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La historia y la tradición gaucha recorrieron las calles de La Carolina

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La historia y la tradición gaucha recorrieron las calles de La Carolina

Por María Laura Espejo


Cerca del mediodía tres banderas flamearon en el cielo azul de La Carolina y completaron el cuadro criollo que se fundió con el paisaje. Más de doscientos gauchos de distintos puntos de la provincia se reunieron para celebrar un nuevo año de tradición, y reafirmar los valores y las convicciones de los hombres de campo. Los representantes de las agrupaciones vecinas izaron el Emblema Nacional, el provincial y el del Centro Cultural Crisóstomo Lafinur, mientras los acordes del Himno Nacional Argentino elevaron la emoción del encuentro y selló un nuevo compromiso por las raíces puntanas.


“¡Viva la patria!”, fue el grito al unísono de los gauchos mientras sostenían el sombrero por encima de sus cabezas y los relinchos de los caballos anunciaban el tan esperado desfile por las calles del pueblo. Una costumbre que repiten la primera semana de cada año, cuando La Carolina realiza el Festival del Oro y el Agua, en honor a la otrora actividad más importante de la localidad.


Ramón Velázquez fue quien inició con la costumbre, hace más de 20 años. Contó que al principio recibía en su casa a algunos jinetes que acudían a la festividad, y se quedaban a compartir con su familia algunas de las costumbres que los unían, a pesar de estar a kilómetros de distancia. “Hay gauchos que  viajan cuarenta o cincuenta kilómetros”, dijo y agregó que junto a las brazas, entre anécdotas y tonadas fueron forjando una amistad que pronto trascendió las sierras y llegó a oídos de otros gauchos.


“Cada año llegaban más y cuando terminaba la reunión surgía el compromiso de que volverían al siguiente”, explicó y agregó que fue la excusa perfecta para transmitirle a las nuevas generaciones el amor por el campo y sus costumbres. “No podemos permitir que esta riqueza se pierda”, afirmó.


Las palabras de Ramón dieron inicio a la cabalgata, que por casi una hora recorrió las pintorescas calles empedradas de la ciudad. En cada esquina, los vecinos les dieron la bienvenida y les desearon una grata estadía. También se toparon con grupos de turistas que no dudaron en echar mano a la tecnología para inmortalizar el paso de los jinetes.


Marcos Velázquez, presidente de la agrupación “La guarida de los gauchos”, es quien se encarga junto a sus compañeros de organizar el asado y el desfile a caballo, pero principalmente de mantener viva la tradición gaucha que le inspiró su papá. “Ser gaucho no es sólo ponerte la ropa, sino querer las costumbres del pueblo y del trabajo rural”, expresó.


Además destacó que este año contó con ayuda extra ya que tuvo el apoyo del Centro Cultural Crisóstomo Lafinur y la Secretaría de Gobierno que se encargaron de comprar todo lo necesario para brindarles un almuerzo a la altura de los acontecimientos.


El menú fue una típica carne a la masa, sazonada con especias y ajo, acompañada por una ensalada criolla y pan casero. “Un manjar sólo para entendidos”, aseguró uno de los comensales.


“Este encuentro representa la amistad, el compañerismo, el amor por nuestras raíces y por la tierra”, expresó Marcos, y señaló que es una costumbre que incluye a mujeres y niños ya que ellos serán quienes las perpetuarán en el tiempo.


Los jinetes de Nogolí fueron los pioneros de el cruce de las sierras a caballo, luego se sumaron las de la Villa de la Quebrada, Toro Negro, Pampa del Tamboreo, El Arenal, Inti Huasi, El Trapiche y El Bagual, casi todos estuvieron presentes para levantar las copas por un nuevo año juntos.


Denis Calderón, con apenas 11 años, tuvo su primera experiencia en el cruce de las sierras desde Nogolí. Contó que su agrupación salió a las 4 y llegó a destino el viernes, a las 19. Pero aclaró que tuvieron dos paradas, una en la casa del vecino "Tolo Fernández", que los invitó con un corderito. Luego dijo que en una de las cuestas los sorprendió un viento que le demostró que no sería una tarea fácil, pero guiado por los mayores más experimentados se sintió seguro hasta llegar La Carolina.


