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Jugar en el mercado y no morir en el intento

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Jugar en el mercado y no morir en el intento

Marcelo Dettoni

Dos especialistas trazaron un panorama de lo que se espera en el mundo respecto de la próxima campaña gruesa, más lo que pasó con la cosecha en Estados Unidos.

En el número pasado de la revista El Campo desarrollamos algunas de las disertaciones que ofrecieron los especialistas convocados por la empresa Glucovil para su jornada técnica en el hotel Epic de Villa Mercedes, que este año se denominó "Nuevos desafíos en la producción de maíz y carne".

En esa oportunidad concentramos las charlas dirigidas a cuestiones tecnológicas (comunicación en el agro y la presentación de la aplicación para celulares que crea alertas sobre el estado de los caminos rurales) y a la ganadería, durante la cual Atilio Ciuffolini brindó estrategias de recría y Aníbal Pordomingo se refirió a las realidades, mitos y expectativas que rodean a este negocio tan arraigado en la cultura argentina.

Ahora será el turno de las exposiciones sobre agricultura y las que hubo en el cierre de la tarde, que fueron dos análisis de los mercados de granos, uno local a cargo de Hernán Fernández, un analista y consultor que también hizo sus armas en el  periodismo agropecuario; y otra que brindó Sol Arcidiácono, una reconocida especialista internacional que trabaja para ED&F Capital Markets, una consultora británica.

 

Agricultura de precisión

Cuando Gonzalo Molina tomó el micrófono, el auditorio se preparó para escuchar una de las charlas más esperadas, ya que el programa anunciaba que iba a hablar sobre "Experiencias y rumbos de la agricultura de precisión. Un caso al sur de San Luis". El tema de por sí acapara la atención del campo, porque la tecnología ya está instalada para quedarse y se desarrolla día a día, con nueva maquinaria, con más datos y mapas, y sobre todo con resultados que respaldan este desembarco, porque los rindes mejoran y también los márgenes brutos. Al fin y al cabo de eso se trata todo esto, de un negocio en el hay que ganar plata para poder seguir adentro.

Molina no maneja un campito marginal, es el responsable técnico de Antiguas Estancias Don Roberto, un establecimiento agrícola y ganadero modelo que es toda una referencia de Villa Mercedes hacia el sur de San Luis. Propiedad de la familia Thyssen, dueña de un emporio metalúrgico alemán con presencia en todo el mundo, cría hacienda con genética de primer nivel entre la que incluye una raza poco difundida en la Argentina como al Tuli. Y además tiene un gran desarrollo en soja y maíz dentro de las 108 mil hectáreas que tiene en San Luis. Por todo esto la palabra del ingeniero agrónomo era de las más esperadas, ya que todos querían saber cuáles habían sido los últimos resultados conseguidos a partir de la agricultura de precisión, en la que también manejan tecnología de punta.

“Los lotes que tenemos en la parte este son más agrícolas, pero el partido "de  fondo" lo jugamos permanentemente al oeste, donde todo es más difícil en cuanto a suelos, clima y precipitaciones”, arrancó Molina, quien rápidamente hizo un poco de historia: “A principios de los ’90 hacíamos labranza tradicional y vertical, a mediados de esa década largamos con la siembra directa y a fines de los ’90 llegó el riego. Hace muy poco, en 2010, comenzamos a evaluar la convivencia entre los sistemas agrícola y ganadero”, repasó.

 

En el mundo hay 60,2 millones de toneladas de maíz stockeadas. Es la cantidad más alta de los últimos 20 años y una clara señal de que hay que manejarse con cuidado en el mercado, porque sobra.

 

Esta evaluación incluyó una mayor diversidad en el manejo, aumento en el nivel de tecnología aplicada, procesamiento de la información que conseguían con la agricultura de precisión y además planteó un desafío con los alquileres. “Comenzamos a estudiar las curvas de los rindes a partir de sembrar en ambientes distintos, aplicar un sistema de rotaciones y, por supuesto, con todos los beneficios que trajo la siembra directa”, dijo Molina, quien aseguró que estos tres ítems “tuvieron más impacto que otros”.

