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Estudiantes crearon una silla de ruedas eléctrica para un discapacitado

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Estudiantes crearon una silla de ruedas eléctrica para un discapacitado

La fabricaron 15 alumnos del Colegio Nº 9 "Domingo Faustino Sarmiento de San Luis".  El mes que viene se la entregarán a Miguel Sosa para que pueda trabajar sin dificultades. "Sólo restan detalles", aseguran. 

Un  grupo de alumnos de quinto año de la escuela Nº 9 "Domingo Faustino  Sarmiento", ex Industrial, trabajan a sol y sombra para terminar de hacerle los últimos retoques a una silla de ruedas eléctrica. Miguel Sosa, un canillita con problemas motrices,  será el encargado de recibir esta gran ayuda. Martín Muñoz, Nicolás Garay, Bruno Heredia, Enzo López y Leandro Penini, junto a otros 10 alumnos terminarán el 4 de diciembre una etapa que sin duda recordarán por mucho tiempo. “Estamos orgullosos de todo lo que venimos haciendo. Le faltan algunos detalles, pero seguro que la finalizamos y la dejamos lista para que Miguel la pueda empezar a usar”, aseguró Enzo.

El taller del colegio tiene todas las herramientas para que cada uno pueda hacer su tarea tranquilo. De un lado hay grandes máquinas, algunas recién estrenadas. Amoladoras, soldadoras, perforadoras y plegadoras. La escuela está lista para producir lo que los chicos imaginan. Martín, estudiante del área de electromecánica, se animó a detallar, un poco nervioso,  cómo fue el paso a paso. “Empezamos hace un mes. El profesor reunió a todo el curso y nos contó de esta gran idea. Al principio nos sorprendió, pero después nos entusiasmamos. Era la primera vez que trabajábamos en algo tan grande y por una buena causa”, manifestó.

Sus ojos azules expresaban la alegría de poder ver el producto casi terminado. Con las manos apoyadas en su cintura, se mostraba ansioso. Se tomó unos segundos, respiró y con una pequeña sonrisa continuó. “La base de todo es la organización. Nos dividieron en tres aéreas: gestión, que eran los encargados de buscar todos los materiales para poder trabajar. Otros estaban en la parte de diseño que armaron el dibujo de la silla y sobre la marcha pulían detalles. Por último está nuestro aporte, que somos los responsables de soldar cada una de las piezas y dejarla lista para su funcionamiento”, detalló.

Todos estaban ansiosos, querían sentir el leve ruido del motor. Enzo fue el que tomó la posta y se subió a la silla para probar la silla de ruedas. Salió con cuidado. Las expresiones de asombro y emoción eran las que sobraban en este grupo de jóvenes que con tanto esfuerzo y dedicación habían logrado su cometido.

“Trabajamos muy duro para conseguir estos resultados. Venimos martes y viernes. Pasamos largas horas entre hierros, ruedas y pinzas. Es hermosa la satisfacción que se siente”, describió Enzo sentado en el vehículo, mientras que con sus manos sostenía el manubrio, no cayendo en lo que habían producido.

Ayer, en un viernes de primavera,  al entrar a la escuela estaba  en la puerta un encargado. De fondo se escuchaba una pelota que rebotaba y algunos niños corriendo por el inmenso patio. Por un largo pasillo se encontraba el taller en donde  los jóvenes  terminan de armar la silla de ruedas.  Apurado estaba el profesor que fue el encargado de comenzar con este proyecto, el cual no se pierde ningún detalle de lo que estaban haciendo sus alumnos. Se sentó en un banco y se dispuso a contar cómo empezó esta travesía. “Este trabajo lo hacemos en conjunto con la Universidad Nacional de San Luis, ellos fueron los que nos contactaron y la escuela aceptó”, comentó Esteban Timentan, quien agregó que "automáticamente se lo comunico a los chicos y estos no dudaron en ponerse a desarrollar, planificar y llevar adelante esta propuesta. Una empresa fue la que donó los materiales", precisó.

Los alumnos ya se reunieron con Miguel Sosa. “Tuvimos la oportunidad de conocerlo y charlar. Noté que más allá de su problema siempre está con una sonrisa. Gracias a él tenemos este hermoso  propósito, que nos permite a todos unirnos y hacer algo productivo para alguien que realmente lo necesita”, dijo Enzo con gran satisfacción y agregó: “Le tomamos las medidas de los brazos para poder adaptarle el manillar. También nos fijamos en el asiento, porque si tiene que pasar mucho tiempo sentado, tiene que estar cómodo. Él va a poder circular por la calle tranquilamente y le va a poder cargar la batería en cualquier enchufe. Es muy fácil de llevar y cualquiera la podría manejar”.

Después de tomar algunas decisiones en el armado y de compartir largas horas, en algunos momentos pueden aparecer los roces y es ahí donde el compañerismo sobresale. “Lo que más nos costó fue ponernos de acuerdo entre nosotros. Porque teníamos ideas distintas y por ahí no coincidíamos. Tuvimos algunas peleas, pero por suerte siempre estaba el profe que mediaba para ayudar”, comentó.

