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Se viene el primer tambo robotizado

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Se viene el primer tambo robotizado

Marcelo Dettoni

La firma Puramel lo va a armar en el corredor productivo Quines-Candelaria. Será el primero del país con esta tecnología y permitirá crear 115 nuevos puestos de trabajo.  Las vacas mejoran un 10% su producción de leche con este sistema.

La producción de leche de San Luis orilla los 100 mil litros diarios. Uno solo de sus tambos, el de la empresa Puramel, aporta alrededor de 54 mil, lo que habla a las claras de que es el más importante que tiene la provincia. Con 1.800 vacas en ordeñe, que pasan tres veces por día a dejar su aporte, cada una produce 30 litros diarios en un ambiente en el que reina el orden, la limpieza y todo está dirigido al bienestar del animal.

Los responsables del tambo, ubicado en pleno corredor productivo entre Quines y Candelaria, a la vera de la ruta 79 que un poco más al norte desemboca en la provincia de La Rioja, son conscientes de que solo con un buen trato y mucha protección contra el duro calor del noroeste puntano sacarán lo mejor de cada vaca.

La revista El Campo visitó las instalaciones del tambo de Puramel atraída por una noticia que puede revolucionar la industria lechera ya no sólo de San Luis, sino del país entero. La empresa, propiedad del empresario Aldo Navilli, ya comenzó un delicado proceso que culminará en poco más de un año en la robotización del establecimiento, que se convertiría así en el primero en adoptar esa tecnología de punta en toda la Argentina.

“Es un proyecto integral, que además de la robotización incluye el crecimiento de toda la actividad relacionada con la lechería”, adelanta Sergio Batalla, el gerente del tambo, un hombre con muchísima experiencia, que se capacitó en el exterior y hace más de una década maneja el área dentro de Puramel. “Queremos llegar a las 6.000 vacas en ordeñe sobre un rodeo de 17 mil cabezas totales. Lo podemos lograr con las 2.800 hectáreas de maíz que estamos sembrando en la actualidad”, proyecta Batalla, quien es el guía perfecto durante la excursión al tambo, al que llegamos justo durante un turno de ordeñe.

También acompaña la recorrida por el tambo Federico Lisa, el gerente de producción del grupo empresario, quien viajó especialmente desde Río Cuarto. Él refuerza un concepto básico que tiene Puramel: “Tenemos obsesión por el agregado de valor en origen, todos los movimientos están dirigidos a aprovechar las materias primas que salen de nuestros campos. Por eso en 2010 trajimos la primera desmotadora de algodón de la zona para que el producto no se vaya virgen de la provincia y con el tambo hicimos lo mismo: lo mudamos de Córdoba a San Luis para aprovechar el maíz que sembramos en esta zona”.

El tambo está en su pico estacional de producción, como siempre ocurre en octubre y noviembre. El calor es una de las contras de cualquier establecimiento lechero, pero la amplitud térmica de la región ayuda con sus noches frescas a mitigar los efectos de la temperatura, que sobre todo pega fuerte en las vacas en forma de estrés calórico, que las hace dar menos leche. Es una actividad que requiere de mano de obra intensiva, por lo que fue una bendición para Quines y Candelaria la llegada del tambo, al punto que 58 de los 150 empleados totales que tiene Puramel están concentrados en esa área.

La reproducción la hacen mediante  un servicio estacionado con celo detectado, justamente para evitar los efectos nocivos del calor, en unas 1.600 vacas promedio por año. A las hembras las cuidan como un tesoro porque representan la renovación del plantel, mientras que con los machos hacen una pequeña recría y luego los venden a algún feedlot de la zona o en las ferias como invernada, cuando alcanzan los 180 ó 200 kilos de peso.

La alimentación se basa en un sistema a corral, cuya base es el silo y el grano de maíz, que componen el 50% de la dieta. “Desde el año pasado incorporamos silo de verdeos de invierno, ya sea trigo o avena, porque aportan fibra de alta calidad y además son una excelente cobertura para el suelo. Para lograr una buena digestibilidad hacemos un oreo previo y lo picamos, para tener más materia seca”, contó Batalla, quien dio el detalle completo de la dieta a la que someten a las vacas para mejorar la productividad: “El otro 50% se compone de heno de alfalfa, semillas de algodón, expeller de soja y girasol y un núcleo vitamínico mineral. Como no estamos haciendo soja, ese expeller es lo único que traemos de afuera, a veces de San Luis y otras de Córdoba”.

