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Memorias de un clima cada vez más impredecible

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Memorias de un clima cada vez más impredecible

Este mes fue el cuarto aniversario de la llegada del Hayian a Filipinas, el súper tifón, el más fuerte que hayan visto jamás en ese país asiático, que hizo estragos al tocar tierra. Hayian, conocido en Filipinas como Yolanda, fue uno de los ciclones tropicales más intensos en la historia moderna que devastó el sureste asiático. Es el más mortífero en la historia de Filipinas, matando a aproximadamente 6.300 personas. También, es el ciclón más intenso en tocar tierra y el segundo más intenso en términos de velocidad de vientos sostenidos en un minuto.

Pero es un caso de los tantos que se dan en el mundo, que sigue sufriendo el impacto de cada vez más frecuentes y distintos eventos climáticos.

Este año hubo inundaciones en Bangladesh, India, Nepal, Vietnam y Estados Unidos, y sequías en Somalia; además de los huracanes Harvey, Irma y María en el Caribe y Estados Unidos y en la segunda semana de este mismo mes, la tormenta Herwart en Alemania, República Checa y Polonia.

Los gobiernos deben cumplir su compromiso y actuar para frenar el cambio climático en todos los frentes, incluso cuando siguen redoblando esfuerzos en la reducción del riesgo de desastres y la mitigación.

Los estados deben atender las pérdidas y los daños asociados a los impactos del cambio climático, relacionados no sólo con eventos climáticos extremos o su rápido desenlace, pero también con los que comienzan lentamente, que son más silenciosos, si no más peligrosos y generalizados, pero también ponen en riesgo la vida, el sustento y los ecosistemas.

Entre ellos se destaca el aumento del nivel del mar y de las temperaturas, la acidificación de los océanos, el retiro de los glaciares y sus consecuencias, la salinización, la degradación de tierras forestal y de labranza, la pérdida de biodiversidad y la desertificación.

La mayoría de las investigaciones publicadas sobre los eventos de comienzo lento fueron realizadas y se concentran en América del Norte, Europa y Australasia. En Asia, sólo un puñado de países como Japón, China, India y Malasia realizaron investigaciones exhaustivas al respecto que incluyeron factores desconcertantes.

En Filipinas, los estudios de tres universidades estatales muestran que la literatura disponible en materia de cambio climático en sus regiones y provincias deja mucho espacio para mejorar. La falta de datos refleja la muerte de las inversiones en la investigación y el trabajo de desarrollo de las universidades y facultades.

Varios factores desconcertantes como el cambio de uso de la tierra y la sobreexplotación de los recursos naturales también dificultan la atribución de muchas de las conclusiones locales al cambio climático.

Además, la mayoría de las investigaciones sobre los eventos de comienzo lento en el mundo fueron realizadas por científicos físicos, con pocos aportes de las ciencias sociales.

Además, para hacer frente de forma holística al riesgo del inicio lento de eventos, otros efectos adversos del cambio climático, y de pérdidas y daños, los gobiernos deben desarrollar no sólo políticas, sino vías para conseguir fondos para el clima, para mejorar el alcance de las iniciativas respaldadas por la ciencia y encabezada a escala local, en particular.

Los países también deben redoblar sus planes de acción climática para no superar el aumento de 1,5 grado centígrado fijado por el Acuerdo de París. Los más vulnerables deben tener la oportunidad de luchar para sobrevivir y prosperar en el marco de eventos climáticos extremos y sus consecuencias debilitantes.

Es una militancia cotidiana, persistente; cuyo éxito depende de grandes inversiones, como también del trabajo silencioso de las ONGs del planeta. Porque cada semana, lo que se muestra, termina por convertirse apenas en memorias de un clima cada vez más impredecible.

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Memorias de un clima cada vez más impredecible

Este mes fue el cuarto aniversario de la llegada del Hayian a Filipinas, el súper tifón, el más fuerte que hayan visto jamás en ese país asiático, que hizo estragos al tocar tierra. Hayian, conocido en Filipinas como Yolanda, fue uno de los ciclones tropicales más intensos en la historia moderna que devastó el sureste asiático. Es el más mortífero en la historia de Filipinas, matando a aproximadamente 6.300 personas. También, es el ciclón más intenso en tocar tierra y el segundo más intenso en términos de velocidad de vientos sostenidos en un minuto.

Pero es un caso de los tantos que se dan en el mundo, que sigue sufriendo el impacto de cada vez más frecuentes y distintos eventos climáticos.

Este año hubo inundaciones en Bangladesh, India, Nepal, Vietnam y Estados Unidos, y sequías en Somalia; además de los huracanes Harvey, Irma y María en el Caribe y Estados Unidos y en la segunda semana de este mismo mes, la tormenta Herwart en Alemania, República Checa y Polonia.

Los gobiernos deben cumplir su compromiso y actuar para frenar el cambio climático en todos los frentes, incluso cuando siguen redoblando esfuerzos en la reducción del riesgo de desastres y la mitigación.

Los estados deben atender las pérdidas y los daños asociados a los impactos del cambio climático, relacionados no sólo con eventos climáticos extremos o su rápido desenlace, pero también con los que comienzan lentamente, que son más silenciosos, si no más peligrosos y generalizados, pero también ponen en riesgo la vida, el sustento y los ecosistemas.

Entre ellos se destaca el aumento del nivel del mar y de las temperaturas, la acidificación de los océanos, el retiro de los glaciares y sus consecuencias, la salinización, la degradación de tierras forestal y de labranza, la pérdida de biodiversidad y la desertificación.

La mayoría de las investigaciones publicadas sobre los eventos de comienzo lento fueron realizadas y se concentran en América del Norte, Europa y Australasia. En Asia, sólo un puñado de países como Japón, China, India y Malasia realizaron investigaciones exhaustivas al respecto que incluyeron factores desconcertantes.

En Filipinas, los estudios de tres universidades estatales muestran que la literatura disponible en materia de cambio climático en sus regiones y provincias deja mucho espacio para mejorar. La falta de datos refleja la muerte de las inversiones en la investigación y el trabajo de desarrollo de las universidades y facultades.

Varios factores desconcertantes como el cambio de uso de la tierra y la sobreexplotación de los recursos naturales también dificultan la atribución de muchas de las conclusiones locales al cambio climático.

Además, la mayoría de las investigaciones sobre los eventos de comienzo lento en el mundo fueron realizadas por científicos físicos, con pocos aportes de las ciencias sociales.

Además, para hacer frente de forma holística al riesgo del inicio lento de eventos, otros efectos adversos del cambio climático, y de pérdidas y daños, los gobiernos deben desarrollar no sólo políticas, sino vías para conseguir fondos para el clima, para mejorar el alcance de las iniciativas respaldadas por la ciencia y encabezada a escala local, en particular.

Los países también deben redoblar sus planes de acción climática para no superar el aumento de 1,5 grado centígrado fijado por el Acuerdo de París. Los más vulnerables deben tener la oportunidad de luchar para sobrevivir y prosperar en el marco de eventos climáticos extremos y sus consecuencias debilitantes.

Es una militancia cotidiana, persistente; cuyo éxito depende de grandes inversiones, como también del trabajo silencioso de las ONGs del planeta. Porque cada semana, lo que se muestra, termina por convertirse apenas en memorias de un clima cada vez más impredecible.

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