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Los toros entran en acción al "servicio" de la eficiencia

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Los toros entran en acción al "servicio" de la eficiencia

Juan Luna

En busca del anhelado propósito de un ternero por vaca por año, estacionar los servicios es una de las claves. El estado nutricional de las hembras, la sanidad y la genética son otros factores fundamentales para garantizar la preñez.

Llega el tiempo de realizar los servicios, ese momento en todo rodeo de cría en el que los toros toman el protagonismo y entran en acción. A estas alturas del calendario, muchos productores ya juntaron los machos con las hembras, después de haber adquirido los ejemplares necesarios en los concurridos remates de reproductores que se expanden desde setiembre hasta las primeras semanas de noviembre. Otros recién están por comenzar, mientras que hay un grupo que prefiere hacerlo en el invierno. Más allá de las preferencias de cada uno, hay una serie de certezas que pueden ayudar a los criadores a mejorar sus índices de preñez y, en consecuencia, su eficiencia productiva.

La revista El Campo consultó a especialistas y productores para pedirles consejos y recomendaciones en esta etapa en la que juegan un papel destacadísimo la tecnología, la genética y el manejo. La elección de las fechas, el porcentaje de machos por la cantidad de hembras, el estado corporal de las vaquillonas y la duración del entore son algunos de los factores fundamentales que el criador tiene que tener en cuenta a la hora de iniciar un momento clave en la búsqueda de ese anhelado propósito de obtener un ternero por madre en cada año.

En la actualidad, existen dos formas principales de preñar una vaca. Son las que están más al alcance de los productores, que pueden elegir por una o por otra o combinarlas, siempre de acuerdo a sus posibilidades económicas. El método más usado es el natural, aquél que se resume en dejar a los machos y las hembras en los mismos lotes para esperar que copulen. El otro, posible gracias al avance de la tecnología, es la Inseminación Artificial (IA) que permite servir a una vaca sin que prácticamente entre en contacto con los toros.

En ambos sistemas, el manejo que se haga de los tiempos, los espacios, las cadenas forrajeras y la sanidad determinarán el éxito de un servicio, que se traduce en que las hembras queden preñadas y, más adelante, puedan parir un ternero sano y salvo.

“Yo creo que nunca la IA va a reemplazar al ciento por ciento a los servicios naturales, que son los que da el toro. Son complementos ideales y son parte de las herramientas que tenemos para aplicar en la ganadería”, opinó Francisco Gabutti, uno de los dueños de la cabaña "La Benedicta", que posee un atractivo plantel Aberdeen Angus criado y recriado en Liborio Luna.

Es que los entores naturales también han progresado en la medida que creció la conciencia de la importancia de los manejos en los campos y de que la ganadería tiende a ser cada vez más precisa y eficiente. Una muestra de ello es el paso de los servicios continuos a los estacionados.

Los continuos son aquéllos en los que los toros permanecen todo el año junto a las vacas. “Si bien es una práctica que está un poco contraindicada por los profesionales, se sigue usando en nuestra provincia y en algunos otros lugares del país, porque tiene la ventaja que no tenés que tener aparte los toros en ningún momento del año. Hay muchos productores que tienen el falso concepto de que producen más terneros de esa forma, pero es una creencia errónea”, sostuvo Gabutti, quien además es veterinario y trabaja como asesor de terceros, por lo que tiene una doble experiencia para analizar los sistemas y sus usos en los campos de la provincia.

En cambio, los sistemas estacionados son los que se concentran en determinados momentos del año, durante períodos de noventa a cien días, como máximo. Por eso requieren una división de los lotes y tener los toros apartados de las hembras. “Son tres meses que, sumados a los nueve de gestación de la vaca, te permitirían el objetivo final de todo sistema de cría, que es lograr un ternero por vaca por año”, indicó.

Adriana Bengolea, investigadora del grupo de Producción y Sanidad Animal de la Estación Experimental del INTA en Villa Mercedes, explicó que para lograr estacionar los servicios “hay que tener en cuenta la oferta forrajera, para que coincidan las épocas de mayores requerimientos de las vacas (fin de la gestación y primeros meses de lactancia) con las de mayor oferta forrajera de la zona”.

