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¿Hasta dónde crecer con la producción de trigo?

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¿Hasta dónde crecer con la producción de trigo?

Carlos Etchepare

Panorama agrícola (segunda parte)

En la primera parte de la columna comenzamos a respondernos algunas de las muchas preguntas que nos plantea la producción de trigo hacia adelante. Hacíamos referencia a qué hacer ante el crecimiento productivo, qué impacto puede tener cosechar alrededor de 20 millones de toneladas (MT) de manera sostenida y qué sucede con la competitividad del trigo argentino.

En esta segunda entrega intentaremos profundizar sobre la importancia de comprender y manejar los mercados, la necesidad de agregar valor y la posibilidad de asignar otros cultivos al área destinada para la producción de invierno, generando rotaciones agronómicas adecuadas para los suelos.

Cómo repartir el áre entre los cultivos de invierno

Uno de los principales desafíos que tiene la agricultura en nuestro país pasa por la asignación de áreas de siembra. Para muchos especialistas el crecimiento desbordante de la producción de soja perjudicó todos los esquemas agronómicos sustentables y el negocio se impuso por sobre la salud de los suelos. De esta manera, el área con cultivos menos rentables, como por ejemplo el trigo, se vio disminuida en la última década.

Pero como ya es sabido, una serie de decisiones políticas del gobierno nacional le devolvieron a cultivos como el trigo parte de la competitividad perdida. Por eso en el último ciclo tuvimos una explosión productiva, con más de 5 millones de hectáreas sembradas y 18 MT producidas.

Pero esta variable, que esperamos que se mantenga en este nuevo ciclo, puede no ser absolutamente viable desde el punto de vista económico, por lo tanto es importante que también se estudien y se promocionen cultivos alternativos al cereal.

En este sentido, la distribución de área y de granos a sembrar es una discusión fundamental de cara al futuro de la agricultura en nuestro país. Según el empresario líder en el sector, Gustavo Grobocopatel, “hay que entender que vamos hacia las 40 millones de hectáreas de cultivos en Argentina. El tema es cuántas de esas hectáreas son cultivos de primera o de segunda y ahí parecería que el equilibrio estaría en que se hagan entre 8 y 10 millones de hectáreas con cultivos de invierno”. Aunque aclara que en este punto serán “los mercados quienes nos van a ir marcando cuáles serán los más viables”.

Para el corredor y presidente de la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Javier Bujan, la rotación de cultivos también es un tema fundamental para el devenir de la agricultura en nuestro país. Pero sin olvidarse del factor económico, el especialista advierte que “hay zonas donde vamos a poder rotar los cultivos, inclusive dentro de los propios granos de invierno, y otras zonas donde no será posible”.

En este punto, Grobocopatel profundiza un poco más y advierte sobre la posibilidad de explotar la producción de legumbres como alternativa al trigo.

“India empieza a ser un importador neto de legumbres, algo parecido a lo que pasó con la soja en China en la década del '90. Se espera que haya una demanda de alrededor de 20 MT de legumbres en los próximos 6 ó 7 años de parte de India. Demanda que debería ser abastecida por Canadá, Australia o Argentina. Y esas 20 MT de legumbres son alrededor de 10 millones de hectáreas de cultivo, por lo tanto hay que tratar de que esas hectáreas extras que hay que sembrar en el mundo, se siembren mayoritariamente en nuestro país y no en campos de nuestros competidores”.

Pero por supuesto que este dato, aunque muy promisorio, no puede ser sacado de contexto. Hoy la realidad nos marca que en  nuestro país las legumbres no tienen cadenas de valor y comercial desarrolladas. Será acá entonces donde la interacción entre el sector privado y el público debe comenzar a funcionar de manera aceitada y correcta. De esta manera, pensar en alternativas al trigo va a ser una tarea posible.

La importancia de manejar los mercados

Cuando pensamos en el trigo como una producción fundamental para nuestro país y pretendemos que se consolide como un grano fuerte, también tenemos que considerar lo que está pasando en el mundo y lo que nos dicen los mercados.

Y en este punto es fundamental que para aprovechar los cambios que se producen en los grandes países exportadores (cae su producción) y para obtener los mejores precios en el ámbito local debemos aprender a leer los mercados y estar siempre informados.

El especialista Javier Buján señala que “hay muchos integrantes de la cadena que, por desconocimiento, no utilizan las herramientas que nos dan los mercados de futuro. Entonces se generan momentos como el actual, donde tenemos mucho trigo sin comercializar y sin cobertura. Y eso es grave”.

En la misma línea discursiva habla el gerente general de la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales, Raúl Dente, quien advierte que “para que haya buenas señales de precio necesitamos mercados con gran volumen y liquidez, dar una vuelta adicional a las opciones y más financiamiento. Sin la participación del sector financiero va a ser muy difícil que los mercados de futuro se puedan  desarrollar”.

