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La Expo Toro, entre la esperanza y la desazón

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La Expo Toro, entre la esperanza y la desazón

Marcelo Dettoni

Hubo menos gente que otros años y costó vender los reproductores en la Sociedad Rural del Norte. Incendios y una seca prolongada cargan de angustia al sector.

Pasó la undécima edición de la Expo Toro, la principal muestra ganadera del norte de San Luis y quedó una sensación ambigua en todos: organizadores, productores, rematadores y dirigentes del ruralismo campestre. Por un lado pudo observarse que la calidad genética de la hacienda sigue en alza, con muy buenos ejemplares puros de pedigrí, la variedad de razas habitual, muchas cabañas interesadas en mostrar su trabajo y las mejoras que permanentemente recibe el predio de la Sociedad Rural del Norte, ubicado a unos 500 metros del ingreso a Quines, siguiendo por la ruta 20 rumbo a Villa Dolores.

Pero por otro hubo claros síntomas de desánimo, reflejados en la escasa presencia de público (mucho menos que en ediciones anteriores), en lo acotado que estuvo el sector de animales de granja y en la actitud general de los productores, muy preocupados por un año en el que tuvieron incendios importantes que le quitaron la capacidad de acumular forraje, una seca pronunciada desde hace meses y una presión impositiva que los tiene con márgenes de ganancia (cuando hay) demasiado pequeños, a lo que hay que sumar que los costos de los insumos siguen por las nubes debido a que el gobierno nacional no acierta con las medidas para frenar la inflación.

Esta mezcla de problemas desembocó en un remate en el que José Talano, el hombre del martillo que trajo Ganadera del Sur, tuviera que desempolvar toda su experiencia para poder vender los toros. Aún así, después de estirar las pasadas por la pista, de tirar todas las frases de ocasión y de apoyarse en lo que pudieran hacer Muse Abdallah y su gente tratando de movilizar brazos en alto en la platea, muchos reproductores terminando regresando a sus cabañas de origen porque faltaron ofertas. No fue una cuestión especulativa, ni hubo desinterés, lisa y llanamente los productores del norte no tienen la capacidad económica para invertir en padres de plantel del nivel de los que estaban en el catálogo.

Esa realidad fue más allá de lo que pasa en San Luis, tampoco los criadores que siempre aprovechan la Expo Toro para llevarse hacienda a los campos de La Rioja, San Juan o el norte de Córdoba pudieron esta vez sobresalir con sus compras. Esto derivó en que los pocos que sí estaban dispuestos a invertir en genética pudieran conseguir precios muy acomodados por toros realmente de excelencia. Los males de unos terminan siendo bendiciones para otros que tienen el bolsillo un poco más amplio, ahorraron durante el año o tuvieron la suerte de que las nubes descargaran algo de lluvia en sus regiones, aunque esto último parece difícil ya que la queja generalizada fue por la falta de agua.

Con su olfato tan especial y sus años en la ganadería puntana, el dueño de la consignataria Ganadera del Sur ya había anticipado algo de lo que iba a ocurrir minutos después durante su discurso en la apertura del remate. “Es un buen momento para incorporar genética porque los valores están por debajo de lo real en función de lo que sale un ternero de buena calidad”, había dicho Abdallah con su perfil bajo habitual, una vez que dejó inaugurada la subasta.

Y no le faltó razón: la relación histórica entre toros y terneros casi siempre osciló en torno al 10 a 1, pero ya en los últimos remates de este año se pudo observar que esa cuenta estaba en 6 a 1, o sea que con el valor de seis terneros se podía comprar un reproductor. Cuando la subasta ya había entrado en calor (nunca mejor utilizado el término porque el sol llevó la temperatura por encima de los 36º a la hora de bajar el martillo), mientras era imposible encontrar una puja decente de precios, la famosa relación estadística se derrumbaba a un 4 y medio a uno, lo que dejaba servidos en bandeja los precios para quienes los quisieran aprovechar.