Mudanza y nuevo comienzo

El tambo se instaló en la provincia en 2012, proveniente de Monte de los Gauchos, una pequeña localidad cordobesa ubicada a 100 kilómetros de Río Cuarto. “Un gran facilitador de esa movida fue Felipe Tomasevich, quien en aquel momento era el ministro del Campo. Nos ayudó con el papeleo para el traslado, porque trajimos en pocas horas 820 vacas en ordeñe y no podíamos perder tiempo. Les sacamos leche antes de salir y había que llegar en no más de ocho horas para poder ordeñarlas de nuevo y evitar que comiencen los problemas con las ubres”, recuerda Lisa.

La idea comenzó a rondarles en 2005, en 2008 hicieron el primer terraplén, una especie de acto fundacional para armar las instalaciones y en 2011, en apenas un año, arrancó y finalizó la obra. En el moderno edificio, que cuenta con oficinas, comedor y vestuarios para el personal, sala de reuniones y un amplio espacio muy fresco para los animales, todo parece desarrollarse sin inconvenientes. Cada empleado sabe lo que tiene que hacer y la mansedumbre de la raza Holando Argentina hace el resto para que la paz sea absoluta mientras extraen la leche que luego le venderán a la firma La Paulina, que destina dos camiones cisterna por día para llevarse el fluido y procesarlo en Córdoba. Junto con las Holando se divisan algunas vacas marrones, son las Jersey que dan una leche con un mayor tenor graso, muy valoradas en algunos países de Europa y en el segmento de consumidores ABC 1 de la Argentina.

El motivo principal de la mudanza del tambo fue aprovechar el maíz que ya crecía en los campos de la zona, pero también están encantados con el trato general que les dio el Gobierno de San Luis. “Es más fácil hablar con un ministro acá, que con el delegado municipal de un paraje de Córdoba”, es la comparación que hizo el gerente de producción para graficar la buena recepción que tiene esta provincia con los inversores. Además, el clima del corredor productivo ayuda al desarrollo agrícola en empresas como la de Navilli, que apuesta fuerte por el riego por pivotes.

Por cuestiones relacionadas con la rotación de cultivos, una costumbre inalterable en Puramel para conservar los suelos y diversificar la producción, a partir de 2018 va a crecer la superficie de maíz, también pensando en la ampliación del tambo a partir de la robotización. Con una celosa organización y muchos medios a disposición, pueden contar con el cereal durante dos ventanas al año, cuando la mayoría apenas si puede sembrar y cosechar una vez durante la campaña.

Por eso ya asoman algunas plantas de un metro de alto que fueron plantadas bien temprano, a fines de agosto, porque el primer picado será cuando esté concluyendo diciembre. “Ahora vendrá la siembra del maíz de segunda, para picar en abril, justo antes de que entren los verdeos de invierno. Los espacios intermedios son muy cortos, pero se puede, sobre todo porque como tenemos riego artificial, los lotes los podemos usar 1,5 veces por año”, explica el encargado del tambo.

Una nueva era

La robotización será un proceso que marcará para siempre a Puramel y a toda la actividad tambera de la Argentina. “Si el objetivo es llegar a los 200 mil litros diarios, que es el doble de lo que hoy produce toda la Provincia de San Luis, necesitamos hacer una inversión en confort animal para ser más eficientes”, define Lisa a la era que se viene. “Vamos a hacer un verdadero spa para las vacas, un all inclusive para que den cada día más leche…”, bromea con sus compañeros este ingeniero agrónomo que conduce los negocios de la empresa desde hace más de una década.