Además agrega que, “hay un trabajo enorme por hacer, los operadores y el Estado tenemos que volver a estudiar cómo es la comercialización y a integrar las decisiones en ese aspecto con con las de financiamiento, a saber utilizar los mercados porque son muy importantes. Tenemos instituciones de primera línea, pero hay que ayudar con una presencia orientadora de parte del Estado”.

El agregado de valor como clave

El último punto que decidimos analizar sobre la producción de trigo y todo lo que lo rodea pasa por el agregado de valor. Por lo que se está haciendo y por lo mucho que todavía falta.

“El valor agregado es una utopía si no hay integración con el mundo. Si hay aranceles en Europa y no tenemos un tratado Mercosur-Unión Europea, va a ser difícil que podamos venderle algo con valor agregado. Y para hacerlo se necesitan no sólo políticas activas, sino también políticas de Estado que abran nuevos mercados. El eje central del agregado de valor tiene que ver con la integración al mundo y a los tratados de libre comercio” asegura el empresario Gustavo Grobocopatel.

Pero cuando habla de agregado de valor, Grobocopatel no sólo se refiere a la relación con el mundo y a lo que le podemos vender, también destaca la industria molinera local y el peso que tiene en el arraigo de los pueblos y en la economía de la Argentina profunda. “La molinera es una industria de los pueblos y hay que tratar que funcione. Pero hay un problema, tenemos el doble de capacidad de molienda de la que deberíamos tener. Y eso se resuelve procesando más, para exportar más”.

Sin lugar a dudas cuando pensamos en agregado de valor podemos concluir en que la agroindustria argentina lo genera en altísimas cantidades y con mucha eficiencia en ciertos sectores. Pero como destaca el consultor Enrique Erize, “el mundo es una fortaleza arancelaria, y se le puede exportar valor agregado, pero antes hay que trabajar mucho”.

Falta un largo camino todavía, mucha agua deberá correr bajo el puente para que la producción triguera argentina esté en el lugar que muchos queremos. Pero resolviendo los interrogantes que aquí nos hemos planteado, trabajando de manera conjunta entre los privados y el Estado, generando condiciones de sustentabilidad económica y agronómica, agregando valor y manejando los mercados, es la manera en que lo vamos a lograr.

Es, posiblemente, la única forma de que podamos sostener una producción como la de la campaña pasada y la que seguramente vamos a tener este año, de manera sostenida y sin que el aluvión triguero sea solamente negocio para algunos pocos y problemas para muchos otros.

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¿Hasta dónde crecer con la producción de trigo?

Panorama agrícola (segunda parte)

En la primera parte de la columna comenzamos a respondernos algunas de las muchas preguntas que nos plantea la producción de trigo hacia adelante. Hacíamos referencia a qué hacer ante el crecimiento productivo, qué impacto puede tener cosechar alrededor de 20 millones de toneladas (MT) de manera sostenida y qué sucede con la competitividad del trigo argentino.

En esta segunda entrega intentaremos profundizar sobre la importancia de comprender y manejar los mercados, la necesidad de agregar valor y la posibilidad de asignar otros cultivos al área destinada para la producción de invierno, generando rotaciones agronómicas adecuadas para los suelos.

Cómo repartir el áre entre los cultivos de invierno

Uno de los principales desafíos que tiene la agricultura en nuestro país pasa por la asignación de áreas de siembra. Para muchos especialistas el crecimiento desbordante de la producción de soja perjudicó todos los esquemas agronómicos sustentables y el negocio se impuso por sobre la salud de los suelos. De esta manera, el área con cultivos menos rentables, como por ejemplo el trigo, se vio disminuida en la última década.

Pero como ya es sabido, una serie de decisiones políticas del gobierno nacional le devolvieron a cultivos como el trigo parte de la competitividad perdida. Por eso en el último ciclo tuvimos una explosión productiva, con más de 5 millones de hectáreas sembradas y 18 MT producidas.

Pero esta variable, que esperamos que se mantenga en este nuevo ciclo, puede no ser absolutamente viable desde el punto de vista económico, por lo tanto es importante que también se estudien y se promocionen cultivos alternativos al cereal.

En este sentido, la distribución de área y de granos a sembrar es una discusión fundamental de cara al futuro de la agricultura en nuestro país. Según el empresario líder en el sector, Gustavo Grobocopatel, “hay que entender que vamos hacia las 40 millones de hectáreas de cultivos en Argentina. El tema es cuántas de esas hectáreas son cultivos de primera o de segunda y ahí parecería que el equilibrio estaría en que se hagan entre 8 y 10 millones de hectáreas con cultivos de invierno”. Aunque aclara que en este punto serán “los mercados quienes nos van a ir marcando cuáles serán los más viables”.

