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Familia, escuela, trabajo: espacios de construcción de la identidad

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Familia, escuela, trabajo: espacios de construcción de la identidad


Fue recién entre los 18 y 19 años cuando Agostina Muñoz tomó una decisión que cambiaría el rumbo de sus días. Habló con su mamá, le dijo que, aunque había nacido en el cuerpo de un hombre, sentía la esencia de mujer hasta la médula e iba a comenzar a modificar su apariencia para dejar atrás todo rastro de masculinidad. “En mi niñez y adolescencia ya me sentía inclinada por todo lo femenino: las muñecas, la ropa de mujer. Pero fue recién en esa edad que asumí mi identidad y hablé con mi familia. Aquí están mi mamá y dos hermanos. Nunca sentí que se avergonzaran de mí. Todo lo contrario, me han acompañado”, le contó a El Diario esta puntana de 27 años, coordinadora de la sede local de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros (Attta).


Además, Agostina es preceptora en el Colegio Nº 5 "Ingeniero José Álvarez Condarco", en la capital. Más allá de su trabajo y de su tarea en la asociación, el fin de semana pasado fue elegida Miss Elegancia en la Elección de la Reina Gay Argentina 2016. No es la primera vez que participa de este tipo de certámenes, que sostienen el orgullo por la propia condición y la diversidad, y trae premios a la provincia.


Gema Rosales, por su parte, también encontró aceptación entre sus parientes. Nacida hace 37 años en Mendoza sólo por una cuestión azarosa, según narró, pasó su infancia en una pequeña localidad del Departamento Belgrano, Represa del Carmen. Allí cursó hasta sexto grado de la primaria. Hizo séptimo en la Escuela "Chile", en el barrio Aeroferro de San Luis capital, y comenzó la secundaria en el Colegio Nº 1, “Juan Crisóstomo Lafinur”, también conocido como el Colegio Nacional. No pudo concluir los estudios.


Decidió hablar con su familia sobre su identidad de género “entre los 16 y los 17 años”. “Fue una edad difícil –evocó–. Lo único que me importaba era el sí de mi mamá”, aunque su círculo más cercano estaba compuesto, además, por su padrastro y su hermana. En Córdoba tiene más hermanos. Gema tuvo el acompañamiento de su madre y de su gente, más allá de que luego la vida le trajo otras vicisitudes, relacionadas, por ejemplo, a cómo subsistir.


Juan Pablo Godoy es mercedino y licenciado en Ciencia Políticas en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Milita por los derechos de la comunidad LGBT y ha participado en investigaciones para conocer cuál es la realidad de ese colectivo en la ciudad cordobesa donde estudió. Para Godoy, el rol de la familia, su aceptación de la identidad, es importante en el desarrollo de las personas trans.


“En una investigación en la que trabajamos, en particular, sobre la población trans femenina, establecimos que hay una relación directa entre la manifestación de su condición de género y la expulsión del hogar, que usualmente es temprana, ya que esa exteriorización empieza a darse en la pre adolescencia o adolescencia”, resumió. “Quizás no eran echadas de la casa –aclaró–, pero la cuestión era quedarse o no sin asumir su identidad trans, de modo que podemos hablar de una suerte de expulsión indirecta”.


Para Víctor Martínez Nuñez, en cambio, no hay que poner todo el peso en la familia. “En todo caso, hay que colocarlo en ella y en otras instituciones de socialización, como la escuela, el club del barrio, los amigos. Hay muchos estudios que refieren que hoy, la construcción identitaria está más dada por los grupos de pares que por la familia”, indicó. “Sí creo que es importante que esta primera instancia de socialización, que es la familia, tenga mayor apoyo de las redes para acompañar la salida y la construcción de la identidad de chicos y jóvenes trans, ya que no es una situación fácilmente transitable”, remarcó.


Esa salida prematura del seno, “condiciona su permanencia en el sistema educativo, tanto el básico como el universitario”, afirmó Godoy. “Al mismo tiempo, enfrentan un sistema educativo que tampoco contiene –continuó–. Eso, sumado a otras variables, hace que terminen en trabajos informales y, en el peor de los casos, marginales”. Para muchos y muchas trans, la prostitución es vista como la única salida para sobrevivir.


“Es un conjunto de factores, una cosa lleva a la otra. Son pocos los y las trans que tienen un trabajo que les permite, por ejemplo, acceder a una vivienda propia. Por lo general, alquilan. La calle lleva a la delincuencia, a las drogas. Es muy alto el índice de adicción en la comunidad”, afirmó Rosales.


Destacó la posibilidad que brindó el Plan de Inclusión Social, que inició en junio de 2003. “Yo me sumé al plan al año siguiente de su creación. Éramos tres o cuatro trans en la parcela. Y al comienzo fue difícil, porque todavía no se había sancionado la Ley de Identidad de Género, y el coordinador tomaba asistencia llamándonos por el nombre de varón. Después conseguimos que nos llamara por el apellido. Levantaba la vista, veíamos que estábamos y nos ponía el presente”, recordó. Ahí está el cambio cultural que, a su entender, aún debe darse, o que se está dando, pero de modo progresivo.


En San Luis “hay casos de compañeras trans que, en cuanto a su situación laboral, son atípicas. Por ejemplo, Agostina es preceptora, Gema es funcionaria y hay una compañera trans que es directora en una escuela. En algunas provincias hay iniciativas para que las empresas creen fuentes de trabajo para la comunidad trans, obviamente con algunos beneficios fiscales, y también hay propuestas de capacitaciones. No hay que olvidar que han sido expulsados y expulsadas del sistema educativo y no tienen los niveles de cualificación requeridos" por las empresas, por ejemplo, consideró Martínez Nuñez.


