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Un pintor sin barreras

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Un pintor sin barreras

Miguel Garro
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Tiene 25 años y es hipoacúsico. Es además, un artista plástico hecho y derecho que no deja de sorprender.

A la sencilla casa del barrio 144 Viviendas, cerca de la Plaza del Cerro, una tarde fue Milo Lockett. Le habían comentado al pintor que allí vivía un joven con un talento especial para la pintura y el chaqueño quiso conocerlo. Cuando Lockett salió del hogar de Francisco Amieva estaba total y absolutamente obnubilado.

Francisco es hipoacúsico de nacimiento y le imprime a sus cuadros realizados por medio de la aerografía un realismo que trabaja al detalle, minuciosamente. Tiene 25 años y ya fue contactado por el Programa "Pinta Bien. Pinta San Luis" para que trabaje para ellos.

Atenta, su madre, Annabella Cortez Aparicio, les advirtió a los encargados del programa que Francisco no pintaba murales, pero era tal el interés de los funcionarios que quisieron contar a toda costa con el chico entre sus filas. Uno de los trabajos que le encomendaron entonces fue la pintura y el diseño de cascos para los automovilistas que corren en las categorías nacionales y reciben el apoyo del Ministerio de Obras Públicas.

La dificultad que tiene Francisco nunca fue tomada como tal. El joven se comunica con facilidad en su entorno y maneja las redes sociales con particular habilidad, a tal punto que muchas de las obras que vendió estaban ofrecidas en su Facebook, Instagram y similares.

"Con la plata que ganó con esas ventas -recordó su madre- se pudo comprar más elementos para la pintura y, sobre todo, algunas herramientas y protecciones para que pueda trabajar con algunas sustancias tóxicas".

El pequeño comedor de la vivienda fue tomado como atelier por Francisco, quien primero empezó a dibujar y pintar sobre papel, luego pasó a la madera y hace más o menos un año se apoya en el bastidor. En el medio, el joven pintó la heladera, el lavarropa y cuanto electrodoméstico en blanco quedaba en la casa.

Por medio del lenguaje universal de las señas, el pintor dijo que le gusta pintar rostros y animales, aunque últimamente los diseños especiales para los cascos le ocupan una buena cantidad de tiempo y creatividad. 

El Papa Francisco, Juan Pablo II, Rihanna, Alberto Rodríguez Saá y Gustavo Cerati son algunos de los retratos que Francisco exhibe con orgullo, como lo hizo con la mayoría de sus obras en una muestra que hizo hace un par de años en Terrazas del Portezuelo. "Por ahora es la única que hizo solo", informó Annabella, quien sostuvo que en el ámbito escolar, el chico participó de varias muestras colectivas.

La Escuela Puertas del Sol fue un factor fundamental para el desarrollo artístico de Francisco. "Realmente estamos muy agradecidos por todo lo que hicieron por él", resumió Cortez Aparicio.

Claro que el otro aspecto que resaltó la capacidad del joven fue el ámbito familiar. Tanto su hermana Guadalupe como su madre están pendientes de todo lo que hace Francisco sea con las pinturas o con el resto de sus actividades. Lo miran con un cariño inmenso que él devuelve con una tenue sonrisa y la sensación de agradecimiento silencioso.

Sin embargo, fue su hermana Julieta, quien se casó hace algunos años, la que lo introdujo sin querer en el aerografía. "Ella es maquilladora y para ganarse unos pesitos más un día se compró un aerógrafo. Cuando se fue, lo dejó en casa".

Como Francisco es muy curioso, tomó el aparato, lo abrió, lo estudió y lo que no entendió lo buscó en internet. A partir de entonces, tomó la aerografía como su actividad principal, su pasión y hasta su trabajo. 

El joven pinta preferiblemente por las noches, en el comedor, con un modelo que muchas veces está en su computadora -especialmente adaptada para la actividad- y la admiración y el cariño constante de su familia, que se resume en una frase que su madre repite, orgullosa, una y otra vez. "Para Francisco no existen barreras". 