La especialista señaló que una de las ventajas de esta modalidad es poder concentrar los nacimientos. De esa manera también “se facilita el manejo para el personal encargado de atender los partos y se puede conseguir un destete más parejo. También es más simple para llevar registro y control de las gestaciones y nacimientos”, enumeró.

Bengolea sostuvo que la época recomendada para los servicios en la zona es durante el verano, desde diciembre hasta marzo, para que los partos coincidan con el aumento de los pastos y el forraje de la primavera. Pero la elección de la fecha está determinada por la edad con la que las vaquillonas entrarán en su primer servicio.

 

Edades de las vaquillonas

“Lo estandarizado es que ingresen a los 15 meses de edad, en la misma época que entran sus madres. Así, si una ternera nació en setiembre de este año, su madre va a entrar a servicio en diciembre. Esa ternera se va a destetar en marzo y al otro año, en diciembre, cuando la madre ingrese al entore, ella también lo hará”, ejemplificó Gabutti.

El servicio a vaquillonas de 18 a 20 meses realizado durante el invierno, ha empezado a ganar adeptos. En el ejemplo que planteó Gabutti: la vaquillona que nació en setiembre, entraría al servicio en mayo o junio. Y corre con una ventaja, ya que sería destetada en agosto del otro año e ingresaría a su segundo servicio en diciembre sin ninguna cría al pie.

Es que el segundo servicio es el más complicado para las vaquillonas, y no siempre es fácil lograr la preñez. Sucede que el animal aún está en pleno crecimiento y tiene que amamantar a su cría, pero al mismo tiempo tiene que estar en condiciones para volver a ser entorada. Por lo que si llega a esta etapa sin un ternero al pie, tiene una exigencia menos y, por lo tanto, mayores posibilidades de preñarse.

Finalmente, otra chance es realizar los servicios en vaquillonas de 27 meses, cuando el animal ya tiene un mayor desarrollo corporal y reproductivo. “La ventaja que tiene con respecto a la de 15 meses, es que tiene menos presión alimenticia. La vaquillona de 15 meses tiene que llegar a 300 o 320 kilos en un año, mientras que la de 27 tiene dos años para alcanzar los 350 kilos", sostuvo el cabañero. Sin embargo, la gran desventaja con la que corre es que hay una categoría que es improductiva durante todo un año.

 

Condición Corporal

Otro de los factores fundamentales para lograr buenos índices de preñez es la Condición Corporal (CC) de la vaca. Para ello, existe una escala de medición que va desde el 1 al 5 y que se calcula en base a los nutrientes, el peso y la musculatura del animal. Para ingresar al servicio, una hembra tiene que tener por lo menos un CC de 2,5 hacia arriba, pero nunca menos de ese valor. Porque si está por debajo “es muy probable que no esté ciclando regularmente", advirtió Bengolea.

Y sostuvo que se puede comenzar el servicio con un estado corporal “al límite” de lo recomendado, "pero lo más importante es que la vaca esté en una etapa de ganancia de peso”.

Que las hembras lleguen con un estado óptimo depende de varios factores. La alimentación es uno de los más importantes, que a su vez está ligado al aspecto climático. Por lo general, buenos regímenes de lluvias se traducen en una mayor oferta forrajera.

Federico Rozandal es un productor que tiene sus campos en Fortín El Patria, en el Departamento Dupuy. Con un rodeo general de cría y un núcleo más selecto de Aberdeen Angus colorados, busca siempre mejorar los rendimientos de sus planteles. Contó que están en pleno servicio. Empezaron el 15 de noviembre y lo mantendrán hasta el 15 de febrero.

Para el criador, que basa su dieta en base a pasturas, es fundamental que el clima acompañe. “Es importantísimo. Tener siempre un año como el 2017, sería lo óptimo. Tuvimos una primavera muy llovedora. En el sur de San Luis, en lo que yo conozco, ha llovido los doce meses del año. Es insólito eso. Porque sabíamos pasar cinco o seis meses en el invierno sin una gota de agua Eso ha repercutido mucho porque hemos tenido una explosión del campo natural. Todo el mundo ha llegado con la vaca muy bien este año”, valoró.

