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Sanciones para domesticar la ira

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Sanciones para domesticar la ira

La prohibición de las exportaciones textiles y la restricción en el suministro en petróleo y gas, son las sanciones más severas que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en contra de Corea del Norte a raíz de su sexto ensayo nuclear. De alguna manera, la diplomacia internacional, considera que estas medidas concretas, son más efectivas que las amenazas abiertas (¿Para la tribuna?) de Donald Trump.

El órgano de Naciones Unidas avaló la resolución -impulsada por Estados Unidos- con el apoyo de China y Rusia, un mes después de adoptar otra que vetaba las exportaciones norcoreanas de carbón, hierro y marisco tras el lanzamiento a mediados de agosto de un misil de medio alcance que sobrevoló Japón.

Estados Unidos tuvo que sacar de su propuesta ciertas medidas para lograr el aval de Pekín y Moscú, como un embargo total petrolero o el congelamiento de los bienes del líder norcoreano, Kim Jong-Un. “No buscamos una guerra”, aseguró la embajadora estadounidense Nikki Haley tras la votación.

Seúl saludó la decisión, calificando la resolución como una “severa advertencia” contra Pyongyang, mientras que el primer ministro japonés “apreció altamente” el texto que muestra que la “comunidad internacional debe acentuar la presión sobre Corea del Norte a un nuevo nivel y sin precedentes” para que “cambie su política”.

La resolución prohíbe las exportaciones textiles, envíos de gas natural y limita las entregas de productos derivados de petróleo refinado. Asimismo, restringe a los países miembro de Naciones Unidas conceder nuevos permisos de trabajo a ciudadanos norcoreanos. Unos 93.000 connacionales trabajan en el extranjero, convirtiéndose en una importante fuente de ingresos para financiar el programa de armamento de Pyongyang, según una fuente estadounidense.

Por otro lado, habilita a inspeccionar embarcaciones sospechosas de transportar a Corea del Norte cargas afectadas por las sanciones, aunque con la autorización del país bajo cuya bandera estén registrados. El proyecto de resolución inicial permitía examinarlos por la fuerza.

Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia, entre otros países, coincidieron en que la nueva resolución es “muy sólida”, “equilibrada” y manifiesta la “unidad” y “determinación” de la institución internacional para abordar el problema.

Con esto, la ONU quiere presionar a Corea del Norte para que negocie su programa de armamento, que considera amenaza la estabilidad mundial. La resolución limita la entrega de productos derivados del petróleo a 500.000 barriles durante tres meses a partir del 1º de octubre y a dos millones de barriles a partir del 1º de enero de 2018 durante 12 meses.

Eso significará un recorte del 10% de estos productos, según el Departamento de Energía de Estados Unidos, que calcula que Corea del Norte importa unos 2,2 millones de barriles al año. Corea importa gasolina y diésel principalmente de China, vitales para garantizar el funcionamiento de los sectores agrícola, militar y de transporte.

Pekín -el aliado más importante de Pyongyang- se negó a avalar al embargo total petrolero que proponía Washington, al temer que haría añicos la economía norcoreana. La resolución establece que Corea del Norte seguirá recibiendo los cuatro millones de barriles de crudo anuales procedentes de China. La sanción sobre las exportaciones textiles privará al régimen de unos 726 millones de dólares al año, según una fuente estadounidense.

De manera lógica y desafiante, Kim Jong-un ya advirtió que no aceptará sanción alguna. Pero la forma en que ha tensado la cuerda frente a las superpotencias ha logrado una momentánea unión entre sus detractores y hasta Pekín ha firmado, con convicción, las nuevas medidas de castigo.

El escenario hoy es el de una “tensa” calma, aunque notoriamente más preferible que el de hace quince días, cuando la escalada de provocaciones llegó a un nivel que hizo temer un conflicto armado.

Con el líder coreano nunca es posible establecer la próxima reacción. Por lo pronto la ONU recurre a sanciones económicas para domesticar su ira. En los próximos días se podrá apreciar si efectivamente ha llegado la hora del equilibrio o serán necesarias “otras medidas más drásticas para garantizar la paz”.

