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Las pruebas para la detención del padrastro de Florencia

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Las pruebas para la detención del padrastro de Florencia


Durante dos días, Lucas Matías Gómez intentó poner la mejor cara de inocente cada vez que un periodista le preguntó qué le podía haber pasado a su hijastra, Florencia Abril Di Marco, que había desaparecido, supuestamente entre la mañana y el mediodía del miércoles. Algunos directamente le interrogaron si tenía la conciencia tranquila. Dijo que sí. Y cuando uno le comentó que gran parte de la opinión pública lo consideraba sospechoso, respondió: “La gente dice cualquier cosa”. Las pruebas contundentes que consiguieron la Policía y la jueza Penal 3, Virginia Palacios, terminaron arrancándole la máscara que los indicios habían empezado a mostrar. Todo indica que él violó y mató a la nena de 12 años. Ayer, a la una de la tarde, la magistrado lo notificó de que quedaba detenido, imputado por los reiterados abusos y por el homicidio de la chica, cuyo cadáver semidesnudo fue encontrado el jueves a la tarde, en las afueras de la localidad de Saladillo.

Desde el principio, en la versión de Lucas Gómez, había algunos datos que resultaban sospechosos.


Ayer a la mañana, cuando le hizo la autopsia a Florencia, el médico forense Ricardo Torres obtuvo una evidencia tan terrible como reveladora: la última violación por vía anal y vaginal –la que desencadenó el asesinato, probablemente con el fin de ocultar el primer delito– no había sido la primera. El cuerpo de la víctima tenía signos de abusos antiguos.


Ese dato reafirmó la presunción de los investigadores de que estaban ante un caso de violencia intrafamiliar.


Cuando la jueza ordenó la detención, Gómez estaba en el departamento que alquilaba en la parte trasera de la casa 13, en la manzana T del barrio Lucas Rodríguez, en el sur de la ciudad de San Luis. Allí vivía desde hace nueve meses, con su esposa, Carina Valeria Di Marco, su hijastra Florencia, a la que él, en alguna entrevista periodística sobre la desaparición, llamó “mi hija”, y los dos hijos varones que tuvo con su pareja. Allí iba a vivir también Trinidad Guadalupe, la beba que Carina tuvo el martes, apenas unas horas antes de que la nena más grande fuera violada y asesinada. Cuando la nena fue atacada, su madre estaba internada en la maternidad


La vivienda de la familia originaria de San Martín, Mendoza, estaba vigilada por la Policía desde el día anterior. Y a la una y media de la tarde de ayer los oficiales de la división Homicidios empezaron a allanarla, supervisados por Palacios. Buscaban más pruebas sobre el crimen. Aunque no quiso revelar detalles, una fuente de la pesquisa confió que encontraron evidencia que no les deja lugar a dudas sobre dos cosas: el padrastro es el autor del crimen y la nena sufrió un tormento, desde antes de que la matara.


A las 3:35, cuando el sol de la siesta caía a pleno, los vecinos que se habían congregado en las dos bocacalles de la cuadra, porque la Policía no los dejaba acercarse más, le gritaron “asesino, asesino”, cuando la Policía lo sacó de la casa, con la cabeza tapada con un toallón blanco, y lo subió a una camioneta del grupo táctico COAR.


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Las pruebas para la detención del padrastro de Florencia

No más mentiras. Gómez decía que el miércoles a la mañana había llevado a la nena a la escuela. Había tirado su cadáver a la madrugada.

Durante dos días, Lucas Matías Gómez intentó poner la mejor cara de inocente cada vez que un periodista le preguntó qué le podía haber pasado a su hijastra, Florencia Abril Di Marco, que había desaparecido, supuestamente entre la mañana y el mediodía del miércoles. Algunos directamente le interrogaron si tenía la conciencia tranquila. Dijo que sí. Y cuando uno le comentó que gran parte de la opinión pública lo consideraba sospechoso, respondió: “La gente dice cualquier cosa”. Las pruebas contundentes que consiguieron la Policía y la jueza Penal 3, Virginia Palacios, terminaron arrancándole la máscara que los indicios habían empezado a mostrar. Todo indica que él violó y mató a la nena de 12 años. Ayer, a la una de la tarde, la magistrado lo notificó de que quedaba detenido, imputado por los reiterados abusos y por el homicidio de la chica, cuyo cadáver semidesnudo fue encontrado el jueves a la tarde, en las afueras de la localidad de Saladillo.

Desde el principio, en la versión de Lucas Gómez, había algunos datos que resultaban sospechosos.


Ayer a la mañana, cuando le hizo la autopsia a Florencia, el médico forense Ricardo Torres obtuvo una evidencia tan terrible como reveladora: la última violación por vía anal y vaginal –la que desencadenó el asesinato, probablemente con el fin de ocultar el primer delito– no había sido la primera. El cuerpo de la víctima tenía signos de abusos antiguos.


Ese dato reafirmó la presunción de los investigadores de que estaban ante un caso de violencia intrafamiliar.


Cuando la jueza ordenó la detención, Gómez estaba en el departamento que alquilaba en la parte trasera de la casa 13, en la manzana T del barrio Lucas Rodríguez, en el sur de la ciudad de San Luis. Allí vivía desde hace nueve meses, con su esposa, Carina Valeria Di Marco, su hijastra Florencia, a la que él, en alguna entrevista periodística sobre la desaparición, llamó “mi hija”, y los dos hijos varones que tuvo con su pareja. Allí iba a vivir también Trinidad Guadalupe, la beba que Carina tuvo el martes, apenas unas horas antes de que la nena más grande fuera violada y asesinada. Cuando la nena fue atacada, su madre estaba internada en la maternidad


La vivienda de la familia originaria de San Martín, Mendoza, estaba vigilada por la Policía desde el día anterior. Y a la una y media de la tarde de ayer los oficiales de la división Homicidios empezaron a allanarla, supervisados por Palacios. Buscaban más pruebas sobre el crimen. Aunque no quiso revelar detalles, una fuente de la pesquisa confió que encontraron evidencia que no les deja lugar a dudas sobre dos cosas: el padrastro es el autor del crimen y la nena sufrió un tormento, desde antes de que la matara.


A las 3:35, cuando el sol de la siesta caía a pleno, los vecinos que se habían congregado en las dos bocacalles de la cuadra, porque la Policía no los dejaba acercarse más, le gritaron “asesino, asesino”, cuando la Policía lo sacó de la casa, con la cabeza tapada con un toallón blanco, y lo subió a una camioneta del grupo táctico COAR.


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