eldiariodelarepublica.com
El "hombre del campanario" lleva más de medio siglo emocionando a Renca

Escuchanos EN VIVO!
X

El "hombre del campanario" lleva más de medio siglo emocionando a Renca


Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra”, recita la obra del poeta inglés John Donne, que a su vez fue la inspiración para el título de la emblemática novela “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway; ambas piezas expresan que la vida de las personas están conectadas y ligadas unas con otras. En Renca el “hombre del campanario” evoca esa premisa con una solemne y sencilla acción, hace 53 años que toca las campanas de la iglesia para recibir al “Señor de los Milagros”. Y dice que aunque es parte del ritual eclesiástico representa una misión personal: emocionar a la gente.


Luis Centenac nació en Renca el diez de abril de 1949. Cuando era un niño la devoción religiosa de su familia lo llevó a unirse como monaguillo en la iglesia del pueblo. En ese entonces el padre Manuel Roche oficiaba las misas y las celebraciones santas.


Contó que el sacerdote fue el encargado de instruirlo, junto a otros jóvenes que con el tiempo dejaron de hacerlo, y por eso se convirtió en el único heredero de ese trabajo religioso.


“El padre Roche fue muy querido en el pueblo, todos lo conocían, incluso en los pueblos vecinos. Yo lo acompañaba desde chico a celebrar las misas en otras iglesias. Viajábamos en una motoneta”, recordó con emoción y resaltó que sus restos están sepultados en la Capilla de Nuestro Señor de Renca, donde todos querían.


Como en ese tiempo no había tantos padres en la región, el religioso viajaba con frecuencia y el monaguillo lo acompañaba. Contó de esa forma conoció  el pueblo de Naschel, a Villa del Carmen, Concarán, Tilisarao y San Pablo entre otros poblados. Un día el sacerdote le otorgó la función de tocar las campanas. Le enseñó cómo hacerlo de acuerdo al tipo de ceremonia, y fue ahí cuando comenzó con la tarea.


“La primera vez que toqué en el día del Santo tenía unos 15 años. Estaba muy nervioso porque sentía una gran responsabilidad ante los fieles que venían de todas partes y estaban esperando ese momento especial”, señaló y añadió que sigue sintiendo lo mismo.


Desde ese día Luis sube los diez metros de escalera que lleva a la torre de las campanas, para la celebración del Cristo del Espino y en otras ocasiones especiales.


Desde que arranca la novena hasta el 24 de abril hasta el día en el que se le rinde honor, el 3 de mayo, el campanero cumple con los toques y con una precisión de reloj suizo. Según relató durante determinados horarios puntuales del día se toca una sola campana, por lo general son tres toques solemnes. En cambio en las noches que anteceden la fecha de los festejos el repiqueteo es doble y alegre. Lo mismo cuando se anuncia la salida del Santo a la calle y se da inicio la procesión.


“Es muy emocionante, es un llamado de fe, un canto de esperanza y respeto”, manifestó.


Mencionó que vivió 34 años en Renca y los siguiente 34 en Tilisarao, por razones laborales. “Pero no me pude ir muy lejos porque me pone triste estar lejos de mi pueblo, de hecho casi todo los días vuelvo para charlar con los amigos y vecinos. A muchos los conozco de la infancia, con los que fui a la escuela, o crecí. Si paso muchos días lejos de Renca, siento que me falta algo”, expresó.


También dijo que quiere transmitirle su experiencia a un joven que entienda que no se trata sólo de tocar, ya que es una tarea sencilla que puede hacerla quien se lo proponga; sino que comprenda lo que representa para la gente.


“Hasta el último momento lloro, porque me llega mucho lo que veo”, indicó y agregó que siempre le pide al Santo que abran una fábrica en el pueblo, “Basta que ocupen a 20 o 30 personas, se solucionarían todos los problemas y los jóvenes no se perderían en cosas malas”, apuntó.


Por quién tañen las campanas continúa el texto del poeta; por el pueblo de Renca y por las miles de almas que cada año buscan un milagro, resumió el "señor de las campanas".


Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

El "hombre del campanario" lleva más de medio siglo emocionando a Renca

El señor de las campanas . En la torre, Luis Centenac, disfruta de la mejor vista en las ceremonias.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra”, recita la obra del poeta inglés John Donne, que a su vez fue la inspiración para el título de la emblemática novela “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway; ambas piezas expresan que la vida de las personas están conectadas y ligadas unas con otras. En Renca el “hombre del campanario” evoca esa premisa con una solemne y sencilla acción, hace 53 años que toca las campanas de la iglesia para recibir al “Señor de los Milagros”. Y dice que aunque es parte del ritual eclesiástico representa una misión personal: emocionar a la gente.


Luis Centenac nació en Renca el diez de abril de 1949. Cuando era un niño la devoción religiosa de su familia lo llevó a unirse como monaguillo en la iglesia del pueblo. En ese entonces el padre Manuel Roche oficiaba las misas y las celebraciones santas.


Contó que el sacerdote fue el encargado de instruirlo, junto a otros jóvenes que con el tiempo dejaron de hacerlo, y por eso se convirtió en el único heredero de ese trabajo religioso.


“El padre Roche fue muy querido en el pueblo, todos lo conocían, incluso en los pueblos vecinos. Yo lo acompañaba desde chico a celebrar las misas en otras iglesias. Viajábamos en una motoneta”, recordó con emoción y resaltó que sus restos están sepultados en la Capilla de Nuestro Señor de Renca, donde todos querían.


Como en ese tiempo no había tantos padres en la región, el religioso viajaba con frecuencia y el monaguillo lo acompañaba. Contó de esa forma conoció  el pueblo de Naschel, a Villa del Carmen, Concarán, Tilisarao y San Pablo entre otros poblados. Un día el sacerdote le otorgó la función de tocar las campanas. Le enseñó cómo hacerlo de acuerdo al tipo de ceremonia, y fue ahí cuando comenzó con la tarea.


“La primera vez que toqué en el día del Santo tenía unos 15 años. Estaba muy nervioso porque sentía una gran responsabilidad ante los fieles que venían de todas partes y estaban esperando ese momento especial”, señaló y añadió que sigue sintiendo lo mismo.


Desde ese día Luis sube los diez metros de escalera que lleva a la torre de las campanas, para la celebración del Cristo del Espino y en otras ocasiones especiales.


Desde que arranca la novena hasta el 24 de abril hasta el día en el que se le rinde honor, el 3 de mayo, el campanero cumple con los toques y con una precisión de reloj suizo. Según relató durante determinados horarios puntuales del día se toca una sola campana, por lo general son tres toques solemnes. En cambio en las noches que anteceden la fecha de los festejos el repiqueteo es doble y alegre. Lo mismo cuando se anuncia la salida del Santo a la calle y se da inicio la procesión.


“Es muy emocionante, es un llamado de fe, un canto de esperanza y respeto”, manifestó.


Mencionó que vivió 34 años en Renca y los siguiente 34 en Tilisarao, por razones laborales. “Pero no me pude ir muy lejos porque me pone triste estar lejos de mi pueblo, de hecho casi todo los días vuelvo para charlar con los amigos y vecinos. A muchos los conozco de la infancia, con los que fui a la escuela, o crecí. Si paso muchos días lejos de Renca, siento que me falta algo”, expresó.


También dijo que quiere transmitirle su experiencia a un joven que entienda que no se trata sólo de tocar, ya que es una tarea sencilla que puede hacerla quien se lo proponga; sino que comprenda lo que representa para la gente.


“Hasta el último momento lloro, porque me llega mucho lo que veo”, indicó y agregó que siempre le pide al Santo que abran una fábrica en el pueblo, “Basta que ocupen a 20 o 30 personas, se solucionarían todos los problemas y los jóvenes no se perderían en cosas malas”, apuntó.


Por quién tañen las campanas continúa el texto del poeta; por el pueblo de Renca y por las miles de almas que cada año buscan un milagro, resumió el "señor de las campanas".


Logín