Para el corredor y presidente de la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Javier Bujan, la rotación de cultivos también es un tema fundamental para el devenir de la agricultura en nuestro país. Pero sin olvidarse del factor económico, el especialista advierte que “hay zonas donde vamos a poder rotar los cultivos, inclusive dentro de los propios granos de invierno, y otras zonas donde no será posible”.

En este punto, Grobocopatel profundiza un poco más y advierte sobre la posibilidad de explotar la producción de legumbres como alternativa al trigo.

“India empieza a ser un importador neto de legumbres, algo parecido a lo que pasó con la soja en China en la década del '90. Se espera que haya una demanda de alrededor de 20 MT de legumbres en los próximos 6 ó 7 años de parte de India. Demanda que debería ser abastecida por Canadá, Australia o Argentina. Y esas 20 MT de legumbres son alrededor de 10 millones de hectáreas de cultivo, por lo tanto hay que tratar de que esas hectáreas extras que hay que sembrar en el mundo, se siembren mayoritariamente en nuestro país y no en campos de nuestros competidores”.

Pero por supuesto que este dato, aunque muy promisorio, no puede ser sacado de contexto. Hoy la realidad nos marca que en  nuestro país las legumbres no tienen cadenas de valor y comercial desarrolladas. Será acá entonces donde la interacción entre el sector privado y el público debe comenzar a funcionar de manera aceitada y correcta. De esta manera, pensar en alternativas al trigo va a ser una tarea posible.

La importancia de manejar los mercados

Cuando pensamos en el trigo como una producción fundamental para nuestro país y pretendemos que se consolide como un grano fuerte, también tenemos que considerar lo que está pasando en el mundo y lo que nos dicen los mercados.

Y en este punto es fundamental que para aprovechar los cambios que se producen en los grandes países exportadores (cae su producción) y para obtener los mejores precios en el ámbito local debemos aprender a leer los mercados y estar siempre informados.

El especialista Javier Buján señala que “hay muchos integrantes de la cadena que, por desconocimiento, no utilizan las herramientas que nos dan los mercados de futuro. Entonces se generan momentos como el actual, donde tenemos mucho trigo sin comercializar y sin cobertura. Y eso es grave”.

En la misma línea discursiva habla el gerente general de la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales, Raúl Dente, quien advierte que “para que haya buenas señales de precio necesitamos mercados con gran volumen y liquidez, dar una vuelta adicional a las opciones y más financiamiento. Sin la participación del sector financiero va a ser muy difícil que los mercados de futuro se puedan  desarrollar”.

Además agrega que, “hay un trabajo enorme por hacer, los operadores y el Estado tenemos que volver a estudiar cómo es la comercialización y a integrar las decisiones en ese aspecto con con las de financiamiento, a saber utilizar los mercados porque son muy importantes. Tenemos instituciones de primera línea, pero hay que ayudar con una presencia orientadora de parte del Estado”.

El agregado de valor como clave

El último punto que decidimos analizar sobre la producción de trigo y todo lo que lo rodea pasa por el agregado de valor. Por lo que se está haciendo y por lo mucho que todavía falta.

“El valor agregado es una utopía si no hay integración con el mundo. Si hay aranceles en Europa y no tenemos un tratado Mercosur-Unión Europea, va a ser difícil que podamos venderle algo con valor agregado. Y para hacerlo se necesitan no sólo políticas activas, sino también políticas de Estado que abran nuevos mercados. El eje central del agregado de valor tiene que ver con la integración al mundo y a los tratados de libre comercio” asegura el empresario Gustavo Grobocopatel.

Pero cuando habla de agregado de valor, Grobocopatel no sólo se refiere a la relación con el mundo y a lo que le podemos vender, también destaca la industria molinera local y el peso que tiene en el arraigo de los pueblos y en la economía de la Argentina profunda. “La molinera es una industria de los pueblos y hay que tratar que funcione. Pero hay un problema, tenemos el doble de capacidad de molienda de la que deberíamos tener. Y eso se resuelve procesando más, para exportar más”.

Sin lugar a dudas cuando pensamos en agregado de valor podemos concluir en que la agroindustria argentina lo genera en altísimas cantidades y con mucha eficiencia en ciertos sectores. Pero como destaca el consultor Enrique Erize, “el mundo es una fortaleza arancelaria, y se le puede exportar valor agregado, pero antes hay que trabajar mucho”.

Falta un largo camino todavía, mucha agua deberá correr bajo el puente para que la producción triguera argentina esté en el lugar que muchos queremos. Pero resolviendo los interrogantes que aquí nos hemos planteado, trabajando de manera conjunta entre los privados y el Estado, generando condiciones de sustentabilidad económica y agronómica, agregando valor y manejando los mercados, es la manera en que lo vamos a lograr.

Es, posiblemente, la única forma de que podamos sostener una producción como la de la campaña pasada y la que seguramente vamos a tener este año, de manera sostenida y sin que el aluvión triguero sea solamente negocio para algunos pocos y problemas para muchos otros.

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