“Acá en la Rural está condensado el trabajo de todo un año, diría que de mucho tiempo más porque hay una continuidad en las acciones, pero sin embargo el campo sigue esperando porque no tuvimos respuestas a pesar de los nuevos aires que propagó la Nación. Están apuntando a otras actividades, no al campo, quien tenga que recibir este reclamo, que lo escuche”, deslizó Juan Donato, el presidente de la Sociedad Rural del Norte, un batallador incansable, dueño de un pequeño rodeo Hereford en medio de la aridez de los montes con vegetación autóctona que son mayoría en Quines. “Necesitamos ayuda, no hay futuro así, cada vez quedan menos jóvenes en el campo, todos tenemos hijos y nietos que están mirando para otro lado, en busca de trabajos en la ciudad, y no podemos retenerlos en las condiciones actuales”, expresó con un dejo de desesperanza el productor.

En sus palabras estaba resumido todo lo que piensan los ganaderos de Ayacucho, más allá de los esfuerzos de la provincia por asistir a los pequeños productores a partir del lanzamiento del nuevo Plan de Fomento Productivo Rural. Claro, esos kits destinados a todas las actividades están llegando en tiempo y forma a familias con actividades económicas de subsistencia, el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción ya anticipó que en una segunda etapa irán por los productores medianos. Allí hay una luz de esperanza para los ganaderos del norte, mientras esperan por las lluvias del verano y resisten con los fardos que entregó San Luis tras los incendios, que son un buen paliativo pero no la solución definitiva.

 

Poco trabajo para el martillo

Fue el propio Donato el que abrió el juego, quizás empujado por el silencio del público ante la presencia del primer toro en la pista, un magnífico ejemplar Polled Hereford de la cabaña "La Rubia", de Bianciotti Hermanos, hijo de Ñancul, que había llegado desde Trenque Lauquen y el día anterior se había consagrado como Gran Campeón de la raza durante la jura. El anfitrión se quedó con el toro tras ofertar 50 mil pesos, una buena compra, aunque a un valor que no se volvería a repetir, lo que fue el reflejo de la jornada. “Es la primera vez que venimos a Quines, la verdad es que esperaba un poco más, pero también entiendo que el clima no está ayudando a los productores de la zona”, reconoció el dueño de "La Rubia", que pasó un sofocón cuando el toro se lanzó a saltar la tranquera para volver al corral y quedó con una pata trasera enganchada.

De los siguientes cuatro toros que sacó a la pista sólo logró vender uno a 40 mil pesos, un Puro de Pedigrí requemado, con buena circunferencia escrotal (39 centímetros), que se lo quedó el productor mendocino Jorge Mazzeo, uno de los pocos grandes animadores de la tarde (ver recuadro), quien aprovechó los excelentes precios para comprar varios toros. Y eso que todos los reproductores de Bianciotti ganaron premios ante un jurado muy exigente.

El resto de los Hereford no pasó la barrera de los 40 mil pesos, tanto el lote Gran Campeón de cabaña María del Pilar, que se lo llevó José Morfil completito, como un Puro Registrado de "Producer", una cabaña de Villa Dolores, que quedó en manos de la firma Abrate-Bianchini, otro comprador importante. Incluso los toros que llevó Félix Novillo, el dueño de "La Redomona", animales criados en las sierras de Paso Grande de reconocida adaptación a la zona, no llegaron siquiera a ese valor. Uno se fue en 37 mil pesos y otro en 36 mil a pesar de ser hijos de Francisco, el campeón de Palermo 2014 que Novillo compró para padre de plantel y ya tuviera sus 15 minutos de fama en la revista El Campo… Otro que logró vender fue la cabaña "La Euge", para satisfacción de José Chiotti hijo, a pesar de que sus dos toros no habían pasado por la jura porque se desarmó el trío antes de poder participar. Promediaron 39 mil pesos y allí talló la Escuela Técnica Nº 2, que se llevó un aplauso por su inversión. Siempre es una buena noticia que un colegio se preocupe por comprar toros para poder capacitar a sus alumnos, que son el semillero del campo, su reserva humana para los tiempos que se avecinan.

