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El trabajo sanitario puntano ya tiene su manual

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El trabajo sanitario puntano ya tiene su manual

Por Magdalena Strongoli


San Luis es por tradición una provincia de producción pecuaria. En la búsqueda de alcanzar el status sanitario que la mantenga libre de las enfermedades que afectan a la ganadería y ayudar a los pequeños productores a optimizar los recursos con los que cuentan, el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción trabaja, desde 2011, en planes sobre toros, cabras y cerdos para mejorar lo que consideran el primer eslabón para tener un negocio rentable y sustentable, que asegure una óptima salud pública.

La reposición de los animales es una de las características que dan cuenta de la asistencia que le brinda San Luis al trabajador rural.


La buena salud de los animales también se complementa con una buena alimentación (Plan Pasturas para promover el crecimiento de forraje en zonas marginales) y con la posibilidad de contar con las vacunas preventivas. Por eso el Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural diseñó un manual sanitario en el cual dejó plasmadas las estrategias utilizadas para darle solución a los problemas de los sectores más vulnerables dentro de la cría de animales con fines comerciales. 


Los veterinarios Martín Rodríguez y Gabriela Delgado, autores del compendio, hablaron con la Revista El Campo para dar detalles de lo que los llevó a crear el resumen de las tareas hechas hasta la fecha y contar como seguirá la ejecución dentro de los establecimientos provinciales. El manual cuenta con información significativa que ayudaron a los técnicos a saber que con que panorama se iban a encontrar al salir a las zonas rurales. El 70 por ciento de la superficie provincial está ocupado en la producción de animales entre los que se encuentran la cría de bovinos, caprinos y porcinos, principalmente. El centro y sudeste de San Luis concentra el 66 por ciento el 66 por ciento de la agricultura por lo que allí se hace el ciclo completo en vacunos. En el Valle del Conlara las extensiones son más aptas para la invernada, mientras que en el oeste se hace mayoritariamente la cría bovina.


La responsable de la Gestión de Calidad del Laboratorio de Campo y autora del libro, Gabriela Delgado, habló con la Revista El Campo para hacer un recorrido por las tareas sanitarias que se hacen. “Con Sebastián Lavandeira al frente del ministerio inauguramos el Laboratorio de Campo. El primer año pusimos en vigencia el Plan Caprino. Cuando Martín Rodríguez se incorporó al equipo de trabajo continuamos con la habilitación de mas diagnósticos en el laboratorio y nuevos planes sanitarios”, contó Delgado.


“El objetivo primario de haber realizado la publicación del Sumario de Gestión en Sanidad Animal es dar a conocer los resultados de los trabajos que siempre son guardados. Nosotros consideramos que esto es información pública, y es de la comunidad. Además había muy pocos estudios de las condiciones sanitarias de San Luis”, agregó la veterinaria, quién recordó la información que tenían al momento de comenzar con los trabajos con brucelosis.


“Senasa no tenía datos suficientes sobre San Luis, pero por las dudas nos pedían vacunación. Investigamos y definimos que aquí la prevalencia era baja, pero que estábamos rodeados por provincias con altos índices de brucelosis, por lo que se debían controlar las entradas. Ahí fue que le pedimos ayuda al organismo de control sanitario para crear normas que regularan los movimientos que se hacían en San Luis. Aún estamos en un tire y afloje para que impongan  una medida que asegure el ingreso de animales en pie”, aseguró.


Uno de los motores que llevó a los técnicos a trabajar en materia sanitaria tiene su origen en la lectura entre líneas que hace el programa y por el que ya es reconocido dentro de Senasa el Gobierno de San Luis.  “Al comienzo, cuando tomamos como punto de partida a la brucelosis, el Estado nacional nos quería obligar a vacunar a las cabras. El inconveniente es que no es lo recomendado porque hace que las hembras preñadas aborten. Además es un medicamento importado que dada las condiciones económicas del país, a veces es de fácil acceso y en otras oportunidades no”, dijo la especialista, quien no descartó la medida pero consideró que sólo debe usarse en casos de que la prevalencia de la enfermedad sea alta.


