Opinión

Biocombustibles: el "cambio" profundiza el retroceso

La Ley Nacional de Biocombustibles, sancionada en el 2006 y reglamentada en 2007, fue tal vez la única política agroindustrial aceptable que dejó el kirchnerismo después de 12 años de gobierno y de 8 de enfrentamiento directo con el campo.

Esta Ley, que obviamente fue sufriendo reformas y adecuaciones conforme se incrementaba la industria y la utilización de estos combustibles renovables, siempre mantuvo reglas claras, consensos entre los beneficiarios y, sobre todo, la previsibilidad de un horizonte claro, limpio y despejado de maniobras que desestabilizarán el negocio.

De esta manera, aquellas empresas que se crearon al calor de esta nueva ley, sabían que el proyecto contemplaba un escenario de certidumbre hasta 2021, plazo en el que licencias, beneficios y demás cuestiones serían revisados. Es decir, el empresariado tenía la posibilidad de invertir a 15 años sin que su negocio corriera riesgo de modificaciones intempestivas y arbitrarias.

Pero todo ese escenario empezó a debilitarse con la asunción de Axel Kicillof en el Ministerio de Economía, y con el nuevo gobierno de Cambiemos pareciera que empieza a derrumbarse cualquier posibilidad de retomar la senda positiva que debiera tener esta agroindustria fundamental para el desarrollo de la Argentina.

En las últimas semanas aparecieron una gran cantidad de problemas que atraviesa el sector, que sobre todo le quitan rentabilidad, le demuelen las expectativas y generan un fuerte impacto en muchos aspectos del agro.

Si por ejemplo se toma una medida concreta contra la exportación de biodiésel, esto no solo va a golpear a las empresas que lo elaboran y lo venden al exterior, también va a impactar hacia atrás en la cadena, en un menor agregado de valor, en la mayor disponibilidad de materia prima (aceite de soja en este caso), en el incremento de la capacidad ociosa de las fábricas, en la pérdida de empleos, en la demora de inversiones, en la economía de los pueblos que rodean a esas fábricas y mucho más.

Lo mismo sucede si este ejercicio lo pensamos para el bioetanol. En este sentido, proponer como alternativa aumentar los derechos de exportación al biodiésel como respuesta a los aranceles impuestos arbitrariamente por los Estados Unidos, que imposibilita el ingreso del biodiésel argentino a ese país, aparece al menos como una medida de irracionalidad tal que significaría “entregar” los beneficios de esta agroindustria argentina en favor de los productores e industriales estadou-nidenses.

Esta alternativa, aun no descartada por el gobierno nacional, sería consecuencia de las propuestas generadas por el Ministerio de la Producción y el de Energía, donde se concentra el lobby antibiocombustibles encabezado por las industrias petrolera y automotriz.

Pero para entender un poco mejor de qué estamos hablando cuando nos referimos al sector de biocombustibles en la Argentina y a su escalada actual de problemas, analizaremos varios puntos centrales de la actualidad del negocio y también realizaremos una especie de mapa histórico del sector.

 

La historia de los biocombustibles en la Argentina

La industria del biodiésel argentino fue la que más rápido y de mejor manera creció a partir del año 2007. Por el lado del mercado externo, el Gobierno sostuvo un tratamiento diferencial en materia de derechos de exportación de la cadena de valor de la soja, a favor de los productos generadores de mayor valor agregado, que obró como espejo a los aranceles de importación crecientes, políticas de subsidios agrícolas y otros incentivos existentes en la Unión Europea y EE.UU., colaborando a la fluidez del comercio internacional. De esta manera, exportar biodiésel es beneficioso desde el punto de vista impositivo, ya que paga un tributo menor a la exportación de poroto de soja.

Por el lado del mercado interno, la mezcla obligatoria de biodiésel con gasoil, mediante el Programa Nacional de Biocombustibles que implementó el Gobierno a partir de 2010, fue lo que impulsó el desarrollo de esta industria verde. La entrada en vigencia de esta ley estableció el corte obligatorio en los siguientes valores:

a)  Desde marzo/abril de 2010: 5%

b)  Desde agosto de 2010: 7%

c)  Desde agosto de 2013: 8%

d)  Desde enero de 2014: 9%

e)  Desde febrero de 2014: 10%

Sobre el recorrido que tuvo la actual Ley de Biocombustibles, el director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, Claudio Molina, explica que “a principios del año 2000 se habían presentado en el Congreso varias iniciativas legislativas, pero una en particular, la propuesta por el ex senador radical Luis Alberto Falcó fue apoyada por el gobierno nacional. Luego de un intenso debate legislativo, dicho proyecto de ley tuvo su primera sanción en el Senado en diciembre de 2004, para luego ser revisada en Diputados en marzo de 2006 y lograr sanción definitiva en el Senado en abril de ese año (Ley Nacional 26.093). La reglamentación llegó de parte del Poder Ejecutivo en febrero de 2007”.

Posteriormente se sancionó la Ley 26.334, que facilitó el ingreso de los ingenios azucareros a la producción de bioetanol, y la Ley 26.942, que modificó el encuadre tributario del biodiésel. Este tipo de normativas por parte del Estado, sumadas a la previsibilidad de un negocio auspicioso, posicionó a la Argentina como uno de los principales productores y exportadores de biodiésel en el mundo. Y abrió un nicho interesante para el bioetanol en el mercado interno.