El objetivo de todo este cambio de paradigma agrícola fue la cobertura de los suelos y el método, hacer maíz sobre maíz, que ocupó el 85% de la rotación en los últimos cinco años. “El maíz evita voladuras e infiltraciones y mejora todos los aspectos hídricos”, sentenció.

“¿Por qué es bueno aplicar agricultura de precisión?”, se preguntó el responsable técnico de Don Roberto. Y dio la respuesta a continuación: “Porque mejora los costos de los insumos al poder elegir cuántas semillas se necesitan en cada microparcela, cómo aplicar los agroquímicos de forma eficiente y también porque es aplicable a gran variedad de ambientes, lo que permite trabajar bien los suelos y diversificar los manejos agrícolas”.

También destacó la tarea de los que llamó "facilitadores", que no son otra cosa que los contratistas que hacen el trabajo de siembra, seguimiento y cosecha. “Hace ocho años que no usamos maquinaria propia y estamos muy conformes con el proceso”, aseguró. Mientras el trabajo lo tercerizaron, ellos se dedicaron a hacer ensayos de todo tipo: “probamos con distintas densidades, también con diversas fechas de siembra, evaluamos los rindes y el costo y la factibilidad de uso de los fertilizantes”.

En cuanto a los lotes, comparan todo el tiempo con lotes vecinos y también con lo que pasa con esa misma porción de terreno respecto a los años anteriores. Y toda esa información está volcada en una  web. “Hacemos un prolijo trabajo secuencial de implementación, que incluye la colecta de mapas históricos y el ordenamiento de la información. Es un árbol con 26 mapas que se van complementando a partir de 580 puntos de muestreo que sirven de testigo para ver qué hacemos con el resto del terreno sembrado”, detalló.

La agricultura de precisión influye sobre todos los procesos agrícolas. Está presente en la maquinaria, ya que las sembradoras tienen dosificación de las semillas y el fertilizante, corte por sección (surco por surco) y piloto automático. Las fertilizadoras cuentan con dosificación variable y las cosechadoras ya utilizan corte por sección, mapeadores y, al igual que las sembradoras, piloto automático, por lo que el operario sólo debe controlar la aparatología a su alrededor.

Con todas estas facilidades, “los mejores rindes los brinda la agricultura de precisión”, aseguró el ingeniero agrónomo, quien dio algunos números comparativos de la última década: “En soja partimos de 1.100 toneladas en la campaña 2010/11 y en la última estuvimos en las 16 mil. Es cierto que con más superficie, pero lo que importa es el promedio, y fue superior. Y en maíz, pasamos de 3.892 toneladas hace siete años y ahora llegamos a las 5.195. Cada año tuvimos menos superficies con rindes bajos y muchas más con rindes altos”, concluyó.

 

¿Maíz temprano o maíz tardío?

Otro ingeniero agrónomo, Jorge Mercau  (INTA-San Luis), se refirió a un tema que es de debate permanente entre los productores, sobre todo en zonas de gran amplitud térmica y heladas traicioneras como es San Luis: ¿Es mejor hacer maíz temprano o tardío? “Hablamos de temprano no antes de principios de octubre y de tardío después de fines de noviembre”, aclaró de entrada.

Tras reconocer que “no hay diferencias en el potencial”, Mercau explicó que sí encontró más demanda de agua en el temprano (150 milímetros) que en el tardío (100/120 milímetros), “porque el cultivo necesita transpirar menos y aprovecha las lluvias de primavera para recargar el perfil”. Y agregó un consejo clave: “Cuando decidimos sembrar, debemos conocer el agua en el segundo metro, que vale entre 50 y 80 milímetros”.

Yendo directamente a las zonas de San Luis que estuvieron bajo su estudio, aseguró que al pie de las Sierras Centrales, en lo que se conoce como La Petra, “noviembre es una buena fecha según las curvas de rendimiento, pero puedo llegar a preguntarme si no iría un maíz temprano. En cambio en Fraga queda más que claro que conviene el tardío”.