Cada uno cuida su huertita, por lo que la subvención de los gobiernos en algunos momentos resulta de vital importancia. “En el caso de los productores caprinos es necesario darles todas las herramientas para el control de las patologías que puedan surgir. Si no existe una política de Estado firme y que perdure en el tiempo es muy difícil que se cumplan las tareas, ya que se trata de establecimientos pequeños y de muy bajos recursos económicos”, dijo.


“En el caso de la brucelosis partimos desde cero a ver cuál era la realidad dentro de la provincia. Por ejemplo, nos encontramos que en el Departamento San Martín no existía la patología. Allí la población es ciento por ciento rural y las necesidades básicas están insatisfechas por lo que ingresar a la zona -consideramos- fue de vital importancia”, recordó la veterinaria, quien controla los procesos que se hacen en el laboratorio provincial.


El Plan Caprino, al igual que otros, va en escalada, ya sea por la aparición de nuevas patologías o por necesidades que aparecen en el camino. “A su vez, empezamos a investigar enfermedades que nunca habían sido estudiadas y que tenían impacto sobre la provincia. Entre otros hallazgos, la artritis encefalitis caprina fue una causa recurrente de consulta que no teníamos diagnosticada. En aquel momento había algunas zonas en donde se había relevado información pero el paneo completo que hoy tenemos, no existía. Lo más importante es que nunca se había trabajado de manera sostenida y en el tiempo”, repitió una y otra vez con el fin de destacar la seriedad que se le imprime a esos trabajos en San Luis.


La idea de trabajar de la periferia al centro siempre estuvo presente en las labores del Gobierno. “Los lineamiento de todos los planes sanitarios provinciales, ya sea los porcinos, bovinos o caprinos, han sido pensados para ayudar a mejorar la calidad de vida del pequeño productor. Los resultados ahora se vuelcan en este manual para ser difundidos y para que el productor que aún no esté dentro de los proyectos, pueda sumarse”, advirtió la técnica, que trabaja para el Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural, que dirige Rodríguez.


La reposición de los animales es una de las características que dan cuenta de la asistencia que se brinda al trabajador rural. “En todos los casos en los que los animales han dado positivo a alguna enfermedad de tipo permanente o de contagio, se ha eliminado el espécimen enfermo mediante la faena y se ha repuesto por otro. En todos los casos no sólo se erradicó la enfermedad, sino que también contribuimos a la mejora genética con especies de buena genética y con excelente adaptación a la zona”, contó.


“En la producción de animales, la sanidad es un pilar como punto de partida. No se puede hablar de mejorar la genética si hay animales enfermos. Por supuesto que esto se asocia a un montón de otras cosas. Si tenemos los animales sanos pero no tienen el alimento adecuado, ya sea porque falta forraje o porque hay una sobrecarga animal en el campo, también es un problema”, dijo Delgado, quien dejó entrever que el proyecto aspira a mucho más que eliminar focos infecciosos para el cuidado de toda la población y de la fuente de trabajo de un amplio sector de San Luis.


Rodríguez no sólo dirige las acciones a llevar adelante, sino que está de manera permanente en los campos de San Luis. “En el libro se puede ver claramente el método que se usa. El proceso siempre consiste en identificar el problema y ver cómo hacer la planificación estratégica para abordarlo según la enfermedad detectada. Además, nos ayuda a conocer cuál es el status sanitario que posee la provincia”.


El manual tiene una razón de ser: “Poder mostrar cómo conseguimos los objetivos. Nos pareció de vital importancia y es información fundamental e histórica para dejar plasmada cuál es la posición sanitaria en la que se encuentra San Luis.


Es un trabajo que va a trascender a este gobierno. Todas las enfermedades exhibidas se encaran en la actualidad con proyección a futuro, teniendo en cuenta que se trabaja con objetivos claros y a largo plazo”, dijo Rodríguez.


El Ministerio de Salud es otro pilar en la prevención de enfermedades zoonóticas. “Para el tratamiento de esas patologías en las personas que conviven con animales en condiciones de escasa sanidad requerimos de la intervención de esa dependencia. La brucelosis caprina es un ejemplo de la enfermedad más común en la que intervienen para el cuidado de la salud pública”, informó el médico veterinario.


