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El corazón percusivo de Juan Pablo Pastor

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El corazón percusivo de Juan Pablo Pastor

Hace cinco años, el puntano llegó a Nueva York y armó una carrera llena de aprendizajes. Algunos contará hoy en una charla.

En una audición que tuvo hace un tiempo en Nueva York, a Juan Pablo Pastor le pidieron que toque el platillo de su batería como si estuviera "acariciando una nube". En ese momento, el percusionista puntano pensó que tantos años de estudio en Chile y Mendoza le tendrían que servir para interpretar lo que le estaban pidiendo.

Escenas como esas se multiplican en la memoria y en la vida de Pastor, un joven de 37 años que hace cinco se radicó en la Gran Manzana con la firme idea de dedicarse a la música. "Nunca tuve miedo a lo que podía pasar", dijo el baterista en su tercer viaje a la provincia desde que se fue.

El problema de salud de un familiar lo trajo del cruel invierno estadounidense al cruel calor puntano. De paso, Pastor aprovechará para dar hoy a las 20 en el Centro Cultural José La Vía una charla gratuita sobre su experiencia en la música.

Tiene mucho para contar el baterista que empezó a cantar en el coro de la Catedral, luego estudió piano y guitarra hasta que a los 15, cuando tocaba ese instrumento en una banda de la que no recuerda el nombre, se sentó en la batería y sintió que algo se transformó por dentro.

"A partir de ese momento empecé a golpear todo lo que encontraba, me sentaba a comer y hacía ruidos con todos los elementos. Era hartante", reconoció el joven que en San Luis estudió en Santo Tomás de Aquino, San Luis Rey, Lucio Lucero y terminó en el Nacional.

Terminada la secundaria, Juan Pablo alimentó su sueño baterista iniciado en largas siestas en la Galería Sananes y se fue dos años a estudiar a Chile con Roberto Zamora, un reconocido maestro.

"Ahí aprendí, además de la percusión, piano, teoría musical y armonía, todos complementos para ser un mejor baterista". Pastor supo en ese momento que "para expresar mis ideas musicales", tenía que manejar el mismo vocabulario que sus compañeros de banda.

En Chile, el puntano conoció a Gustavo Meli, un enorme baterista mendocino que venía con el antecedente de ganar un concurso organizado por una revista especializada a la que se presentaron tres mil bateristas de todo el mundo.

Esa etapa fue fundamental para el desarrollo de Pastor. El puntano pasó diez años de firme estudio, en muchos casos encerrado en una habitación de la casa de su tía. "Era como un monje del Tíbet, lo pensé de esa forma".

Podría haber estudiado En Nueva York, pero como el objetivo de Juan Pablo era llevar a Nueva York parte de su cultura. "Si estudiaba  allá iba a tener la misma escuela que los bateristas americanos", dijo el joven que en el último año de su estancia en Mendoza hizo un curso acelerado de inglés.

Apenas llegó a Estados Unidos, en 2013, el puntano empezó a trabajar en grupos más bien olvidables, pero Pastor tiene la filosofía de que de todo se puede aprender. "Yo lo único que quería era hacer algo todos los días que me hiciera sentir que no estoy trabajando", sostuvo el joven.

Como el baterista no tenía contactos, los primeros trabajos los consiguió por una página de internet en donde se buscan y se ofrecen empleos de todo tipo. A partir de entonces, Pastor empezó a hacer shows, a conocer músicos y comprendió que una ciudad como la que lo cobijaba en ese entonces "siempre hay lugar para lo que uno hace".

Así, a lo largo de su estadía neoyorquina, el baterista emprendió un proyecto rockero, uno de jazz -su novio es cantante de una banda de ese género-, uno en el que toca a mano a mano con un bajista y una gira de dos meses por todo el país en una combi con un grupo de rock. "Es el tipo de gira que siempre quise hacer y el que nunca más voy a volver a hacer", bromeó.

Hace poco, una solista le preguntó si se animaba a tocar el cajón peruano. Dispuesto a no perder ninguna chance de trabajo, Pastor -que no tenía idea de cómo se tocaba el instrumento-, vio algunos tutoriales en YouTube, sacó la técnica básica y hoy la mitad de los shows que tiene en Nueva York son en esa faceta.

El futuro inmediato para Pastor es Nueva York como un trampolín para viajar por el mundo. El más lejano es una casa en Cuchi Corral, con una fosa para seguir con la batería, ya de viejo. Por lo pronto, dice que quiere volver una vez al año a San Luis para enseñar y dar charlas como las que brindará hoy.