 Es importante destacar que el tambo robotizado será una nueva unidad de negocios, ya que el actual va a seguir en funciones. “El nuevo irá en un anexo dentro de las mismas 42 hectáreas”, agrega Batalla, quien amplió algunas características de innovador proyecto: “Vamos a armar establos con ventilación forzada, un sistema que se denomina 'de túnel ventilado'. Serán galpones de 160 metros de largo por 45 de ancho, con techo de chapa con aislación y una punta abierta, mientras que en la otra van los extractores de aire para generar una corriente. Además, agregaremos ventiladores con rociadores de agua que apuntarán directamente a la vacas, más sensores de temperatura y humedad para tener el ambiente controlado todo el tiempo. La idea es que los animales tengan todo el confort posible y evitar el estrés calórico”.

El sistema de túnel ventilado, que además agrega cama de arena en el piso para ablandar las pisadas, se llama "free stall", cuya traducción del inglés sería "establo libre", porque hace referencia a que las vacas se moverán con total soltura por el galpón. “Las vacas irán voluntariamente a la sala de ordeñe luego de un pequeño entrenamiento que abarcará apenas los primeros días. En la primera etapa de la inversión haremos dos establos como los descriptos, con capacidad para 500 cabezas cada uno, en los que trabajarán ocho robots por galpón”, agrega Batalla.

Hay varios esquemas de robotización, que el equipo profesional de Puramel fue estudiando en el último año antes de decidirse por el que mejor le calzaría a su tambo. “Recorrimos en Estados Unidos algunos tambos que cuentan con la tecnología de las mejores empresas de Suecia, Holanda y Alemania y terminamos decidiéndonos por el sistema 'Milk First', que es de tráfico guiado, porque había otros de tráfico libre que no nos cerraban tanto”, definió el encargado del tambo. Como quedó dicho líneas arriba, el ordeñe es voluntario, pero lo interesante es que las vacas ingresarán por una puerta con cierre electrónico en la cual le leerán el número de caravana, un requisito indispensable para llevar un control de ordeñe sobre cada animal”.

Una vez chequeado, si el robot otorga el permiso de ordeñe pasan al sector y después van al espacio donde recibirán la comida. Si la vaca no tiene permiso, pasa directamente al comedero por otra puerta electrónica y luego tendrá libre circulación para regresar a la zona de descanso. El mismo robot les dará la ración de alimento balanceado, que estará fijada mediante una computadora programada por los encargados del tambo. Ninguna vaca se podrá hacer la "rabona" y evitar el ordeñe: “El sistema las dirigirá hacia allí antes de comer”, advierte Batalla.

Según los cálculos de los especialistas, la robotización permitirá aumentar en un 10% la cantidad de litros de leche por vaca y por día. “El secreto es el confort, si los animales se sienten bien, producen más”, asegura Lisa, quien está involucrado a fondo con el proyecto, por lo que conoce tanto como su gerente de tambo. Y no es para menos, la inversión inicial, sólo para la primera etapa que incluirá dos establos y 16 robots, insumirá 14 millones de dólares, mientras que el proyecto total estará en los 40 millones, ya con 64 robots en funcionamiento.

Sería el primer tambo robotizado de la Argentina, que así igualaría a Chile, que también tiene uno. Y los responsables de Puramel descartan que la tecnología reemplace la mano de obra humana, todo lo contrario: “Es cierto que habrá menos operarios dedicados al ordeñe porque el propio robot mediante rayos infrarrojos ubicará los pezones y hará el trabajo, pero necesitaremos más gente para darles de comer a las vacas y manejar esos robots. Pensamos agregar unas 60 personas al plantel actual, muchos de ellos se dedicarán a buscar las vacas atrasadas que no pasaron por la sala o con ordeñe incompleto, que estarán perfectamente identificadas en las pantallas de las computadoras. Eso sí, deberá ser mano de obra calificada, entrenada por nosotros y por la empresa que finalmente contratemos para armar el tambo, que ofrecerá un servicio completo e incluso asistencia de post- venta”, dice el gerente de producción.

El software es muy completo: almacena diariamente la cantidad de leche que da cada vaca y también indica si es de buena calidad o si detecta algún problema de salud del animal, por ejemplo si la leche viene con algo de sangre o si la producción se cayó más allá de lo normal.