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Sanciones para domesticar la ira

Ilustración: Pablo Blasberg.

La prohibición de las exportaciones textiles y la restricción en el suministro en petróleo y gas, son las sanciones más severas que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en contra de Corea del Norte a raíz de su sexto ensayo nuclear. De alguna manera, la diplomacia internacional, considera que estas medidas concretas, son más efectivas que las amenazas abiertas (¿Para la tribuna?) de Donald Trump.

El órgano de Naciones Unidas avaló la resolución -impulsada por Estados Unidos- con el apoyo de China y Rusia, un mes después de adoptar otra que vetaba las exportaciones norcoreanas de carbón, hierro y marisco tras el lanzamiento a mediados de agosto de un misil de medio alcance que sobrevoló Japón.

Estados Unidos tuvo que sacar de su propuesta ciertas medidas para lograr el aval de Pekín y Moscú, como un embargo total petrolero o el congelamiento de los bienes del líder norcoreano, Kim Jong-Un. “No buscamos una guerra”, aseguró la embajadora estadounidense Nikki Haley tras la votación.

Seúl saludó la decisión, calificando la resolución como una “severa advertencia” contra Pyongyang, mientras que el primer ministro japonés “apreció altamente” el texto que muestra que la “comunidad internacional debe acentuar la presión sobre Corea del Norte a un nuevo nivel y sin precedentes” para que “cambie su política”.

La resolución prohíbe las exportaciones textiles, envíos de gas natural y limita las entregas de productos derivados de petróleo refinado. Asimismo, restringe a los países miembro de Naciones Unidas conceder nuevos permisos de trabajo a ciudadanos norcoreanos. Unos 93.000 connacionales trabajan en el extranjero, convirtiéndose en una importante fuente de ingresos para financiar el programa de armamento de Pyongyang, según una fuente estadounidense.

Por otro lado, habilita a inspeccionar embarcaciones sospechosas de transportar a Corea del Norte cargas afectadas por las sanciones, aunque con la autorización del país bajo cuya bandera estén registrados. El proyecto de resolución inicial permitía examinarlos por la fuerza.

Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia, entre otros países, coincidieron en que la nueva resolución es “muy sólida”, “equilibrada” y manifiesta la “unidad” y “determinación” de la institución internacional para abordar el problema.

Con esto, la ONU quiere presionar a Corea del Norte para que negocie su programa de armamento, que considera amenaza la estabilidad mundial. La resolución limita la entrega de productos derivados del petróleo a 500.000 barriles durante tres meses a partir del 1º de octubre y a dos millones de barriles a partir del 1º de enero de 2018 durante 12 meses.

Eso significará un recorte del 10% de estos productos, según el Departamento de Energía de Estados Unidos, que calcula que Corea del Norte importa unos 2,2 millones de barriles al año. Corea importa gasolina y diésel principalmente de China, vitales para garantizar el funcionamiento de los sectores agrícola, militar y de transporte.

Pekín -el aliado más importante de Pyongyang- se negó a avalar al embargo total petrolero que proponía Washington, al temer que haría añicos la economía norcoreana. La resolución establece que Corea del Norte seguirá recibiendo los cuatro millones de barriles de crudo anuales procedentes de China. La sanción sobre las exportaciones textiles privará al régimen de unos 726 millones de dólares al año, según una fuente estadounidense.

De manera lógica y desafiante, Kim Jong-un ya advirtió que no aceptará sanción alguna. Pero la forma en que ha tensado la cuerda frente a las superpotencias ha logrado una momentánea unión entre sus detractores y hasta Pekín ha firmado, con convicción, las nuevas medidas de castigo.

El escenario hoy es el de una “tensa” calma, aunque notoriamente más preferible que el de hace quince días, cuando la escalada de provocaciones llegó a un nivel que hizo temer un conflicto armado.

Con el líder coreano nunca es posible establecer la próxima reacción. Por lo pronto la ONU recurre a sanciones económicas para domesticar su ira. En los próximos días se podrá apreciar si efectivamente ha llegado la hora del equilibrio o serán necesarias “otras medidas más drásticas para garantizar la paz”.

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