Opinión

Reforma impositiva: datos para entender lo que viene

La 2ª parte de la realidad impositiva de la Argentina. 

La semana anterior resumimos la primera parte de este interesante trabajo que explica con un minucioso detalle la realidad impositiva de la Argentina. A modo introductorio vale recordar que desde la reinserción de los mercados mundiales, y considerando la loable intención del gobierno nacional de transformar a nuestro país en supermercado del mundo, las limitaciones que existen en nuestro país para alcanzar dicho objetivo son evidentes. El alto costo argentino actúa como un impedimento relevante para alcanzar la meta planteada.

El costo argentino se compone por dos factores que sobresalen del resto, y ambos de alguna manera están vinculados. Por un lado están los serios problemas de infraestructura y por otro la excesiva presión impositiva que soportan todas las actividades productivas.

Los especialistas Juan José Llach, María Marcela Harriague y Ariel Melamud llevaron adelante un interesante análisis comparativo sobre nuestra realidad impositiva y la de nuestros competidores, y también esbozaron una propuesta que contiene las posibles soluciones. Por razones de espacio, en las líneas siguientes resumiremos los aspectos más relevantes de dicho trabajo, cuya versión completa, con los datos que fundamentan lo aquí expuesto, puede consultarse en www.producirconservando.org.ar

 

Principales impuestos: comparación internacional

Vale aclarar que salvo mención en contrario, el análisis comparativo se hace para 2015, que es el último año del cual disponemos información para más países. Hay un contexto de pobreza y desigualdad en Argentina y América latina, pese a ciertos progresos recientes, que a veces son volátiles. La región aún tiene altos niveles de pobreza y mayor desigualdad que cualquier otra región del mundo.  La gran desigualdad no sólo se da en los ingresos, si no también en la disposición de la riqueza.

El desarrollo inclusivo –con menos pobreza y desigualdad- requiere una alta calidad de políticas públicas, tal como se demuestra en la mayoría de los países de Asia, Europa y Oceanía, y en menor medida en Estados Unidos.

Impuestos. Son menos potentes de lo que se cree para cambiar per se la distribución del ingreso, pero sí tienen gran influencia para reducir la pobreza si son amigables con el crecimiento y no distorsivos. También pueden mejorar bastante la distribución del ingreso si se pasa de un sistema regresivo a uno progresivo.

Gasto público. Es dos veces más potente para redistribuir, en especial en lo que se refiere a gastos sociales, como pensiones, otras transferencias (AUH), educación, salud, agua potable y saneamiento. Estos gastos también son muy importantes para reducir la pobreza, porque los que menos tienen no podrían acceder a una mejor calidad de vida de otro modo. Esto ocurrió pese a la desactualización del mínimo no imponible, corregida a partir de 2016 y que, hasta entonces, “infló” la recaudación.

 

El mundo de los impuestos

Impuestos a los ingresos. Comparando con los países desarrollados, en la Argentina hay un escaso aporte del impuesto a los ingresos de las personas como porcentaje del PBI y también de la recaudación total. Lo mismo, en menor medida, respecto de Uruguay, siendo en cambio similar al perfil de Brasil y Chile. El desempeño del impuesto a las ganancias de las empresas es similar al de los países desarrollados y al de Uruguay, pero inferior al de Brasil y Chile. Sin embargo, no debe olvidarse que su aporte sostenible está sobreestimado por el no ajuste por inflación.

Impuestos a la propiedad. Tanto de las personas como de las empresas, y tanto en % del PBI como del total recaudado, la Argentina recauda menos que los países desarrollados y también menos que buena parte de Latinoamérica, pese a la conocida debilidad de la región en este aspecto.

Impuesto a los ingresos. El impuesto a las ganancias de capital tiene escasa vigencia real en la Argentina. En el caso de las personas, entre los países estudiados sólo es relevante en ejemplos tan diversos como Corea del Sur, los Estados Unidos y Uruguay. Para empresas, sólo pesa en los dominios de Donald Trump.

