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Un productor que siempre ve un poco más allá

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Un productor que siempre ve un poco más allá

Juan Luna

Un santafesino en Liborio Luna, está convencido de que la tecnología está al servicio del campo, el dueño de la estancia "Mi Sueño" instaló riego para aumentar sus rindes, construyó un feedlot para 800 vacunos y producirá energía para autoabastecerse.

Con el brazo recostado en la ventanilla de su camioneta, Daniel Lusich recorre los lotes de su campo en Liborio Luna. Se detiene cada tanto y baja a mirar de cerca los rastrojos dorados que quedaron del mar de maíz y soja que cosechó hace muy poco. Retoma su camino y llega hasta los corrales, donde intercambia miradas con los terneros que allí se alimentan. Cuando ve ese coqueto establecimiento que puso de pie casi desde cero se muestra satisfecho, pero no se conforma del todo. Busca, con ansias, la manera de crecer aún más, todos los días.

Es que en su historial como productor agropecuario, el propietario de la estancia "Mi sueño" siempre intentó ir un paso más allá. Con una visión empresarial muy lúcida, introdujo la tecnología necesaria para mejorar los rendimientos y la rentabilidad de esas tierras a las que tantas horas les dedica.

Santafesino de nacimiento, puntano por adopción, le abrió las puertas a la revista El Campo para mostrar cómo convirtió un antiguo y descuidado campo de monte en una moderna estancia donde convive la agricultura bajo riego con un renovado feedlot, y donde asoma un proyecto ambicioso: la generación de biodiésel para autoabastecerse de energía.

A diferencia de muchos hombres que ponen sus fichas en los diferentes negocios del agro, su relación con el campo no es consecuencia de una herencia ni una tradición familiar. Nació en Rufino, provincia de Santa Fe, y llegó a San Luis apenas con 17 años para estudiar la carrera de Bioquímica. Cuando cumplió su misión y se licenció, se radicó definitivamente en la capital puntana para dedicarse a su profesión.

Pero mientras ejercía en el laboratorio, comenzó a adquirir hacienda. "Siempre lo vi como una inversión, la forma de tener un patrimonio, y también un poco por gusto, porque es algo que me llamaba la atención", explicó, instalado en la oficina que tiene en su estancia. Fue así que en 1997, motivado por los vientos favorables que veía en el negocio, se metió de lleno en un proyecto agropecuario. Junto a un socio adquirieron tierras en Fraga, en las que intercalaron la agricultura con la ganadería y donde Lusich aprendió a amar el campo y a convertirse en un productor exitoso.

Cinco años más tarde, en el 2002, Daniel compró la otra mitad de la sociedad y continuó solo su emprendimiento. Para ello, admitió, fue indispensable formarse. “Ésta es una actividad que te atrapa mucho. Tiene sus sabores y sus sinsabores. Yo me tuve que capacitar y contratar asesores para poder crecer. Cursé una maestría en Agronegocios y dejé la bioquímica para dedicarme completamente al campo”, recordó.

 

Agua para crecer

Lejos de conformarse con lo que había conseguido, el santafesino devenido en sanluiseño, tenía otra idea entre manos. “Yo buscaba un campo que tuviera agua subterránea porque quería poner equipos de riego”, confesó. Es que la vulnerabilidad de los suelos en la provincia y la variabilidad que hay en los registros de precipitaciones son dos de los principales obstáculos con los que se enfrentan los trabajadores rurales a la hora de hacer producciones intensivas en el semiárido puntano.

Lusich vendió el campo de Fraga y encontró tierras acordes a sus pretensiones en Liborio Luna, en 2004. Pero tuvo que transformarlas completamente para poder cumplir la meta propuesta. La estancia "Mi sueño" tiene 550 hectáreas y cuando el productor se hizo cargo de ellas, lucían totalmente distintas a su aspecto actual. “Estaban bastante abandonadas, se usaban más que nada para cría porque había bastante monte. Nosotros transformamos este lugar en agrícola, coincidentemente con el momento en el que la ganadería había bajado su rentabilidad y el boom de la agricultura era muy fuerte", apuntó.

No son muchos los establecimientos que cuentan con sistema de riego. Por lo general están en manos de empresas de mayor envergadura, que poseen una infraestructura de negocios mucho más grande que la que tiene Lusich con su firma "Los Estribos", de carácter mucho más familiar. Pero el productor supo ver la ecuación a largo plazo.