Según los datos históricos, la industria del biodiésel ocupó hasta 2012 el primer lugar como productor mundial de este combustible en base a aceite de soja. Después, el crecimiento de países como Brasil y Estados Unidos, sumado a algunos factores como los altos derechos de exportación, las medidas antidumping aplicadas por la Unión Europea y la restricción para exportar a España fueron generando una caída en el nivel de actividad de la industria del biodiésel, que igualmente se mantuvo siempre entre el segundo y el tercer lugar como productor mundial.

En números concretos la producción de biodiésel desde la implementación de la Ley Nacional de Biocombustibles en 2007 fue la siguiente:

• En 2008 se produjeron 711.644 tonadas, de las cuales 255 fueron al mercado interno y 690.115 a la exportación.

• En 2009 la producción total fue de 1.179.103 toneladas, con 426 para el mercado local y 1.148.488 para la exportación.

• En 2010, con la ley que establecía el corte obligatorio en 5%, la producción fue de 1,8 millones de toneladas, de las cuales 500 mil fueron destinadas al mercado doméstico y 1,3 millones se vendieron a distintos países del mundo.

• En 2014 se registró un importante pico de producción que alcanzó las 2.584.290 millones de toneladas, con 1,6 millón exportadas especialmente a Estados Unidos, ya que el mercado europeo se encontraba paralizado.

• Después, en 2015, otra vez se registra una caída (se produjeron 1,8 millones de toneladas). Y en 2016 volvió a repuntar, alcanzando el pico máximo de producción hasta el momento con 2.659.275 millones de toneladas, de las cuales 1,03 millón se destinó al mercado interno y 1,62 a la exportación. El mercado que recibió los mayores volúmenes fue EE.UU., cerrado desde mediados de este año.

En cuanto a 2017, los datos oficiales disponibles hasta el momento dan cuenta de un primer semestre con una producción de 1,35 millón de toneladas, de las cuales 564 mil se destinaron al mercado local y 733 mil  la exportación. Estos datos demuestran que el sector de biodiésel se mantenía pujante hasta conocerse la noticia de la imposición de excesivos aranceles por dumping de parte de EE.UU.

Los indicadores de crecimiento del mercado interno evidentemente fueron consecuencia de una política activa de incremento del corte obligatorio y del aumento de la demanda de gasoil, y en consecuencia de una mayor mezcla con biodiésel.

Por el lado del bioetanol, los números concretos demuestran que entre 2009 y 2016 el incremento en la producción pasó de 23.297 metros cúbicos (m3) a 889.948 m3.  En cuanto al desglose de este número final, lo primero que hay que destacar es que hasta 2012, cuando se produjeron poco más de 20.000 m3, no aparecen registros de etanol en base a maíz. La producción en los últimos años se distribuyó de la siguiente manera:

a) En 2014 se produjeron 671.121 m3 de etanol (299.864 en base a caña y 371.257 con maíz).

b) En 2015, de los 815.408 m3 totales, 336.114 fueron de azúcar y 479.264 de maíz.

c) En 2016 fueron 400.109 m3 de bioetanol en base a caña de azúcar y 489.839 m3 en base a maíz, dejando un total de 889.948 m3 de producción nacional.

Respecto de 2017, los últimos datos oficiales alcanzan el primer semestre del año y marcan una producción total de 504.956 m3, de los cuales 242.637 fueron producidos en base a caña de azúcar y el resto, a maíz.

 

La pérdida del mercado norteamericano

Como ya es de público conocimiento, semanas atrás, después de negociaciones fallidas por parte de los funcionarios argentinos del Ministerio de Producción, Cancillería y hasta el propio presidente de la Nación, el gobierno de Estados Unidos, a través del Departamento de Comercio, decidió fijar un arancel de entre 71,45% y 72,28% para la importación de biodiésel argentino. De esta manera, la medida adoptada por EE.UU. dejó a nuestro país sin su principal comprador de este producto y con pérdidas millonarias en ingresos.

En este contexto, el presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio), Luis Zubizarreta, explicó la resolución tomada por EE.UU. y el impacto que tiene en las empresas productoras de biocombustible, en el resto de la cadena y en los ingresos de divisas al país. “La decisión de Estados Unidos nos deja afuera de nuestro principal mercado, es una pésima noticia y va de la mano de un país que se cierra. La verdad es que no hay ninguna justificación razonable a la medida que tomaron” asegura Zubizarreta.

Como destaca el directivo, el “cachetazo” comercial que representa esta medida es muy fuerte para la Argentina y para todo el complejo sojero en su conjunto, porque en definitiva golpea en uno de los productos que más valor agregado tiene, y además va a repercutir en las exportaciones de toda la cadena sojera.

Para entender qué tan importante es el mercado norteamericano de biodiésel para nuestro país hay que ponerlo en relieve. Según Zubizarreta, "representó el año pasado un mercado de alrededor de 1,5 millones de toneladas, con ingresos de más de U$S1.200 millones, lo que significó el 30% del total de las exportaciones argentinas a ese país”. Si miramos los números de exportación total, la realidad marca que del 1.62 millón de toneladas que se exportaron en  2016, casi 1.5 fueron a Estados Unidos.

               

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