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Bruno Gelber y la sinfónica nacional en la caja de los trebejos

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Bruno Gelber y la sinfónica nacional en la caja de los trebejos

Los dedos de Bruno Gelber se parecen embutidos pequeños y regordetes. No tiene, como indica el lugar común en un pianista, esos dedos flacos y huesudos que llegan a todas las teclas con facilidad. Como al maestro Daniel Barenboim –otro músico clásico de dedos pequeños- a Gelber todo le ha costado siempre un poco más.
El excepcional concertista encabezó un show exquisito junto a la Orquesta Sinfónica Nacional –una formación de lujo que engalanó la velada- que el domingo a la noche convocó a más de 500 personas en La Caja de los Trebejos. Pese a que el Ministerio de Turismo y las Culturas informó a mitad de semana que las entradas se habían agotado, algunos lugares hubo disponibles.
Si bien el concierto en sí fue un momento de esplendoroso disfrute para el público, algunos de los organizadores de la llegada de Gelber a San Luis pasaron un fin de semana difícil antes del inicio del recital con los pedidos, las exigencias y las respuestas del pianista. 
Primero, el músico se mostró disconforme con el instrumento que le pusieron a disposición y también tuvo algunas reservas sobre el lugar elegido. Ya durante el show, a buena parte del público lo agobió la calefacción.
En el recital, Bruno hizo señas constantemente hacia las puertas abiertas de los costados de La Caja de los Trebejos, practicó muecas por el movimiento del público en las plateas y se preocupó al extremo para evitar que le saquen fotos. “No, no. Salí de ahí”, le dijo a una señora –tal vez de su edad- que había conseguido colarse en un sitio restringido incluso para los fotógrafos profesionales.
Toda la compostura de Gelber –de impecable negro y blanco- hizo eclosión en ese momento que se extendió en la tensión de un intercambio de palabras con el director de la orquesta, Christian Baldini, imposibilitado de pedirle al público que guardara los celulares que tanto molestaron al concertista.
A los 75 años, el pianista caminó con dificultad, siempre acompañado de su esmerado asistente, pero no perdió en lo más mínimo su lucidez para sentarse frente al piano y exhibir su apreciado talento en cada una de las piezas que interpretó.
La llegada de los músicos a la provincia se realizó como escala final de una gira que las agrupaciones iniciaron en San Juan, luego de la presentación inicial que hicieron en el Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires, el 25 de Mayo. En los tres sitios donde tocaron hicieron el mismo programa que incluyó un autor nacional –el popular Alberto Ginastera- más creaciones de Beethoven y Brahms.
La primera parte del concierto tuvo como protagonista a la Sinfónica Nacional en la divertida suite de danzas “Estancia” -acaso la obra más conocida y más interpretada de Ginastera- que mostró a la formación en todo su esplendor, con dos arpas, una equipadísima batería que contó con al menos siete integrantes y una formidable línea de vientos y cuerdas.
En esa parte del show, tuvieron su participación el Coro Polifónico Nacional y el Coro Nacional de Niños, las otras dos agrupaciones que llegaron en la gira. Su estancia fue más bien breve y la gente se quedó con ganas de un poco más de voces luego de un canto elegíaco y un salmo, únicas interpretaciones corales de la noche.
Con tantos músicos en escena, sus movimientos al ritmo, el ritual de dar vuelta (casi al mismo tiempo) la hoja con las partituras y la presencia de los coros al fondo del escenario, el espectáculo no fue sólo auditivo, sino que ganó en visualidad, aún cuando la máxima estrella, Gelber, no había entrado.
Luego de un intervalo –que los músicos de la Sinfónica usaron para estirar las piernas en el hall-, llegó el momento en que el pianista invitado se puso al frente del show y de las miradas del público, atento a sus movimientos y a sus requerimientos. En esa parte se escuchó el Concierto para piano y orquesta N° 1 y luego fue el turno del lucimiento individual de Gelber.

