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El pastel de la discordia

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El pastel de la discordia

Según la mitología griega, durante la boda de Tetis y Peleo, la diosa Eris (de la discordia), molesta por no haber sido invitada; llegó hasta la celebración y dejó sobre una mesa una manzana dorada, con la leyenda “Para la más bella”. Las diosas Hera, Atenea y Afrodita reclamaron como propio el galardón y al no haber acuerdo, el padre de los dioses, Zeus, designó a Paris (príncipe de Troya), como juez.

Las diosas le ofrecieron múltiples obsequios para sobornarlo y el joven se inclinó por Afrodita, ya que ésta le prometió el amor de la mujer más bella de la tierra. Esa mujer era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Helena se enamora de Paris, él se enamora de ella, la rapta, la lleva a Troya y desencadena una guerra que duró diez años y fue cantada por Homero. Todo por una manzana, “La manzana de la discordia”.

Por estos días, los nueve jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos aparecen divididos en sus opiniones, en el caso de un chef pastelero que se negó a hacer una torta de bodas para una pareja homosexual. Es “el pastel de la discordia”, pero esconde mucho más que eso.

Los cuatro magistrados progresistas parecían convencidos de que el repostero del estado de Colorado tenía que atender a todos sus clientes, independientemente de su orientación sexual. Pero los jueces conservadores del máximo tribunal de justicia del país escucharon el argumento de que al pastelero no se le podía obligar a usar su talento creativo para transmitir un “mensaje” contrario a sus convicciones cristianas.

El asunto enfrenta a la pareja formada por Dave Mullins y Charlie Craig con el chef repostero Jack Phillips, quien rechazó prepararles el pastel de boda el 19 de julio de 2012. El emblemático caso pone en juego principios valiosos para los estadounidenses, como la libertad religiosa, la igualdad sexual y la libertad de expresión, protegida por la Primera Enmienda de la Constitución.

El juez conservador Anthony Kennedy, un católico gracias a quien se impuso en 2015 la legalización del matrimonio gay en todo Estados Unidos, probablemente juegue un papel crucial en la decisión.

La primera pregunta debatida fue si un pastel podría ser una forma de expresión artística que representa la institución del matrimonio.

“El objetivo principal de todo alimento es ser comido”, dijo la magistrada progresista Sonia Sotomayor. Pero la abogada del pastelero, Kristen Waggoner, argumentó que su cliente era un artista que confeccionaba formas elaboradas y que sus piezas eran “esculturas temporales”.

Phillips cuenta con el respaldo de más de 20 estados del país, decenas de legisladores y grupos cristianos conservadores. Y especialmente se unió a su causa el gobierno de Donald Trump.

Noel Francisco, procurador general de Estados Unidos, eminente cargo del Departamento de Justicia, también se ha pronunciado a favor del pastelero. “No creo que se pueda forzar a un escultor afro estadounidense a esculpir una cruz para el Ku Klux Klan”, dijo Francisco en alusión al grupo supremacista blanco.

Esta postura genera “consecuencias inaceptables”, dijo por su parte David Cole, el abogado de la pareja homosexual. “Una panadería podría negarse a vender un pastel de cumpleaños a una familia negra, desaprobando la celebración de la vida de los negros”.

La discusión está plagada de suposiciones y comparaciones más o menos distantes del pastel de boda. Algunos ejemplos: ¿Cómo podría un pastelero enviar un mensaje a través de su arte y no hacerlo el chef de un restaurante, una florista, un maquillador o el editor de un menú gastronómico? Si el pastelero acuerda ponerle a su pastel una fecha para celebrar un aniversario, ¿puede negarse a registrar en una torta un evento impactante, como la Noche de los Cristales Rotos de la Alemania nazi?, ¿Debería obligarse a Jack Phillips a dibujar el arco iris asociado a los homosexuales en una de sus creaciones?

Es “El pastel de la discordia”, y aunque tenga su lado jocoso, es mucho más serio de lo que parece.

