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Apagar el fuego con combustible

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Apagar el fuego con combustible

En la jerga callejera, cuando se suscita una discusión, hay formas de entender, aplacar o avivar esa circunstancia. Cuando la lectura de los hechos es muy rápida y la evaluación errónea, aparece el riesgo de querer “apagar el fuego con nafta”. El resultado final exime de cualquier comentario. Si quien intenta apagar el fuego con nafta es el presidente de la principal potencia mundial, quizás haya que observar con mucha atención lo que está ocurriendo.
Donald Trump lanzó una apocalíptica advertencia a Corea del Norte, prometiendo “fuego e ira” por su programa de misiles, después de trascendidos de que Pyongyang ha logrado miniaturizar con éxito una ojiva nuclear que podría alcanzar a Estados Unidos.
“Corea del Norte mejor que no haga más amenazas a Estados Unidos. Enfrentarán fuego e ira como el mundo nunca ha visto”, declaró el presidente estadounidense desde su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey, donde se encuentra de vacaciones.
Horas más tarde, Corea del Norte dijo que consideraba la posibilidad de atacar con misiles balísticos de alcance intermedio las inmediaciones de las bases militares estadounidenses en la isla de Guam en el Pacífico. El plan podría ser puesto en marcha “en cualquier momento” una vez que el líder norcoreano Kim Jong-Un tome una decisión, reportó la agencia oficial KCNA.
No estaba claro en lo inmediato si la amenaza era en respuesta a las declaraciones de Trump. Lo que está claro es que al menos en el plano de las amenazas y los discursos exacerbados, tanto el presidente norcoreano, como el norteamericano, se especializan en la grandilocuencia, el borde de la racionalidad y un nacionalismo confuso cuyo límite se desconoce.
“The Washington Post” informó que la Agencia de Inteligencia de Defensa estimó que el régimen comunista norcoreano puede colocar armas nucleares en sus misiles balísticos, entre ellos los intercontinentales.
El Pentágono no comentó estos trascendidos, pero el “Post dijo” que las conclusiones generales de la evaluación fueron verificadas por dos funcionarios estadounidenses que conocían el informe. Este reporte sugiere que Pyongyang está más cerca de tener un misil con cabeza nuclear de lo que había reconocido anteriormente.
Hasta el mes pasado, los expertos habían dicho que faltaban unos dos o tres años para que Corea del Norte desarrollara un arma así. Pero este cálculo cambió repentinamente luego que Pyongyang probara por primera vez el mes pasado dos misiles de estas características.
La primera de estas pruebas, que Kim describió como un regalo a los “bastardos estadounidenses”, mostró que el cohete podía potencialmente alcanzar Alaska. El segundo misil probado la semana pasada llegó aún más lejos y algunos expertos sugirieron incluso que Nueva York podría ser vulnerable.
Trump dijo que Kim “ha estado muy amenazante más allá de un estado normal. Como he dicho, enfrentarán el fuego y la ira y, francamente, el poder”, subrayó el mandatario a periodistas. Sus comentarios marcan un rápido aumento de la retórica de Washington, centrado hasta ahora en encontrar soluciones no militares en este tema.
La oposición no tardó en expresarse. “No se equivoquen: Corea del Norte es una amenaza real, pero la reacción desquiciada del presidente sugiere que podría considerar el uso de armas nucleares estadounidenses en respuesta a un desagradable comentario de un déspota norcoreano”, dijo Eliot Engel, demócrata de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.
El problema mayúsculo es que ambos mandatarios se deleitan en desafíos que ponen en vilo, no sólo la paz mundial, sino también, el equilibrio del planeta. Por ahora parecen “dos perros que ladran, pero no muerden”, aunque la tentación de la violencia sobrevuela con persistencia en uno y otro extremo. Eso no es bueno. Nunca será bueno, y ya es hora de que empiece a primar la cordura, antes que sea demasiado tarde.
 