“Fue una travesía dura, pero una experiencia inolvidable que disfrutamos, que representa un cambio de rutina en nuestras tareas diarias, casi como unas vacaciones. Traemos a los chicos porque son las semillas del futuro de nuestras tradiciones, y también para sacarlos de todo lo malo que está viviendo la juventud”, mencionó Agustín Miranda, de la agrupación “Aguas claras”, de Nogolí.


El folclore puntano atraviesa fronteras, y también surca mares. Un ejemplo de ello es la visita frecuente de Emilio Stocco, un italiano que viaja cada uno o dos años a visitar a su primo, de La Carolina, pero elige la fecha del festival porque no quiere perderse de la tradición gaucha.


“La primera vez fue fantástico, la gente me trató con mucho cariño y me entusiasmó. Estoy muy agradecido y muy enamorado de sus costumbres. Siento que tengo una familia muy grande”, afirmó y aseguró que planea volver en los próximos dos años.


Su primo, Miguel Tarim, de “La guarida de los gauchos”, indicó que Emilio vive al norte de Italia, al límite con Austria, en un paisaje y cultura completamente diferente, pero que se siente muy atraído por las raíces puntanas. “Es el segundo año que participa, el anteaño pasado lo invitaron a desfilar en Toro Negro”, señaló.


También hubo otros invitados, como el caso de Roberto Lucero Mondino, de La Barranquita. Un jinete experimentado que siempre participa de cabalgatas a lo largo y ancho de la provincia. Mencionó que la última fue la “Cabalgata de San Martín”, y acentuó que hace diez años que asiste a los festejos criollos de Los Velázquez.


“Ramón es un amigo de toda la vida, y siempre lo acompaño en estas fechas. Es una reunión muy importante para nosotros porque nos hace sentir orgullosos de ser puntanos”, expresó.


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La historia y la tradición gaucha recorrieron las calles de La Carolina

Desfile. Al grito de "vivan los gauchos ", los jinetes recorrieron las calles de la ciudad del oro. Fotos: Alejandro Lorda.

Cerca del mediodía tres banderas flamearon en el cielo azul de La Carolina y completaron el cuadro criollo que se fundió con el paisaje. Más de doscientos gauchos de distintos puntos de la provincia se reunieron para celebrar un nuevo año de tradición, y reafirmar los valores y las convicciones de los hombres de campo. Los representantes de las agrupaciones vecinas izaron el Emblema Nacional, el provincial y el del Centro Cultural Crisóstomo Lafinur, mientras los acordes del Himno Nacional Argentino elevaron la emoción del encuentro y selló un nuevo compromiso por las raíces puntanas.


“¡Viva la patria!”, fue el grito al unísono de los gauchos mientras sostenían el sombrero por encima de sus cabezas y los relinchos de los caballos anunciaban el tan esperado desfile por las calles del pueblo. Una costumbre que repiten la primera semana de cada año, cuando La Carolina realiza el Festival del Oro y el Agua, en honor a la otrora actividad más importante de la localidad.


Ramón Velázquez fue quien inició con la costumbre, hace más de 20 años. Contó que al principio recibía en su casa a algunos jinetes que acudían a la festividad, y se quedaban a compartir con su familia algunas de las costumbres que los unían, a pesar de estar a kilómetros de distancia. “Hay gauchos que  viajan cuarenta o cincuenta kilómetros”, dijo y agregó que junto a las brazas, entre anécdotas y tonadas fueron forjando una amistad que pronto trascendió las sierras y llegó a oídos de otros gauchos.


“Cada año llegaban más y cuando terminaba la reunión surgía el compromiso de que volverían al siguiente”, explicó y agregó que fue la excusa perfecta para transmitirle a las nuevas generaciones el amor por el campo y sus costumbres. “No podemos permitir que esta riqueza se pierda”, afirmó.