A la hora de los Aberdeen Angus los productores levantaron un poco la puntería. No podía ser de otra manera, porque la calidad genética exhibida en pista hacía que todos se estiren hasta donde era posible para hacerse de un padre de plantel, o bien apostar al futuro con animales jóvenes y de porte.

Un torito colorado de 14 meses Puro de Pedigrí, hijo de Quebrantador de la cabaña "Las Isletas" alcanzó los 48 mil pesos, mientras que otro colorado hijo de la misma línea sanguínea pero de "La Euge", catalogado como “un ternero aún” por Talano, lo pagaron 45 mil. Y realmente los dos lo valían, lo mismo que el PP negro de dos años que presento "San Carlos Labrador", una cabaña propiedad de Walter Sofía, ubicada en la localidad cordobesa de Justiniano Posse, que se vendió en 40 mil pesos y mostró una línea genética por Zorzal, hijo de Fran Monarca.

Después habría poco más antes de la llegada de los índicos, excelentes machos Braford y Brangus, animales preparados para aguantar el intenso calor de la zona. Apenas San Carlos Labrador logró colocar dos Angus Puros Controlados y el productor Julio Garro, de San Francisco del Monte de Oro, se llevó otro colorado por 38 mil pesos, mientras Talano no se cansaba de lanzar frases como “necesitás dos dedos más por lo menos”, “son 120 días y agarran los feriados de las Fiestas”, “si no compran en esta plata están cometiendo un error” y “no se venden en los corrales”. No hubo caso, los compradores especularon al máximo y algunos pocos sacaron tajada en medio del desierto de brazos levantados.

 

Una granja acotada 

Ya por la mañana los cabañeros que habían llevado cerdos, ovejas y cabras habían sufrido la falta de ofertas durante un remate al que habrá que replantearle el horario y quizá llevarlo a la previa del de los bovinos. Es imposible mantener a la gente bajo una pequeña lona en el mediodía de Quines en el mes de noviembre, incluso el rematador, que trabaja en la caja de una camioneta, estuvo al rayo del sol durante la subasta. Poca gente se arrimó a los corrales y las ofertas fueron aún menos, apenas se fueron algunas madres porcinas y cabras, pero por ejemplo los borregos se volvieron por donde vinieron para lamento de la Fritzler, que se había costeado el viaje desde Urdinarrain, en Entre Ríos, a más de mil kilómetros de distancia.

No le fue mucho mejor a Carlos Amato, dueño de la cabaña "La Callejera" de Venado Tuerto, pero al menos tenía un amigo de su ciudad que ahora está radicado en Leandro N. Alem, por lo que contó con alojamiento y un poco de sosiego para sus ovejas de raza Hampshire. “El problema es que tenemos que hacer de nuevo todos los trámites en Senasa para volver a Santa Fe, voy a ver si las puedo vender de manera particular antes de pegar la vuelta”, contó el criador. Tampoco estaba contento con los resultados Hugo Morri, pero al menos su cabaña "La Ladera" está ubicada en La Punilla, por lo que el regreso no iba a traspasar los límites de San Luis.

 

Todos los premiados

Durante el almuerzo, que se llevó a cabo en un salón de fiestas del centro de Quines, la organización entregó las plaquetas a las cabañas que consagraron los campeones de cada categoría. Fue un momento emotivo, porque significó el reconocimiento al trabajo que no se ve, a la incorporación de genética, a la apuesta por la trazabilidad y la inversión productiva.

"La Rubia" se llevó el Gran Campeón Polled Hereford, raza en la que María Pilar consagró el mejor lote Puro Registrado, "Producer" ganó con un lote Reservado Puro Registrado y "La Redomona" se llegó el premio Gran Campeona hembra. Entre los Angus, el Gran Campeón Puro de Pedigrí y el Puro Controlado fueron de "La Euge", mientras que el Gran Campeón Resevado lo obtuvo Las Isletas. En Braford, la cabaña "San Juan" de Hugo García (productor pampeano), ganó el Gran Campeón macho, mientras que el Reservado fue para María Pilar y La Merced se consagró en la categoría tríos. Finalmente en Brangus, "La Euge" se quedó con el primer premio y "El Yunque" con el segundo.

