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Un joven mercedino salvó a un colectivero que tuvo un infarto

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Un joven mercedino salvó a un colectivero que tuvo un infarto

Nicolás Lucero le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar  al hombre que se descompensó con el bus en marcha.

Las casualidades no existen”, afirmó Nicolás Lucero. Y el domingo a la noche, la vida le dio la razón. El joven debió asistir a un colectivero que sufrió una descompensación mientras iba manejando y chocó contra los edificios de la cuadra donde vive, en la ciudad de Rosario. El chofer había discutido violentamente con un pasajero. Al subirse al bus, Nicolás lo encontró tendido, inconsciente, sobre el piso del vehículo. Era un infarto. Con maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), le masajeó el pecho, a la altura del corazón. Así lo mantuvo con vida hasta que llegó un equipo de emergencias. Lucero estudia Medicina y hace 14 meses trabaja en el Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (SIES).

El muchacho reside sobre la avenida Córdoba, una de las más transitadas de la ciudad, incluso los fines de semana. Esa noche, como muchas otras, salió de la misa de las 20 y volvió pedaleando hasta su hogar. Guardó la bici y, en vez de subir a su departamento del décimo piso, se quedó en la vereda a esperar a un amigo. Desconocía que el caos estaba por comenzar.

Eran las 21:20 cuando vio que un colectivo de la línea 122 detuvo su marcha frente a él, a mitad de cuadra, metros antes de donde está la parada. "Veo que el chofer se levanta y se lanza sobre un hombre que estaba fuera de sí, eufórico, como alcoholizado, golpeaba los vidrios del colectivo y se balanceaba sobre la gente. El chofer, de una manera bastante violenta, lo lanza afuera del cole de un patadón, imagino que el pasajero debe haber venido generando molestias. Al advertir la situación, llamo al 911", relató.

Sorprendido, se acercó al vehículo y le indicó al conductor que abriera la puerta para que junto con algunos pasajeros pudieran retener al alborotador. Pero no le hizo caso.

"El chofer, muy alterado, decide poner primera y seguir el recorrido. Debe haber hecho 20 metros y comienza a subirse a la vereda, se lleva puesto el cartel de la parada electrónica. Ahí pensé que le había pasado algo, entonces corté la comunicación y marqué el 107, donde atienden las emergencias. Yo trabajo ahí", comentó el joven.

De las decenas de personas que viajaban en ese momento sobre el ómnibus, la mayoría gritaba, otros estaban sobresaltados y eran pocos los que entendían qué había pasado. Lucero, más rápido que ellos, decidió subirse. "Ingresé por la puerta de atrás, le pedí a la gente que se bajara. Vi que el chofer estaba tendido en el piso: se había descompensado y caído de costado, hacia la puerta delantera.

Lo primero que hice fue ver si había sangre en el piso porque pensé que en la escaramuza podía tener una herida de arma blanca, pero no. Le tomé el pulso, los signos vitales. No tenía pulso y no respiraba así que me dije 'algo tengo que hacer'. Me arrodillé y empecé a hacer maniobras de RCP", dijo.

Enzo, así se llama el hombre de 53 años que manejaba el 122, volvió en sí pero inmediatamente se desmayó. En ese momento, llegó el equipo de emergencias. Mientras Nicolás seguía con el masaje, usaron el desfibrilador y lograron resucitarlo. Lo intubaron en medio del colectivo en penumbras, ya que el choque había afectado el sistema eléctrico, y lo cargaron a la ambulancia.

"Estaba con una carga de adrenalina que nunca tuve en mi vida. Cuando Enzo reaccionó, se me llenaron los ojos de lágrimas, no pude contenerlo, me tiré en un asiento, pude descargar la tensión vivida y agradecer a Dios que estuviera vivo. Soy creyente y creo que estuve ahí no por una casualidad, fue una causalidad. Pasaron una seguidilla de cosas que para mí tienen un significado y es Dios", consideró. Ninguno de los que iban a bordo sabía cómo hacer RCP.

El chofer sufrió un infarto agudo de miocardio. Actualmente está en un sanatorio privado de Rosario en terapia intensiva. "Sigue peleando por su vida, luchando. Estamos todos haciendo fuerza para que Enzo mejore. Me escribió su ahijada y dice que está grave. Quiero ir y conocer a sus familiares. Ojalá todo termine bien y pueda volver a su casa", expresó Lucero aún conmocionado.

Tras lo ocurrido, Nicolás sólo pretende que más personas decidan capacitarse y dar una mano en ocasiones similares. "Uno no es consciente de que esos minutos son vitales, se llaman minutos de oro. Que la gente se interese, busque cursos o talleres porque el RCP realmente salva vidas, las maniobras permiten que el corazón siga bombeando sangre y mandando oxígeno al cerebro", enfatizó.