Durante la recorrida por el campo, bajo un sol abrasador, a este cronista le llamó la atención que las vacas estuvieran comiendo en pleno mediodía sin un reparo. El secreto estaba unos centímetros más arriba: un caño de goma con pequeños agujeritos les largaba agua sobre el lomo en forma de fina lluvia de manera rotativa cada treinta metros. Con esos aspersores instalados hace dos años pudieron armar el comedero a cielo abierto. “La ventaja es que así podemos darles una dieta más húmeda, porque en el feedlot tiene que ser seca para que no se fermente”, detalla el gerente del tambo.

Otra escala fue la guachera, donde los terneritos y terneritas llegan apenas 12 horas después de nacer para permitir que las madres vuelvan a destinar su leche a la producción del tambo. “Llegan a la guachera y les damos, para inmunizarlos, 4 litros de calostro que le sacamos a la madre. Las hembras están 9 semanas y luego las derivamos a un piquete colectivo de acostumbramiento para que aprendan a compartir un comedero y a convivir con sus pares. Después hacemos una pequeña recría y la primera inseminación cuando tienen 15 meses, para que puedan parir entre los 24 y los 27 meses. Con los machos hacemos lo mismo hasta el corral de recría, donde los engordamos para la venta”, cuenta Batalla.

Otro de los secretos del éxito del tambo es el gigantesco silo con el que abastecen los comederos. Tapados por un plástico y miles de neumáticos de descarte había en el momento de su conformación 34 millones de kilos del picado para la dieta. Es una pared sólida, compactada con tractores de ocho ruedas, 320 caballos de potencia y 26 toneladas de peso. Tiene 8 metros de altura por 50 de ancho, y se va usando desde los extremos hacia el centro. Se pica con el 35% de materia seca y con él tienen alimento para unos 15 meses.

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El apoyo del gobierno puntano 

Hace unos días, Federico Lisa participó en Terrazas del Portezuelo de una reunión con Sergio Freixes, el ministro de Medio Ambiente, Campo y Producción, y su segundo, Sebastián Lavandeira. La charla giró sobre las habilitaciones que necesita la obra para el nuevo tambo robotizado.

"Le pedimos al ministro ayuda para cumplir con todas las normas provinciales, sobre todo en lo que hace al impacto ambiental que puedan generar los efluentes. Nosotros regamos con los líquidos y fertilizamos con los sólidos, pero queremos tener todo en regla", aseguró el gerente de Producción de Puramel.

Lisa le planteó a Freixes el proyecto del tambo robotizado y también charló con Lucrecia Pedernera Bartolucci, la secretaria de Medio Ambiente, ya que pidió el DIA, (Declaración de Impacto Ambiental) para seguir adelante con las obras previas.

Se viene el primer tambo robotizado

La firma Puramel lo va a armar en el corredor productivo Quines-Candelaria. Será el primero del país con esta tecnología y permitirá crear 115 nuevos puestos de trabajo.  Las vacas mejoran un 10% su producción de leche con este sistema.

La producción de leche de San Luis orilla los 100 mil litros diarios. Uno solo de sus tambos, el de la empresa Puramel, aporta alrededor de 54 mil, lo que habla a las claras de que es el más importante que tiene la provincia. Con 1.800 vacas en ordeñe, que pasan tres veces por día a dejar su aporte, cada una produce 30 litros diarios en un ambiente en el que reina el orden, la limpieza y todo está dirigido al bienestar del animal.

Los responsables del tambo, ubicado en pleno corredor productivo entre Quines y Candelaria, a la vera de la ruta 79 que un poco más al norte desemboca en la provincia de La Rioja, son conscientes de que solo con un buen trato y mucha protección contra el duro calor del noroeste puntano sacarán lo mejor de cada vaca.

La revista El Campo visitó las instalaciones del tambo de Puramel atraída por una noticia que puede revolucionar la industria lechera ya no sólo de San Luis, sino del país entero. La empresa, propiedad del empresario Aldo Navilli, ya comenzó un delicado proceso que culminará en poco más de un año en la robotización del establecimiento, que se convertiría así en el primero en adoptar esa tecnología de punta en toda la Argentina.

