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México: angustiante búsqueda de niños bajo los escombros de una escuela

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México: angustiante búsqueda de niños bajo los escombros de una escuela

Una madre desesperada se muerde los labios de angustia: su hija de siete años está perdida bajo los escombros de su escuela derrumbada durante el terremoto que este martes azotó a México. Al menos 21 niños murieron aplastados en el lugar y los desaparecidos suman 30.

Un puñado de madres, envueltas en cobijas, sufren mientras esperan noticias de sus hijos desaparecidos en la escuela Enrique Rebsamen, un edificio de tres pisos que se redujo a uno tras el terremoto de este martes, al sur de Ciudad de México.

"No hay poder humano que pueda imaginar el dolor que estoy pasando", dijo en la madrugada a la agencia de noticias francesa AFP, Adriana Fargo en un albergue improvisado a la intemperie, mientras espera noticias de su hija desaparecida bajo las ruinas.

Sentada en una silla con los puños apretados y la mirada fija en el suelo, esta mujer traumatizada de cabellos rojizos no alcanzó a pronunciar el nombre de su hija. Cuando se le preguntan por quién espera, solo logra apretar los labios para contener un llanto que sería inconsolable.

Mientras, su esposo trabajaba hombro a hombro con los cientos de soldados, bomberos y rescatistas que, entre la oscuridad de la madrugada, removían cuidadosamente los escombros en busca de señales de vida de los pequeños.

María del Pilar Martí, profesora de la escuela, aseguró que los niños no alcanzaron a salir tras el sismo del martes. "Nos tuvimos que resguardar en nuestros salones hasta que pasara el temblor, sólo vimos una nube de polvo cuando se colapsó una parte del edificio, totalmente", dijo.

"Aparentemente hay  unos veinte niños con una maestra a salvo, en el interior de un salón", dijo a la AFP uno de los rescatistas, bajo condición de anonimato, tras bajar de la inmensa montaña de ruinas.

Con picos, palas e incluso a mano limpia, estos hombres que llevan casi 24 horas sin dormir y mal comer, no escatiman esfuerzos en la angustiante carrera contrarreloj para encontrar con vida a los 30 niños de esa escuela, que según cifras oficiales, siguen desaparecidos.

"¡Silencio por favor! No caminen, no respiren, que tratamos de escuchar las voces de los pequeños atrapados”, clamaba por altavoz un policía, mientras un séquito de voluntarios, con linternas en la cabeza, llevaban largas vigas de madera para sostener los techos a punto de derrumbarse, en una zona acordonada por el ejército y casi imposible de penetrar para la prensa y los civiles.

Alrededor, tropas de ciudadanos voluntarios se organizaban para transportar, a través de una cadena humana, canastos repletos de botellas de agua hasta los rescatistas. Una vez vaciados, esos canastos regresaban llenos de escombros.

Frente a la escuela, dos personas sentadas en una mesa con una computadora hacían las veces de "centro de control" para llevar una lista de los niños muertos, rescatados y desaparecidos.

Al caos de los derrumbes se suma la falta de transporte, los cortes de comunicación y luz eléctrica complican las cosas. "Hay niños que salieron heridos de la escuela y están en hospitales solos, sin sus padres. Mientras que aquí hay padres desesperados que no encuentran a los suyos", dijo, también bajo el anonimato, una de las personas que llevaba control de la lista, a la cual la prensa tampoco puedo tener acceso.

Hasta el momento unos 11 niños y al menos una maestra fueron rescatados con vida de entre los escombros; pero 26 personas salieron muertas, 21 de las cuales son menores, según el oficial José Luis Vergara, coordinador del rescate.

La tarde del martes, el centro de México fue sacudido por un terremoto de 7,1 grados, justo el día que se cumplió el 32° aniversario del devastador terremoto de 1985. Las cifras oficiales contabilizan 248 víctimas fatales.

