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Una ayuda concreta para fomentar el arraigo

Marcelo Dettoni

Los pequeños productores contaron sus necesidades y el Gobierno respondió con kits de acuerdo al sector: infraestructura, animales, baterías, frutales y hasta baños nuevos.

El Plan de Fomento Productivo Rural cumplió dos meses de vida y parece que hiciera mucho más que está impregnando de progreso y bienestar al interior de San Luis. Ya hay unas 700 familias, la mayoría conformada por pequeños productores de subsistencia, que recibieron sus kits de ayuda, sobre un total de 1.875 que se inscribieron en el proyecto que lanzó el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción.

Los desafíos logísticos fueron inmensos, pero el personal que conduce Sergio Freixes, desde los jefes de programa para abajo, lo tomó como algo personal y salió cada día a repartir la ayuda con cualquier condición climática y de caminos. Vale aclarar que no se trata de asistencialismo por el mero hecho de colaborar con "algo". Todo estuvo debidamente planeado, porque los 28 kits se conformaron de acuerdo a lo que dictó un relevamiento previo, en el cual los productores expresaron cuáles eran sus mayores necesidades. Y cada uno está recibiendo lo que pidió para aplicarlo a su explotación específica, sin dinero de por medio, sólo con materiales para usar en el campo.

 

En los relevamientos previos ayudaron mucho los intendentes. Ellos conocen a cada vecino, tienen trato diario y mucha más llegada.

 

Además está claramente apuntado al arraigo rural, a brindar las condiciones de vida indispensables para que nadie se vea empujado por la realidad económica a dejar su pueblo de origen para venir a hacinarse a las grandes ciudades. Por eso entre los kits hay uno que se llama Arraigo, e incluye una batería para la pantalla solar, arreglos en los baños, o bien una heladera o un calefón solar, siempre de acuerdo a la solicitud realizada durante las visitas previas.

Para concretar las entregas resulta fundamental la ayuda de los municipios. Son el intendente y su gente los más capacitados para esa tarea porque conocen la realidad de cada hogar, tienen trato diario con los trabajadores del campo, que confían en ellos. La revista El Campo lo pudo comprobar durante una visita que hizo a Candelaria, donde se pactó una entrega general en el Polideportivo, para ahorrar tiempo y consolidar las raíces del plan, que está dirigido a los más humildes. Fueron 107 productores los que recibieron los kits ese día, y todo fue fruto de un prolijo trabajo previo, ya que en las planillas de control no faltaba nada: estaban los nombres, qué recibiría cada uno y los kits esperaban ordenados a un costado, mientras la gente era llamada a firmar los últimos papeles para poder llevárselos.

Quienes no contaban con un transporte o bien lo que habían pedido excedía la capacidad de sus autos, hubo un compromiso de la Municipalidad local de llevarles a cada uno lo que le correspondía. Servicio puerta a puerta, como el que hacen todos los días los funcionarios bajo el mando del ministro Freixes, con camiones o camionetas, según la carga y la dificultad para acceder a las viviendas.

“Lo mejor que tiene el plan es la diversidad productiva”, dice con una sonrisa Martín Rodríguez, el jefe del Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural, quien se arremanga como cualquiera de su equipo para alcanzar un rollo de alambre, cargar bloques de cemento o llenarse del pasto que despide un fardo de alfalfa seca. Y tiene razón, porque hay para todos los gustos y profesiones.

Quienes eligieron kits de forraje caprino u ovino se llevan 10 fardos de alfalfa y 22 bolsas de alimento balanceado compuesto por pellet de soja, de trigo y de alfalfa, que proporciona fósforo, calcio, hierro y zinc. En estas épocas de lluvias escasas y forraje casi inexistente, es oro en polvo para los criadores.

El forraje bovino también tiene balanceado y fardos y hay otro kit de instalaciones bovinas, que consiste en tres rollos de alambre, 24 varillas y 10 torniquetas para armar nuevos corrales o arreglar los existentes. Los kits para infraestructura dirigidos a criadores de cabras, ovejas y cerdos también son muy completos: 24 varillas de seis hilos, 3 chapas de seis metros, un rollo de alambre de alta resistencia, 6 torniquetas y cuatro postes de 2,20 metros de largo para armar buenos corrales.