“Es un proyecto integral, que además de la robotización incluye el crecimiento de toda la actividad relacionada con la lechería”, adelanta Sergio Batalla, el gerente del tambo, un hombre con muchísima experiencia, que se capacitó en el exterior y hace más de una década maneja el área dentro de Puramel. “Queremos llegar a las 6.000 vacas en ordeñe sobre un rodeo de 17 mil cabezas totales. Lo podemos lograr con las 2.800 hectáreas de maíz que estamos sembrando en la actualidad”, proyecta Batalla, quien es el guía perfecto durante la excursión al tambo, al que llegamos justo durante un turno de ordeñe.

También acompaña la recorrida por el tambo Federico Lisa, el gerente de producción del grupo empresario, quien viajó especialmente desde Río Cuarto. Él refuerza un concepto básico que tiene Puramel: “Tenemos obsesión por el agregado de valor en origen, todos los movimientos están dirigidos a aprovechar las materias primas que salen de nuestros campos. Por eso en 2010 trajimos la primera desmotadora de algodón de la zona para que el producto no se vaya virgen de la provincia y con el tambo hicimos lo mismo: lo mudamos de Córdoba a San Luis para aprovechar el maíz que sembramos en esta zona”.

El tambo está en su pico estacional de producción, como siempre ocurre en octubre y noviembre. El calor es una de las contras de cualquier establecimiento lechero, pero la amplitud térmica de la región ayuda con sus noches frescas a mitigar los efectos de la temperatura, que sobre todo pega fuerte en las vacas en forma de estrés calórico, que las hace dar menos leche. Es una actividad que requiere de mano de obra intensiva, por lo que fue una bendición para Quines y Candelaria la llegada del tambo, al punto que 58 de los 150 empleados totales que tiene Puramel están concentrados en esa área.

La reproducción la hacen mediante  un servicio estacionado con celo detectado, justamente para evitar los efectos nocivos del calor, en unas 1.600 vacas promedio por año. A las hembras las cuidan como un tesoro porque representan la renovación del plantel, mientras que con los machos hacen una pequeña recría y luego los venden a algún feedlot de la zona o en las ferias como invernada, cuando alcanzan los 180 ó 200 kilos de peso.

La alimentación se basa en un sistema a corral, cuya base es el silo y el grano de maíz, que componen el 50% de la dieta. “Desde el año pasado incorporamos silo de verdeos de invierno, ya sea trigo o avena, porque aportan fibra de alta calidad y además son una excelente cobertura para el suelo. Para lograr una buena digestibilidad hacemos un oreo previo y lo picamos, para tener más materia seca”, contó Batalla, quien dio el detalle completo de la dieta a la que someten a las vacas para mejorar la productividad: “El otro 50% se compone de heno de alfalfa, semillas de algodón, expeller de soja y girasol y un núcleo vitamínico mineral. Como no estamos haciendo soja, ese expeller es lo único que traemos de afuera, a veces de San Luis y otras de Córdoba”.

Mudanza y nuevo comienzo

El tambo se instaló en la provincia en 2012, proveniente de Monte de los Gauchos, una pequeña localidad cordobesa ubicada a 100 kilómetros de Río Cuarto. “Un gran facilitador de esa movida fue Felipe Tomasevich, quien en aquel momento era el ministro del Campo. Nos ayudó con el papeleo para el traslado, porque trajimos en pocas horas 820 vacas en ordeñe y no podíamos perder tiempo. Les sacamos leche antes de salir y había que llegar en no más de ocho horas para poder ordeñarlas de nuevo y evitar que comiencen los problemas con las ubres”, recuerda Lisa.

La idea comenzó a rondarles en 2005, en 2008 hicieron el primer terraplén, una especie de acto fundacional para armar las instalaciones y en 2011, en apenas un año, arrancó y finalizó la obra. En el moderno edificio, que cuenta con oficinas, comedor y vestuarios para el personal, sala de reuniones y un amplio espacio muy fresco para los animales, todo parece desarrollarse sin inconvenientes. Cada empleado sabe lo que tiene que hacer y la mansedumbre de la raza Holando Argentina hace el resto para que la paz sea absoluta mientras extraen la leche que luego le venderán a la firma La Paulina, que destina dos camiones cisterna por día para llevarse el fluido y procesarlo en Córdoba. Junto con las Holando se divisan algunas vacas marrones, son las Jersey que dan una leche con un mayor tenor graso, muy valoradas en algunos países de Europa y en el segmento de consumidores ABC 1 de la Argentina.