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Familia, escuela, trabajo: espacios de construcción de la identidad

Capacitación para trans. Una tarea pendiente, dijo Martínez Núñez.

Fue recién entre los 18 y 19 años cuando Agostina Muñoz tomó una decisión que cambiaría el rumbo de sus días. Habló con su mamá, le dijo que, aunque había nacido en el cuerpo de un hombre, sentía la esencia de mujer hasta la médula e iba a comenzar a modificar su apariencia para dejar atrás todo rastro de masculinidad. “En mi niñez y adolescencia ya me sentía inclinada por todo lo femenino: las muñecas, la ropa de mujer. Pero fue recién en esa edad que asumí mi identidad y hablé con mi familia. Aquí están mi mamá y dos hermanos. Nunca sentí que se avergonzaran de mí. Todo lo contrario, me han acompañado”, le contó a El Diario esta puntana de 27 años, coordinadora de la sede local de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros (Attta).


Además, Agostina es preceptora en el Colegio Nº 5 "Ingeniero José Álvarez Condarco", en la capital. Más allá de su trabajo y de su tarea en la asociación, el fin de semana pasado fue elegida Miss Elegancia en la Elección de la Reina Gay Argentina 2016. No es la primera vez que participa de este tipo de certámenes, que sostienen el orgullo por la propia condición y la diversidad, y trae premios a la provincia.


Gema Rosales, por su parte, también encontró aceptación entre sus parientes. Nacida hace 37 años en Mendoza sólo por una cuestión azarosa, según narró, pasó su infancia en una pequeña localidad del Departamento Belgrano, Represa del Carmen. Allí cursó hasta sexto grado de la primaria. Hizo séptimo en la Escuela "Chile", en el barrio Aeroferro de San Luis capital, y comenzó la secundaria en el Colegio Nº 1, “Juan Crisóstomo Lafinur”, también conocido como el Colegio Nacional. No pudo concluir los estudios.


Decidió hablar con su familia sobre su identidad de género “entre los 16 y los 17 años”. “Fue una edad difícil –evocó–. Lo único que me importaba era el sí de mi mamá”, aunque su círculo más cercano estaba compuesto, además, por su padrastro y su hermana. En Córdoba tiene más hermanos. Gema tuvo el acompañamiento de su madre y de su gente, más allá de que luego la vida le trajo otras vicisitudes, relacionadas, por ejemplo, a cómo subsistir.


Juan Pablo Godoy es mercedino y licenciado en Ciencia Políticas en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Milita por los derechos de la comunidad LGBT y ha participado en investigaciones para conocer cuál es la realidad de ese colectivo en la ciudad cordobesa donde estudió. Para Godoy, el rol de la familia, su aceptación de la identidad, es importante en el desarrollo de las personas trans.


“En una investigación en la que trabajamos, en particular, sobre la población trans femenina, establecimos que hay una relación directa entre la manifestación de su condición de género y la expulsión del hogar, que usualmente es temprana, ya que esa exteriorización empieza a darse en la pre adolescencia o adolescencia”, resumió. “Quizás no eran echadas de la casa –aclaró–, pero la cuestión era quedarse o no sin asumir su identidad trans, de modo que podemos hablar de una suerte de expulsión indirecta”.


Para Víctor Martínez Nuñez, en cambio, no hay que poner todo el peso en la familia. “En todo caso, hay que colocarlo en ella y en otras instituciones de socialización, como la escuela, el club del barrio, los amigos. Hay muchos estudios que refieren que hoy, la construcción identitaria está más dada por los grupos de pares que por la familia”, indicó. “Sí creo que es importante que esta primera instancia de socialización, que es la familia, tenga mayor apoyo de las redes para acompañar la salida y la construcción de la identidad de chicos y jóvenes trans, ya que no es una situación fácilmente transitable”, remarcó.


Esa salida prematura del seno, “condiciona su permanencia en el sistema educativo, tanto el básico como el universitario”, afirmó Godoy. “Al mismo tiempo, enfrentan un sistema educativo que tampoco contiene –continuó–. Eso, sumado a otras variables, hace que terminen en trabajos informales y, en el peor de los casos, marginales”. Para muchos y muchas trans, la prostitución es vista como la única salida para sobrevivir.


“Es un conjunto de factores, una cosa lleva a la otra. Son pocos los y las trans que tienen un trabajo que les permite, por ejemplo, acceder a una vivienda propia. Por lo general, alquilan. La calle lleva a la delincuencia, a las drogas. Es muy alto el índice de adicción en la comunidad”, afirmó Rosales.


Destacó la posibilidad que brindó el Plan de Inclusión Social, que inició en junio de 2003. “Yo me sumé al plan al año siguiente de su creación. Éramos tres o cuatro trans en la parcela. Y al comienzo fue difícil, porque todavía no se había sancionado la Ley de Identidad de Género, y el coordinador tomaba asistencia llamándonos por el nombre de varón. Después conseguimos que nos llamara por el apellido. Levantaba la vista, veíamos que estábamos y nos ponía el presente”, recordó. Ahí está el cambio cultural que, a su entender, aún debe darse, o que se está dando, pero de modo progresivo.


En San Luis “hay casos de compañeras trans que, en cuanto a su situación laboral, son atípicas. Por ejemplo, Agostina es preceptora, Gema es funcionaria y hay una compañera trans que es directora en una escuela. En algunas provincias hay iniciativas para que las empresas creen fuentes de trabajo para la comunidad trans, obviamente con algunos beneficios fiscales, y también hay propuestas de capacitaciones. No hay que olvidar que han sido expulsados y expulsadas del sistema educativo y no tienen los niveles de cualificación requeridos" por las empresas, por ejemplo, consideró Martínez Nuñez.


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