Impuestos a la propiedad. En cuanto a la tasa inmobiliaria, Argentina recauda significativamente menos que Latinoamérica que, a su vez, recauda menos que el mundo desarrollado.

Impuestos a los bienes personales. Son de gran incidencia en la Argentina, que es el país que más recauda en este rubro entre todos los estudiados. Lo mismo ocurre con Uruguay respecto a sus empresas. El impuesto a las herencias existe en la mitad de los países desarrollados, recaudando 0.27% del PBI en el promedio de los de la OCDE.

Conjunto de impuestos progresivos. La Argentina se destaca por la baja participación de los gravámenes a las personas en los impuestos progresivos: sólo la mitad del total, contra tres cuartas partes en los países desarrollados. Este rasgo también se observa en Uruguay y, con más intensidad, en Brasil y Chile.

Impuestos al trabajo. La comparación de la imposición para la seguridad social es dificultosa por existir distintos tipos de fondos de pensión (no sólo en Chile) y porque hay países que financian la seguridad social con el impuesto a las ganancias (Australia y Dinamarca). La dispersión de la participación de estos impuestos en la recaudación total es muy alta, incluso en los países desarrollados, fluctuando por ejemplo entre 0,9% (Dinamarca) y 5% (Australia) y 30,3% (España) a 33,7% (Italia). Teniendo en cuenta esta salvedad, la Argentina muestra menores impuestos al trabajo y para la seguridad social que el primer mundo, Brasil y Uruguay, tanto en porcentaje del PIB como del total recaudado, alimentando dudas sobre la sostenibilidad del sistema a largo plazo.

Extendiendo la muestra de países se hace más evidente que la carga tributaria sobre el trabajo, para la seguridad social, es muy alta en la Argentina. Los aportes a fondos de pensión u otros que aseguran contrapartidas –tales como las obras sociales- no se incluyen en la categoría de “impuestos” del FMI o de la OCDE.

Impuestos a los bienes y servicios. Estos gravámenes tienden a ser regresivos y -salvo un IVA bien administrado- también distorsivos (mayores costos, menores precios, menos competitividad y sesgos sectoriales).

En porcentaje del PBI. La incidencia en la Argentina es muy alta (20,2%), mayor que en Brasil, Chile, Uruguay, el promedio de Latinoamérica y los países desarrollados. Es decir, mayor que en todos los países comparados. Dentro de ellos, los impuestos distorsivos pesan 11,1% del PBI, bien por encima de Brasil (6,6%) y más aún de Corea del Sur (transacciones financieras) y EE.UU. (ventas), donde sólo influyen un 2%. En Chile y Uruguay pesan sólo 0,6% y 0,8%. Aun sin impuesto inflacionario, era el 8,1% del PBI en 2016. Los impuestos distorsivos más relevantes y desfasados de otros países son ingresos brutos, transacciones financieras, inflación y, ahora menos, exportaciones.

En porcentaje del total recaudado. La incidencia es 55,8%, la mayor de los países comparados (Chile está cerca: 49,2%). Y la de los impuestos distorsivos es un 31% de la recaudación total, muy por encima de Brasil (20%) y a gran distancia de los demás países y grupos comparados. Aun sin impuesto inflacionario, representaban el 22,3% de la recaudación total en 2016 (Brasil: 17,6%).

 

Los costos de pagar impuestos (Banco Mundial y PWC)

 El desempeño de la Argentina corrobora ampliamente las conclusiones obtenidas hasta aquí, sobre todo en cuanto a la alta presión tributaria, las elevadas alícuotas, la desmesurada incidencia de impuestos distorsivos y, como se verá a continuación, también la alta evasión.

Índice general. La Argentina ocupa el puesto 178 sobre 190 países en cuanto al costo –monetario y de tiempo- de pagar impuestos. El único consuelo es que Brasil está en el puesto 180.

Tasa impositiva total. La Argentina tiene la segunda tasa más alta del mundo, detrás de la Unión de las Comoras: 106%. Si pagara todo la empresa, daría pérdidas. Está muy por encima de la del resto de los países comparados en el informe.

