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Huertas orgánicas para la inclusión

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Huertas orgánicas para la inclusión

Por Magdalena Strongoli


Ser agradecido con las oportunidades que la vida da es un valor que muchos rescatan. Por esos carriles transita la historia de Jaime Huaiquil, quien hace 26 años llegó de Chile huyendo de la dictadura de Augusto Pinochet y encontró en San Luis la tierra que lo cobijo a él y a su familia. Desde hace algunos años forma parte del Plan de Inclusión, que fue una fuente de ingresos y trabajo vital en los duros comienzos del siglo XXI tras el derrumbe económico del país; y gracias a eso descubrió su pasión por las huertas, los frutales y todo lo que pueda cultivarse en la tierra.


La revista El Campo lo visitó en su casa ubicada en el barrio 1º de Mayo, en el extremo oeste de la capital puntana, donde mostró como pone en práctica no sólo los conocimientos que aprende en las capacitaciones que le brinda el Plan, sino también los años de intenso trabajo en distintas huertas de la provincia. Su familia, compuesta por tres hijos y su mujer Patricia, hace su aporte a la causa desde el lugar que más conoce cada uno para poder comer más saludable y con un costo mínimo, porque a los Huaiquil sólo les sobra entusiasmo, pero no dinero.


Una de sus nenas, Jazmín, la más chica, ayuda a su papá con la huerta y la manutención de la limpieza en el patio. “Si mi papá no regó un día, yo me encargo de darle humedad a las plantas para que crezcan. Además permanentemente estoy sacando yuyos y cualquier otra maleza que dé aspecto desprolijo”, contó tímidamente.


A todo lo que le regalan, Jaime lo hace crecer. Puede ser de semilla, de plantín, un árbol de tamaño pequeño o uno de mayor porte. Lo que sea, él con cuidado y dedicación hará que prospere y dé frutos aún en plena ciudad. Es inimaginable lo que podrían hacer sus manos en un pedazo de tierra en el campo.


“El trabajo en la tierra me gusta mucho y además lo disfruto. Tengo problemas de cintura, pero me agacho despacio para laborear el suelo que en mi patio es muy fértil”, contó el hombre que llegó desde Santiago de Chile directo a San Luis cruzando la cordillera. Además agregó que no le ha hecho ningún tratamiento extra al suelo y que siempre fue de muy buena calidad lo que le permitió hacer varios ensayos con distintas hortalizas. “Supimos tener zapallo. Era impresionante como se reproducía. Nos estaba ocupando todo el patio y por eso no lo hicimos más”, enfatizó.


El zapallo es un cultivo que se siembra entre los meses de setiembre y noviembre, de esa forma se asegura que la planta va a estar libre de heladas al menos por cinco meses, tiempo estimado para evitar que se arruine el cultivo. Éste y otros secretos aprenden en las capacitaciones que se están haciendo desde comienzos de año. Huaiquil aclaró que participa de todas. “Los encuentros son de mucha utilidad, siempre nos están aportando cosas nuevas. Algunas son conocidas pero sirven para reforzar lo que por ahí teníamos olvidado”.


Con la idea de aprovechar todo lo que da la tierra, la familia Huaiquil es un buen complemento en un juego de piezas que encajan a la perfección. “Patricia es la que cocina. Cada vez que hemos tenido verduras en nuestro patio ella las utiliza para hacer comidas saludables para toda la familia. Además sabe lo que me gustan las ensaladas”, aseguró Jaime, ansioso porque llegue la época de la cosecha.


Hace dos meses armó una pequeña huerta en el fondo de su casa. Allí tiene remolacha, lechuga, perejil y algo de rúcula. “En una de las capacitaciones de las que participé en Sol Puntano, el ingeniero que fue el orador ese día nos regaló a todos un conjunto de semillas. Yo vine a mi casa, despacio por el dolor de cintura que tengo desde ya hace un tiempo, armé los surcos y planté todo lo que me habían dado. Habitualmente, lo que me regalan lo hago crecer en mi patio”, cuenta, mientras limpia algunos yuyos en los alrededores de los frutales con una paciencia envidiable.