Pero el avance de la tecnología también ha sido un aliado para luchar contra la falta de pasturas en las épocas y zonas más críticas. “Antes los inviernos eran durísimos. Pero ahora uno puede hacer reserva. La genética de los maíces ha mejorado, entonces se puede hacer doble propósito y hacer picado fino. Las alfalfas se dan muy bien en la zona, tenemos la tecnología de acopio de pasto henificado, en rollos o en fardos y eso ayuda”, reflexionó el productor.

Pero si de condiciones climáticas se trata, Gabutti reveló que en sus rodeos han percibido que cuando la temperatura no baja de 25 grados por la noche, aparecen mayores dificultades en los servicios. “Cuando el estrés calórico es prolongado y sostenido en el tiempo, tenemos problemas en la fertilidad y en la preñez”, contó.

Hay otro gran componente que repercute irremediablemente y es la calidad genética, tanto de las hembras como de los machos. Por algo tantos productores aspiran a incorporar toros o vientres que provengan de las mejores cabañas o que hayan sido probadas en condiciones similares a las que enfrentarán en los campos propios.

 Pero no siempre los mejores reproductores están al alcance del bolsillo de los criadores. Y es ahí donde la Inseminación Artificial aparece como una gran alternativa para preñar las vacas.

"Es poder adquirir genéticamente algo superior a lo que uno puede comprar, por una cuestión económica. Si querés comprar el toro de punta, para nosotros como productores del interior, que no tenemos cabañas, es prácticamente imposible. Uno escucha los remates de Palermo, ve los precios y son inalcanzables. La única forma de adquirir un toro de esos es comprando la pajuela", admitió Rozandal.

Gabutti se reconoció un defensor de la IA, pero advirtió que "como todo paquete tecnológico tiene una serie de requerimientos". Por eso, aconseja que antes de inseminar es necesario tener un orden, una planificación y la infraestructura. Pero también, recomienda, es importante hacer repasos naturales con toros para asegurar la preñez. "Es una herramienta de alto impacto", dijo.

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Los toros entran en acción al "servicio" de la eficiencia

En busca del anhelado propósito de un ternero por vaca por año, estacionar los servicios es una de las claves. El estado nutricional de las hembras, la sanidad y la genética son otros factores fundamentales para garantizar la preñez.

Una cuestión genética. La calidad racial de las hembras y los machos tiene un impacto alto sobre la preñez y la eficiencia final.

Llega el tiempo de realizar los servicios, ese momento en todo rodeo de cría en el que los toros toman el protagonismo y entran en acción. A estas alturas del calendario, muchos productores ya juntaron los machos con las hembras, después de haber adquirido los ejemplares necesarios en los concurridos remates de reproductores que se expanden desde setiembre hasta las primeras semanas de noviembre. Otros recién están por comenzar, mientras que hay un grupo que prefiere hacerlo en el invierno. Más allá de las preferencias de cada uno, hay una serie de certezas que pueden ayudar a los criadores a mejorar sus índices de preñez y, en consecuencia, su eficiencia productiva.

La revista El Campo consultó a especialistas y productores para pedirles consejos y recomendaciones en esta etapa en la que juegan un papel destacadísimo la tecnología, la genética y el manejo. La elección de las fechas, el porcentaje de machos por la cantidad de hembras, el estado corporal de las vaquillonas y la duración del entore son algunos de los factores fundamentales que el criador tiene que tener en cuenta a la hora de iniciar un momento clave en la búsqueda de ese anhelado propósito de obtener un ternero por madre en cada año.

En la actualidad, existen dos formas principales de preñar una vaca. Son las que están más al alcance de los productores, que pueden elegir por una o por otra o combinarlas, siempre de acuerdo a sus posibilidades económicas. El método más usado es el natural, aquél que se resume en dejar a los machos y las hembras en los mismos lotes para esperar que copulen. El otro, posible gracias al avance de la tecnología, es la Inseminación Artificial (IA) que permite servir a una vaca sin que prácticamente entre en contacto con los toros.

