos conocieron a los hombres y mujeres que día a día llenaban con sus crónicas y comentarios las páginas del diario, ejerciendo a full el periodismo.
"Fueron –fuimos- muchos, muchísimos los que estuvimos allí desde antes del primer número. Todos absolutamente anónimos como correspondía por entonces a los profesionales de la prensa. No eran tiempos de estrellatos mediáticos; jamás firmábamos, ni pretendíamos la fama". 
"Teníamos prohibido el YO (tan de moda hoy) y muy de cuando en cuando dejábamos al descubierto la subjetividad. En aquellos años, la única estrella del firmamento periodístico era la noticia y no quién ni cómo la transmitía".
"Los lectores de El Diario de San Luis conocieron la identidad de los redactores que corríamos cubriendo los hechos noticiables recién al cumplir el primer año de vida. En mayo del '67 aparecieron nuestras fotos y nombres". 
Tengo a la vista aquella página amarillenta ya: Rubén Pérez (jefe de redacción); Rubén Lavandeira y la que suscribe (secretarios de redacción); Oscar Locatelli y Luis Lucero (redactores); Marta Di Gennaro (cronista social) y reporteros gráficos Luciano –Chango- Arce y Enrique Woronko. Pero también recuerdo a los ya maestros de la escritura Mario Otero Alric y César Muñoz  pero al también joven Mario Pugín; a Elena Lescano, implacable correctora; a las hermanas Escobar: Elena y Lila, organizando el archivo que nos era indispensable y a Ernesto Hall sacando fotos sin parar. 
Con todos ellos trabajé día y noche, en los primeros años de esta historia impregnada de puchos, plomo y mucha felicidad vocacional. Seguramente, estoy olvidando a muchos otros que se movían en los talleres, en la publicidad, en la administración o confunda algunos nombres… les pido anticipadas disculpas. (¡No en vano han pasado 50 años!).
"Cuando recuerdo aquellos tiempos me digo que fui una privilegiada ignorante de que lo era. Apenas había superado los veinte años, había logrado un título “extraño” porque recién empezaban las carreras de periodismo, había conseguido de inmediato un empleo en lo que había estudiado, viví a pleno la década dorada con logros humanos, tecnológicos y artísticos que modificarían el mundo y me dejé guiar por los mejores referentes locales y planetarios que me regalaban su ejemplo con sus acciones". 
Podría decir lo mismo que dijo Marta Minujín: “Los años '60 fueron como el Renacimiento. Y ya saben, después del Renacimiento, 300 años de pavadas” (en las que estamos inmersos ¿no?).
Revivir aquel tiempo en un país que suele quedarse contemplando el pasado sin aprender nada de él es un ejercicio riesgoso que estoy dispuesta a emprender sin añoranzas. Si puedo contarlo es porque estoy en pie… aunque  sienta cierta incomodidad. Sucede que, cuando me pidieron esta colaboración, me alertaron de que era una de los contados sobrevivientes de aquel primer equipo de redacción de El Diario de San Luis.
El Santo oficio de la memoria
Para ejercer este oficio, a “cierta” edad, se necesitan fuentes fidedignas a mano. Que por suerte tengo porque ya no confío sólo en lo que recordamos. He visto demasiadas manipulaciones que cambiaron lo que en realidad fue. Dice Serrat: “Los recuerdos suelen contarte mentiras. Se amoldan al viento, amañan la historia, por ahí se encogen, por allá se estiran, se tiñen de gloria, se bañan de lodo, se endulzan, se amargan a nuestro acomodo, según nos convenga”.
Por eso, y para chequearme a mí misma, me he rodeado de un montón de recortes del matutino puntano de aquel 1966, mi diario íntimo y varias fotos en blanco y negro que me servirán para aceitar mis neuronas. Y “construir” un relato verdadero de aquello que fue hace 50 años y ya no es. 



La periodista sanluiseña Marta Nassif, radicada en Bahía Blanca, decía en la primera parte de esta nota publicada el pasado domingo con motivo del 50 aniversario de El Diario de La República: "Me he rodeado de un montón de recortes del matutino puntano de aquel 1966, mi diario íntimo y varias fotos en blanco y negro que me servirán para aceitar mis neuronas". 