“Yo pasé los vaivenes climáticos. Años en los que llovía mucho, otros en los que llovía menos. Y habiendo potencialidad de agua, soy un convencido de que el riego no te hace ganar más plata pero te ayuda a estabilizar la producción, independientemente de que como recurso se tiene que pagar por sí mismo”, señaló.

Y como buen emprendedor, tomó una decisión y la concretó. En 2006 puso el primer equipo de riego. "Fuimos aprendiendo a regar, que era toda una cuestión nueva a la que había que agarrarle la mano. Para eso tuve la ayuda de varios asesores", contó. Dos años después compró otro aparato igual para aumentar la superficie y completar 360 hectáreas cubiertas con aspersión.

Ahora, quien ingresa a "Mi Sueño" se encuentra con una primera postal compuesta por unos modernos equipamientos que se abren paso por las chacras cultivadas. Son gigantes de acero de unos 50 metros de largo, que mueven sus torres con aspersores para desparramar el agua por todo el lote. Esta tecnología, llamada "riego por pivote", capta el agua subterránea a través de perforaciones que llegan hasta cien metros de profundidad. Cuentan con un sistema operativo que se programa para que las tuberías se muevan y lleven el líquido a toda la superficie. Para eso, el productor tiene armado un esquema de rotaciones que asegura un riego parejo y homogéneo entre las parcelas.

Los rindes que hoy posee el campo parecen darle la razón a su propietario. Con la ayuda del agua, pasó de un promedio de 20 quintales de soja por temporada a duplicar su rendimiento y lograr entre 40 y 45 quintales aproximadamente. Y elevó la media de 50 quintales de maíz, que es la que predomina en la zona, hasta tener una cosecha estable de 100, con las mismas cantidades de tierra, lo que claramente muestra una optimización y un aprovechamiento integral de sus recursos.

Por supuesto que la producción bajo un sistema de riego tiene una variable extra a considerar a la hora de calcular las ganancias: el costo de la energía para poner en funcionamiento la maquinaria. Pero Lusich asegura que sus rindes actuales le permiten recuperar esa inversión y tener una rentabilidad estabilizada, que no depende exclusivamente de si hay buenos registros de lluvia en la campaña.

No siempre es fácil afrontar una inversión pensada para obtener beneficios que recién se verán en el largo plazo. El productor califica esas “hazañas” que lo distinguen como “decisiones empresarias”. Y aseguró que no tener una tradición familiar ligada al campo, si bien es un déficit en algunos conocimientos, es una ventaja a la hora de decidir qué hacer con las tierras.

“Para mí el campo es una empresa, no es una actividad tradicional. Más allá del folclore del campo, que lo acompaño y me gusta, no deja de ser una fuente de ingresos. Por eso, una cosa es seguir las costumbres rurales y otra cosa es atarse a viejas estructuras de manejo", arrancó. Y completó la idea: "Si bien, en estos diez o doce años, se revolucionó el agro, con la incorporación de nuevos asesores, materiales genéticos, insumos y estrategias que han transformado la producción, todavía no hay una decisión de los pequeños y medianos productores de incorporar tecnología y dar un salto de calidad. Las grandes empresas sí lo saben ver".

 

Entre la siembra y las vacas

Las mismas razones son las que llevaron a Daniel a adaptarse a los vaivenes de la economía y hacerse fuerte contra las adversidades que le tocó sufrir al negocio agropecuario.

Por eso cuando el boom agrícola fue muy fuerte, dejó la hacienda de lado y se dedico de lleno a la siembra, pese a que admite que la ganadería es lo que más lo atrapa y entretiene. “Entre 2006 y 2015 alquilábamos campos vecinos para sembrar. Llegamos a tener casi 2.000 hectáreas con cultivos. Pero cuando el negocio agrícola empezó a caer en rentabilidad, decidimos dejar los campos arrendados y quedarnos sólo con el propio”, contó.

Tras ese bajón en el mercado de los granos, comenzó a retomar la actividad ganadera con un pequeño rodeo de cría, más por gusto que en la búsqueda de ganancias, porque sostiene que ese tipo de categoría no es la ideal para un campo como el suyo, que es más apto para producciones intensivas.

Sin embargo, el año pasado armó nuevas instalaciones en un extremo de sus dominios y empezó a desarrollar un feedlot con capacidad para 800 animales. Así, dio el paso firme en su regreso al negocio de las vacas con un sistema de recría y terminación a corral.