“En el caso de la betarraga, como le decimos en Chile y que aquí se la conoce como remolacha, hacemos la siembra en esta época de otoño, aunque se puede hacer en cualquier momento del año, siempre y cuando se eviten los momentos de intenso calor. La cosecha se hace a los 60 días de plantada aproximadamente”, asesoró el ya casi experto huertero.


La lechuga, que es otro vegetal de los que Jaime está cultivando en la fértil tierra que posee, se desarrolla muy bien gracias a las condiciones que ofrece el clima. Buena retención de humedad, cantidad de materia orgánica, además de temperaturas medias que ayudan al desarrollo de la hortaliza. “Es un cultivo de todo el año. Lo sé por el envoltorio de las semillas. Necesitan que no haga tanto calor ni que les dé el sol. Eso no ayuda al desarrollo de la planta”.


Aunque de chico no lo sabía, Jaime, iba a heredar los dones de su madre. “Ella tiene mano verde, aunque le falta espacio para una huerta, arma plantines que yo traigo luego a mi casa. Hace unos días hizo un árbol de palta que trajo de Chile y que ya trasplantaré en pocos días”, afirmó sobre el fruto de importante valor nutricional, el cual posee grasas saludables para el cuerpo.


Además, tienen un poco de perejil  que les sirve como aromática. “El perejil cumple una muy buena función en nuestra huerta: sirve para repeler insectos ya que la nuestra es orgánica, es decir que no usamos químicos para combatirlos. Dejamos que la naturaleza haga lo suyo”.


La cebolla es otro vegetal que la huerta verá prosperar. “En un espacio más pequeño también pusimos cebolla que normalmente usamos mucho en nuestras comidas. Si bien resiste las bajas temperaturas cuando está en pleno desarrollo necesita que sean algo más templadas. Para plantarlas necesitan algo así como 8 centímetros de distancia entre surcos".


En su historia, Jaime  fue conociendo las labores de campo. “Comencé con las huertas escolares. Esta provincia no sólo me dio un oficio, también la posibilidad de conocer muchos lugares en los que pude sentir el agradecimiento de la gente por la creación de espacios cultivables”.


“Me siento muy agradecido y mi familia también por el lugar que nos han dado los puntanos  en un momento muy difícil de nuestra vida. Y aunque ahora en Chile están mejor y no olvidamos nuestro lugar de origen, no volveríamos a vivir en Santiago. Acá nacieron nuestros hijos. Ésta es la tierra que nos adoptó y aquí queremos permanecer”, dice con un convencimiento absoluto el huertero, un hombre conocido por su buen trato dentro del plantel de beneficiarios de Inclusión.


Además de su familia, Huaiquil tiene más parientes en San Luis. “Primero vino mi padre, luego trajo a mi madre. Mi hermano y yo los seguimos al tiempo. En ese momento las cosas estaban muy complicadas en mí país. No había trabajo y vivir en Chile bajo un régimen militar era peligroso”, recuerda, apenado, junto a su mujer Patricia. En la provincia encontró refugio y luego trabajo. Esa tierra que florece a sus pies le brindó lo suficiente como para sentirse un puntano más.



Huertas para el interior


El proyecto Huertas Inclusivas en el que desde hace algún tiempo trabaja el Programa de Inclusión Social, persigue la idea de llevar el conocimiento de la producción de hortalizas a los lugares más remotos de la provincia.


Karina Naranjo es la jefa de programa. Ella comentó aquellas tareas que son específicas a la generación de huertas. “Las personas que concurren de manera voluntaria reciben charlas teóricas que son dadas por técnicos especialistas en la materia del INTA. Ese organismo además nos ayuda con semillas para armar lo que damos en llamar huerta demostrativa”.


En relación de lo que luego será un lugar de producción, la funcionaria explicó que “en cada localidad que visitemos haremos una de estas huertas modelo, no sólo para que sirva de práctica, sino también como una forma de producción común que luego les permita vender la mercadería y así generar una salida laboral para los lugareños. Después cada uno podrá hacer la propia en sus hogares si cuenta con el espacio físico”. Existen otras formas de generar producciones caseras y orgánicas. Los técnicos conocen de la variedad y con seguridad podrán asesorarlos.