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El pastel de la discordia

Según la mitología griega, durante la boda de Tetis y Peleo, la diosa Eris (de la discordia), molesta por no haber sido invitada; llegó hasta la celebración y dejó sobre una mesa una manzana dorada, con la leyenda “Para la más bella”. Las diosas Hera, Atenea y Afrodita reclamaron como propio el galardón y al no haber acuerdo, el padre de los dioses, Zeus, designó a Paris (príncipe de Troya), como juez.

Las diosas le ofrecieron múltiples obsequios para sobornarlo y el joven se inclinó por Afrodita, ya que ésta le prometió el amor de la mujer más bella de la tierra. Esa mujer era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Helena se enamora de Paris, él se enamora de ella, la rapta, la lleva a Troya y desencadena una guerra que duró diez años y fue cantada por Homero. Todo por una manzana, “La manzana de la discordia”.

Por estos días, los nueve jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos aparecen divididos en sus opiniones, en el caso de un chef pastelero que se negó a hacer una torta de bodas para una pareja homosexual. Es “el pastel de la discordia”, pero esconde mucho más que eso.

Los cuatro magistrados progresistas parecían convencidos de que el repostero del estado de Colorado tenía que atender a todos sus clientes, independientemente de su orientación sexual. Pero los jueces conservadores del máximo tribunal de justicia del país escucharon el argumento de que al pastelero no se le podía obligar a usar su talento creativo para transmitir un “mensaje” contrario a sus convicciones cristianas.

El asunto enfrenta a la pareja formada por Dave Mullins y Charlie Craig con el chef repostero Jack Phillips, quien rechazó prepararles el pastel de boda el 19 de julio de 2012. El emblemático caso pone en juego principios valiosos para los estadounidenses, como la libertad religiosa, la igualdad sexual y la libertad de expresión, protegida por la Primera Enmienda de la Constitución.

El juez conservador Anthony Kennedy, un católico gracias a quien se impuso en 2015 la legalización del matrimonio gay en todo Estados Unidos, probablemente juegue un papel crucial en la decisión.

La primera pregunta debatida fue si un pastel podría ser una forma de expresión artística que representa la institución del matrimonio.

“El objetivo principal de todo alimento es ser comido”, dijo la magistrada progresista Sonia Sotomayor. Pero la abogada del pastelero, Kristen Waggoner, argumentó que su cliente era un artista que confeccionaba formas elaboradas y que sus piezas eran “esculturas temporales”.

Phillips cuenta con el respaldo de más de 20 estados del país, decenas de legisladores y grupos cristianos conservadores. Y especialmente se unió a su causa el gobierno de Donald Trump.

Noel Francisco, procurador general de Estados Unidos, eminente cargo del Departamento de Justicia, también se ha pronunciado a favor del pastelero. “No creo que se pueda forzar a un escultor afro estadounidense a esculpir una cruz para el Ku Klux Klan”, dijo Francisco en alusión al grupo supremacista blanco.

Esta postura genera “consecuencias inaceptables”, dijo por su parte David Cole, el abogado de la pareja homosexual. “Una panadería podría negarse a vender un pastel de cumpleaños a una familia negra, desaprobando la celebración de la vida de los negros”.

La discusión está plagada de suposiciones y comparaciones más o menos distantes del pastel de boda. Algunos ejemplos: ¿Cómo podría un pastelero enviar un mensaje a través de su arte y no hacerlo el chef de un restaurante, una florista, un maquillador o el editor de un menú gastronómico? Si el pastelero acuerda ponerle a su pastel una fecha para celebrar un aniversario, ¿puede negarse a registrar en una torta un evento impactante, como la Noche de los Cristales Rotos de la Alemania nazi?, ¿Debería obligarse a Jack Phillips a dibujar el arco iris asociado a los homosexuales en una de sus creaciones?

Es “El pastel de la discordia”, y aunque tenga su lado jocoso, es mucho más serio de lo que parece.

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