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Ebrios, casi atropellaron a un policía por evitar una multa

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Ebrios, casi atropellaron a un policía por evitar una multa


Nadie sabe bien aún qué era lo que Gonzalo Javier Civalero y su amigo Cristian Britos no querían que los policías descubrieran cuando les pidieran los documentos y les requisaran el auto. Si el hecho de que estaban borrachos, de que ocultaban dos envoltorios con marihuana o ambas. Lo que haya sido no les permitió pensar muy inteligentemente la madrugada de ayer. Pasaron un semáforo en rojo y, en lugar de frenar la marcha ante la primera patrulla que se les acercó, Civalero pisó a fondo el pedal acelerador. Cruzaron el centro de Villa Mercedes. Rumbearon hacia el norte, salieron de la ciudad y enfilaron a Justo Daract. Antes de llegar a la otra localidad, la Policía les cerró el paso. Entonces, se olvidaron de esa idea y dieron la vuelta. En el camino de retorno, un efectivo del Comando Radioeléctrico se puso en medio de la ruta y buscó detenerlos con algo que es imposible que no hayan visto: las luces de su baliza y de su linterna. Pero el renegado conductor seguía en la misma tesitura, de no frenar, y de atropellar, si era necesario, al uniformado que tenía en frente. Sólo el disparo intimidatorio, que el policía se vio obligado a efectuar, consiguió hacerlo cambiar de opinión.


Aun cuando se vieron tumbados, boca abajo, y esposados, sobre la gramilla del bulevar de la autopista de las Serranías Puntanas, los jóvenes se resistieron a la detención. “Estaban eufóricos. No querían saber nada con eso”, describió una fuente.


Las pruebas de alcoholemia que le practicó después el personal de Cuerpo de Tránsito explicaron a qué venía tanta negación. El automovilista, de 30 años, tenía 0,16 gramos de alcohol por litro de sangre y su amigo, de 21, poseía 0,25, informó el subcomisario Pedro Alaniz, jefe de la Comisaría 11°.


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Ebrios, casi atropellaron a un policía por evitar una multa

Secuestrado. el Fiat uno rojo permanecerá en la comisaría 11°.

Nadie sabe bien aún qué era lo que Gonzalo Javier Civalero y su amigo Cristian Britos no querían que los policías descubrieran cuando les pidieran los documentos y les requisaran el auto. Si el hecho de que estaban borrachos, de que ocultaban dos envoltorios con marihuana o ambas. Lo que haya sido no les permitió pensar muy inteligentemente la madrugada de ayer. Pasaron un semáforo en rojo y, en lugar de frenar la marcha ante la primera patrulla que se les acercó, Civalero pisó a fondo el pedal acelerador. Cruzaron el centro de Villa Mercedes. Rumbearon hacia el norte, salieron de la ciudad y enfilaron a Justo Daract. Antes de llegar a la otra localidad, la Policía les cerró el paso. Entonces, se olvidaron de esa idea y dieron la vuelta. En el camino de retorno, un efectivo del Comando Radioeléctrico se puso en medio de la ruta y buscó detenerlos con algo que es imposible que no hayan visto: las luces de su baliza y de su linterna. Pero el renegado conductor seguía en la misma tesitura, de no frenar, y de atropellar, si era necesario, al uniformado que tenía en frente. Sólo el disparo intimidatorio, que el policía se vio obligado a efectuar, consiguió hacerlo cambiar de opinión.


Aun cuando se vieron tumbados, boca abajo, y esposados, sobre la gramilla del bulevar de la autopista de las Serranías Puntanas, los jóvenes se resistieron a la detención. “Estaban eufóricos. No querían saber nada con eso”, describió una fuente.


Las pruebas de alcoholemia que le practicó después el personal de Cuerpo de Tránsito explicaron a qué venía tanta negación. El automovilista, de 30 años, tenía 0,16 gramos de alcohol por litro de sangre y su amigo, de 21, poseía 0,25, informó el subcomisario Pedro Alaniz, jefe de la Comisaría 11°.


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