Los lugares que hasta el momento han visitado son varios. Recientemente sumaron a Villa Mercedes. “Hemos comenzado en Unión, en Beazley, en San Pablo que es un lugar muy chiquito cerca de Concarán. Además en las próximas semanas estaremos en Santa Rosa del Conlara. Al momento de elegir una localidad necesitamos saber de que espacio físico disponemos, para poder desarrollar las prácticas”.


“Además tenemos la colaboración del Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción, que colabora con capacitaciones teóricas y en algunos casos prácticas con los especialistas que tiene el organismo. Desde febrero todos los días se dictan charlas sobre los distintos temas que tienen relación con la labor agropecuaria. Puntualmente se enseña a manejar máquinas agrícolas, pero hay otro módulo de forestación y producción frutihortícola” dijo.


En breve estarán terminando. En total van a ser 160 personas que todas las semanas han estado visitando el predio de Sol Puntano para aprender cuestiones específicas referidas a la producción. “Todos los días un colectivo que sale desde la Colonia Hogar lleva al personal de Inclusión hasta la escuela experimental de producción, donde pasan dos horas con un técnico, con el que intercambian conocimientos y experiencias”, explicó Naranjo.


La primera localidad que visitaron con este nuevo Programa y en la que aún continúan trabajando es la de Unión. “Allí ya tienen su lugar de producción, además hemos sabido de personas que ya tienen huerta en el patio de su casa para consumo familiar, lo que repercute de manera importante en la economía de sus hogares”.


Por último, hay otros materiales útiles para el trabajo en la tierra. “Nosotros aportamos la logística y los beneficiarios. Además todo lo que sean herramientas de trabajo e insumos, tales como nylon para invernaderos. Al material para hacer los cerramientos en los espacios verdes, los pone el Ministerio de Desarrollo Social”, explicó Naranjo, quien asumió a su cargo en esta nueva etapa con muchos desafíos por delante.


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Huertas orgánicas para la inclusión


Ser agradecido con las oportunidades que la vida da es un valor que muchos rescatan. Por esos carriles transita la historia de Jaime Huaiquil, quien hace 26 años llegó de Chile huyendo de la dictadura de Augusto Pinochet y encontró en San Luis la tierra que lo cobijo a él y a su familia. Desde hace algunos años forma parte del Plan de Inclusión, que fue una fuente de ingresos y trabajo vital en los duros comienzos del siglo XXI tras el derrumbe económico del país; y gracias a eso descubrió su pasión por las huertas, los frutales y todo lo que pueda cultivarse en la tierra.


La revista El Campo lo visitó en su casa ubicada en el barrio 1º de Mayo, en el extremo oeste de la capital puntana, donde mostró como pone en práctica no sólo los conocimientos que aprende en las capacitaciones que le brinda el Plan, sino también los años de intenso trabajo en distintas huertas de la provincia. Su familia, compuesta por tres hijos y su mujer Patricia, hace su aporte a la causa desde el lugar que más conoce cada uno para poder comer más saludable y con un costo mínimo, porque a los Huaiquil sólo les sobra entusiasmo, pero no dinero.


Una de sus nenas, Jazmín, la más chica, ayuda a su papá con la huerta y la manutención de la limpieza en el patio. “Si mi papá no regó un día, yo me encargo de darle humedad a las plantas para que crezcan. Además permanentemente estoy sacando yuyos y cualquier otra maleza que dé aspecto desprolijo”, contó tímidamente.


A todo lo que le regalan, Jaime lo hace crecer. Puede ser de semilla, de plantín, un árbol de tamaño pequeño o uno de mayor porte. Lo que sea, él con cuidado y dedicación hará que prospere y dé frutos aún en plena ciudad. Es inimaginable lo que podrían hacer sus manos en un pedazo de tierra en el campo.