Los que optaron por las ponedoras (el mayor número de todos), fueron los primeros en pasar al frente a recibir el kit, sobre todo para evitar que los pollitos sufrieran el calor que caía a plomo en el noroeste. Cargaron con dos rollos de alambrado, dos chapas de seis metros, cuatro postes, un comedero, un bebedero, tres bolsas de alimento para bebés y otras tres para la recría y 15 pollitos, que lucían asustados en las cajas de cartón. “Elegí esto porque es fácil de armar y rápido para empezar a vender huevos o las crías. Es una gran salida laboral”, contó uno de los beneficiarios, ansioso por lanzarse a la comercialización, que muchas veces suele ser el punto débil de los emprendimientos.

 

Tras el paso por Candelaria, las entregas siguieron sin pausa por Nogolí, Villa de la Quebrada, Los Molles, San Jerónimo y Alto Pencoso.

 

“Con buenas intenciones no alcanza, pero nosotros los vamos a ayudar a que puedan vender sus producciones, con contactos, capacitaciones y asistencia permanente”, prometió Rodríguez, quien puso el ejemplo de lo que pasa con el forraje, que suele ser todo un problema en épocas de sequía: “En invierno es común que se queden sin comida para los animales, entonces hay que asesorarlos para que no lleguen al límite, ya sea mejorando las cargas o dividiendo lotes, entre otros recursos”. Ese mismo trabajo están desarrollando en el Departamento Dupuy, el único que no está incluido en el Plan de Fomento. Allí entregan bolsones de semillas megatérmicas porque se trata de una zona donde está la mayor parte de la ganadería de San Luis. Entonces sus productores prefieren contar con Llorón o Digitaria para asegurarse la alimentación de los rodeos.

 Una de las atracciones de la jornada en Candelaria fueron las jaulas de remolque con cerdos y cabras. Quienes habían elegido llevarse un animal, se apostaron desde temprano bien cerquita de ese sector y espiaban entre las maderas para ver cuál era el mejor, según la genética y el ojo avezado de los productores y sus familias. Se notaba que estaban eligiendo de antemano lo que se querían llevar, el problema era si había coincidencias. Fueron los últimos en recibir su kit, pero aguantaron estoicos que se abriera el portón del vehículo. Algunos, más audaces, hasta pusieron la camioneta de culata para primerear al resto, pero el equipo del ministerio se mantuvo inflexible con el orden de entrega predeterminado, lo que provocó alguna que otra discusión que se disipó rápido.

Claro, la mayoría apuntó a los machos, porque son reproductores y transmiten genética, pero debieron conformarse con lo que les tocó, aunque la idea de los organizadores siempre es ser ecuánimes.

Las cabras (se llevaban dos cada uno) son fruto de la cría que hace el Gobierno en el módulo genético de Sol Puntano, y otras las compraron a pequeños productores del Departamento San Martín. Mientras que los cerdos (uno por beneficiario), tuvieron su origen en La Punilla y son Landrace con cruza con razas terminales, para que tengan actitud materna y carnicera.

La diversidad productiva también estuvo expresada en los apicultores, quienes cargaron con tres colmenas y 60 láminas de cera, y en un criador de aves que eligió una incubadora para poder ampliar su negocio. El resto de los beneficiarios se dedicaban a la agricultura en todas sus formas. Así, algunos llevaron un kit hortícola con carretilla, azada, palas (de punta y ancha) y rastrillos; otros el frutícola, que a esos materiales agregaba una docena de árboles entre manzanos, perales, durazneros y damascos, más un rollo de 25 metros de manguera; y los roseros, mayoría en la zona, sobre todo en el paraje San Miguel que está entre Quines y Candelaria, además de plantas recibieron 100 macetas plásticas para diseminar el cultivo.

Segunda etapa

El 30 de octubre comenzó la inscripción para la segunda etapa del Plan de Fomento Productivo Rural. Es una buena oportunidad para aquéllos que se enteraron tarde o no pudieron cumplir con alguno de los requisitos. Estará dirigido, como es habitual, a productores de pequeña escala. Los interesados deben llamar al teléfono de la Autopista de la Información (4452000), interno 3101, o ir personalmente al Edificio Capital (frente al dique Chico), 1º piso, bloque 2 de Terrazas del Portezuelo.

La inscripción no habilita directamente a recibir un kit de ayuda. Una vez finalizadas las entregas de la primera etapa, los equipos del ministerio deberán hacer un nuevo relevamiento para comprobar la realidad de cada familia y conversar con ellas para saber cuáles son los artículos de primera necesidad que necesitan, para volver a armar los kits.