 

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El corazón percusivo de Juan Pablo Pastor

Hace cinco años, el puntano llegó a Nueva York y armó una carrera llena de aprendizajes. Algunos contará hoy en una charla.

De la gran manzana. Pastor con sus baquetas en las calles de San Luis. Foto: Martín Gómez.

En una audición que tuvo hace un tiempo en Nueva York, a Juan Pablo Pastor le pidieron que toque el platillo de su batería como si estuviera "acariciando una nube". En ese momento, el percusionista puntano pensó que tantos años de estudio en Chile y Mendoza le tendrían que servir para interpretar lo que le estaban pidiendo.

Escenas como esas se multiplican en la memoria y en la vida de Pastor, un joven de 37 años que hace cinco se radicó en la Gran Manzana con la firme idea de dedicarse a la música. "Nunca tuve miedo a lo que podía pasar", dijo el baterista en su tercer viaje a la provincia desde que se fue.

El problema de salud de un familiar lo trajo del cruel invierno estadounidense al cruel calor puntano. De paso, Pastor aprovechará para dar hoy a las 20 en el Centro Cultural José La Vía una charla gratuita sobre su experiencia en la música.

Tiene mucho para contar el baterista que empezó a cantar en el coro de la Catedral, luego estudió piano y guitarra hasta que a los 15, cuando tocaba ese instrumento en una banda de la que no recuerda el nombre, se sentó en la batería y sintió que algo se transformó por dentro.

"A partir de ese momento empecé a golpear todo lo que encontraba, me sentaba a comer y hacía ruidos con todos los elementos. Era hartante", reconoció el joven que en San Luis estudió en Santo Tomás de Aquino, San Luis Rey, Lucio Lucero y terminó en el Nacional.

Terminada la secundaria, Juan Pablo alimentó su sueño baterista iniciado en largas siestas en la Galería Sananes y se fue dos años a estudiar a Chile con Roberto Zamora, un reconocido maestro.

"Ahí aprendí, además de la percusión, piano, teoría musical y armonía, todos complementos para ser un mejor baterista". Pastor supo en ese momento que "para expresar mis ideas musicales", tenía que manejar el mismo vocabulario que sus compañeros de banda.

En Chile, el puntano conoció a Gustavo Meli, un enorme baterista mendocino que venía con el antecedente de ganar un concurso organizado por una revista especializada a la que se presentaron tres mil bateristas de todo el mundo.

Esa etapa fue fundamental para el desarrollo de Pastor. El puntano pasó diez años de firme estudio, en muchos casos encerrado en una habitación de la casa de su tía. "Era como un monje del Tíbet, lo pensé de esa forma".

Podría haber estudiado En Nueva York, pero como el objetivo de Juan Pablo era llevar a Nueva York parte de su cultura. "Si estudiaba  allá iba a tener la misma escuela que los bateristas americanos", dijo el joven que en el último año de su estancia en Mendoza hizo un curso acelerado de inglés.

Apenas llegó a Estados Unidos, en 2013, el puntano empezó a trabajar en grupos más bien olvidables, pero Pastor tiene la filosofía de que de todo se puede aprender. "Yo lo único que quería era hacer algo todos los días que me hiciera sentir que no estoy trabajando", sostuvo el joven.

Como el baterista no tenía contactos, los primeros trabajos los consiguió por una página de internet en donde se buscan y se ofrecen empleos de todo tipo. A partir de entonces, Pastor empezó a hacer shows, a conocer músicos y comprendió que una ciudad como la que lo cobijaba en ese entonces "siempre hay lugar para lo que uno hace".

Así, a lo largo de su estadía neoyorquina, el baterista emprendió un proyecto rockero, uno de jazz -su novio es cantante de una banda de ese género-, uno en el que toca a mano a mano con un bajista y una gira de dos meses por todo el país en una combi con un grupo de rock. "Es el tipo de gira que siempre quise hacer y el que nunca más voy a volver a hacer", bromeó.

Hace poco, una solista le preguntó si se animaba a tocar el cajón peruano. Dispuesto a no perder ninguna chance de trabajo, Pastor -que no tenía idea de cómo se tocaba el instrumento-, vio algunos tutoriales en YouTube, sacó la técnica básica y hoy la mitad de los shows que tiene en Nueva York son en esa faceta.

El futuro inmediato para Pastor es Nueva York como un trampolín para viajar por el mundo. El más lejano es una casa en Cuchi Corral, con una fosa para seguir con la batería, ya de viejo. Por lo pronto, dice que quiere volver una vez al año a San Luis para enseñar y dar charlas como las que brindará hoy.

 

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