“El trabajo en la tierra me gusta mucho y además lo disfruto. Tengo problemas de cintura, pero me agacho despacio para laborear el suelo que en mi patio es muy fértil”, contó el hombre que llegó desde Santiago de Chile directo a San Luis cruzando la cordillera. Además agregó que no le ha hecho ningún tratamiento extra al suelo y que siempre fue de muy buena calidad lo que le permitió hacer varios ensayos con distintas hortalizas. “Supimos tener zapallo. Era impresionante como se reproducía. Nos estaba ocupando todo el patio y por eso no lo hicimos más”, enfatizó.


El zapallo es un cultivo que se siembra entre los meses de setiembre y noviembre, de esa forma se asegura que la planta va a estar libre de heladas al menos por cinco meses, tiempo estimado para evitar que se arruine el cultivo. Éste y otros secretos aprenden en las capacitaciones que se están haciendo desde comienzos de año. Huaiquil aclaró que participa de todas. “Los encuentros son de mucha utilidad, siempre nos están aportando cosas nuevas. Algunas son conocidas pero sirven para reforzar lo que por ahí teníamos olvidado”.


Con la idea de aprovechar todo lo que da la tierra, la familia Huaiquil es un buen complemento en un juego de piezas que encajan a la perfección. “Patricia es la que cocina. Cada vez que hemos tenido verduras en nuestro patio ella las utiliza para hacer comidas saludables para toda la familia. Además sabe lo que me gustan las ensaladas”, aseguró Jaime, ansioso porque llegue la época de la cosecha.


Hace dos meses armó una pequeña huerta en el fondo de su casa. Allí tiene remolacha, lechuga, perejil y algo de rúcula. “En una de las capacitaciones de las que participé en Sol Puntano, el ingeniero que fue el orador ese día nos regaló a todos un conjunto de semillas. Yo vine a mi casa, despacio por el dolor de cintura que tengo desde ya hace un tiempo, armé los surcos y planté todo lo que me habían dado. Habitualmente, lo que me regalan lo hago crecer en mi patio”, cuenta, mientras limpia algunos yuyos en los alrededores de los frutales con una paciencia envidiable.


“En el caso de la betarraga, como le decimos en Chile y que aquí se la conoce como remolacha, hacemos la siembra en esta época de otoño, aunque se puede hacer en cualquier momento del año, siempre y cuando se eviten los momentos de intenso calor. La cosecha se hace a los 60 días de plantada aproximadamente”, asesoró el ya casi experto huertero.


La lechuga, que es otro vegetal de los que Jaime está cultivando en la fértil tierra que posee, se desarrolla muy bien gracias a las condiciones que ofrece el clima. Buena retención de humedad, cantidad de materia orgánica, además de temperaturas medias que ayudan al desarrollo de la hortaliza. “Es un cultivo de todo el año. Lo sé por el envoltorio de las semillas. Necesitan que no haga tanto calor ni que les dé el sol. Eso no ayuda al desarrollo de la planta”.


Aunque de chico no lo sabía, Jaime, iba a heredar los dones de su madre. “Ella tiene mano verde, aunque le falta espacio para una huerta, arma plantines que yo traigo luego a mi casa. Hace unos días hizo un árbol de palta que trajo de Chile y que ya trasplantaré en pocos días”, afirmó sobre el fruto de importante valor nutricional, el cual posee grasas saludables para el cuerpo.


Además, tienen un poco de perejil  que les sirve como aromática. “El perejil cumple una muy buena función en nuestra huerta: sirve para repeler insectos ya que la nuestra es orgánica, es decir que no usamos químicos para combatirlos. Dejamos que la naturaleza haga lo suyo”.


La cebolla es otro vegetal que la huerta verá prosperar. “En un espacio más pequeño también pusimos cebolla que normalmente usamos mucho en nuestras comidas. Si bien resiste las bajas temperaturas cuando está en pleno desarrollo necesita que sean algo más templadas. Para plantarlas necesitan algo así como 8 centímetros de distancia entre surcos".


En su historia, Jaime  fue conociendo las labores de campo. “Comencé con las huertas escolares. Esta provincia no sólo me dio un oficio, también la posibilidad de conocer muchos lugares en los que pude sentir el agradecimiento de la gente por la creación de espacios cultivables”.


