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En su edición número 17, "Coral del Alma" reunió a lo más selecto de los coros. Hubo homenajes y reconocimientos.

La impostergable cita de los amantes de las canciones a capella tuvo otra celebración con el encuentro “Cantoral San Luis”, que lleva 17 ediciones a viva voz.
En el predio de la Universidad Católica de Cuyo, varios charlaban amenos mientras llegaban más amigos y curiosos.
Adentro, sólo había que afinar el oído y seguir las agradables melodías en el aire. Los ejercicios de entonación de los últimos ensayos eran deliciosos en ese ambiente educativo.
En el auditorio “Santo Tomás Moro”, el grupo organizador, “Coral del Alma”, recibió a dos invitados, la solista Yolanda Porrino y a los cordobeses del Coro Municipal de Santa María de Punilla, y a una agrupación amiga, el coro “Siempre Primavera” del Centro de Jubilados de Juana Koslay.
Precisamente ellos, con bombos y guitarras fueron de un popurrí de zambas (entre ellas "Luna cautiva" y "Zamba de mi esperanza") a “Un millón de amigos” de Roberto Carlos, a “Hace frío ya”, que logró mover cabecitas en sus butacas ayudados en una mezcla del italiano original (Ma che freddo fa) y de español.
La última fue la más emotiva: “Vuela una lágrima” de "Los Nocheros" “a una compañera que no está”, dijo el director Luis Domínguez, guitarrista de "La Cautana".
Pantallitas celestes dominaban a la altura de las cabezas, y a pesar de la normativa de tener los celulares en silencio o apagados, en esa acústica sala varios ringtones compitieron contra las golas entrenadas.

Siguió en la grilla el grupo anfitrión. “Coral del Alma” está dirigido por la mercedina María del Carmen Romero, al frente de 20 varones divididos en cuatro cuerdas vocales que interpretaron un repertorio clásico basado en canciones populares.
En esa jornada cantaron “Chevaliers de la table ronde” (en francés), “Caminito”, y “Alas” de Saúl Bustos, con José Luis Acevedo en la voz solista.
A pedido popular -y fuera de lista- se fueron con “Compañero yo sé tocar” con la directora al piano. Antes de continuar, hubo entrega de premios y reconocimientos a ex camaradas.
Con la sala colmada, todos se mezclaron, los artistas entre amigos y parientes que fueron a verlos, y de vez en cuando se veían claros en las butacas pero eran de los coreutas que estaban en el escenario.
Aunque los adultos podían abanicarse con el programa, algún que otro bebé clamaba a gritos por la libertad y así lograba salir del calor encerrado en la sala.
A continuación, la solista Yolanda Porrino, con un ramo de rosas a sus pies, entonó “Los pájaros perdidos” y “Preludio para el año 3001 (Renaceré)” de Astor Piazzolla, y pudo negociar con el público para cantar otra “pero todos juntos”. Y el auditorio se llenó de distintas tonalidades con “Volver”.
Para el cierre, los cordobeses dirigidos por Alejandro Pittis cantaron “Negro mar”, las rockeras “La vida es una moneda” y “Rasguña las piedras”, después “Prende la vela” y “Tres cantos de dos indios kraos”.
Pittis contó en bambalinas que sus coreutas estaban emocionados, fueron invitados por primera vez “y que no sea la última” bromeó el lungo director, al frente de las 30 voces que mezclan ritmos “y eso genera lindos desafíos”.
La emoción sobrevoló una atmósfera cargada de recuerdos y vivencias, que muchos guardarán en sus corazones pero que todos atesorarán en sus oídos.

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Todas las voces, todas

En su edición número 17, "Coral del Alma" reunió a lo más selecto de los coros. Hubo homenajes y reconocimientos.

Su voz al cielo. Dejó la docencia pero no el oficio: Porrino hizo cantar al auditorio. Foto: Ángel Altavilla.

La impostergable cita de los amantes de las canciones a capella tuvo otra celebración con el encuentro “Cantoral San Luis”, que lleva 17 ediciones a viva voz.
En el predio de la Universidad Católica de Cuyo, varios charlaban amenos mientras llegaban más amigos y curiosos.
Adentro, sólo había que afinar el oído y seguir las agradables melodías en el aire. Los ejercicios de entonación de los últimos ensayos eran deliciosos en ese ambiente educativo.
En el auditorio “Santo Tomás Moro”, el grupo organizador, “Coral del Alma”, recibió a dos invitados, la solista Yolanda Porrino y a los cordobeses del Coro Municipal de Santa María de Punilla, y a una agrupación amiga, el coro “Siempre Primavera” del Centro de Jubilados de Juana Koslay.
Precisamente ellos, con bombos y guitarras fueron de un popurrí de zambas (entre ellas "Luna cautiva" y "Zamba de mi esperanza") a “Un millón de amigos” de Roberto Carlos, a “Hace frío ya”, que logró mover cabecitas en sus butacas ayudados en una mezcla del italiano original (Ma che freddo fa) y de español.
La última fue la más emotiva: “Vuela una lágrima” de "Los Nocheros" “a una compañera que no está”, dijo el director Luis Domínguez, guitarrista de "La Cautana".
Pantallitas celestes dominaban a la altura de las cabezas, y a pesar de la normativa de tener los celulares en silencio o apagados, en esa acústica sala varios ringtones compitieron contra las golas entrenadas.

Siguió en la grilla el grupo anfitrión. “Coral del Alma” está dirigido por la mercedina María del Carmen Romero, al frente de 20 varones divididos en cuatro cuerdas vocales que interpretaron un repertorio clásico basado en canciones populares.
En esa jornada cantaron “Chevaliers de la table ronde” (en francés), “Caminito”, y “Alas” de Saúl Bustos, con José Luis Acevedo en la voz solista.
A pedido popular -y fuera de lista- se fueron con “Compañero yo sé tocar” con la directora al piano. Antes de continuar, hubo entrega de premios y reconocimientos a ex camaradas.
Con la sala colmada, todos se mezclaron, los artistas entre amigos y parientes que fueron a verlos, y de vez en cuando se veían claros en las butacas pero eran de los coreutas que estaban en el escenario.
Aunque los adultos podían abanicarse con el programa, algún que otro bebé clamaba a gritos por la libertad y así lograba salir del calor encerrado en la sala.
A continuación, la solista Yolanda Porrino, con un ramo de rosas a sus pies, entonó “Los pájaros perdidos” y “Preludio para el año 3001 (Renaceré)” de Astor Piazzolla, y pudo negociar con el público para cantar otra “pero todos juntos”. Y el auditorio se llenó de distintas tonalidades con “Volver”.
Para el cierre, los cordobeses dirigidos por Alejandro Pittis cantaron “Negro mar”, las rockeras “La vida es una moneda” y “Rasguña las piedras”, después “Prende la vela” y “Tres cantos de dos indios kraos”.
Pittis contó en bambalinas que sus coreutas estaban emocionados, fueron invitados por primera vez “y que no sea la última” bromeó el lungo director, al frente de las 30 voces que mezclan ritmos “y eso genera lindos desafíos”.
La emoción sobrevoló una atmósfera cargada de recuerdos y vivencias, que muchos guardarán en sus corazones pero que todos atesorarán en sus oídos.

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