 

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Una ayuda concreta para fomentar el arraigo

Los pequeños productores contaron sus necesidades y el Gobierno respondió con kits de acuerdo al sector: infraestructura, animales, baterías, frutales y hasta baños nuevos.

En equipo. Los funcionarios ayudan con los comederos de pollos.

 

El Plan de Fomento Productivo Rural cumplió dos meses de vida y parece que hiciera mucho más que está impregnando de progreso y bienestar al interior de San Luis. Ya hay unas 700 familias, la mayoría conformada por pequeños productores de subsistencia, que recibieron sus kits de ayuda, sobre un total de 1.875 que se inscribieron en el proyecto que lanzó el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción.

Los desafíos logísticos fueron inmensos, pero el personal que conduce Sergio Freixes, desde los jefes de programa para abajo, lo tomó como algo personal y salió cada día a repartir la ayuda con cualquier condición climática y de caminos. Vale aclarar que no se trata de asistencialismo por el mero hecho de colaborar con "algo". Todo estuvo debidamente planeado, porque los 28 kits se conformaron de acuerdo a lo que dictó un relevamiento previo, en el cual los productores expresaron cuáles eran sus mayores necesidades. Y cada uno está recibiendo lo que pidió para aplicarlo a su explotación específica, sin dinero de por medio, sólo con materiales para usar en el campo.

 

En los relevamientos previos ayudaron mucho los intendentes. Ellos conocen a cada vecino, tienen trato diario y mucha más llegada.

 

Además está claramente apuntado al arraigo rural, a brindar las condiciones de vida indispensables para que nadie se vea empujado por la realidad económica a dejar su pueblo de origen para venir a hacinarse a las grandes ciudades. Por eso entre los kits hay uno que se llama Arraigo, e incluye una batería para la pantalla solar, arreglos en los baños, o bien una heladera o un calefón solar, siempre de acuerdo a la solicitud realizada durante las visitas previas.

Para concretar las entregas resulta fundamental la ayuda de los municipios. Son el intendente y su gente los más capacitados para esa tarea porque conocen la realidad de cada hogar, tienen trato diario con los trabajadores del campo, que confían en ellos. La revista El Campo lo pudo comprobar durante una visita que hizo a Candelaria, donde se pactó una entrega general en el Polideportivo, para ahorrar tiempo y consolidar las raíces del plan, que está dirigido a los más humildes. Fueron 107 productores los que recibieron los kits ese día, y todo fue fruto de un prolijo trabajo previo, ya que en las planillas de control no faltaba nada: estaban los nombres, qué recibiría cada uno y los kits esperaban ordenados a un costado, mientras la gente era llamada a firmar los últimos papeles para poder llevárselos.

Quienes no contaban con un transporte o bien lo que habían pedido excedía la capacidad de sus autos, hubo un compromiso de la Municipalidad local de llevarles a cada uno lo que le correspondía. Servicio puerta a puerta, como el que hacen todos los días los funcionarios bajo el mando del ministro Freixes, con camiones o camionetas, según la carga y la dificultad para acceder a las viviendas.

“Lo mejor que tiene el plan es la diversidad productiva”, dice con una sonrisa Martín Rodríguez, el jefe del Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural, quien se arremanga como cualquiera de su equipo para alcanzar un rollo de alambre, cargar bloques de cemento o llenarse del pasto que despide un fardo de alfalfa seca. Y tiene razón, porque hay para todos los gustos y profesiones.

Quienes eligieron kits de forraje caprino u ovino se llevan 10 fardos de alfalfa y 22 bolsas de alimento balanceado compuesto por pellet de soja, de trigo y de alfalfa, que proporciona fósforo, calcio, hierro y zinc. En estas épocas de lluvias escasas y forraje casi inexistente, es oro en polvo para los criadores.

El forraje bovino también tiene balanceado y fardos y hay otro kit de instalaciones bovinas, que consiste en tres rollos de alambre, 24 varillas y 10 torniquetas para armar nuevos corrales o arreglar los existentes. Los kits para infraestructura dirigidos a criadores de cabras, ovejas y cerdos también son muy completos: 24 varillas de seis hilos, 3 chapas de seis metros, un rollo de alambre de alta resistencia, 6 torniquetas y cuatro postes de 2,20 metros de largo para armar buenos corrales.