También se refirió a la napa freática, de la que consideró que “tiene dinámica interanual y es clave conocer dónde está. Muy cercana juega en contra porque las raíces quedan sin aire, como si hubiera sequía”. En esos casos recomendó elmaíz temprano, en cambio tanto con el perfil húmedo como con el segundo metro seco, es indispensable sembrar maíz tardío, por el rinde y porque el riesgo es comparable al temprano con perfil cargado.

 

“Los futurólogos no existen, yo no sé cuánto va a valer la soja el año que viene. Y nadie puede saberlo, el que dice que sí, es un mentiroso"

 

“Con el segundo metro seco hacer temprano es directamente un suicidio”, sentenció. “La siembra temprana es una herramienta para usar la napa, un aspecto clave porque el 30% del país está bajo la influencia de ellas.

En el final, el auditorio quiso saber cómo manejarse ante dos situaciones climáticas, como las altas temperaturas, muy comunes en San Luis en verano, y el granizo. Sobre la primera, Mercau dijo que “impacta en el número de granos. Su peso no se cae en floración pero sí más tarde, en el llenado, cuando puede llegar a perder hasta un 30%. También afecta la calidad, porque el calor impacta en el almidón, la proteína y el aceite”. Y en cuanto al granizo, aconsejó “poner la cabeza en paños fríos y no desesperar a la hora de contratar un seguro”.

 

El mercado internacional de granos

Las dos charlas finales dejaron de lado los tecnicismos del campo y pasaron a los números. Como si el granjero le dejara su lugar al hombre de saco, corbata y maletín. Aunque en el fondo todos hablaran de los granos, los mercados están más dirigidos al dinero contante y sonante, que al fin y al cabo es otro engranaje de la gran cadena agroindustrial.

Por eso Sol Arcidiácono enfocó su disertación en lo que puede pasar con los mercados en la campaña maicera 2017/18, justo cuando entra en su ocaso la campaña estadounidense y es Sudamérica la que se prepara para sembrar el cereal. La referencia al país del norte no es casual: maneja 360 millones de toneladas al año, abarca el 40% de la producción mundial y el 40% de la exportación, por lo que es una referencia ineludible.

“Junio no fue ideal para la siembra y en julio la sequía afecto a las dos Dakota (norte y sur), que es la zona fuerte del maíz, por lo que terminó en la peor condición de los últimos cinco años, luego de tres campañas espectaculares. Pero cuando todos pensábamos que los precios se iban a disparar por estos problemas, tuvieron un agosto espectacular, con lluvias dispersas, poco calor y sin anegamientos, lo que evitó el estrés en los cultivos. Esto desembocó en un rendimiento por encima del promedio tanto en maíz como en soja y en la tercera cosecha récord seguida. Un lastre para los mercados, aún con China comprándoles 60 millones de toneladas”, analizó la especialista.

Sobre los próximos pasos, se vienen la trilla y la venta, primero de la soja porque vale el triple y le va a dar sostén al maíz, que tiene un fuerte consumo interno en Estados Unidos, que llega al 85%. “Es una ventana que se extiende hasta febrero, porque después arranca Brasil”, dijo Arcidiácono, quien aseguró que hay buenos stocks en el mundo, sobre todo de trigo por la producción de los países que bordean al Mar Negro, como Ucrania.

“Ojo que en maíz hay un recorte engañoso de stocks mundiales porque China salió a vender una cosecha vieja, en realidad no falta, hay un stock de 60,2 millones de toneladas, el más alto en 20 años”, alertó también. Mientras que en soja habló de una recomposición del stock, porque “se espera que aumente el área sembrada en Brasil, aunque sin rendimientos óptimos”. También Estados Unidos sembró 7% más con la oleaginosa, pero el año que viene va a variar ese número porque respeta la rotación. “A pesar de este crecimiento no se esperan recortes en el Mercado de Chicago por las buenas cosechas, ya está metido en el precio”, aseguró.