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Apagar el fuego con combustible

En la jerga callejera, cuando se suscita una discusión, hay formas de entender, aplacar o avivar esa circunstancia. Cuando la lectura de los hechos es muy rápida y la evaluación errónea, aparece el riesgo de querer “apagar el fuego con nafta”. El resultado final exime de cualquier comentario. Si quien intenta apagar el fuego con nafta es el presidente de la principal potencia mundial, quizás haya que observar con mucha atención lo que está ocurriendo.
Donald Trump lanzó una apocalíptica advertencia a Corea del Norte, prometiendo “fuego e ira” por su programa de misiles, después de trascendidos de que Pyongyang ha logrado miniaturizar con éxito una ojiva nuclear que podría alcanzar a Estados Unidos.
“Corea del Norte mejor que no haga más amenazas a Estados Unidos. Enfrentarán fuego e ira como el mundo nunca ha visto”, declaró el presidente estadounidense desde su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey, donde se encuentra de vacaciones.
Horas más tarde, Corea del Norte dijo que consideraba la posibilidad de atacar con misiles balísticos de alcance intermedio las inmediaciones de las bases militares estadounidenses en la isla de Guam en el Pacífico. El plan podría ser puesto en marcha “en cualquier momento” una vez que el líder norcoreano Kim Jong-Un tome una decisión, reportó la agencia oficial KCNA.
No estaba claro en lo inmediato si la amenaza era en respuesta a las declaraciones de Trump. Lo que está claro es que al menos en el plano de las amenazas y los discursos exacerbados, tanto el presidente norcoreano, como el norteamericano, se especializan en la grandilocuencia, el borde de la racionalidad y un nacionalismo confuso cuyo límite se desconoce.
“The Washington Post” informó que la Agencia de Inteligencia de Defensa estimó que el régimen comunista norcoreano puede colocar armas nucleares en sus misiles balísticos, entre ellos los intercontinentales.
El Pentágono no comentó estos trascendidos, pero el “Post dijo” que las conclusiones generales de la evaluación fueron verificadas por dos funcionarios estadounidenses que conocían el informe. Este reporte sugiere que Pyongyang está más cerca de tener un misil con cabeza nuclear de lo que había reconocido anteriormente.
Hasta el mes pasado, los expertos habían dicho que faltaban unos dos o tres años para que Corea del Norte desarrollara un arma así. Pero este cálculo cambió repentinamente luego que Pyongyang probara por primera vez el mes pasado dos misiles de estas características.
La primera de estas pruebas, que Kim describió como un regalo a los “bastardos estadounidenses”, mostró que el cohete podía potencialmente alcanzar Alaska. El segundo misil probado la semana pasada llegó aún más lejos y algunos expertos sugirieron incluso que Nueva York podría ser vulnerable.
Trump dijo que Kim “ha estado muy amenazante más allá de un estado normal. Como he dicho, enfrentarán el fuego y la ira y, francamente, el poder”, subrayó el mandatario a periodistas. Sus comentarios marcan un rápido aumento de la retórica de Washington, centrado hasta ahora en encontrar soluciones no militares en este tema.
La oposición no tardó en expresarse. “No se equivoquen: Corea del Norte es una amenaza real, pero la reacción desquiciada del presidente sugiere que podría considerar el uso de armas nucleares estadounidenses en respuesta a un desagradable comentario de un déspota norcoreano”, dijo Eliot Engel, demócrata de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.
El problema mayúsculo es que ambos mandatarios se deleitan en desafíos que ponen en vilo, no sólo la paz mundial, sino también, el equilibrio del planeta. Por ahora parecen “dos perros que ladran, pero no muerden”, aunque la tentación de la violencia sobrevuela con persistencia en uno y otro extremo. Eso no es bueno. Nunca será bueno, y ya es hora de que empiece a primar la cordura, antes que sea demasiado tarde.
 

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