Opinión

La importancia de agregar valor a la soja y al maíz

La semana pasada comenzamos a analizar la importancia de agregar valor a una producción de soja y de maíz cada vez más voluminosa. Los primeros dos puntos que tuvimos en consideración fueron la colocación (el intento hasta ahora) de poner a nuestro país como el supermercado del mundo y, por otro lado, la actualidad del mercado cárnico y su peso en la demanda de granos para convertirlos en proteína animal.

En esta segunda parte seguiremos con otros dos puntos centrales al momento de pensar en el agregado de valor. Por un lado el peso de los biocombustibles (biodiesel y etanol) y por otro el impacto que tiene en la industrialización de los productos primarios en la economía de los pueblos del interior del país.

Los granos como energía

Cuando hablamos de agregado de valor en los granos de la cosecha gruesa no podemos dejar de mencionar la elaboración de biodiesel en base a aceite de soja y de etanol con maíz. Dos producciones con historias, realidades y futuros distintos.

El primer dato que podemos observar antes de analizar lo que está sucediendo con estas dos producciones es que la industria de bioetanol argentino no alcanza a ser el 2% de lo que es su par de los Estados Unidos. Pero en contraposición a eso, la industria de  biodiesel local es por lo menos un 50% más grande que la de Estados Unidos.

Este dato marca que hemos crecido mucho en la producción y exportación de biodiesel. Según Claudio Molina, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, once años después de la puesta en marcha de la Ley de Biocombustibles, “la capacidad instalada de fabricación de biodiesel es de 1/3 de la producción de aceite de soja que produce nuestro país, es decir alrededor de 4,5 millones de toneladas (MT) por año, que serían unos 5 millones de metros cúbicos de combustible. De todas maneras, la producción del año pasado llegó al récord de 2,7 MT. Es un volumen que nos permite abastecer al mercado interno actual, cubrir la demanda de Estados Unidos y también la de la Unión Europea”.

Pero no todo es color de rosa en el sector de biodiesel. Según Molina, hoy tenemos una especie de tormenta perfecta debido a las sanciones antidumping impuestas por la UE y las nuevas trabas en Estados Unidos, que complican al sector debido al alto perfil exportador que tiene.

En tanto, en el mercado interno el consumo de biodiesel se ubica en un millón de toneladas, que es destinado absolutamente a la mezcla con gasoil tradicional, debido a la política de corte obligatorio, que actualmente está en el 10%.

Molina asegura que “esto frena al mercado local, se podría subir el corte a un 12% generalizado, con algunos sectores de consumo como el agro o el transporte de pasajeros, cuyo corte particular podría ser del 20%”.

En el caso del bioetanol, la realidad es diferente porque no tiene un perfil exportador y por ahora sólo abastece a las compañías de petróleo, que lo mezclan con las naftas de manera obligatoria. Según el directivo de la asociación que nuclea a estas empresas, “las perspectivas a futuro del bioetanol son muy buenas y cada punto porcentual que crece la demanda significa unas 112 mil toneladas anuales de maíz”. En este punto hay que recordar que la fabricación de bioetanol se realiza en partes iguales entre maíz y caña de azúcar.

Como sucede con la gran mayoría de los productos que surgen del sector agroindustrial, la gran oportunidad puede llegar si China empieza a utilizar mucho más biodiesel del que hoy utiliza. Según Molina, “hasta el momento, las expectativas son positivas para el bioetanol y neutras o negativas en el corto plazo para el biodiesel. Pero si lo miramos a largo plazo y entendemos que estamos ante un nuevo paradigma energético, y que el mundo todavía está consumiendo muy poco biocombustibles, todo puede volver a cambiar”.

La agroindustria y el arraigo en los pueblos

“Alguien le tiene que explicar al presidente Mauricio Macri que si aumentamos el área de maíz y lo transformamos en carne o en etanol, con eso baja el área de soja y la actividad en los pueblos del interior sería mucho mayor. Porque una hectárea de maíz genera tres veces más riqueza que una hectárea de soja y mucho más empleo también. Es vital para el desarrollo en el interior del país” señala el consultor y presidente de Novitas, Enrique Erize, quien reabre el mentado debate sobre la distribución de área en la superficie agronómica de la Argentina.