"Y 'construir' un relato verdadero de aquello que fue hace 50 años y ya no es... Porque aquel diario no se parece al actual… ya no es tamaño sábana y ha incorporado el color en sus páginas, su nuevo nombre, el ruido infernal de las linotipos y las máquinas de escribir se han silenciado, reemplazadas por las asépticas computadoras y sus dueños, directivos y  periodistas en nada se parecen a los de los '60. Lógica pura para un lapso de medio siglo", marcó las distancias.
"No puedo contar nada de El Diario de la República, sí de El Diario de San Luis ‑continuó‑. Podría escribir un libro sobre aquello, pero aquí voy a rescatar algunos hechos puntuales que tengo grabados en mi memoria y puedo mostrar la documentación que los avala".
"Recobro aquí la ceremonia de inauguración del diario, el domingo 1º de mayo de 1966. Transmitida en directo y simultáneo por LV13 Radio San Luis -cuyo director Jorge Mario Barbosa dijo que nacía una estrella en el cielo azul de la punta- asistieron desde el gobernador Santiago Besso a los linotipistas y canillitas, pasando por los políticos más representativos, los jefes militares, los dueños o representantes de otros medios locales y nacionales y el obispo Carlos María Cafferata. Eran tiempos de cordial convivencia democrática en el país que gobernaba el doctor Illia (que ese día había inaugurado el 97º período legislativo)", recordó y agregó: "La casona de Pedernera 1212 lució iluminada a giorno aquel día y pareció estallar cuando se puso en marcha la impresora automática y comenzó a salir la primera edición del nuevo diario que, al otro día, se vendió como pan caliente".
“La fiesta de apertura fue hermosa y me siento feliz”, estampó en su diario íntimo, sintetizando en pocas palabras su sensación: “Muchísima gente, muchísimos discursos, muchísima alegría, una tonelada de esperanzas”. 
"Mi particular y debutante gozo periodístico seguramente se potenciaba en los responsables del emprendimiento, que no era poca cosa, pero que no percibí en ese momento. Me lo hizo ver –y sentir- nuestro máximo poeta cuando habló ese día", puntualizó: 
“Algunos envidiosos y pusilánimes –dijo el inolvidable Agüero-hablan del riesgo y la aventura. Sí, riesgo y aventura, pero interpretando el sentido profundo de ambos términos que marcan las coordenadas entre las cuales se mueven el inicio de toda obra grande y los cimientos de toda empresa digna”.
"Fue también el querido bardo quien explicitó esa gran noticia de la aparición de El Diario. Por primera vez en San Luis desde la llegada de la primera imprenta a nuestra provincia, hace más de un siglo -leyó en aquel primer número que reprodujo la pieza literaria- hay una rotoplana que devora grandes bobinas de papel. Por primera vez hay un aparato electrónico que  transforma automáticamente en clisés las fotos". 
"Por primera vez funcionan los radioteletipos que receptan al instante las noticias que se producen en el mundo. Por primera vez nuestro periodismo aldeano y localista se transforma en el gran periodismo provincial, regional, nacional, animado por su vocación de servir. Necesitábamos, con toda necesidad, un diario de este estilo y de esta jerarquía gráfica”, manifestó y agregó que  "por primera vez una publicación gráfica era en sí misma la noticia de aquel lejanísimo día". 
"Pero no interrumpo a Agüero y apelo, para finalizar aquí, a otro de sus imperdibles dichos discursivos de aquel momento que bien podría repetirse en la exhausta Argentina de hoy: Del mismo modo que se saluda todo nacimiento queremos saludar a El Diario de San Luis, en éste su primer número, con el entusiasmo de quien ama el solar de sus mayores, con la cuerda más íntima de su alma y la vibración más clara de su corazón”, sostuvo.