 

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México: angustiante búsqueda de niños bajo los escombros de una escuela

Una madre desesperada se muerde los labios de angustia: su hija de siete años está perdida bajo los escombros de su escuela derrumbada durante el terremoto que este martes azotó a México. Al menos 21 niños murieron aplastados en el lugar y los desaparecidos suman 30.

Sin descanso. Los rescatistas llevan más de 24 horas removiendo los escombros. AFP

Un puñado de madres, envueltas en cobijas, sufren mientras esperan noticias de sus hijos desaparecidos en la escuela Enrique Rebsamen, un edificio de tres pisos que se redujo a uno tras el terremoto de este martes, al sur de Ciudad de México.

"No hay poder humano que pueda imaginar el dolor que estoy pasando", dijo en la madrugada a la agencia de noticias francesa AFP, Adriana Fargo en un albergue improvisado a la intemperie, mientras espera noticias de su hija desaparecida bajo las ruinas.

Sentada en una silla con los puños apretados y la mirada fija en el suelo, esta mujer traumatizada de cabellos rojizos no alcanzó a pronunciar el nombre de su hija. Cuando se le preguntan por quién espera, solo logra apretar los labios para contener un llanto que sería inconsolable.

Mientras, su esposo trabajaba hombro a hombro con los cientos de soldados, bomberos y rescatistas que, entre la oscuridad de la madrugada, removían cuidadosamente los escombros en busca de señales de vida de los pequeños.

María del Pilar Martí, profesora de la escuela, aseguró que los niños no alcanzaron a salir tras el sismo del martes. "Nos tuvimos que resguardar en nuestros salones hasta que pasara el temblor, sólo vimos una nube de polvo cuando se colapsó una parte del edificio, totalmente", dijo.

"Aparentemente hay  unos veinte niños con una maestra a salvo, en el interior de un salón", dijo a la AFP uno de los rescatistas, bajo condición de anonimato, tras bajar de la inmensa montaña de ruinas.

Con picos, palas e incluso a mano limpia, estos hombres que llevan casi 24 horas sin dormir y mal comer, no escatiman esfuerzos en la angustiante carrera contrarreloj para encontrar con vida a los 30 niños de esa escuela, que según cifras oficiales, siguen desaparecidos.

"¡Silencio por favor! No caminen, no respiren, que tratamos de escuchar las voces de los pequeños atrapados”, clamaba por altavoz un policía, mientras un séquito de voluntarios, con linternas en la cabeza, llevaban largas vigas de madera para sostener los techos a punto de derrumbarse, en una zona acordonada por el ejército y casi imposible de penetrar para la prensa y los civiles.

Alrededor, tropas de ciudadanos voluntarios se organizaban para transportar, a través de una cadena humana, canastos repletos de botellas de agua hasta los rescatistas. Una vez vaciados, esos canastos regresaban llenos de escombros.

Frente a la escuela, dos personas sentadas en una mesa con una computadora hacían las veces de "centro de control" para llevar una lista de los niños muertos, rescatados y desaparecidos.

Al caos de los derrumbes se suma la falta de transporte, los cortes de comunicación y luz eléctrica complican las cosas. "Hay niños que salieron heridos de la escuela y están en hospitales solos, sin sus padres. Mientras que aquí hay padres desesperados que no encuentran a los suyos", dijo, también bajo el anonimato, una de las personas que llevaba control de la lista, a la cual la prensa tampoco puedo tener acceso.

Hasta el momento unos 11 niños y al menos una maestra fueron rescatados con vida de entre los escombros; pero 26 personas salieron muertas, 21 de las cuales son menores, según el oficial José Luis Vergara, coordinador del rescate.

La tarde del martes, el centro de México fue sacudido por un terremoto de 7,1 grados, justo el día que se cumplió el 32° aniversario del devastador terremoto de 1985. Las cifras oficiales contabilizan 248 víctimas fatales.

 

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