 

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La Expo Toro, entre la esperanza y la desazón

Hubo menos gente que otros años y costó vender los reproductores en la Sociedad Rural del Norte. Incendios y una seca prolongada cargan de angustia al sector.

Un "rematador". José Talano tuvo que trabajar mucho para convencer a los productores que levanten los brazos por los reproductores.

Pasó la undécima edición de la Expo Toro, la principal muestra ganadera del norte de San Luis y quedó una sensación ambigua en todos: organizadores, productores, rematadores y dirigentes del ruralismo campestre. Por un lado pudo observarse que la calidad genética de la hacienda sigue en alza, con muy buenos ejemplares puros de pedigrí, la variedad de razas habitual, muchas cabañas interesadas en mostrar su trabajo y las mejoras que permanentemente recibe el predio de la Sociedad Rural del Norte, ubicado a unos 500 metros del ingreso a Quines, siguiendo por la ruta 20 rumbo a Villa Dolores.

Pero por otro hubo claros síntomas de desánimo, reflejados en la escasa presencia de público (mucho menos que en ediciones anteriores), en lo acotado que estuvo el sector de animales de granja y en la actitud general de los productores, muy preocupados por un año en el que tuvieron incendios importantes que le quitaron la capacidad de acumular forraje, una seca pronunciada desde hace meses y una presión impositiva que los tiene con márgenes de ganancia (cuando hay) demasiado pequeños, a lo que hay que sumar que los costos de los insumos siguen por las nubes debido a que el gobierno nacional no acierta con las medidas para frenar la inflación.

Esta mezcla de problemas desembocó en un remate en el que José Talano, el hombre del martillo que trajo Ganadera del Sur, tuviera que desempolvar toda su experiencia para poder vender los toros. Aún así, después de estirar las pasadas por la pista, de tirar todas las frases de ocasión y de apoyarse en lo que pudieran hacer Muse Abdallah y su gente tratando de movilizar brazos en alto en la platea, muchos reproductores terminando regresando a sus cabañas de origen porque faltaron ofertas. No fue una cuestión especulativa, ni hubo desinterés, lisa y llanamente los productores del norte no tienen la capacidad económica para invertir en padres de plantel del nivel de los que estaban en el catálogo.

Esa realidad fue más allá de lo que pasa en San Luis, tampoco los criadores que siempre aprovechan la Expo Toro para llevarse hacienda a los campos de La Rioja, San Juan o el norte de Córdoba pudieron esta vez sobresalir con sus compras. Esto derivó en que los pocos que sí estaban dispuestos a invertir en genética pudieran conseguir precios muy acomodados por toros realmente de excelencia. Los males de unos terminan siendo bendiciones para otros que tienen el bolsillo un poco más amplio, ahorraron durante el año o tuvieron la suerte de que las nubes descargaran algo de lluvia en sus regiones, aunque esto último parece difícil ya que la queja generalizada fue por la falta de agua.

Con su olfato tan especial y sus años en la ganadería puntana, el dueño de la consignataria Ganadera del Sur ya había anticipado algo de lo que iba a ocurrir minutos después durante su discurso en la apertura del remate. “Es un buen momento para incorporar genética porque los valores están por debajo de lo real en función de lo que sale un ternero de buena calidad”, había dicho Abdallah con su perfil bajo habitual, una vez que dejó inaugurada la subasta.

Y no le faltó razón: la relación histórica entre toros y terneros casi siempre osciló en torno al 10 a 1, pero ya en los últimos remates de este año se pudo observar que esa cuenta estaba en 6 a 1, o sea que con el valor de seis terneros se podía comprar un reproductor. Cuando la subasta ya había entrado en calor (nunca mejor utilizado el término porque el sol llevó la temperatura por encima de los 36º a la hora de bajar el martillo), mientras era imposible encontrar una puja decente de precios, la famosa relación estadística se derrumbaba a un 4 y medio a uno, lo que dejaba servidos en bandeja los precios para quienes los quisieran aprovechar.