“Para todas las enfermedades hacemos un análisis completo con la idea de abarcar todos los aspectos en donde puede haber un impacto social. Para las que se transmiten de los animales a los seres humanos, el estudio pasa por saber qué impacto tiene en la salud y cuánta gente afectada hay en San Luis. Esas evaluaciones también se hacen por departamento o por zona según el requerimiento que tengamos”, aseguró Rodríguez, quien consideró que son formas para saber cómo hacer los controles una vez detectada y eliminada la patología.


Además, el funcionario agregó: “La triquinosis es otra enfermedad de tipo zoonótica en la que hemos trabajado junto al Ministerio de Salud de la Provincia en la toma de muestras de las personas para poder identificar si están enfermas o no. Además la provincia provee de los tratamientos farmacológicos”.


Las tareas no sólo quedan en el diagnóstico. “El asesoramiento de los técnicos y el posterior seguimiento sanitario son parte de los programas de trabajo. Resulta fundamental para la realización de una tarea efectiva. Enseñarles a los productores nuevos hábitos en la sanidad de los animales es fundamental para la prevención y el cuidado de que no aparezcan nuevos focos infecciosos”.


 Los programas se apoyan en varios aspectos. “Lo que siempre es de destacar y que se tornó una pata fundamental es el Laboratorio del Campo con todo el equipamiento tecnológico con el que contamos. Además está la gente, el capital humano profesional, que cuenta con todas las habilitaciones para achicar el margen de error que pueda existir. Otra garantía que se le da al productor es que el servicio no lo hacen terceros, sino que es el Estado quien se encarga con profesionales capacitados”, y agregó que es el laboratorio el que confirma la sospecha de los técnicos.


El comienzo del trabajo sanitario dentro de los establecimientos le da aún mayor seriedad a los planes. “Se empieza con un estudio epidemiológico que cuentan con el aval de instituciones nacionales como el INTA Castelar y la Universidad Nacional de la Plata. Buscamos referentes por fuera de nuestra institución e incluso de la provincia para que puedan dar cuenta de que los trabajos que hacemos son los óptimos. Muchas de las investigaciones científicas han sido presentadas en congresos, lo que garantiza que los procedimientos y herramientas usadas son las correctas”, dijo Rodríguez.


“Es importante buscar los nexos epidemiológicos. Es decir, cuando detectamos una enfermedad en un establecimiento las tareas no se limitan al campo, sino que se empiezan a buscar los orígenes y los potenciales casos que puedan existir en las cercanías. Hay un caso que tomamos como testigo y que mostramos públicamente en el que se detectó un brote de brucelosis en seres humanos en La Botija. En aquel momento sólo eran dos o tres familias. Finalmente encontramos la enfermedad en tres majadas. Llegamos a esa conclusión gracias a las tareas de investigación”, recordó.


En cuanto a aquellos que crían cerdos, tarea que requiere de muchos cuidados, los autores coincidieron en la idea de que, “hay una normativa nacional que obliga a los productores con alrededor de 50 madres a hacer el examen de la enfermedad de Aujeszky, que trae grandes problemas económicos. Ese diagnóstico es muy caro porque el kit es importado. La provincia creó un programa que desarrolla todo un estudio de la enfermedad en los establecimientos de manera gratuita”.


Ante la pregunta de cómo hacer para erradicar la faena clandestina, principalmente de cerdos, Delgado explicó que eso se puede encuadrar en otras de las premisas sanitarias que se han puesto como prioritarias. “En esos casos la educación es todo. Si bien hay organismos como la Cosafi o Bromatología, en algunos casos hacen agua. Aquí la enfermedad que se pone en juego es la triquinosis, que deriva de estas prácticas que para nosotros son todo un problema. La forma correcta de terminar con esas prácticas es que la comunidad tome conciencia de que se trata de un riesgo para todos, que puede derivar en dolencias graves e incluso la muerte. No deben comprar fiambres o derivados del cerdo sin la correspondiente certificación sanitaria”.