En ambos sistemas, el manejo que se haga de los tiempos, los espacios, las cadenas forrajeras y la sanidad determinarán el éxito de un servicio, que se traduce en que las hembras queden preñadas y, más adelante, puedan parir un ternero sano y salvo.

“Yo creo que nunca la IA va a reemplazar al ciento por ciento a los servicios naturales, que son los que da el toro. Son complementos ideales y son parte de las herramientas que tenemos para aplicar en la ganadería”, opinó Francisco Gabutti, uno de los dueños de la cabaña "La Benedicta", que posee un atractivo plantel Aberdeen Angus criado y recriado en Liborio Luna.

Es que los entores naturales también han progresado en la medida que creció la conciencia de la importancia de los manejos en los campos y de que la ganadería tiende a ser cada vez más precisa y eficiente. Una muestra de ello es el paso de los servicios continuos a los estacionados.

Los continuos son aquéllos en los que los toros permanecen todo el año junto a las vacas. “Si bien es una práctica que está un poco contraindicada por los profesionales, se sigue usando en nuestra provincia y en algunos otros lugares del país, porque tiene la ventaja que no tenés que tener aparte los toros en ningún momento del año. Hay muchos productores que tienen el falso concepto de que producen más terneros de esa forma, pero es una creencia errónea”, sostuvo Gabutti, quien además es veterinario y trabaja como asesor de terceros, por lo que tiene una doble experiencia para analizar los sistemas y sus usos en los campos de la provincia.

En cambio, los sistemas estacionados son los que se concentran en determinados momentos del año, durante períodos de noventa a cien días, como máximo. Por eso requieren una división de los lotes y tener los toros apartados de las hembras. “Son tres meses que, sumados a los nueve de gestación de la vaca, te permitirían el objetivo final de todo sistema de cría, que es lograr un ternero por vaca por año”, indicó.

Adriana Bengolea, investigadora del grupo de Producción y Sanidad Animal de la Estación Experimental del INTA en Villa Mercedes, explicó que para lograr estacionar los servicios “hay que tener en cuenta la oferta forrajera, para que coincidan las épocas de mayores requerimientos de las vacas (fin de la gestación y primeros meses de lactancia) con las de mayor oferta forrajera de la zona”.

La especialista señaló que una de las ventajas de esta modalidad es poder concentrar los nacimientos. De esa manera también “se facilita el manejo para el personal encargado de atender los partos y se puede conseguir un destete más parejo. También es más simple para llevar registro y control de las gestaciones y nacimientos”, enumeró.

Bengolea sostuvo que la época recomendada para los servicios en la zona es durante el verano, desde diciembre hasta marzo, para que los partos coincidan con el aumento de los pastos y el forraje de la primavera. Pero la elección de la fecha está determinada por la edad con la que las vaquillonas entrarán en su primer servicio.

 

Edades de las vaquillonas

“Lo estandarizado es que ingresen a los 15 meses de edad, en la misma época que entran sus madres. Así, si una ternera nació en setiembre de este año, su madre va a entrar a servicio en diciembre. Esa ternera se va a destetar en marzo y al otro año, en diciembre, cuando la madre ingrese al entore, ella también lo hará”, ejemplificó Gabutti.

El servicio a vaquillonas de 18 a 20 meses realizado durante el invierno, ha empezado a ganar adeptos. En el ejemplo que planteó Gabutti: la vaquillona que nació en setiembre, entraría al servicio en mayo o junio. Y corre con una ventaja, ya que sería destetada en agosto del otro año e ingresaría a su segundo servicio en diciembre sin ninguna cría al pie.

Es que el segundo servicio es el más complicado para las vaquillonas, y no siempre es fácil lograr la preñez. Sucede que el animal aún está en pleno crecimiento y tiene que amamantar a su cría, pero al mismo tiempo tiene que estar en condiciones para volver a ser entorada. Por lo que si llega a esta etapa sin un ternero al pie, tiene una exigencia menos y, por lo tanto, mayores posibilidades de preñarse.