Según Martha, lo parafrasea "para traslucir lo que siento mientras hago memoria por escrito del redondo cumpleaños gráfico que me convoca. Del mismo modo que se saluda todo aniversario quiero saludar a El Diario de San Luis, en estos 50 años, con el entusiasmo de quien ama el solar de sus mayores con la cuerda más íntima de mi alma y las vibración más clara de mi corazón”.


Ser periodista... a pesar de todo
Nassif considera que en estas épocas en la que los periodistas "han sido embarrados, los medios demonizados y todos –o casi- optan por matar al mensajero que no les transmite la noticia que quieren leer o escuchar, intento limpiar mi bella profesión rescatando las opiniones de algunos ciudadanos destacados de hace medio siglo que opinaron sobre el diario, a poco de estar en la calle".
"De paso ‑sigue‑, salvamos del olvido o el silencio a aquéllos que también escribieron la historia de nuestra ciudad. Que era otra ciudad, pero vale como testimonio de aquella sociedad que fuimos… quizá más ingenua y seguramente menos crispada que la actual".
"Cercada por esos papeles amarillentos que he desempolvado veo las fotos y leo lo que me contestaron muchos hombres y mujeres de entonces cuando salí en busca de lo que estaban pensando de un diario con apenas un mes de vida. Sintetizo sus respuestas para que no se asusten de la extensión de este texto recordatorio", anticipa:  
En junio de 1966 se publicó este sondeo. Allí estaban el padre Jorge Roberto Bleder quien calificó al diario como "ágil, moderno y representa una gran ventaja para San Luis”, el diputado Luis Manuel Marrero sostuvo que esperó mucho la aparición del diario, "pero me está defraudando un poco. Tienen que dedicar más páginas a tanta gente que hace, especialmente a los jóvenes poetas”. La doctora Susana Hissa de Luttens lo evaluó como "muy bueno" aunque pidió que incluyeran una sección científica. Olga Rosso de Bertín lo juzgó "espléndido, bien encarado, muy completo”.  El motonauta Mario Farabelli dijo que "constituye un impulso más a la provincia… debieran incluir más informaciones deportivas… de fútbol estamos cansados”. 
A los ya mencionados, siguieron varios comerciantes-empresarios. Juan Migliozzi expresó que “San Luis se merecía y necesitaba un órgano periodístico como El Diario y por eso merece el apoyo de todos”. Para Humberto Guastadisegni, “el periodismo es el factor más importante que influye en la comunidad ya que es el conducto que llega al pueblo”. Jorge Raúl Balbo expuso que “la radio llega a todos antes que El Diario pero es importante y espero que triunfe”). Según Francisco Magis, “El Diario ha llenado una sentida necesidad… paulatinamente ha llegado a un nivel elevado”. Hugo García, gerente de Cangiano, aseguró que “el periodismo es correctamente denominado el cuarto poder, por lo que los diarios son los medios más eficaces para la publicidad”. Su par de tienda La Capital, Juan Sánchez, vaticinó que “el periodismo es el medio de propaganda más importante en todos los órdenes de la vida… El Diario puede llegar a serlo”. Francisco Cioffi aventuraba que “cuando El Diario alcance la mayoría de edad será lo mejor. Los iniciadores de esta empresa ya cumplieron con San Luis, ahora San Luis tiene que defender a su diario”. Reynaldo Anzulovich opinaba que “es un eficaz medio porque es ágil, moderno, encuadrado dentro de las nuevas técnicas periodísticas”. “Me gusta, es fácil de leer, es completo y está bien informado”, señaló Ricardo Bianco. Olga Laborda de Vaira –presidenta de la Liga de Lucha contra el Cáncer puso sus esperanzas en El Diario: "Valoro la labor que realiza la gente que trabaja allí con responsabilidad y sentido del deber”. 
Con los recuerdos como antecedentes, Martha dijo que hace cincuenta años "todos creían en el periodismo, en los medios, en los hombres y mujeres que lo ejercíamos con enorme vocación y guiados por el bien común. Ojalá pudiéramos recuperarnos de tanta degradación profesional". Su pedido sonó a súplica.


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