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Un pintor sin barreras

Tiene 25 años y es hipoacúsico. Es además, un artista plástico hecho y derecho que no deja de sorprender.

Foto y video: Marina Balbo.

A la sencilla casa del barrio 144 Viviendas, cerca de la Plaza del Cerro, una tarde fue Milo Lockett. Le habían comentado al pintor que allí vivía un joven con un talento especial para la pintura y el chaqueño quiso conocerlo. Cuando Lockett salió del hogar de Francisco Amieva estaba total y absolutamente obnubilado.

Francisco es hipoacúsico de nacimiento y le imprime a sus cuadros realizados por medio de la aerografía un realismo que trabaja al detalle, minuciosamente. Tiene 25 años y ya fue contactado por el Programa "Pinta Bien. Pinta San Luis" para que trabaje para ellos.

Atenta, su madre, Annabella Cortez Aparicio, les advirtió a los encargados del programa que Francisco no pintaba murales, pero era tal el interés de los funcionarios que quisieron contar a toda costa con el chico entre sus filas. Uno de los trabajos que le encomendaron entonces fue la pintura y el diseño de cascos para los automovilistas que corren en las categorías nacionales y reciben el apoyo del Ministerio de Obras Públicas.

La dificultad que tiene Francisco nunca fue tomada como tal. El joven se comunica con facilidad en su entorno y maneja las redes sociales con particular habilidad, a tal punto que muchas de las obras que vendió estaban ofrecidas en su Facebook, Instagram y similares.

"Con la plata que ganó con esas ventas -recordó su madre- se pudo comprar más elementos para la pintura y, sobre todo, algunas herramientas y protecciones para que pueda trabajar con algunas sustancias tóxicas".

El pequeño comedor de la vivienda fue tomado como atelier por Francisco, quien primero empezó a dibujar y pintar sobre papel, luego pasó a la madera y hace más o menos un año se apoya en el bastidor. En el medio, el joven pintó la heladera, el lavarropa y cuanto electrodoméstico en blanco quedaba en la casa.

Por medio del lenguaje universal de las señas, el pintor dijo que le gusta pintar rostros y animales, aunque últimamente los diseños especiales para los cascos le ocupan una buena cantidad de tiempo y creatividad. 

El Papa Francisco, Juan Pablo II, Rihanna, Alberto Rodríguez Saá y Gustavo Cerati son algunos de los retratos que Francisco exhibe con orgullo, como lo hizo con la mayoría de sus obras en una muestra que hizo hace un par de años en Terrazas del Portezuelo. "Por ahora es la única que hizo solo", informó Annabella, quien sostuvo que en el ámbito escolar, el chico participó de varias muestras colectivas.

La Escuela Puertas del Sol fue un factor fundamental para el desarrollo artístico de Francisco. "Realmente estamos muy agradecidos por todo lo que hicieron por él", resumió Cortez Aparicio.

Claro que el otro aspecto que resaltó la capacidad del joven fue el ámbito familiar. Tanto su hermana Guadalupe como su madre están pendientes de todo lo que hace Francisco sea con las pinturas o con el resto de sus actividades. Lo miran con un cariño inmenso que él devuelve con una tenue sonrisa y la sensación de agradecimiento silencioso.

Sin embargo, fue su hermana Julieta, quien se casó hace algunos años, la que lo introdujo sin querer en el aerografía. "Ella es maquilladora y para ganarse unos pesitos más un día se compró un aerógrafo. Cuando se fue, lo dejó en casa".

Como Francisco es muy curioso, tomó el aparato, lo abrió, lo estudió y lo que no entendió lo buscó en internet. A partir de entonces, tomó la aerografía como su actividad principal, su pasión y hasta su trabajo. 

El joven pinta preferiblemente por las noches, en el comedor, con un modelo que muchas veces está en su computadora -especialmente adaptada para la actividad- y la admiración y el cariño constante de su familia, que se resume en una frase que su madre repite, orgullosa, una y otra vez. "Para Francisco no existen barreras". 

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