“Me siento muy agradecido y mi familia también por el lugar que nos han dado los puntanos  en un momento muy difícil de nuestra vida. Y aunque ahora en Chile están mejor y no olvidamos nuestro lugar de origen, no volveríamos a vivir en Santiago. Acá nacieron nuestros hijos. Ésta es la tierra que nos adoptó y aquí queremos permanecer”, dice con un convencimiento absoluto el huertero, un hombre conocido por su buen trato dentro del plantel de beneficiarios de Inclusión.


Además de su familia, Huaiquil tiene más parientes en San Luis. “Primero vino mi padre, luego trajo a mi madre. Mi hermano y yo los seguimos al tiempo. En ese momento las cosas estaban muy complicadas en mí país. No había trabajo y vivir en Chile bajo un régimen militar era peligroso”, recuerda, apenado, junto a su mujer Patricia. En la provincia encontró refugio y luego trabajo. Esa tierra que florece a sus pies le brindó lo suficiente como para sentirse un puntano más.



Huertas para el interior


El proyecto Huertas Inclusivas en el que desde hace algún tiempo trabaja el Programa de Inclusión Social, persigue la idea de llevar el conocimiento de la producción de hortalizas a los lugares más remotos de la provincia.


Karina Naranjo es la jefa de programa. Ella comentó aquellas tareas que son específicas a la generación de huertas. “Las personas que concurren de manera voluntaria reciben charlas teóricas que son dadas por técnicos especialistas en la materia del INTA. Ese organismo además nos ayuda con semillas para armar lo que damos en llamar huerta demostrativa”.


En relación de lo que luego será un lugar de producción, la funcionaria explicó que “en cada localidad que visitemos haremos una de estas huertas modelo, no sólo para que sirva de práctica, sino también como una forma de producción común que luego les permita vender la mercadería y así generar una salida laboral para los lugareños. Después cada uno podrá hacer la propia en sus hogares si cuenta con el espacio físico”. Existen otras formas de generar producciones caseras y orgánicas. Los técnicos conocen de la variedad y con seguridad podrán asesorarlos.


Los lugares que hasta el momento han visitado son varios. Recientemente sumaron a Villa Mercedes. “Hemos comenzado en Unión, en Beazley, en San Pablo que es un lugar muy chiquito cerca de Concarán. Además en las próximas semanas estaremos en Santa Rosa del Conlara. Al momento de elegir una localidad necesitamos saber de que espacio físico disponemos, para poder desarrollar las prácticas”.


“Además tenemos la colaboración del Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción, que colabora con capacitaciones teóricas y en algunos casos prácticas con los especialistas que tiene el organismo. Desde febrero todos los días se dictan charlas sobre los distintos temas que tienen relación con la labor agropecuaria. Puntualmente se enseña a manejar máquinas agrícolas, pero hay otro módulo de forestación y producción frutihortícola” dijo.


En breve estarán terminando. En total van a ser 160 personas que todas las semanas han estado visitando el predio de Sol Puntano para aprender cuestiones específicas referidas a la producción. “Todos los días un colectivo que sale desde la Colonia Hogar lleva al personal de Inclusión hasta la escuela experimental de producción, donde pasan dos horas con un técnico, con el que intercambian conocimientos y experiencias”, explicó Naranjo.


La primera localidad que visitaron con este nuevo Programa y en la que aún continúan trabajando es la de Unión. “Allí ya tienen su lugar de producción, además hemos sabido de personas que ya tienen huerta en el patio de su casa para consumo familiar, lo que repercute de manera importante en la economía de sus hogares”.


Por último, hay otros materiales útiles para el trabajo en la tierra. “Nosotros aportamos la logística y los beneficiarios. Además todo lo que sean herramientas de trabajo e insumos, tales como nylon para invernaderos. Al material para hacer los cerramientos en los espacios verdes, los pone el Ministerio de Desarrollo Social”, explicó Naranjo, quien asumió a su cargo en esta nueva etapa con muchos desafíos por delante.


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