Arcidiácono no se mostró preocupada por los altos stocks: “Es más importante saber la relación stock-consumo que conocer cuánto me queda”. Y ve mercados tranquilos a pesar de las señales se sobreabastecimiento de soja y maíz, lo que resta volatilidad. “¿Es buena o mala la volatilidad? Depende, genera oportunidades pero hay riesgos también”, sentenció.

En sus conclusiones dijo que junio y julio fueron meses de alta volatilidad y que ahora hay que esperar a febrero para vender, cuando Sudamérica defina sus números. “El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) marcó buenas cosechas y mejores rindes, lo que empujó el mercado a la baja, ahora es tiempo de consolidación. Con la abundancia, los inversores están menos interesados en nuevos negocios”, analizó.

Finalmente dijo que “no se ve que se consolide una tendencia alcista hasta fin de año. Habrá rallies vendedores cuando se vean buenos precios, antes no”.

 

El mercado local

La jornada la cerró Hernán Fernández Martínez, un especialista en granos que aseguró que estaba allí para “dar un enfoque desde el punto de vista del productor, para bajar la macro a la tierra”. Y lo hizo con un lenguaje llano, no exento de algunas ironías que divirtieron al público, pero siempre yendo al hueso, sin medias tintas.

“Voy a arrancar con dos avisos parroquiales. El primero es que hay una gran noticia con el biodiésel gracias a la baja de los aranceles prometidos por la Unión Europea, justo cuando Estados Unidos los subió al 54%. Y la otra es que se viene el mercado de futuros en la ganadería, una medida muy importante”, abrió su charla, que siempre fue distendida. Como cuando dijo que “los futurólogos no existen, no sé cuánto va a valer la soja y nadie lo sabe”, o al afirmar que “hablar de oferta y demanda es importante, pero no lo único”.

Repasó el 2016, con el mensaje de que “el gran volumen de Chicago es especulación”. Pero además dijo que “con la gran cosecha de Estados Unidos en ciernes, los fondos compraron, porque además apareció Trump, y entonces la soja subió 28 dólares. ¿Quién podía anticiparlo?”, se preguntó. Y también hay un riesgo precio determinado por la relación entre Estados Unidos y China, por la producción sudamericana, las compras del gigante asiático y los fondos especulativos, a lo que hay que agregar la situación complicada del biodiésel.

Y les pidió a los productores que dejen de lado las excusas y que se informen para comercializar mejor. “Basta de decir no tengo tiempo, no soy empresario, hace tres generaciones que vendo de la misma manera, que el mercado es una timba o que los analistas no la pegan nunca”, los retó. Y enseguida habló de las cinco máximas de la comercialización: “El mercado puede permanecer más tiempo irracional que ustedes solventes (Keynes dixit…); no es el dato, sino la reacción del mercado ante él; el pasado no predice el futuro; el juego de la oferta y la demanda es lo que sucede en determinado contexto mundial; el fundamento técnico se expresa si el financiero lo deja”.

Fernández Martínez aseguró que “comprar plata con granos es el peor de los mundos. Es mejor hacer un protocolo comercial que sirva de hoja de ruta, si no vendemos según lo que 'me dice la panza' y no gestionamos”. Y todo esto en un contexto tenso en lo macroeconómico, acicateado por las decisiones de Trump, Putin y los que mandan en Corea del Norte, donde “el gordito loco de los misiles pesa más de lo que pensamos”.

“Es un momento en el que los fondos venden soja, maíz, trigo y petróleo para comprar oro y plata, hacen caja, tienen miedo. La incertidumbre juega en contra de nuestros productos, los stocks inmensos también”, analizó  con precisión, antes de dar un consejo: “Si tenemos soja disponible queden abiertos a la suba, salvo que haya una necesidad financiera impostergable. Vendan lo indispensable compren Call para quedar abiertos a la suba. Y si me preguntan por la soja nueva, armen un precio disparador de decisión según el presupuesto que tengan para la campaña que viene”.

En cuanto a las mismas preguntas para el maíz, sugirió “vender sólo si debo pagar cuentas, pero acompañar con Call a diciembre de 2017 en Chicago por las mismas toneladas. Y si tengo maíz nuevo, esperar, sólo esperar”.