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San Luis es por tradición una provincia de producción pecuaria. En la búsqueda de alcanzar el status sanitario que la mantenga libre de las enfermedades que afectan a la ganadería y ayudar a los pequeños productores a optimizar los recursos con los que cuentan, el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción trabaja, desde 2011, en planes sobre toros, cabras y cerdos para mejorar lo que consideran el primer eslabón para tener un negocio rentable y sustentable, que asegure una óptima salud pública.

La reposición de los animales es una de las características que dan cuenta de la asistencia que le brinda San Luis al trabajador rural.


La buena salud de los animales también se complementa con una buena alimentación (Plan Pasturas para promover el crecimiento de forraje en zonas marginales) y con la posibilidad de contar con las vacunas preventivas. Por eso el Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural diseñó un manual sanitario en el cual dejó plasmadas las estrategias utilizadas para darle solución a los problemas de los sectores más vulnerables dentro de la cría de animales con fines comerciales. 


Los veterinarios Martín Rodríguez y Gabriela Delgado, autores del compendio, hablaron con la Revista El Campo para dar detalles de lo que los llevó a crear el resumen de las tareas hechas hasta la fecha y contar como seguirá la ejecución dentro de los establecimientos provinciales. El manual cuenta con información significativa que ayudaron a los técnicos a saber que con que panorama se iban a encontrar al salir a las zonas rurales. El 70 por ciento de la superficie provincial está ocupado en la producción de animales entre los que se encuentran la cría de bovinos, caprinos y porcinos, principalmente. El centro y sudeste de San Luis concentra el 66 por ciento el 66 por ciento de la agricultura por lo que allí se hace el ciclo completo en vacunos. En el Valle del Conlara las extensiones son más aptas para la invernada, mientras que en el oeste se hace mayoritariamente la cría bovina.


La responsable de la Gestión de Calidad del Laboratorio de Campo y autora del libro, Gabriela Delgado, habló con la Revista El Campo para hacer un recorrido por las tareas sanitarias que se hacen. “Con Sebastián Lavandeira al frente del ministerio inauguramos el Laboratorio de Campo. El primer año pusimos en vigencia el Plan Caprino. Cuando Martín Rodríguez se incorporó al equipo de trabajo continuamos con la habilitación de mas diagnósticos en el laboratorio y nuevos planes sanitarios”, contó Delgado.


“El objetivo primario de haber realizado la publicación del Sumario de Gestión en Sanidad Animal es dar a conocer los resultados de los trabajos que siempre son guardados. Nosotros consideramos que esto es información pública, y es de la comunidad. Además había muy pocos estudios de las condiciones sanitarias de San Luis”, agregó la veterinaria, quién recordó la información que tenían al momento de comenzar con los trabajos con brucelosis.


“Senasa no tenía datos suficientes sobre San Luis, pero por las dudas nos pedían vacunación. Investigamos y definimos que aquí la prevalencia era baja, pero que estábamos rodeados por provincias con altos índices de brucelosis, por lo que se debían controlar las entradas. Ahí fue que le pedimos ayuda al organismo de control sanitario para crear normas que regularan los movimientos que se hacían en San Luis. Aún estamos en un tire y afloje para que impongan  una medida que asegure el ingreso de animales en pie”, aseguró.


Uno de los motores que llevó a los técnicos a trabajar en materia sanitaria tiene su origen en la lectura entre líneas que hace el programa y por el que ya es reconocido dentro de Senasa el Gobierno de San Luis.  “Al comienzo, cuando tomamos como punto de partida a la brucelosis, el Estado nacional nos quería obligar a vacunar a las cabras. El inconveniente es que no es lo recomendado porque hace que las hembras preñadas aborten. Además es un medicamento importado que dada las condiciones económicas del país, a veces es de fácil acceso y en otras oportunidades no”, dijo la especialista, quien no descartó la medida pero consideró que sólo debe usarse en casos de que la prevalencia de la enfermedad sea alta.