El productor compra terneros de diferentes razas y, con una dieta armada con granos de su propia cosecha, les agrega peso. Una cría que ingresa aproximadamente con 200 kilos, sale con entre 300 y 350, para luego ser vendida de forma directa en el mercado de consumo interno.

Hasta el momento cuenta con un número estable de 600 cabezas, pero tiene la intención de ampliar esa cifra hasta completar la capacidad de sus corrales.

Pero eso no es todo, su proyecto es construir más instalaciones en forma de "espejo" al lado de las que ya tiene, y duplicar su producción para llegar a tener unos 1.500 vacunos en engorde.

Es que a partir de 2016, Lusich tomó otra de sus decisiones importantes: “Todo lo que se produzca acá tiene que pasar de una u otra forma por algún proceso de transformación”, sentenció. Por eso el maíz que cultiva durante el verano es destinado, picado o en grano, para las dietas de los animales o ensilado para almacenarlo. En invierno, a través de la siembra aérea realiza verdeos que sirven como cobertura de los lotes cosechados, para que no queden desnudos y evitar las voladuras de la tierra. Pero también sirve para forraje de algunas categorías de su rodeo.

La soja, el otro gran cultivo del campo, empezará a ser convertido en expeller y en combustible. Hace muy pocos días llegó al establecimiento el "juguete" nuevo que todos esperaban: una planta de biodiésel.

Con su más reciente inversión, Daniel dio un nuevo paso adelante, una estrategia anticipada a uno de los problemas que padecen muchos campos: la falta de energía. Es que con el equipamiento que adquirió, generará el combustible que necesita para alimentar sus aparatos de riego, tendrá una solución sustentable para disminuir sus costos de producción y será una forma más de darle valor a su materia prima.

Mientras cuenta el proyecto que está en plena ejecución, ya baraja otro paquete de ideas para darle más provecho aún a su tecnología y su producción. "Pero para eso todavía falta", se frena a sí mismo. Porque también es necesaria la calma, para quien siempre mira un poco más allá.

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Un productor que siempre ve un poco más allá

Un santafesino en Liborio Luna, está convencido de que la tecnología está al servicio del campo, el dueño de la estancia "Mi Sueño" instaló riego para aumentar sus rindes, construyó un feedlot para 800 vacunos y producirá energía para autoabastecerse.

De negocios y pasiones. Aunque admite que lo que más lo atrae es la ganadería, cuando tuvo que volcarse a la agricultura, no dudó.

 

Con el brazo recostado en la ventanilla de su camioneta, Daniel Lusich recorre los lotes de su campo en Liborio Luna. Se detiene cada tanto y baja a mirar de cerca los rastrojos dorados que quedaron del mar de maíz y soja que cosechó hace muy poco. Retoma su camino y llega hasta los corrales, donde intercambia miradas con los terneros que allí se alimentan. Cuando ve ese coqueto establecimiento que puso de pie casi desde cero se muestra satisfecho, pero no se conforma del todo. Busca, con ansias, la manera de crecer aún más, todos los días.

Es que en su historial como productor agropecuario, el propietario de la estancia "Mi sueño" siempre intentó ir un paso más allá. Con una visión empresarial muy lúcida, introdujo la tecnología necesaria para mejorar los rendimientos y la rentabilidad de esas tierras a las que tantas horas les dedica.

Santafesino de nacimiento, puntano por adopción, le abrió las puertas a la revista El Campo para mostrar cómo convirtió un antiguo y descuidado campo de monte en una moderna estancia donde convive la agricultura bajo riego con un renovado feedlot, y donde asoma un proyecto ambicioso: la generación de biodiésel para autoabastecerse de energía.

A diferencia de muchos hombres que ponen sus fichas en los diferentes negocios del agro, su relación con el campo no es consecuencia de una herencia ni una tradición familiar. Nació en Rufino, provincia de Santa Fe, y llegó a San Luis apenas con 17 años para estudiar la carrera de Bioquímica. Cuando cumplió su misión y se licenció, se radicó definitivamente en la capital puntana para dedicarse a su profesión.