“Acá en la Rural está condensado el trabajo de todo un año, diría que de mucho tiempo más porque hay una continuidad en las acciones, pero sin embargo el campo sigue esperando porque no tuvimos respuestas a pesar de los nuevos aires que propagó la Nación. Están apuntando a otras actividades, no al campo, quien tenga que recibir este reclamo, que lo escuche”, deslizó Juan Donato, el presidente de la Sociedad Rural del Norte, un batallador incansable, dueño de un pequeño rodeo Hereford en medio de la aridez de los montes con vegetación autóctona que son mayoría en Quines. “Necesitamos ayuda, no hay futuro así, cada vez quedan menos jóvenes en el campo, todos tenemos hijos y nietos que están mirando para otro lado, en busca de trabajos en la ciudad, y no podemos retenerlos en las condiciones actuales”, expresó con un dejo de desesperanza el productor.

En sus palabras estaba resumido todo lo que piensan los ganaderos de Ayacucho, más allá de los esfuerzos de la provincia por asistir a los pequeños productores a partir del lanzamiento del nuevo Plan de Fomento Productivo Rural. Claro, esos kits destinados a todas las actividades están llegando en tiempo y forma a familias con actividades económicas de subsistencia, el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción ya anticipó que en una segunda etapa irán por los productores medianos. Allí hay una luz de esperanza para los ganaderos del norte, mientras esperan por las lluvias del verano y resisten con los fardos que entregó San Luis tras los incendios, que son un buen paliativo pero no la solución definitiva.

 

Poco trabajo para el martillo

Fue el propio Donato el que abrió el juego, quizás empujado por el silencio del público ante la presencia del primer toro en la pista, un magnífico ejemplar Polled Hereford de la cabaña "La Rubia", de Bianciotti Hermanos, hijo de Ñancul, que había llegado desde Trenque Lauquen y el día anterior se había consagrado como Gran Campeón de la raza durante la jura. El anfitrión se quedó con el toro tras ofertar 50 mil pesos, una buena compra, aunque a un valor que no se volvería a repetir, lo que fue el reflejo de la jornada. “Es la primera vez que venimos a Quines, la verdad es que esperaba un poco más, pero también entiendo que el clima no está ayudando a los productores de la zona”, reconoció el dueño de "La Rubia", que pasó un sofocón cuando el toro se lanzó a saltar la tranquera para volver al corral y quedó con una pata trasera enganchada.

De los siguientes cuatro toros que sacó a la pista sólo logró vender uno a 40 mil pesos, un Puro de Pedigrí requemado, con buena circunferencia escrotal (39 centímetros), que se lo quedó el productor mendocino Jorge Mazzeo, uno de los pocos grandes animadores de la tarde (ver recuadro), quien aprovechó los excelentes precios para comprar varios toros. Y eso que todos los reproductores de Bianciotti ganaron premios ante un jurado muy exigente.

El resto de los Hereford no pasó la barrera de los 40 mil pesos, tanto el lote Gran Campeón de cabaña María del Pilar, que se lo llevó José Morfil completito, como un Puro Registrado de "Producer", una cabaña de Villa Dolores, que quedó en manos de la firma Abrate-Bianchini, otro comprador importante. Incluso los toros que llevó Félix Novillo, el dueño de "La Redomona", animales criados en las sierras de Paso Grande de reconocida adaptación a la zona, no llegaron siquiera a ese valor. Uno se fue en 37 mil pesos y otro en 36 mil a pesar de ser hijos de Francisco, el campeón de Palermo 2014 que Novillo compró para padre de plantel y ya tuviera sus 15 minutos de fama en la revista El Campo… Otro que logró vender fue la cabaña "La Euge", para satisfacción de José Chiotti hijo, a pesar de que sus dos toros no habían pasado por la jura porque se desarmó el trío antes de poder participar. Promediaron 39 mil pesos y allí talló la Escuela Técnica Nº 2, que se llevó un aplauso por su inversión. Siempre es una buena noticia que un colegio se preocupe por comprar toros para poder capacitar a sus alumnos, que son el semillero del campo, su reserva humana para los tiempos que se avecinan.