Las palabras de Ramón dieron inicio a la cabalgata, que por casi una hora recorrió las pintorescas calles empedradas de la ciudad. En cada esquina, los vecinos les dieron la bienvenida y les desearon una grata estadía. También se toparon con grupos de turistas que no dudaron en echar mano a la tecnología para inmortalizar el paso de los jinetes.


Marcos Velázquez, presidente de la agrupación “La guarida de los gauchos”, es quien se encarga junto a sus compañeros de organizar el asado y el desfile a caballo, pero principalmente de mantener viva la tradición gaucha que le inspiró su papá. “Ser gaucho no es sólo ponerte la ropa, sino querer las costumbres del pueblo y del trabajo rural”, expresó.


Además destacó que este año contó con ayuda extra ya que tuvo el apoyo del Centro Cultural Crisóstomo Lafinur y la Secretaría de Gobierno que se encargaron de comprar todo lo necesario para brindarles un almuerzo a la altura de los acontecimientos.


El menú fue una típica carne a la masa, sazonada con especias y ajo, acompañada por una ensalada criolla y pan casero. “Un manjar sólo para entendidos”, aseguró uno de los comensales.


“Este encuentro representa la amistad, el compañerismo, el amor por nuestras raíces y por la tierra”, expresó Marcos, y señaló que es una costumbre que incluye a mujeres y niños ya que ellos serán quienes las perpetuarán en el tiempo.


Los jinetes de Nogolí fueron los pioneros de el cruce de las sierras a caballo, luego se sumaron las de la Villa de la Quebrada, Toro Negro, Pampa del Tamboreo, El Arenal, Inti Huasi, El Trapiche y El Bagual, casi todos estuvieron presentes para levantar las copas por un nuevo año juntos.


Denis Calderón, con apenas 11 años, tuvo su primera experiencia en el cruce de las sierras desde Nogolí. Contó que su agrupación salió a las 4 y llegó a destino el viernes, a las 19. Pero aclaró que tuvieron dos paradas, una en la casa del vecino "Tolo Fernández", que los invitó con un corderito. Luego dijo que en una de las cuestas los sorprendió un viento que le demostró que no sería una tarea fácil, pero guiado por los mayores más experimentados se sintió seguro hasta llegar La Carolina.


“Fue una travesía dura, pero una experiencia inolvidable que disfrutamos, que representa un cambio de rutina en nuestras tareas diarias, casi como unas vacaciones. Traemos a los chicos porque son las semillas del futuro de nuestras tradiciones, y también para sacarlos de todo lo malo que está viviendo la juventud”, mencionó Agustín Miranda, de la agrupación “Aguas claras”, de Nogolí.


El folclore puntano atraviesa fronteras, y también surca mares. Un ejemplo de ello es la visita frecuente de Emilio Stocco, un italiano que viaja cada uno o dos años a visitar a su primo, de La Carolina, pero elige la fecha del festival porque no quiere perderse de la tradición gaucha.


“La primera vez fue fantástico, la gente me trató con mucho cariño y me entusiasmó. Estoy muy agradecido y muy enamorado de sus costumbres. Siento que tengo una familia muy grande”, afirmó y aseguró que planea volver en los próximos dos años.


Su primo, Miguel Tarim, de “La guarida de los gauchos”, indicó que Emilio vive al norte de Italia, al límite con Austria, en un paisaje y cultura completamente diferente, pero que se siente muy atraído por las raíces puntanas. “Es el segundo año que participa, el anteaño pasado lo invitaron a desfilar en Toro Negro”, señaló.


También hubo otros invitados, como el caso de Roberto Lucero Mondino, de La Barranquita. Un jinete experimentado que siempre participa de cabalgatas a lo largo y ancho de la provincia. Mencionó que la última fue la “Cabalgata de San Martín”, y acentuó que hace diez años que asiste a los festejos criollos de Los Velázquez.


“Ramón es un amigo de toda la vida, y siempre lo acompaño en estas fechas. Es una reunión muy importante para nosotros porque nos hace sentir orgullosos de ser puntanos”, expresó.


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