Pero mientras ejercía en el laboratorio, comenzó a adquirir hacienda. "Siempre lo vi como una inversión, la forma de tener un patrimonio, y también un poco por gusto, porque es algo que me llamaba la atención", explicó, instalado en la oficina que tiene en su estancia. Fue así que en 1997, motivado por los vientos favorables que veía en el negocio, se metió de lleno en un proyecto agropecuario. Junto a un socio adquirieron tierras en Fraga, en las que intercalaron la agricultura con la ganadería y donde Lusich aprendió a amar el campo y a convertirse en un productor exitoso.

Cinco años más tarde, en el 2002, Daniel compró la otra mitad de la sociedad y continuó solo su emprendimiento. Para ello, admitió, fue indispensable formarse. “Ésta es una actividad que te atrapa mucho. Tiene sus sabores y sus sinsabores. Yo me tuve que capacitar y contratar asesores para poder crecer. Cursé una maestría en Agronegocios y dejé la bioquímica para dedicarme completamente al campo”, recordó.

 

Agua para crecer

Lejos de conformarse con lo que había conseguido, el santafesino devenido en sanluiseño, tenía otra idea entre manos. “Yo buscaba un campo que tuviera agua subterránea porque quería poner equipos de riego”, confesó. Es que la vulnerabilidad de los suelos en la provincia y la variabilidad que hay en los registros de precipitaciones son dos de los principales obstáculos con los que se enfrentan los trabajadores rurales a la hora de hacer producciones intensivas en el semiárido puntano.

Lusich vendió el campo de Fraga y encontró tierras acordes a sus pretensiones en Liborio Luna, en 2004. Pero tuvo que transformarlas completamente para poder cumplir la meta propuesta. La estancia "Mi sueño" tiene 550 hectáreas y cuando el productor se hizo cargo de ellas, lucían totalmente distintas a su aspecto actual. “Estaban bastante abandonadas, se usaban más que nada para cría porque había bastante monte. Nosotros transformamos este lugar en agrícola, coincidentemente con el momento en el que la ganadería había bajado su rentabilidad y el boom de la agricultura era muy fuerte", apuntó.

No son muchos los establecimientos que cuentan con sistema de riego. Por lo general están en manos de empresas de mayor envergadura, que poseen una infraestructura de negocios mucho más grande que la que tiene Lusich con su firma "Los Estribos", de carácter mucho más familiar. Pero el productor supo ver la ecuación a largo plazo.

“Yo pasé los vaivenes climáticos. Años en los que llovía mucho, otros en los que llovía menos. Y habiendo potencialidad de agua, soy un convencido de que el riego no te hace ganar más plata pero te ayuda a estabilizar la producción, independientemente de que como recurso se tiene que pagar por sí mismo”, señaló.

Y como buen emprendedor, tomó una decisión y la concretó. En 2006 puso el primer equipo de riego. "Fuimos aprendiendo a regar, que era toda una cuestión nueva a la que había que agarrarle la mano. Para eso tuve la ayuda de varios asesores", contó. Dos años después compró otro aparato igual para aumentar la superficie y completar 360 hectáreas cubiertas con aspersión.

Ahora, quien ingresa a "Mi Sueño" se encuentra con una primera postal compuesta por unos modernos equipamientos que se abren paso por las chacras cultivadas. Son gigantes de acero de unos 50 metros de largo, que mueven sus torres con aspersores para desparramar el agua por todo el lote. Esta tecnología, llamada "riego por pivote", capta el agua subterránea a través de perforaciones que llegan hasta cien metros de profundidad. Cuentan con un sistema operativo que se programa para que las tuberías se muevan y lleven el líquido a toda la superficie. Para eso, el productor tiene armado un esquema de rotaciones que asegura un riego parejo y homogéneo entre las parcelas.

Los rindes que hoy posee el campo parecen darle la razón a su propietario. Con la ayuda del agua, pasó de un promedio de 20 quintales de soja por temporada a duplicar su rendimiento y lograr entre 40 y 45 quintales aproximadamente. Y elevó la media de 50 quintales de maíz, que es la que predomina en la zona, hasta tener una cosecha estable de 100, con las mismas cantidades de tierra, lo que claramente muestra una optimización y un aprovechamiento integral de sus recursos.

Por supuesto que la producción bajo un sistema de riego tiene una variable extra a considerar a la hora de calcular las ganancias: el costo de la energía para poner en funcionamiento la maquinaria. Pero Lusich asegura que sus rindes actuales le permiten recuperar esa inversión y tener una rentabilidad estabilizada, que no depende exclusivamente de si hay buenos registros de lluvia en la campaña.