Finalmente, otra chance es realizar los servicios en vaquillonas de 27 meses, cuando el animal ya tiene un mayor desarrollo corporal y reproductivo. “La ventaja que tiene con respecto a la de 15 meses, es que tiene menos presión alimenticia. La vaquillona de 15 meses tiene que llegar a 300 o 320 kilos en un año, mientras que la de 27 tiene dos años para alcanzar los 350 kilos", sostuvo el cabañero. Sin embargo, la gran desventaja con la que corre es que hay una categoría que es improductiva durante todo un año.

 

Condición Corporal

Otro de los factores fundamentales para lograr buenos índices de preñez es la Condición Corporal (CC) de la vaca. Para ello, existe una escala de medición que va desde el 1 al 5 y que se calcula en base a los nutrientes, el peso y la musculatura del animal. Para ingresar al servicio, una hembra tiene que tener por lo menos un CC de 2,5 hacia arriba, pero nunca menos de ese valor. Porque si está por debajo “es muy probable que no esté ciclando regularmente", advirtió Bengolea.

Y sostuvo que se puede comenzar el servicio con un estado corporal “al límite” de lo recomendado, "pero lo más importante es que la vaca esté en una etapa de ganancia de peso”.

Que las hembras lleguen con un estado óptimo depende de varios factores. La alimentación es uno de los más importantes, que a su vez está ligado al aspecto climático. Por lo general, buenos regímenes de lluvias se traducen en una mayor oferta forrajera.

Federico Rozandal es un productor que tiene sus campos en Fortín El Patria, en el Departamento Dupuy. Con un rodeo general de cría y un núcleo más selecto de Aberdeen Angus colorados, busca siempre mejorar los rendimientos de sus planteles. Contó que están en pleno servicio. Empezaron el 15 de noviembre y lo mantendrán hasta el 15 de febrero.

Para el criador, que basa su dieta en base a pasturas, es fundamental que el clima acompañe. “Es importantísimo. Tener siempre un año como el 2017, sería lo óptimo. Tuvimos una primavera muy llovedora. En el sur de San Luis, en lo que yo conozco, ha llovido los doce meses del año. Es insólito eso. Porque sabíamos pasar cinco o seis meses en el invierno sin una gota de agua Eso ha repercutido mucho porque hemos tenido una explosión del campo natural. Todo el mundo ha llegado con la vaca muy bien este año”, valoró.

Pero el avance de la tecnología también ha sido un aliado para luchar contra la falta de pasturas en las épocas y zonas más críticas. “Antes los inviernos eran durísimos. Pero ahora uno puede hacer reserva. La genética de los maíces ha mejorado, entonces se puede hacer doble propósito y hacer picado fino. Las alfalfas se dan muy bien en la zona, tenemos la tecnología de acopio de pasto henificado, en rollos o en fardos y eso ayuda”, reflexionó el productor.

Pero si de condiciones climáticas se trata, Gabutti reveló que en sus rodeos han percibido que cuando la temperatura no baja de 25 grados por la noche, aparecen mayores dificultades en los servicios. “Cuando el estrés calórico es prolongado y sostenido en el tiempo, tenemos problemas en la fertilidad y en la preñez”, contó.

Hay otro gran componente que repercute irremediablemente y es la calidad genética, tanto de las hembras como de los machos. Por algo tantos productores aspiran a incorporar toros o vientres que provengan de las mejores cabañas o que hayan sido probadas en condiciones similares a las que enfrentarán en los campos propios.

 Pero no siempre los mejores reproductores están al alcance del bolsillo de los criadores. Y es ahí donde la Inseminación Artificial aparece como una gran alternativa para preñar las vacas.

"Es poder adquirir genéticamente algo superior a lo que uno puede comprar, por una cuestión económica. Si querés comprar el toro de punta, para nosotros como productores del interior, que no tenemos cabañas, es prácticamente imposible. Uno escucha los remates de Palermo, ve los precios y son inalcanzables. La única forma de adquirir un toro de esos es comprando la pajuela", admitió Rozandal.

Gabutti se reconoció un defensor de la IA, pero advirtió que "como todo paquete tecnológico tiene una serie de requerimientos". Por eso, aconseja que antes de inseminar es necesario tener un orden, una planificación y la infraestructura. Pero también, recomienda, es importante hacer repasos naturales con toros para asegurar la preñez. "Es una herramienta de alto impacto", dijo.

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