El motivo principal de la mudanza del tambo fue aprovechar el maíz que ya crecía en los campos de la zona, pero también están encantados con el trato general que les dio el Gobierno de San Luis. “Es más fácil hablar con un ministro acá, que con el delegado municipal de un paraje de Córdoba”, es la comparación que hizo el gerente de producción para graficar la buena recepción que tiene esta provincia con los inversores. Además, el clima del corredor productivo ayuda al desarrollo agrícola en empresas como la de Navilli, que apuesta fuerte por el riego por pivotes.

Por cuestiones relacionadas con la rotación de cultivos, una costumbre inalterable en Puramel para conservar los suelos y diversificar la producción, a partir de 2018 va a crecer la superficie de maíz, también pensando en la ampliación del tambo a partir de la robotización. Con una celosa organización y muchos medios a disposición, pueden contar con el cereal durante dos ventanas al año, cuando la mayoría apenas si puede sembrar y cosechar una vez durante la campaña.

Por eso ya asoman algunas plantas de un metro de alto que fueron plantadas bien temprano, a fines de agosto, porque el primer picado será cuando esté concluyendo diciembre. “Ahora vendrá la siembra del maíz de segunda, para picar en abril, justo antes de que entren los verdeos de invierno. Los espacios intermedios son muy cortos, pero se puede, sobre todo porque como tenemos riego artificial, los lotes los podemos usar 1,5 veces por año”, explica el encargado del tambo.

Una nueva era

La robotización será un proceso que marcará para siempre a Puramel y a toda la actividad tambera de la Argentina. “Si el objetivo es llegar a los 200 mil litros diarios, que es el doble de lo que hoy produce toda la Provincia de San Luis, necesitamos hacer una inversión en confort animal para ser más eficientes”, define Lisa a la era que se viene. “Vamos a hacer un verdadero spa para las vacas, un all inclusive para que den cada día más leche…”, bromea con sus compañeros este ingeniero agrónomo que conduce los negocios de la empresa desde hace más de una década.

 Es importante destacar que el tambo robotizado será una nueva unidad de negocios, ya que el actual va a seguir en funciones. “El nuevo irá en un anexo dentro de las mismas 42 hectáreas”, agrega Batalla, quien amplió algunas características de innovador proyecto: “Vamos a armar establos con ventilación forzada, un sistema que se denomina 'de túnel ventilado'. Serán galpones de 160 metros de largo por 45 de ancho, con techo de chapa con aislación y una punta abierta, mientras que en la otra van los extractores de aire para generar una corriente. Además, agregaremos ventiladores con rociadores de agua que apuntarán directamente a la vacas, más sensores de temperatura y humedad para tener el ambiente controlado todo el tiempo. La idea es que los animales tengan todo el confort posible y evitar el estrés calórico”.

El sistema de túnel ventilado, que además agrega cama de arena en el piso para ablandar las pisadas, se llama "free stall", cuya traducción del inglés sería "establo libre", porque hace referencia a que las vacas se moverán con total soltura por el galpón. “Las vacas irán voluntariamente a la sala de ordeñe luego de un pequeño entrenamiento que abarcará apenas los primeros días. En la primera etapa de la inversión haremos dos establos como los descriptos, con capacidad para 500 cabezas cada uno, en los que trabajarán ocho robots por galpón”, agrega Batalla.

Hay varios esquemas de robotización, que el equipo profesional de Puramel fue estudiando en el último año antes de decidirse por el que mejor le calzaría a su tambo. “Recorrimos en Estados Unidos algunos tambos que cuentan con la tecnología de las mejores empresas de Suecia, Holanda y Alemania y terminamos decidiéndonos por el sistema 'Milk First', que es de tráfico guiado, porque había otros de tráfico libre que no nos cerraban tanto”, definió el encargado del tambo. Como quedó dicho líneas arriba, el ordeñe es voluntario, pero lo interesante es que las vacas ingresarán por una puerta con cierre electrónico en la cual le leerán el número de caravana, un requisito indispensable para llevar un control de ordeñe sobre cada animal”.