Otro de los que destaca la importancia de potenciar el agregado de valor transformando en origen es Víctor Tonelli. Según el consultor ganadero, “si no logramos arraigar a la población rural y la motivamos para que quiera trabajar en el campo, el futuro del sector ganadero será complicado. Porque no hay ganadería sin gente capacitada. Tenemos que convertir al sector agropecuario en un polo atractivo para los jóvenes y, para esto, asegurarles condiciones como la conectividad es central”

Por su parte el empresario agropecuario y ex presidente de Aapresid, César Belloso, señala que “las Pymes agropecuarias tienen una gran representatividad para el desarrollo local. Porque de la mano de ellas está la gran generación de trabajo en los pueblos del interior” Y llama, por ejemplo, a incrementar la siembra de maíz con la intención de generar plantas de biogas que puedan abastecer a los pueblos conectándose a la red nacional de gas.

Belloso además señala que “la inquietud de generar valor agregado al cultivo de maíz pasa por pensar como promover más producción del cereal. Si esto pasa sería increíble el movimiento que se generaría en torno a un mayor volumen de maíz, desde el punto de vista económico y laboral, y también en  lo que tiene que ver con la sustentabilidad de los suelos”. Es decir, producir más maíz y agregarle valor genera más puestos de trabajo, mayores ingresos y cuida los suelos.

¿Qué falta mejorar?

¿Cómo hacer para que todo este potencial de agregado de valor que tiene la cosecha gruesa sea factible y se haga realidad? Ésta parece ser la pregunta que necesitamos contestarnos y que todavía no hemos podido resolver.

Pueden ser decisiones políticas, la necesidad de mayor interacción entre el sector público y el privado o cuestiones propias de los mercados; lo cierto es que cada uno de los sectores que estuvimos analizando y donde el agregado de valor es fundamental, todavía tiene sus condicionantes.

“En el sector de biocombustibles tenemos diferentes realidades. La industria de biodiesel que apunta a la exportación es competitiva, en cambio el segmento que apuntó al mercado interno tiene mucho que trabajar para mejorar su competitividad” dice Molina.

“En tanto –agrega-, desde el lado del bioetanol el esfuerzo en materia de competitividad que se requiere es más grande porque tenemos distorsiones más pronunciadas entre dos industrias (la de maíz y la de caña de azúcar) que tienen realidades absolutamente distintas”

Por último, el director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno advierte que el crecimiento del sector en el mercado interno está condicionado porque hay dos grandes adversarios, como son la industria petrolera y las automotrices.

Por su parte, Enrique Erize se inclina más hacia una cuestión de iniciativas políticas. Según el analista, “si Argentina tomara la decisión política de llevar al 20% el corte obligatorio con biodiesel, dejaría de depender de que Estados Unidos o la Unión Europea nos compren. Además, si hiciera esto, dejaría de exportar aceite de soja, cuya participación en el mercado es del 48%, el precio del poroto se dispararía y tendríamos una soja de alrededor de 400 dólares en el mercado local”. Y todo eso, destaca Erize, se lograría con una decisión política de intervenir de manera virtuosa sobre la producción y la comercialización de la soja.

Tonelli, desde su lugar de análisis más cercano a la ganadería, considera que “hay un cambio importante que se ha dado en los últimos dos años y que comienza con la creación de la Mesa de las Carnes, donde se ha logrado encontrar objetivos comunes entre los actores del sector privado, pero cuyo avance no fue totalmente acompañado por parte de la política”.

Según Tonelli, “las exportaciones son centrales para la carne, sin ellas no tenemos futuro o por lo menos no vamos a tener manera de crecer porque ya no podemos comer más de lo que comemos en el mercado interno. Y si no producimos más carne no hay manera de que demandemos más granos”.

Además cuestiona las negociaciones internacionales llevadas a cabo por nuestro país y asegura que “estamos en menos 10 y negociamos sin las armas elementales. Vamos a China a abrir mercados que Uruguay ya tiene hace 5 años y nos volvemos con nada”.         

Por último, el productor Santiago del Solar insiste en que “hay que hacer una tarea política muy fuerte de explicar y de convencer a aquéllos que no lo están de que con el campo hay una salida. Y aunque tal vez no sea la única, pasa por exportar todos nuestros productos ligados a la agroindustria y haciéndolo cada vez de manera más competitiva y eficiente que en la actualidad”.

El tema está sobre la mesa y hay que atenderlo. Porque como dijimos antes, un país que industrializa y agrega valor a su producción primaria es un país que crece social, económica y culturalmente.

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