Por tipo de impuestos. Del 106%, sólo un 3,9% es por ganancias; 29,3% son impuestos al trabajo y los “otros impuestos” son astronómicos, un 72,8% del total (pese a no incluir el impuesto inflacionario), 9 veces más que el siguiente (China).

Tiempo necesario para cumplir con los impuestos. Con 359 horas, la Argentina ocupa el lugar 26 entre 190 países. De los 25 peores, 13 son de África y 5 de Sudamérica. Aquí también está el “consuelo” de Brasil: exige 2.038 horas y está primero en el mundo.

 

Número de pagos. Es el único componente del índice en el que la Argentina aparece bien posicionada.

Costos post-declaración. La Argentina está mejor que Brasil y Chile, pero mucho peor que los países desarrollados y que el promedio de todas las regiones del mundo, entre las que América del Sur vuelve a ser la peor.

 

El peso de los impuestos (Foro Económico Mundial)

 Este estudio corrobora lo dicho en la edición anterior respecto al pésimo posicionamiento de la Argentina en cuanto al impacto de la carga tributaria sobre la inversión.

El problema es que los impuestos limitan la posibilidad de cerrar buenos negocios. La Argentina se ubica en el puesto 116 sobre 190 países. Sólo Brasil está peor, entre los aquí comparados. Los rubros con peor desempeño del país son dos muy vinculados a la decisión de invertir: los costos de iniciar un negocio y los permisos de construcción.

Por la positiva, llama la atención que los dos mejores desempeños de la Argentina se dan en indicadores institucionales frecuentemente considerados negativos: protección a los accionistas minoritarios (51º) y, sobre todo, el hacer cumplir los contratos (50º), que mide la eficiencia para resolver una disputa comercial, tanto en tiempo como en costos.

 

La evasión es todo un tema

Metodología. Hay una amplia discusión al respecto. El FMI critica los intentos de medición de la economía informal, tanto por razones metodológicas –incluyendo el método más extendido para estimarla, el MIMIC- como por alegar menos convincentemente que informalidad no es sinónimo de incumplimiento.

Sugiere medir, en cambio, las “brechas de cumplimiento” (compliance gaps). Puede ser de abajo hacia arriba, partiendo de auditorías; o de arriba abajo, partiendo de cuentas nacionales. El primero se usa más para impuestos a los ingresos y el segundo para los tributos al consumo. El gran problema de este enfoque es la escasez de estimaciones confiables o comparables.

Economía informal. Pese a progresos recientes en la recaudación, la Argentina muestra todavía niveles altos de informalidad. En el estudio más amplio figura en el rango 86 sobre 157 países, ordenados de menor a mayor informalidad. No es consuelo -aunque ayude a entender- que Brasil (por poco) y Uruguay (por su secreto bancario) estén peor que la Argentina.  También es motivo de preocupación la alta proporción de empleo informal. Casi seguramente, la altísima presión que surge del estudio Payingtaxes incide en la elevada informalidad.

Brechas de cumplimiento. Validando la impresión de una informalidad alta, la Argentina muestra brechas de cumplimiento elevadas, tanto en el IVA como en ganancias de las personas y de las empresas. Esta última es muy elevada en la comparación internacional.

Esfuerzo fiscal. El esfuerzo (económico) fiscal es igual al cociente entre la recaudación real y la potencial. En la Argentina ese número da 1,38, lo que significaría que la presión tributaria es excesiva. No obstante, es menor que en Brasil (1,49), Dinamarca e Italia (1,56), pero mucho mayor que en Chile (0,78), cuyo valor indica que allí hay mucho “espacio fiscal”.

El esfuerzo fiscal legal es igual al cociente entre la recaudación real y la legal (es así un concepto similar al de brecha tributaria o tax gap). La Argentina presenta un valor bajo (0,87), aunque sorprendentemente superior al de Chile (0,62) y Uruguay (0,69). Este tema merece mayor investigación porque la presión tributaria en la Argentina es más alta y las alícuotas -tanto del IVA como de ganancias- están más cerca de los máximos que de los mínimos internacionales.

 

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