No siempre es fácil afrontar una inversión pensada para obtener beneficios que recién se verán en el largo plazo. El productor califica esas “hazañas” que lo distinguen como “decisiones empresarias”. Y aseguró que no tener una tradición familiar ligada al campo, si bien es un déficit en algunos conocimientos, es una ventaja a la hora de decidir qué hacer con las tierras.

“Para mí el campo es una empresa, no es una actividad tradicional. Más allá del folclore del campo, que lo acompaño y me gusta, no deja de ser una fuente de ingresos. Por eso, una cosa es seguir las costumbres rurales y otra cosa es atarse a viejas estructuras de manejo", arrancó. Y completó la idea: "Si bien, en estos diez o doce años, se revolucionó el agro, con la incorporación de nuevos asesores, materiales genéticos, insumos y estrategias que han transformado la producción, todavía no hay una decisión de los pequeños y medianos productores de incorporar tecnología y dar un salto de calidad. Las grandes empresas sí lo saben ver".

 

Entre la siembra y las vacas

Las mismas razones son las que llevaron a Daniel a adaptarse a los vaivenes de la economía y hacerse fuerte contra las adversidades que le tocó sufrir al negocio agropecuario.

Por eso cuando el boom agrícola fue muy fuerte, dejó la hacienda de lado y se dedico de lleno a la siembra, pese a que admite que la ganadería es lo que más lo atrapa y entretiene. “Entre 2006 y 2015 alquilábamos campos vecinos para sembrar. Llegamos a tener casi 2.000 hectáreas con cultivos. Pero cuando el negocio agrícola empezó a caer en rentabilidad, decidimos dejar los campos arrendados y quedarnos sólo con el propio”, contó.

Tras ese bajón en el mercado de los granos, comenzó a retomar la actividad ganadera con un pequeño rodeo de cría, más por gusto que en la búsqueda de ganancias, porque sostiene que ese tipo de categoría no es la ideal para un campo como el suyo, que es más apto para producciones intensivas.

Sin embargo, el año pasado armó nuevas instalaciones en un extremo de sus dominios y empezó a desarrollar un feedlot con capacidad para 800 animales. Así, dio el paso firme en su regreso al negocio de las vacas con un sistema de recría y terminación a corral.

El productor compra terneros de diferentes razas y, con una dieta armada con granos de su propia cosecha, les agrega peso. Una cría que ingresa aproximadamente con 200 kilos, sale con entre 300 y 350, para luego ser vendida de forma directa en el mercado de consumo interno.

Hasta el momento cuenta con un número estable de 600 cabezas, pero tiene la intención de ampliar esa cifra hasta completar la capacidad de sus corrales.

Pero eso no es todo, su proyecto es construir más instalaciones en forma de "espejo" al lado de las que ya tiene, y duplicar su producción para llegar a tener unos 1.500 vacunos en engorde.

Es que a partir de 2016, Lusich tomó otra de sus decisiones importantes: “Todo lo que se produzca acá tiene que pasar de una u otra forma por algún proceso de transformación”, sentenció. Por eso el maíz que cultiva durante el verano es destinado, picado o en grano, para las dietas de los animales o ensilado para almacenarlo. En invierno, a través de la siembra aérea realiza verdeos que sirven como cobertura de los lotes cosechados, para que no queden desnudos y evitar las voladuras de la tierra. Pero también sirve para forraje de algunas categorías de su rodeo.

La soja, el otro gran cultivo del campo, empezará a ser convertido en expeller y en combustible. Hace muy pocos días llegó al establecimiento el "juguete" nuevo que todos esperaban: una planta de biodiésel.

Con su más reciente inversión, Daniel dio un nuevo paso adelante, una estrategia anticipada a uno de los problemas que padecen muchos campos: la falta de energía. Es que con el equipamiento que adquirió, generará el combustible que necesita para alimentar sus aparatos de riego, tendrá una solución sustentable para disminuir sus costos de producción y será una forma más de darle valor a su materia prima.

Mientras cuenta el proyecto que está en plena ejecución, ya baraja otro paquete de ideas para darle más provecho aún a su tecnología y su producción. "Pero para eso todavía falta", se frena a sí mismo. Porque también es necesaria la calma, para quien siempre mira un poco más allá.

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