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Jugar en el mercado y no morir en el intento

Dos especialistas trazaron un panorama de lo que se espera en el mundo respecto de la próxima campaña gruesa, más lo que pasó con la cosecha en Estados Unidos.

Tecnología. La agricultura de precisión permite pulverizar y semillar de acuerdo a cada micro parcela, con lo que bajan los costos.

En el número pasado de la revista El Campo desarrollamos algunas de las disertaciones que ofrecieron los especialistas convocados por la empresa Glucovil para su jornada técnica en el hotel Epic de Villa Mercedes, que este año se denominó "Nuevos desafíos en la producción de maíz y carne".

En esa oportunidad concentramos las charlas dirigidas a cuestiones tecnológicas (comunicación en el agro y la presentación de la aplicación para celulares que crea alertas sobre el estado de los caminos rurales) y a la ganadería, durante la cual Atilio Ciuffolini brindó estrategias de recría y Aníbal Pordomingo se refirió a las realidades, mitos y expectativas que rodean a este negocio tan arraigado en la cultura argentina.

Ahora será el turno de las exposiciones sobre agricultura y las que hubo en el cierre de la tarde, que fueron dos análisis de los mercados de granos, uno local a cargo de Hernán Fernández, un analista y consultor que también hizo sus armas en el  periodismo agropecuario; y otra que brindó Sol Arcidiácono, una reconocida especialista internacional que trabaja para ED&F Capital Markets, una consultora británica.

 

Agricultura de precisión

Cuando Gonzalo Molina tomó el micrófono, el auditorio se preparó para escuchar una de las charlas más esperadas, ya que el programa anunciaba que iba a hablar sobre "Experiencias y rumbos de la agricultura de precisión. Un caso al sur de San Luis". El tema de por sí acapara la atención del campo, porque la tecnología ya está instalada para quedarse y se desarrolla día a día, con nueva maquinaria, con más datos y mapas, y sobre todo con resultados que respaldan este desembarco, porque los rindes mejoran y también los márgenes brutos. Al fin y al cabo de eso se trata todo esto, de un negocio en el hay que ganar plata para poder seguir adentro.

Molina no maneja un campito marginal, es el responsable técnico de Antiguas Estancias Don Roberto, un establecimiento agrícola y ganadero modelo que es toda una referencia de Villa Mercedes hacia el sur de San Luis. Propiedad de la familia Thyssen, dueña de un emporio metalúrgico alemán con presencia en todo el mundo, cría hacienda con genética de primer nivel entre la que incluye una raza poco difundida en la Argentina como al Tuli. Y además tiene un gran desarrollo en soja y maíz dentro de las 108 mil hectáreas que tiene en San Luis. Por todo esto la palabra del ingeniero agrónomo era de las más esperadas, ya que todos querían saber cuáles habían sido los últimos resultados conseguidos a partir de la agricultura de precisión, en la que también manejan tecnología de punta.

“Los lotes que tenemos en la parte este son más agrícolas, pero el partido "de  fondo" lo jugamos permanentemente al oeste, donde todo es más difícil en cuanto a suelos, clima y precipitaciones”, arrancó Molina, quien rápidamente hizo un poco de historia: “A principios de los ’90 hacíamos labranza tradicional y vertical, a mediados de esa década largamos con la siembra directa y a fines de los ’90 llegó el riego. Hace muy poco, en 2010, comenzamos a evaluar la convivencia entre los sistemas agrícola y ganadero”, repasó.

 

En el mundo hay 60,2 millones de toneladas de maíz stockeadas. Es la cantidad más alta de los últimos 20 años y una clara señal de que hay que manejarse con cuidado en el mercado, porque sobra.

 

Esta evaluación incluyó una mayor diversidad en el manejo, aumento en el nivel de tecnología aplicada, procesamiento de la información que conseguían con la agricultura de precisión y además planteó un desafío con los alquileres. “Comenzamos a estudiar las curvas de los rindes a partir de sembrar en ambientes distintos, aplicar un sistema de rotaciones y, por supuesto, con todos los beneficios que trajo la siembra directa”, dijo Molina, quien aseguró que estos tres ítems “tuvieron más impacto que otros”.