A la hora de los Aberdeen Angus los productores levantaron un poco la puntería. No podía ser de otra manera, porque la calidad genética exhibida en pista hacía que todos se estiren hasta donde era posible para hacerse de un padre de plantel, o bien apostar al futuro con animales jóvenes y de porte.

Un torito colorado de 14 meses Puro de Pedigrí, hijo de Quebrantador de la cabaña "Las Isletas" alcanzó los 48 mil pesos, mientras que otro colorado hijo de la misma línea sanguínea pero de "La Euge", catalogado como “un ternero aún” por Talano, lo pagaron 45 mil. Y realmente los dos lo valían, lo mismo que el PP negro de dos años que presento "San Carlos Labrador", una cabaña propiedad de Walter Sofía, ubicada en la localidad cordobesa de Justiniano Posse, que se vendió en 40 mil pesos y mostró una línea genética por Zorzal, hijo de Fran Monarca.

Después habría poco más antes de la llegada de los índicos, excelentes machos Braford y Brangus, animales preparados para aguantar el intenso calor de la zona. Apenas San Carlos Labrador logró colocar dos Angus Puros Controlados y el productor Julio Garro, de San Francisco del Monte de Oro, se llevó otro colorado por 38 mil pesos, mientras Talano no se cansaba de lanzar frases como “necesitás dos dedos más por lo menos”, “son 120 días y agarran los feriados de las Fiestas”, “si no compran en esta plata están cometiendo un error” y “no se venden en los corrales”. No hubo caso, los compradores especularon al máximo y algunos pocos sacaron tajada en medio del desierto de brazos levantados.

 

Una granja acotada 

Ya por la mañana los cabañeros que habían llevado cerdos, ovejas y cabras habían sufrido la falta de ofertas durante un remate al que habrá que replantearle el horario y quizá llevarlo a la previa del de los bovinos. Es imposible mantener a la gente bajo una pequeña lona en el mediodía de Quines en el mes de noviembre, incluso el rematador, que trabaja en la caja de una camioneta, estuvo al rayo del sol durante la subasta. Poca gente se arrimó a los corrales y las ofertas fueron aún menos, apenas se fueron algunas madres porcinas y cabras, pero por ejemplo los borregos se volvieron por donde vinieron para lamento de la Fritzler, que se había costeado el viaje desde Urdinarrain, en Entre Ríos, a más de mil kilómetros de distancia.

No le fue mucho mejor a Carlos Amato, dueño de la cabaña "La Callejera" de Venado Tuerto, pero al menos tenía un amigo de su ciudad que ahora está radicado en Leandro N. Alem, por lo que contó con alojamiento y un poco de sosiego para sus ovejas de raza Hampshire. “El problema es que tenemos que hacer de nuevo todos los trámites en Senasa para volver a Santa Fe, voy a ver si las puedo vender de manera particular antes de pegar la vuelta”, contó el criador. Tampoco estaba contento con los resultados Hugo Morri, pero al menos su cabaña "La Ladera" está ubicada en La Punilla, por lo que el regreso no iba a traspasar los límites de San Luis.

 

Todos los premiados

Durante el almuerzo, que se llevó a cabo en un salón de fiestas del centro de Quines, la organización entregó las plaquetas a las cabañas que consagraron los campeones de cada categoría. Fue un momento emotivo, porque significó el reconocimiento al trabajo que no se ve, a la incorporación de genética, a la apuesta por la trazabilidad y la inversión productiva.

"La Rubia" se llevó el Gran Campeón Polled Hereford, raza en la que María Pilar consagró el mejor lote Puro Registrado, "Producer" ganó con un lote Reservado Puro Registrado y "La Redomona" se llegó el premio Gran Campeona hembra. Entre los Angus, el Gran Campeón Puro de Pedigrí y el Puro Controlado fueron de "La Euge", mientras que el Gran Campeón Resevado lo obtuvo Las Isletas. En Braford, la cabaña "San Juan" de Hugo García (productor pampeano), ganó el Gran Campeón macho, mientras que el Reservado fue para María Pilar y La Merced se consagró en la categoría tríos. Finalmente en Brangus, "La Euge" se quedó con el primer premio y "El Yunque" con el segundo.

 

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