Los que optaron por las ponedoras (el mayor número de todos), fueron los primeros en pasar al frente a recibir el kit, sobre todo para evitar que los pollitos sufrieran el calor que caía a plomo en el noroeste. Cargaron con dos rollos de alambrado, dos chapas de seis metros, cuatro postes, un comedero, un bebedero, tres bolsas de alimento para bebés y otras tres para la recría y 15 pollitos, que lucían asustados en las cajas de cartón. “Elegí esto porque es fácil de armar y rápido para empezar a vender huevos o las crías. Es una gran salida laboral”, contó uno de los beneficiarios, ansioso por lanzarse a la comercialización, que muchas veces suele ser el punto débil de los emprendimientos.

 

Tras el paso por Candelaria, las entregas siguieron sin pausa por Nogolí, Villa de la Quebrada, Los Molles, San Jerónimo y Alto Pencoso.

 

“Con buenas intenciones no alcanza, pero nosotros los vamos a ayudar a que puedan vender sus producciones, con contactos, capacitaciones y asistencia permanente”, prometió Rodríguez, quien puso el ejemplo de lo que pasa con el forraje, que suele ser todo un problema en épocas de sequía: “En invierno es común que se queden sin comida para los animales, entonces hay que asesorarlos para que no lleguen al límite, ya sea mejorando las cargas o dividiendo lotes, entre otros recursos”. Ese mismo trabajo están desarrollando en el Departamento Dupuy, el único que no está incluido en el Plan de Fomento. Allí entregan bolsones de semillas megatérmicas porque se trata de una zona donde está la mayor parte de la ganadería de San Luis. Entonces sus productores prefieren contar con Llorón o Digitaria para asegurarse la alimentación de los rodeos.

 Una de las atracciones de la jornada en Candelaria fueron las jaulas de remolque con cerdos y cabras. Quienes habían elegido llevarse un animal, se apostaron desde temprano bien cerquita de ese sector y espiaban entre las maderas para ver cuál era el mejor, según la genética y el ojo avezado de los productores y sus familias. Se notaba que estaban eligiendo de antemano lo que se querían llevar, el problema era si había coincidencias. Fueron los últimos en recibir su kit, pero aguantaron estoicos que se abriera el portón del vehículo. Algunos, más audaces, hasta pusieron la camioneta de culata para primerear al resto, pero el equipo del ministerio se mantuvo inflexible con el orden de entrega predeterminado, lo que provocó alguna que otra discusión que se disipó rápido.

Claro, la mayoría apuntó a los machos, porque son reproductores y transmiten genética, pero debieron conformarse con lo que les tocó, aunque la idea de los organizadores siempre es ser ecuánimes.

Las cabras (se llevaban dos cada uno) son fruto de la cría que hace el Gobierno en el módulo genético de Sol Puntano, y otras las compraron a pequeños productores del Departamento San Martín. Mientras que los cerdos (uno por beneficiario), tuvieron su origen en La Punilla y son Landrace con cruza con razas terminales, para que tengan actitud materna y carnicera.

La diversidad productiva también estuvo expresada en los apicultores, quienes cargaron con tres colmenas y 60 láminas de cera, y en un criador de aves que eligió una incubadora para poder ampliar su negocio. El resto de los beneficiarios se dedicaban a la agricultura en todas sus formas. Así, algunos llevaron un kit hortícola con carretilla, azada, palas (de punta y ancha) y rastrillos; otros el frutícola, que a esos materiales agregaba una docena de árboles entre manzanos, perales, durazneros y damascos, más un rollo de 25 metros de manguera; y los roseros, mayoría en la zona, sobre todo en el paraje San Miguel que está entre Quines y Candelaria, además de plantas recibieron 100 macetas plásticas para diseminar el cultivo.

Segunda etapa

El 30 de octubre comenzó la inscripción para la segunda etapa del Plan de Fomento Productivo Rural. Es una buena oportunidad para aquéllos que se enteraron tarde o no pudieron cumplir con alguno de los requisitos. Estará dirigido, como es habitual, a productores de pequeña escala. Los interesados deben llamar al teléfono de la Autopista de la Información (4452000), interno 3101, o ir personalmente al Edificio Capital (frente al dique Chico), 1º piso, bloque 2 de Terrazas del Portezuelo.

La inscripción no habilita directamente a recibir un kit de ayuda. Una vez finalizadas las entregas de la primera etapa, los equipos del ministerio deberán hacer un nuevo relevamiento para comprobar la realidad de cada familia y conversar con ellas para saber cuáles son los artículos de primera necesidad que necesitan, para volver a armar los kits.

 

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