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Estudiantes crearon una silla de ruedas eléctrica para un discapacitado

La fabricaron 15 alumnos del Colegio Nº 9 "Domingo Faustino Sarmiento de San Luis".  El mes que viene se la entregarán a Miguel Sosa para que pueda trabajar sin dificultades. "Sólo restan detalles", aseguran. 

Con gran concentración.  Martín, Nicolás, Bruno, Enzo y Leandro pasaron largas tardes soldando y armando este vehículo en el taller de la ex Industrial. Foto: Nicolás Varvara.

Un  grupo de alumnos de quinto año de la escuela Nº 9 "Domingo Faustino  Sarmiento", ex Industrial, trabajan a sol y sombra para terminar de hacerle los últimos retoques a una silla de ruedas eléctrica. Miguel Sosa, un canillita con problemas motrices,  será el encargado de recibir esta gran ayuda. Martín Muñoz, Nicolás Garay, Bruno Heredia, Enzo López y Leandro Penini, junto a otros 10 alumnos terminarán el 4 de diciembre una etapa que sin duda recordarán por mucho tiempo. “Estamos orgullosos de todo lo que venimos haciendo. Le faltan algunos detalles, pero seguro que la finalizamos y la dejamos lista para que Miguel la pueda empezar a usar”, aseguró Enzo.

El taller del colegio tiene todas las herramientas para que cada uno pueda hacer su tarea tranquilo. De un lado hay grandes máquinas, algunas recién estrenadas. Amoladoras, soldadoras, perforadoras y plegadoras. La escuela está lista para producir lo que los chicos imaginan. Martín, estudiante del área de electromecánica, se animó a detallar, un poco nervioso,  cómo fue el paso a paso. “Empezamos hace un mes. El profesor reunió a todo el curso y nos contó de esta gran idea. Al principio nos sorprendió, pero después nos entusiasmamos. Era la primera vez que trabajábamos en algo tan grande y por una buena causa”, manifestó.

Sus ojos azules expresaban la alegría de poder ver el producto casi terminado. Con las manos apoyadas en su cintura, se mostraba ansioso. Se tomó unos segundos, respiró y con una pequeña sonrisa continuó. “La base de todo es la organización. Nos dividieron en tres aéreas: gestión, que eran los encargados de buscar todos los materiales para poder trabajar. Otros estaban en la parte de diseño que armaron el dibujo de la silla y sobre la marcha pulían detalles. Por último está nuestro aporte, que somos los responsables de soldar cada una de las piezas y dejarla lista para su funcionamiento”, detalló.

Todos estaban ansiosos, querían sentir el leve ruido del motor. Enzo fue el que tomó la posta y se subió a la silla para probar la silla de ruedas. Salió con cuidado. Las expresiones de asombro y emoción eran las que sobraban en este grupo de jóvenes que con tanto esfuerzo y dedicación habían logrado su cometido.

“Trabajamos muy duro para conseguir estos resultados. Venimos martes y viernes. Pasamos largas horas entre hierros, ruedas y pinzas. Es hermosa la satisfacción que se siente”, describió Enzo sentado en el vehículo, mientras que con sus manos sostenía el manubrio, no cayendo en lo que habían producido.

Ayer, en un viernes de primavera,  al entrar a la escuela estaba  en la puerta un encargado. De fondo se escuchaba una pelota que rebotaba y algunos niños corriendo por el inmenso patio. Por un largo pasillo se encontraba el taller en donde  los jóvenes  terminan de armar la silla de ruedas.  Apurado estaba el profesor que fue el encargado de comenzar con este proyecto, el cual no se pierde ningún detalle de lo que estaban haciendo sus alumnos. Se sentó en un banco y se dispuso a contar cómo empezó esta travesía. “Este trabajo lo hacemos en conjunto con la Universidad Nacional de San Luis, ellos fueron los que nos contactaron y la escuela aceptó”, comentó Esteban Timentan, quien agregó que "automáticamente se lo comunico a los chicos y estos no dudaron en ponerse a desarrollar, planificar y llevar adelante esta propuesta. Una empresa fue la que donó los materiales", precisó.

Los alumnos ya se reunieron con Miguel Sosa. “Tuvimos la oportunidad de conocerlo y charlar. Noté que más allá de su problema siempre está con una sonrisa. Gracias a él tenemos este hermoso  propósito, que nos permite a todos unirnos y hacer algo productivo para alguien que realmente lo necesita”, dijo Enzo con gran satisfacción y agregó: “Le tomamos las medidas de los brazos para poder adaptarle el manillar. También nos fijamos en el asiento, porque si tiene que pasar mucho tiempo sentado, tiene que estar cómodo. Él va a poder circular por la calle tranquilamente y le va a poder cargar la batería en cualquier enchufe. Es muy fácil de llevar y cualquiera la podría manejar”.

Después de tomar algunas decisiones en el armado y de compartir largas horas, en algunos momentos pueden aparecer los roces y es ahí donde el compañerismo sobresale. “Lo que más nos costó fue ponernos de acuerdo entre nosotros. Porque teníamos ideas distintas y por ahí no coincidíamos. Tuvimos algunas peleas, pero por suerte siempre estaba el profe que mediaba para ayudar”, comentó.

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