Una vez chequeado, si el robot otorga el permiso de ordeñe pasan al sector y después van al espacio donde recibirán la comida. Si la vaca no tiene permiso, pasa directamente al comedero por otra puerta electrónica y luego tendrá libre circulación para regresar a la zona de descanso. El mismo robot les dará la ración de alimento balanceado, que estará fijada mediante una computadora programada por los encargados del tambo. Ninguna vaca se podrá hacer la "rabona" y evitar el ordeñe: “El sistema las dirigirá hacia allí antes de comer”, advierte Batalla.

Según los cálculos de los especialistas, la robotización permitirá aumentar en un 10% la cantidad de litros de leche por vaca y por día. “El secreto es el confort, si los animales se sienten bien, producen más”, asegura Lisa, quien está involucrado a fondo con el proyecto, por lo que conoce tanto como su gerente de tambo. Y no es para menos, la inversión inicial, sólo para la primera etapa que incluirá dos establos y 16 robots, insumirá 14 millones de dólares, mientras que el proyecto total estará en los 40 millones, ya con 64 robots en funcionamiento.

Sería el primer tambo robotizado de la Argentina, que así igualaría a Chile, que también tiene uno. Y los responsables de Puramel descartan que la tecnología reemplace la mano de obra humana, todo lo contrario: “Es cierto que habrá menos operarios dedicados al ordeñe porque el propio robot mediante rayos infrarrojos ubicará los pezones y hará el trabajo, pero necesitaremos más gente para darles de comer a las vacas y manejar esos robots. Pensamos agregar unas 60 personas al plantel actual, muchos de ellos se dedicarán a buscar las vacas atrasadas que no pasaron por la sala o con ordeñe incompleto, que estarán perfectamente identificadas en las pantallas de las computadoras. Eso sí, deberá ser mano de obra calificada, entrenada por nosotros y por la empresa que finalmente contratemos para armar el tambo, que ofrecerá un servicio completo e incluso asistencia de post- venta”, dice el gerente de producción.

El software es muy completo: almacena diariamente la cantidad de leche que da cada vaca y también indica si es de buena calidad o si detecta algún problema de salud del animal, por ejemplo si la leche viene con algo de sangre o si la producción se cayó más allá de lo normal.

Durante la recorrida por el campo, bajo un sol abrasador, a este cronista le llamó la atención que las vacas estuvieran comiendo en pleno mediodía sin un reparo. El secreto estaba unos centímetros más arriba: un caño de goma con pequeños agujeritos les largaba agua sobre el lomo en forma de fina lluvia de manera rotativa cada treinta metros. Con esos aspersores instalados hace dos años pudieron armar el comedero a cielo abierto. “La ventaja es que así podemos darles una dieta más húmeda, porque en el feedlot tiene que ser seca para que no se fermente”, detalla el gerente del tambo.

Otra escala fue la guachera, donde los terneritos y terneritas llegan apenas 12 horas después de nacer para permitir que las madres vuelvan a destinar su leche a la producción del tambo. “Llegan a la guachera y les damos, para inmunizarlos, 4 litros de calostro que le sacamos a la madre. Las hembras están 9 semanas y luego las derivamos a un piquete colectivo de acostumbramiento para que aprendan a compartir un comedero y a convivir con sus pares. Después hacemos una pequeña recría y la primera inseminación cuando tienen 15 meses, para que puedan parir entre los 24 y los 27 meses. Con los machos hacemos lo mismo hasta el corral de recría, donde los engordamos para la venta”, cuenta Batalla.

Otro de los secretos del éxito del tambo es el gigantesco silo con el que abastecen los comederos. Tapados por un plástico y miles de neumáticos de descarte había en el momento de su conformación 34 millones de kilos del picado para la dieta. Es una pared sólida, compactada con tractores de ocho ruedas, 320 caballos de potencia y 26 toneladas de peso. Tiene 8 metros de altura por 50 de ancho, y se va usando desde los extremos hacia el centro. Se pica con el 35% de materia seca y con él tienen alimento para unos 15 meses.

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