El objetivo de todo este cambio de paradigma agrícola fue la cobertura de los suelos y el método, hacer maíz sobre maíz, que ocupó el 85% de la rotación en los últimos cinco años. “El maíz evita voladuras e infiltraciones y mejora todos los aspectos hídricos”, sentenció.

“¿Por qué es bueno aplicar agricultura de precisión?”, se preguntó el responsable técnico de Don Roberto. Y dio la respuesta a continuación: “Porque mejora los costos de los insumos al poder elegir cuántas semillas se necesitan en cada microparcela, cómo aplicar los agroquímicos de forma eficiente y también porque es aplicable a gran variedad de ambientes, lo que permite trabajar bien los suelos y diversificar los manejos agrícolas”.

También destacó la tarea de los que llamó "facilitadores", que no son otra cosa que los contratistas que hacen el trabajo de siembra, seguimiento y cosecha. “Hace ocho años que no usamos maquinaria propia y estamos muy conformes con el proceso”, aseguró. Mientras el trabajo lo tercerizaron, ellos se dedicaron a hacer ensayos de todo tipo: “probamos con distintas densidades, también con diversas fechas de siembra, evaluamos los rindes y el costo y la factibilidad de uso de los fertilizantes”.

En cuanto a los lotes, comparan todo el tiempo con lotes vecinos y también con lo que pasa con esa misma porción de terreno respecto a los años anteriores. Y toda esa información está volcada en una  web. “Hacemos un prolijo trabajo secuencial de implementación, que incluye la colecta de mapas históricos y el ordenamiento de la información. Es un árbol con 26 mapas que se van complementando a partir de 580 puntos de muestreo que sirven de testigo para ver qué hacemos con el resto del terreno sembrado”, detalló.

La agricultura de precisión influye sobre todos los procesos agrícolas. Está presente en la maquinaria, ya que las sembradoras tienen dosificación de las semillas y el fertilizante, corte por sección (surco por surco) y piloto automático. Las fertilizadoras cuentan con dosificación variable y las cosechadoras ya utilizan corte por sección, mapeadores y, al igual que las sembradoras, piloto automático, por lo que el operario sólo debe controlar la aparatología a su alrededor.

Con todas estas facilidades, “los mejores rindes los brinda la agricultura de precisión”, aseguró el ingeniero agrónomo, quien dio algunos números comparativos de la última década: “En soja partimos de 1.100 toneladas en la campaña 2010/11 y en la última estuvimos en las 16 mil. Es cierto que con más superficie, pero lo que importa es el promedio, y fue superior. Y en maíz, pasamos de 3.892 toneladas hace siete años y ahora llegamos a las 5.195. Cada año tuvimos menos superficies con rindes bajos y muchas más con rindes altos”, concluyó.

 

¿Maíz temprano o maíz tardío?

Otro ingeniero agrónomo, Jorge Mercau  (INTA-San Luis), se refirió a un tema que es de debate permanente entre los productores, sobre todo en zonas de gran amplitud térmica y heladas traicioneras como es San Luis: ¿Es mejor hacer maíz temprano o tardío? “Hablamos de temprano no antes de principios de octubre y de tardío después de fines de noviembre”, aclaró de entrada.

Tras reconocer que “no hay diferencias en el potencial”, Mercau explicó que sí encontró más demanda de agua en el temprano (150 milímetros) que en el tardío (100/120 milímetros), “porque el cultivo necesita transpirar menos y aprovecha las lluvias de primavera para recargar el perfil”. Y agregó un consejo clave: “Cuando decidimos sembrar, debemos conocer el agua en el segundo metro, que vale entre 50 y 80 milímetros”.

Yendo directamente a las zonas de San Luis que estuvieron bajo su estudio, aseguró que al pie de las Sierras Centrales, en lo que se conoce como La Petra, “noviembre es una buena fecha según las curvas de rendimiento, pero puedo llegar a preguntarme si no iría un maíz temprano. En cambio en Fraga queda más que claro que conviene el tardío”.