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Bruno Gelber y la sinfónica nacional en la caja de los trebejos

La mirada de Bruno. Belber al piano, acompañado por músicos de primer nivel. | Alejandro Lorda

Los dedos de Bruno Gelber se parecen embutidos pequeños y regordetes. No tiene, como indica el lugar común en un pianista, esos dedos flacos y huesudos que llegan a todas las teclas con facilidad. Como al maestro Daniel Barenboim –otro músico clásico de dedos pequeños- a Gelber todo le ha costado siempre un poco más.
El excepcional concertista encabezó un show exquisito junto a la Orquesta Sinfónica Nacional –una formación de lujo que engalanó la velada- que el domingo a la noche convocó a más de 500 personas en La Caja de los Trebejos. Pese a que el Ministerio de Turismo y las Culturas informó a mitad de semana que las entradas se habían agotado, algunos lugares hubo disponibles.
Si bien el concierto en sí fue un momento de esplendoroso disfrute para el público, algunos de los organizadores de la llegada de Gelber a San Luis pasaron un fin de semana difícil antes del inicio del recital con los pedidos, las exigencias y las respuestas del pianista. 
Primero, el músico se mostró disconforme con el instrumento que le pusieron a disposición y también tuvo algunas reservas sobre el lugar elegido. Ya durante el show, a buena parte del público lo agobió la calefacción.
En el recital, Bruno hizo señas constantemente hacia las puertas abiertas de los costados de La Caja de los Trebejos, practicó muecas por el movimiento del público en las plateas y se preocupó al extremo para evitar que le saquen fotos. “No, no. Salí de ahí”, le dijo a una señora –tal vez de su edad- que había conseguido colarse en un sitio restringido incluso para los fotógrafos profesionales.
Toda la compostura de Gelber –de impecable negro y blanco- hizo eclosión en ese momento que se extendió en la tensión de un intercambio de palabras con el director de la orquesta, Christian Baldini, imposibilitado de pedirle al público que guardara los celulares que tanto molestaron al concertista.
A los 75 años, el pianista caminó con dificultad, siempre acompañado de su esmerado asistente, pero no perdió en lo más mínimo su lucidez para sentarse frente al piano y exhibir su apreciado talento en cada una de las piezas que interpretó.
La llegada de los músicos a la provincia se realizó como escala final de una gira que las agrupaciones iniciaron en San Juan, luego de la presentación inicial que hicieron en el Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires, el 25 de Mayo. En los tres sitios donde tocaron hicieron el mismo programa que incluyó un autor nacional –el popular Alberto Ginastera- más creaciones de Beethoven y Brahms.
La primera parte del concierto tuvo como protagonista a la Sinfónica Nacional en la divertida suite de danzas “Estancia” -acaso la obra más conocida y más interpretada de Ginastera- que mostró a la formación en todo su esplendor, con dos arpas, una equipadísima batería que contó con al menos siete integrantes y una formidable línea de vientos y cuerdas.
En esa parte del show, tuvieron su participación el Coro Polifónico Nacional y el Coro Nacional de Niños, las otras dos agrupaciones que llegaron en la gira. Su estancia fue más bien breve y la gente se quedó con ganas de un poco más de voces luego de un canto elegíaco y un salmo, únicas interpretaciones corales de la noche.
Con tantos músicos en escena, sus movimientos al ritmo, el ritual de dar vuelta (casi al mismo tiempo) la hoja con las partituras y la presencia de los coros al fondo del escenario, el espectáculo no fue sólo auditivo, sino que ganó en visualidad, aún cuando la máxima estrella, Gelber, no había entrado.
Luego de un intervalo –que los músicos de la Sinfónica usaron para estirar las piernas en el hall-, llegó el momento en que el pianista invitado se puso al frente del show y de las miradas del público, atento a sus movimientos y a sus requerimientos. En esa parte se escuchó el Concierto para piano y orquesta N° 1 y luego fue el turno del lucimiento individual de Gelber.

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