Cada uno cuida su huertita, por lo que la subvención de los gobiernos en algunos momentos resulta de vital importancia. “En el caso de los productores caprinos es necesario darles todas las herramientas para el control de las patologías que puedan surgir. Si no existe una política de Estado firme y que perdure en el tiempo es muy difícil que se cumplan las tareas, ya que se trata de establecimientos pequeños y de muy bajos recursos económicos”, dijo.


“En el caso de la brucelosis partimos desde cero a ver cuál era la realidad dentro de la provincia. Por ejemplo, nos encontramos que en el Departamento San Martín no existía la patología. Allí la población es ciento por ciento rural y las necesidades básicas están insatisfechas por lo que ingresar a la zona -consideramos- fue de vital importancia”, recordó la veterinaria, quien controla los procesos que se hacen en el laboratorio provincial.


El Plan Caprino, al igual que otros, va en escalada, ya sea por la aparición de nuevas patologías o por necesidades que aparecen en el camino. “A su vez, empezamos a investigar enfermedades que nunca habían sido estudiadas y que tenían impacto sobre la provincia. Entre otros hallazgos, la artritis encefalitis caprina fue una causa recurrente de consulta que no teníamos diagnosticada. En aquel momento había algunas zonas en donde se había relevado información pero el paneo completo que hoy tenemos, no existía. Lo más importante es que nunca se había trabajado de manera sostenida y en el tiempo”, repitió una y otra vez con el fin de destacar la seriedad que se le imprime a esos trabajos en San Luis.


La idea de trabajar de la periferia al centro siempre estuvo presente en las labores del Gobierno. “Los lineamiento de todos los planes sanitarios provinciales, ya sea los porcinos, bovinos o caprinos, han sido pensados para ayudar a mejorar la calidad de vida del pequeño productor. Los resultados ahora se vuelcan en este manual para ser difundidos y para que el productor que aún no esté dentro de los proyectos, pueda sumarse”, advirtió la técnica, que trabaja para el Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural, que dirige Rodríguez.


La reposición de los animales es una de las características que dan cuenta de la asistencia que se brinda al trabajador rural. “En todos los casos en los que los animales han dado positivo a alguna enfermedad de tipo permanente o de contagio, se ha eliminado el espécimen enfermo mediante la faena y se ha repuesto por otro. En todos los casos no sólo se erradicó la enfermedad, sino que también contribuimos a la mejora genética con especies de buena genética y con excelente adaptación a la zona”, contó.


“En la producción de animales, la sanidad es un pilar como punto de partida. No se puede hablar de mejorar la genética si hay animales enfermos. Por supuesto que esto se asocia a un montón de otras cosas. Si tenemos los animales sanos pero no tienen el alimento adecuado, ya sea porque falta forraje o porque hay una sobrecarga animal en el campo, también es un problema”, dijo Delgado, quien dejó entrever que el proyecto aspira a mucho más que eliminar focos infecciosos para el cuidado de toda la población y de la fuente de trabajo de un amplio sector de San Luis.


Rodríguez no sólo dirige las acciones a llevar adelante, sino que está de manera permanente en los campos de San Luis. “En el libro se puede ver claramente el método que se usa. El proceso siempre consiste en identificar el problema y ver cómo hacer la planificación estratégica para abordarlo según la enfermedad detectada. Además, nos ayuda a conocer cuál es el status sanitario que posee la provincia”.


El manual tiene una razón de ser: “Poder mostrar cómo conseguimos los objetivos. Nos pareció de vital importancia y es información fundamental e histórica para dejar plasmada cuál es la posición sanitaria en la que se encuentra San Luis.


Es un trabajo que va a trascender a este gobierno. Todas las enfermedades exhibidas se encaran en la actualidad con proyección a futuro, teniendo en cuenta que se trabaja con objetivos claros y a largo plazo”, dijo Rodríguez.


El Ministerio de Salud es otro pilar en la prevención de enfermedades zoonóticas. “Para el tratamiento de esas patologías en las personas que conviven con animales en condiciones de escasa sanidad requerimos de la intervención de esa dependencia. La brucelosis caprina es un ejemplo de la enfermedad más común en la que intervienen para el cuidado de la salud pública”, informó el médico veterinario.