También se refirió a la napa freática, de la que consideró que “tiene dinámica interanual y es clave conocer dónde está. Muy cercana juega en contra porque las raíces quedan sin aire, como si hubiera sequía”. En esos casos recomendó elmaíz temprano, en cambio tanto con el perfil húmedo como con el segundo metro seco, es indispensable sembrar maíz tardío, por el rinde y porque el riesgo es comparable al temprano con perfil cargado.

 

“Los futurólogos no existen, yo no sé cuánto va a valer la soja el año que viene. Y nadie puede saberlo, el que dice que sí, es un mentiroso"

 

“Con el segundo metro seco hacer temprano es directamente un suicidio”, sentenció. “La siembra temprana es una herramienta para usar la napa, un aspecto clave porque el 30% del país está bajo la influencia de ellas.

En el final, el auditorio quiso saber cómo manejarse ante dos situaciones climáticas, como las altas temperaturas, muy comunes en San Luis en verano, y el granizo. Sobre la primera, Mercau dijo que “impacta en el número de granos. Su peso no se cae en floración pero sí más tarde, en el llenado, cuando puede llegar a perder hasta un 30%. También afecta la calidad, porque el calor impacta en el almidón, la proteína y el aceite”. Y en cuanto al granizo, aconsejó “poner la cabeza en paños fríos y no desesperar a la hora de contratar un seguro”.

 

El mercado internacional de granos

Las dos charlas finales dejaron de lado los tecnicismos del campo y pasaron a los números. Como si el granjero le dejara su lugar al hombre de saco, corbata y maletín. Aunque en el fondo todos hablaran de los granos, los mercados están más dirigidos al dinero contante y sonante, que al fin y al cabo es otro engranaje de la gran cadena agroindustrial.

Por eso Sol Arcidiácono enfocó su disertación en lo que puede pasar con los mercados en la campaña maicera 2017/18, justo cuando entra en su ocaso la campaña estadounidense y es Sudamérica la que se prepara para sembrar el cereal. La referencia al país del norte no es casual: maneja 360 millones de toneladas al año, abarca el 40% de la producción mundial y el 40% de la exportación, por lo que es una referencia ineludible.

“Junio no fue ideal para la siembra y en julio la sequía afecto a las dos Dakota (norte y sur), que es la zona fuerte del maíz, por lo que terminó en la peor condición de los últimos cinco años, luego de tres campañas espectaculares. Pero cuando todos pensábamos que los precios se iban a disparar por estos problemas, tuvieron un agosto espectacular, con lluvias dispersas, poco calor y sin anegamientos, lo que evitó el estrés en los cultivos. Esto desembocó en un rendimiento por encima del promedio tanto en maíz como en soja y en la tercera cosecha récord seguida. Un lastre para los mercados, aún con China comprándoles 60 millones de toneladas”, analizó la especialista.

Sobre los próximos pasos, se vienen la trilla y la venta, primero de la soja porque vale el triple y le va a dar sostén al maíz, que tiene un fuerte consumo interno en Estados Unidos, que llega al 85%. “Es una ventana que se extiende hasta febrero, porque después arranca Brasil”, dijo Arcidiácono, quien aseguró que hay buenos stocks en el mundo, sobre todo de trigo por la producción de los países que bordean al Mar Negro, como Ucrania.

“Ojo que en maíz hay un recorte engañoso de stocks mundiales porque China salió a vender una cosecha vieja, en realidad no falta, hay un stock de 60,2 millones de toneladas, el más alto en 20 años”, alertó también. Mientras que en soja habló de una recomposición del stock, porque “se espera que aumente el área sembrada en Brasil, aunque sin rendimientos óptimos”. También Estados Unidos sembró 7% más con la oleaginosa, pero el año que viene va a variar ese número porque respeta la rotación. “A pesar de este crecimiento no se esperan recortes en el Mercado de Chicago por las buenas cosechas, ya está metido en el precio”, aseguró.