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Un joven mercedino salvó a un colectivero que tuvo un infarto

Nicolás Lucero le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar  al hombre que se descompensó con el bus en marcha.

Corazón valiente. Nicolás aún se emociona con lo ocurrido y espera que el chofer se recupere. 

Las casualidades no existen”, afirmó Nicolás Lucero. Y el domingo a la noche, la vida le dio la razón. El joven debió asistir a un colectivero que sufrió una descompensación mientras iba manejando y chocó contra los edificios de la cuadra donde vive, en la ciudad de Rosario. El chofer había discutido violentamente con un pasajero. Al subirse al bus, Nicolás lo encontró tendido, inconsciente, sobre el piso del vehículo. Era un infarto. Con maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), le masajeó el pecho, a la altura del corazón. Así lo mantuvo con vida hasta que llegó un equipo de emergencias. Lucero estudia Medicina y hace 14 meses trabaja en el Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (SIES).

El muchacho reside sobre la avenida Córdoba, una de las más transitadas de la ciudad, incluso los fines de semana. Esa noche, como muchas otras, salió de la misa de las 20 y volvió pedaleando hasta su hogar. Guardó la bici y, en vez de subir a su departamento del décimo piso, se quedó en la vereda a esperar a un amigo. Desconocía que el caos estaba por comenzar.

Eran las 21:20 cuando vio que un colectivo de la línea 122 detuvo su marcha frente a él, a mitad de cuadra, metros antes de donde está la parada. "Veo que el chofer se levanta y se lanza sobre un hombre que estaba fuera de sí, eufórico, como alcoholizado, golpeaba los vidrios del colectivo y se balanceaba sobre la gente. El chofer, de una manera bastante violenta, lo lanza afuera del cole de un patadón, imagino que el pasajero debe haber venido generando molestias. Al advertir la situación, llamo al 911", relató.

Sorprendido, se acercó al vehículo y le indicó al conductor que abriera la puerta para que junto con algunos pasajeros pudieran retener al alborotador. Pero no le hizo caso.

"El chofer, muy alterado, decide poner primera y seguir el recorrido. Debe haber hecho 20 metros y comienza a subirse a la vereda, se lleva puesto el cartel de la parada electrónica. Ahí pensé que le había pasado algo, entonces corté la comunicación y marqué el 107, donde atienden las emergencias. Yo trabajo ahí", comentó el joven.

De las decenas de personas que viajaban en ese momento sobre el ómnibus, la mayoría gritaba, otros estaban sobresaltados y eran pocos los que entendían qué había pasado. Lucero, más rápido que ellos, decidió subirse. "Ingresé por la puerta de atrás, le pedí a la gente que se bajara. Vi que el chofer estaba tendido en el piso: se había descompensado y caído de costado, hacia la puerta delantera.

Lo primero que hice fue ver si había sangre en el piso porque pensé que en la escaramuza podía tener una herida de arma blanca, pero no. Le tomé el pulso, los signos vitales. No tenía pulso y no respiraba así que me dije 'algo tengo que hacer'. Me arrodillé y empecé a hacer maniobras de RCP", dijo.

Enzo, así se llama el hombre de 53 años que manejaba el 122, volvió en sí pero inmediatamente se desmayó. En ese momento, llegó el equipo de emergencias. Mientras Nicolás seguía con el masaje, usaron el desfibrilador y lograron resucitarlo. Lo intubaron en medio del colectivo en penumbras, ya que el choque había afectado el sistema eléctrico, y lo cargaron a la ambulancia.

"Estaba con una carga de adrenalina que nunca tuve en mi vida. Cuando Enzo reaccionó, se me llenaron los ojos de lágrimas, no pude contenerlo, me tiré en un asiento, pude descargar la tensión vivida y agradecer a Dios que estuviera vivo. Soy creyente y creo que estuve ahí no por una casualidad, fue una causalidad. Pasaron una seguidilla de cosas que para mí tienen un significado y es Dios", consideró. Ninguno de los que iban a bordo sabía cómo hacer RCP.

El chofer sufrió un infarto agudo de miocardio. Actualmente está en un sanatorio privado de Rosario en terapia intensiva. "Sigue peleando por su vida, luchando. Estamos todos haciendo fuerza para que Enzo mejore. Me escribió su ahijada y dice que está grave. Quiero ir y conocer a sus familiares. Ojalá todo termine bien y pueda volver a su casa", expresó Lucero aún conmocionado.

Tras lo ocurrido, Nicolás sólo pretende que más personas decidan capacitarse y dar una mano en ocasiones similares. "Uno no es consciente de que esos minutos son vitales, se llaman minutos de oro. Que la gente se interese, busque cursos o talleres porque el RCP realmente salva vidas, las maniobras permiten que el corazón siga bombeando sangre y mandando oxígeno al cerebro", enfatizó.

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