“Para todas las enfermedades hacemos un análisis completo con la idea de abarcar todos los aspectos en donde puede haber un impacto social. Para las que se transmiten de los animales a los seres humanos, el estudio pasa por saber qué impacto tiene en la salud y cuánta gente afectada hay en San Luis. Esas evaluaciones también se hacen por departamento o por zona según el requerimiento que tengamos”, aseguró Rodríguez, quien consideró que son formas para saber cómo hacer los controles una vez detectada y eliminada la patología.


Además, el funcionario agregó: “La triquinosis es otra enfermedad de tipo zoonótica en la que hemos trabajado junto al Ministerio de Salud de la Provincia en la toma de muestras de las personas para poder identificar si están enfermas o no. Además la provincia provee de los tratamientos farmacológicos”.


Las tareas no sólo quedan en el diagnóstico. “El asesoramiento de los técnicos y el posterior seguimiento sanitario son parte de los programas de trabajo. Resulta fundamental para la realización de una tarea efectiva. Enseñarles a los productores nuevos hábitos en la sanidad de los animales es fundamental para la prevención y el cuidado de que no aparezcan nuevos focos infecciosos”.


 Los programas se apoyan en varios aspectos. “Lo que siempre es de destacar y que se tornó una pata fundamental es el Laboratorio del Campo con todo el equipamiento tecnológico con el que contamos. Además está la gente, el capital humano profesional, que cuenta con todas las habilitaciones para achicar el margen de error que pueda existir. Otra garantía que se le da al productor es que el servicio no lo hacen terceros, sino que es el Estado quien se encarga con profesionales capacitados”, y agregó que es el laboratorio el que confirma la sospecha de los técnicos.


El comienzo del trabajo sanitario dentro de los establecimientos le da aún mayor seriedad a los planes. “Se empieza con un estudio epidemiológico que cuentan con el aval de instituciones nacionales como el INTA Castelar y la Universidad Nacional de la Plata. Buscamos referentes por fuera de nuestra institución e incluso de la provincia para que puedan dar cuenta de que los trabajos que hacemos son los óptimos. Muchas de las investigaciones científicas han sido presentadas en congresos, lo que garantiza que los procedimientos y herramientas usadas son las correctas”, dijo Rodríguez.


“Es importante buscar los nexos epidemiológicos. Es decir, cuando detectamos una enfermedad en un establecimiento las tareas no se limitan al campo, sino que se empiezan a buscar los orígenes y los potenciales casos que puedan existir en las cercanías. Hay un caso que tomamos como testigo y que mostramos públicamente en el que se detectó un brote de brucelosis en seres humanos en La Botija. En aquel momento sólo eran dos o tres familias. Finalmente encontramos la enfermedad en tres majadas. Llegamos a esa conclusión gracias a las tareas de investigación”, recordó.


En cuanto a aquellos que crían cerdos, tarea que requiere de muchos cuidados, los autores coincidieron en la idea de que, “hay una normativa nacional que obliga a los productores con alrededor de 50 madres a hacer el examen de la enfermedad de Aujeszky, que trae grandes problemas económicos. Ese diagnóstico es muy caro porque el kit es importado. La provincia creó un programa que desarrolla todo un estudio de la enfermedad en los establecimientos de manera gratuita”.


Ante la pregunta de cómo hacer para erradicar la faena clandestina, principalmente de cerdos, Delgado explicó que eso se puede encuadrar en otras de las premisas sanitarias que se han puesto como prioritarias. “En esos casos la educación es todo. Si bien hay organismos como la Cosafi o Bromatología, en algunos casos hacen agua. Aquí la enfermedad que se pone en juego es la triquinosis, que deriva de estas prácticas que para nosotros son todo un problema. La forma correcta de terminar con esas prácticas es que la comunidad tome conciencia de que se trata de un riesgo para todos, que puede derivar en dolencias graves e incluso la muerte. No deben comprar fiambres o derivados del cerdo sin la correspondiente certificación sanitaria”.



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