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Los límites que no alcanzan

Varias teorías sostienen que la envidia, la corrupción, los celos, la ira, el egoísmo, la trampa, el engaño, son conductas inherentes a la condición humana. Luego debe trascenderse lo instintivo y primario para darle un sello humano donde la cultura “moldea” a la naturaleza. De allí que se presuma que una sociedad con mayores niveles de cultura, es una sociedad mejor. Al menos si “mejor” es el estándar que se establece como “menos instintivo”.

Una sociedad mejor es una sociedad que tiene menor tolerancia a la corrupción, por ejemplo. En ese sentido, países como Noruega, Finlandia, Suecia, Japón o Alemania, siempre han ocupado los principales puestos en cuanto a este tema. Son consideradas, por consenso, sociedades menos corruptas que el resto.

En setiembre de 2015 salió a la luz que Volkswagen, una de las emblemáticas empresas alemanas, instaló un software para cambiar los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes en 11 millones de automóviles con motor diésel, vendidos entre 2009 y 2015.
Como resultado de este fraude, los motores sortearon con éxito los estándares de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), a pesar de emitir hasta 40 veces el límite legal de óxidos de nitrógeno.

En octubre de 2016 Volkswagen pactó con las autoridades de Estados Unidos pagar 17.500 millones de dólares como compensación a los propietarios de los vehículos afectados y a los concesionarios. Además, deberá pagar una multa de 4.300 millones de dólares.

El escándalo “demolió” en poco tiempo la confianza en la industria alemana y produjo un “temblor” considerable en el orgullo del propio país. Estuvo a punto de llevar a la empresa a la quiebra, y de manera lógica, acabó con la carrera empresarial de mucha gente. 

Ahora, cuando el caso empezaba a quedar en el olvido, trascendió que Volkswagen intentó disimular los resultados de pruebas sobre emisiones diésel en monos, ya que mostraban que las de los vehículos recientes eran “más nocivas” que las de los antiguos.

Los resultados de estos experimentos “no debían publicarse nunca” porque eran “demasiado devastadores”, afirmó el diario alemán “Bild”, que sacó a la luz documentos internos del laboratorio estadounidense que los llevó a cabo.

“Enviamos este informe final hace varios meses y (los responsables de Volkswagen) lo contestaron porque no correspondía a sus expectativas”, escribió en agosto de 2016 Jacob McDonald, a cuyo laboratorio recurrió la EUGT, el organismo de investigación financiado por Volkswagen, sus competidores Daimler, BMW y el fabricante de equipos Bosch.

Las pruebas, hechas públicas inicialmente por el diario “The New York Times”, se realizaron en 2015, indicó Volkswagen a la prensa. Los animales eran encerrados en jaulas de vidrio donde inhalaban durante cuatro horas el gas emitido por un Escarabajo (Beetle) de Volkswagen y otro modelo más antiguo de Ford.

Los ensayos debían mostrar la inocuidad de los nuevos motores diésel, por el contrario, mostraron que los animales que inhalaron emanaciones de un diésel considerado más limpio, presentaban más señales inflamatorias que los que respiraron el antiguo.

McDonald propuso en un correo no evocar en el informe final los malos resultados obtenidos por los motores recientes e insistir en la ausencia de peligro de “la antigua tecnología”. El informe fue enviado en junio de 2017 a la EUGT, que nunca lo publicó.

El número uno mundial del automovilismo reaccionó al escándalo suspendiendo a un alto ejecutivo, Thomas Steg, por su papel en la organización de las pruebas. Su competidor Daimler también suspendió a su ex representante en el seno del directorio del EUGT.

Trampas, mentiras, corrupción. Inherentes a la condición humana, y, por lo tanto, sin nacionalidades. Lo que resta de ahora en adelante, es conocer cómo castigará esa sociedad, esas conductas. Porque lo que se puso en juego es su tolerancia.


 

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Los límites que no alcanzan

Varias teorías sostienen que la envidia, la corrupción, los celos, la ira, el egoísmo, la trampa, el engaño, son conductas inherentes a la condición humana. Luego debe trascenderse lo instintivo y primario para darle un sello humano donde la cultura “moldea” a la naturaleza. De allí que se presuma que una sociedad con mayores niveles de cultura, es una sociedad mejor. Al menos si “mejor” es el estándar que se establece como “menos instintivo”.

Una sociedad mejor es una sociedad que tiene menor tolerancia a la corrupción, por ejemplo. En ese sentido, países como Noruega, Finlandia, Suecia, Japón o Alemania, siempre han ocupado los principales puestos en cuanto a este tema. Son consideradas, por consenso, sociedades menos corruptas que el resto.

En setiembre de 2015 salió a la luz que Volkswagen, una de las emblemáticas empresas alemanas, instaló un software para cambiar los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes en 11 millones de automóviles con motor diésel, vendidos entre 2009 y 2015.
Como resultado de este fraude, los motores sortearon con éxito los estándares de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), a pesar de emitir hasta 40 veces el límite legal de óxidos de nitrógeno.

En octubre de 2016 Volkswagen pactó con las autoridades de Estados Unidos pagar 17.500 millones de dólares como compensación a los propietarios de los vehículos afectados y a los concesionarios. Además, deberá pagar una multa de 4.300 millones de dólares.

El escándalo “demolió” en poco tiempo la confianza en la industria alemana y produjo un “temblor” considerable en el orgullo del propio país. Estuvo a punto de llevar a la empresa a la quiebra, y de manera lógica, acabó con la carrera empresarial de mucha gente. 

Ahora, cuando el caso empezaba a quedar en el olvido, trascendió que Volkswagen intentó disimular los resultados de pruebas sobre emisiones diésel en monos, ya que mostraban que las de los vehículos recientes eran “más nocivas” que las de los antiguos.

Los resultados de estos experimentos “no debían publicarse nunca” porque eran “demasiado devastadores”, afirmó el diario alemán “Bild”, que sacó a la luz documentos internos del laboratorio estadounidense que los llevó a cabo.

“Enviamos este informe final hace varios meses y (los responsables de Volkswagen) lo contestaron porque no correspondía a sus expectativas”, escribió en agosto de 2016 Jacob McDonald, a cuyo laboratorio recurrió la EUGT, el organismo de investigación financiado por Volkswagen, sus competidores Daimler, BMW y el fabricante de equipos Bosch.

Las pruebas, hechas públicas inicialmente por el diario “The New York Times”, se realizaron en 2015, indicó Volkswagen a la prensa. Los animales eran encerrados en jaulas de vidrio donde inhalaban durante cuatro horas el gas emitido por un Escarabajo (Beetle) de Volkswagen y otro modelo más antiguo de Ford.

Los ensayos debían mostrar la inocuidad de los nuevos motores diésel, por el contrario, mostraron que los animales que inhalaron emanaciones de un diésel considerado más limpio, presentaban más señales inflamatorias que los que respiraron el antiguo.

McDonald propuso en un correo no evocar en el informe final los malos resultados obtenidos por los motores recientes e insistir en la ausencia de peligro de “la antigua tecnología”. El informe fue enviado en junio de 2017 a la EUGT, que nunca lo publicó.

El número uno mundial del automovilismo reaccionó al escándalo suspendiendo a un alto ejecutivo, Thomas Steg, por su papel en la organización de las pruebas. Su competidor Daimler también suspendió a su ex representante en el seno del directorio del EUGT.

Trampas, mentiras, corrupción. Inherentes a la condición humana, y, por lo tanto, sin nacionalidades. Lo que resta de ahora en adelante, es conocer cómo castigará esa sociedad, esas conductas. Porque lo que se puso en juego es su tolerancia.


 

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