Arcidiácono no se mostró preocupada por los altos stocks: “Es más importante saber la relación stock-consumo que conocer cuánto me queda”. Y ve mercados tranquilos a pesar de las señales se sobreabastecimiento de soja y maíz, lo que resta volatilidad. “¿Es buena o mala la volatilidad? Depende, genera oportunidades pero hay riesgos también”, sentenció.

En sus conclusiones dijo que junio y julio fueron meses de alta volatilidad y que ahora hay que esperar a febrero para vender, cuando Sudamérica defina sus números. “El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) marcó buenas cosechas y mejores rindes, lo que empujó el mercado a la baja, ahora es tiempo de consolidación. Con la abundancia, los inversores están menos interesados en nuevos negocios”, analizó.

Finalmente dijo que “no se ve que se consolide una tendencia alcista hasta fin de año. Habrá rallies vendedores cuando se vean buenos precios, antes no”.

 

El mercado local

La jornada la cerró Hernán Fernández Martínez, un especialista en granos que aseguró que estaba allí para “dar un enfoque desde el punto de vista del productor, para bajar la macro a la tierra”. Y lo hizo con un lenguaje llano, no exento de algunas ironías que divirtieron al público, pero siempre yendo al hueso, sin medias tintas.

“Voy a arrancar con dos avisos parroquiales. El primero es que hay una gran noticia con el biodiésel gracias a la baja de los aranceles prometidos por la Unión Europea, justo cuando Estados Unidos los subió al 54%. Y la otra es que se viene el mercado de futuros en la ganadería, una medida muy importante”, abrió su charla, que siempre fue distendida. Como cuando dijo que “los futurólogos no existen, no sé cuánto va a valer la soja y nadie lo sabe”, o al afirmar que “hablar de oferta y demanda es importante, pero no lo único”.

Repasó el 2016, con el mensaje de que “el gran volumen de Chicago es especulación”. Pero además dijo que “con la gran cosecha de Estados Unidos en ciernes, los fondos compraron, porque además apareció Trump, y entonces la soja subió 28 dólares. ¿Quién podía anticiparlo?”, se preguntó. Y también hay un riesgo precio determinado por la relación entre Estados Unidos y China, por la producción sudamericana, las compras del gigante asiático y los fondos especulativos, a lo que hay que agregar la situación complicada del biodiésel.

Y les pidió a los productores que dejen de lado las excusas y que se informen para comercializar mejor. “Basta de decir no tengo tiempo, no soy empresario, hace tres generaciones que vendo de la misma manera, que el mercado es una timba o que los analistas no la pegan nunca”, los retó. Y enseguida habló de las cinco máximas de la comercialización: “El mercado puede permanecer más tiempo irracional que ustedes solventes (Keynes dixit…); no es el dato, sino la reacción del mercado ante él; el pasado no predice el futuro; el juego de la oferta y la demanda es lo que sucede en determinado contexto mundial; el fundamento técnico se expresa si el financiero lo deja”.

Fernández Martínez aseguró que “comprar plata con granos es el peor de los mundos. Es mejor hacer un protocolo comercial que sirva de hoja de ruta, si no vendemos según lo que 'me dice la panza' y no gestionamos”. Y todo esto en un contexto tenso en lo macroeconómico, acicateado por las decisiones de Trump, Putin y los que mandan en Corea del Norte, donde “el gordito loco de los misiles pesa más de lo que pensamos”.

“Es un momento en el que los fondos venden soja, maíz, trigo y petróleo para comprar oro y plata, hacen caja, tienen miedo. La incertidumbre juega en contra de nuestros productos, los stocks inmensos también”, analizó  con precisión, antes de dar un consejo: “Si tenemos soja disponible queden abiertos a la suba, salvo que haya una necesidad financiera impostergable. Vendan lo indispensable compren Call para quedar abiertos a la suba. Y si me preguntan por la soja nueva, armen un precio disparador de decisión según el presupuesto que tengan para la campaña que viene”.

En cuanto a las mismas preguntas para el maíz, sugirió “vender sólo si debo pagar cuentas, pero acompañar con Call a diciembre de 2017 en Chicago por las mismas toneladas. Y si tengo maíz nuevo, esperar, sólo esperar”.

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